domingo, 20 de abril de 2014

ME mantenía intrigado conocer cómo conseguiría terminar Perec Un hombre que duerme. La lluvia, el sueño, el tiempo, la inmovidlidad y el silencio son algunas de las realidades que se convocan en las últimas líneas de la obra. Sin embargo, en pasajes anteriores, se produce el maridaje entre lo aparentemente cotidiano con lo trascendente: "Un día como éste, algo más tarde, algo más pronto, descubres sin sorpresa que algo no va bien, que, hablando en plata, no sabes vivir, que no sabrás jamás". 
Ese es el poso de la lectura de este libro, el lector se va desnudando con el deambular del protagonista, se va deshaciendo a medida que el propio joven, anónimo, se convierte en nosotros mismos. 
El lector aprende a durar mientras se traza la lectura, a permanecer en la incomprensible actitud y en los inconexos movimientos del personaje. El narrador, por su parte, utiliza la segunda persona para desasirse de la cercanía al relato, pero resulta extraña y perturbadora la elección de este narrador, pues pareciera todo un eterno monólogo, autodiálogo, como gustaba Unamuno, de continuo, por sí solo, por el propio personaje. 

El libro muestra un itinerario de vida hacia la transparencia: "Estás solo. Aprendes a andar como un hombre solo, a vagar, a callejear, a ver sin mirar, a mirar sin ver. Aprendes la transparencia, la inmovilidad, la inexistencia. Aprendes a ser una sombra y a mirar a los hombres como si fueses piedras". 
Y así he querido recordar los paseos por el Jardín de Luxemburgo cuando la tarde penetraba en la cadencia lítica de París y comenzaba a anotar palabras, giros, libros, frases de otros libros en el discurso de la vida. Escribir, escribir comenzó a conformar una vida paralela que todavía permanece y que quizás ha sustituido, en verdad y nitidez, al triste trópico de la llamada vida real; plazas, jardines, cafés, periódicos, ensoñadas conversaciones con Borges en Saint-Germain-des-Près, paseos interminables con Cortázar, calles, bicicletas, museo, la tarde, la música, el vino en el bistrot, la conversación en el césped, el impresionismo y la moderna estación de la luz en los cuadros reglados en los ojos transformados, la biblioteca, el laberinto, el espejo, la cicatriz. Perec lo asume en su obra: "Como si esta estrategia solitaria y muda constituyera tu único camino, se hubiese convertido en tu razón de ser". 

La lectura conduce a una nueva emancipación de todo para volver a todo. la memoria y los pasos por París, pero, sobre todo, el afán primero de la literatura. leer y escribir como del rayo, advenimiento profuso e incontrolable: "La indiferencia no tiene principio ni fin: es un estado inmutable, un peso, una inercia que nadie lograría hacer tambalearse". Aunque, cuando la literatura lo envuelve todo en el aroma que descompone al individuo en porciones de una armonía misteriosa, tan solo cabe lo que afirma Perec: "La indiferencia disuelve el lenguaje, enturbia los signos".      

sábado, 19 de abril de 2014

EL ARTE no es la mera representación de una realidad, tan siquiera de múltiples realidades. No hay representación ni reproducción por muy realista que un novelista o un poeta deseara serlo. El arte no está sometido a los impuestos de la realidad; el arte propio, individual, que permanece y golpea en el territorio del lector allegado con la fuerza proteica de un origen desconocido, pero recordado en el proceso de la lectura. Es por esto por lo que considero que el escritor debe mantener siempre veneración por lo que escribe, un cuidado esencial en su palabra, ya que esta actitud con el verbo es la manera ética de edificarlo, de ser en la palabra, de transfigurarse cuando hemos desaparecido con  el nacimiento de la obra. Escribir es un proceso de invisibilidad, de ir deshaciéndose en el texto, de convertirse en texto mismo.  

La literatura posmoderna (y lo que leo de los contemporáneos) se perdió en el camino de las originalidades sacrificando el de las formas lingüísticas y, por ende, de pensamiento, pero a poco que uno lee a Platón o a Aristóteles, a Shopenhauer o Nietzsche, a Virgilio o a Dante o a cualesquiera de lo escritores predilectos cae en la cuenta de que la palabra es un surco en la memoria, un encuentro dador de vida y de muerte. Se sobrepone el afán de vanidad por el de la palabra verdadera, se destaca al individuo por encima de lo nombrado, cuando el arte de la escritura es el arte de la desaparición del ego. Se piensa que aquello de la expresión justa y exacta (ay, J.R.J.) es canción de otro tiempo, arcaica meditación de alcoba.  

Dialogamos en la noche, cuando la madrugada entona su canto. M.C. me indica que quizás para ser un lector agudo de poesía, tanto como para ser escritor, es necesaria una sensibilidad inhabitual, poco frecuente, una suerte de cosmovisión de la realidad demediada entre lo innato y lo artístico. Reflexiono sobre esto mismo y trato de buscar aristas por las que rebatirle el argumento, pero me hes imposible no aceptar, finalmente, el grueso de su teoría. La formación, la erudición no forman parte de la educación poética, pues la poesía comparte sustancia con la música, con la referencia sobrenatural de la música hacia el mundo. Agolpa en la palabra lo que la música hace naturalidad, con sus insuficiencias, con sus imposibilidades, pero ella, la poesía, cuando es necesita de otro estado para volver a ser en el lector.  

  

viernes, 18 de abril de 2014

MURIÓ Gabriel García Márquez y con él una etapa de la memoria de la formación universitaria en Sevilla. Recuerdo que el mismo día en que estábamos abordando algunos aspectos de la obra del colombiano y recordando las relaciones con Vargas Llosa, fuimos, -M.C. y uno, ya enamorados, ya entrevistos-, a una librería de lance. Movidos por una fuerza u otra, allí encontramos la primera edición, inencontrable, deseada, ausente en la biblioteca de la Facultad, de Historia de un deicidio, de Vargas-Llosa; un libro que, más allá de lo que simboliza personalmente para los dos escritores está colmado de lucidez y de profundidad sobre muchos aspectos de la obra del colombiano. A ello se sumó que  la señora que regentaba la minúscula librería no tenía conocimiento del valor de aquella pieza y, si no recuerdo mal, nos costó cinco o seis euros. Un capital que, por aquellos años universitarios, nos resultó del todo mágico.  
Cuando regresamos a la Facultad leyendo las páginas del libro de la editorial Seix-Barral muchos se quedaron sorprendidos por la caza a la que le habíamos dado alcance. Llegamos a las aulas con un pedazo del hielo que Aureliano Buendía quiso descubrir desde su memoria más primitiva, con el fervor de los lectores que se dejan algo más que el tiempo y el entusiasmo en las páginas.  

Esta es la imagen que me gustaría quedase de todo aquello, de aquellas lecturas infatigables de las obras de García Márquez y de tantos narradores hispanoamericanos que supusieron, en muchos casos, la educación sentimental de un lector en ciernes que no hallaba en la literatura escrita en España nada más sobresaliente que lo que iba leyendo en Cortázar, Onetti, Vargas Llosa, Rulfo, Octavio Paz, Carlos Fuentes o Borges.   

Como lector sigo quedándome con dos aspectos de la obra de  Gabo especialmente significativos para mí. Uno, el lingüístico. La supuesto música de la prosa de García Márquez puede ser analizada al detalle, minuciosamente, ya que esta presenta unas características prosodemáticas, morfosintácticas y léxicas singulares, altamente literarias y poéticas para el lector. A diferencia de los escritores de la península, la belleza formal, la selección del léxico, las reminiscencias de la literatura oral y primitiva palpitan en la obra de los narradores hispanoamericanos, especialmente, en la de García Márquez. El otro aspecto, la condición de lector que demuestra con las infinitas intertextualidades veladas y remembranzas a otras obras que hacen, de la suya propia, un tamiz de referencias que recorren la historia de la literatura universal desde Suetonio, Plutarco, pasando por el Romancero, Lazarillo de Tormes, la lírica tradicional hasta Leopardi, la música de Beethoven, los ballenatos, El Quijote y toda la literatura de Faulkner, Virginia Woolf  y los narradores norteamericanos, entre otros.  


    

jueves, 17 de abril de 2014

NO sé si movido por los libros últimos que estoy leyendo de Baroja o porque ya voy descreyendo de todo lo cercano, cada vez soporto menos, y así lo expreso, la podredumbre de espíritu, la falta de amor, la ausencia de ética viva en un individuo y la presencia de la vanidad. Enumerado así, pareciera que estoy reescribiendo algún pasaje de La busca en que Manuel Alcaraz o Roberto Hasting estén describiendo una galería de individuo arremolinados y amontonados grotescamente, pero así lo vivo en estas semanas. Hace un tiempo soportaba no sin estupor cualquier situación o circunstancia, ahora, -quizás la edad es la llama-, no puedo sostener el silencio sin al menos alguna palabra o consideración. 
Es tan soez el mundo, es decir, los individuos que lo habitan, que  no hacen más que reproducir las miserias permanentes, como la envidia o la vanagloria. Sin embargo, lo que más me ensalza y entristece, no es la presencia de este tipo de actitudes, sino las ausencias, la falta de amor, de amistad, de sensibilidad, de consideración, de educación, de cualquier atisbo que ennoblece a cualquier ser que comienza a hablar y a expresar. De los que se espera, al menos, comprensión, bien porque son familia o bien porque han convivido los momentos decisivos es fatal el resultado, pues elevan estas actitudes mencionadas hasta la misma boca de la ruindad.  

Termino leyendo en la madrugada Un hombre que duerme de Georges Perec. De Perec siempre he aprendido formas diversas de entender la realidad más cercana. Y eso, para poder escribir, es fundamento. En este libro que menciono, más allá de los procedimientos narrativos y técnicos que utiliza el autor, lo que más me atrae es el llamado punto de vista, esto es, cómo un individuo decide, una mañana cualquiera, que ya no volverá a salir de su habitación, que abandona el mundo circundante para terminar de explorarse por de dentro. Este planteamiento, -de resonancias kafkianas y de Musil y de Bove y de otros tantos narradores predilectos para mí-, me reconcilia con la narración, con la novela.  Me recuerda mucho al comienzo, -que tengo por prodigioso-, de El Pozo de Onetti y a la atmósfera significativa que entorna la narrativa de Kafka e incluso de Chéjov. 

Vuelvo a ordenarla pero, al poco tiempo, vuelve al desorden habitual. La mesa va encumbrando aquellos volúmenes a los que acudo de continuo.  Las mismas voces, distintos libros cada vez; los mismos versos, en el mismo orden sintáctico, con la misma selección léxica, con las mismas estrofas, los mismos párrafos, pero tan distintos en cada lectura, tan distantes en cada relectura. La transformación y la permanencia. la lectura es acción y permutación y el terreno en que sucede aquello es lo que llamamos ser lector



    


miércoles, 16 de abril de 2014

martes, 15 de abril de 2014

EL caso es que si efectúo un recuento de mis acciones diarias los verbos se repiten con pocos matices. Ello me conduce a reflexionar sobre la minucia que significa todo lo que hago y escribo y a poder, por contra, hallar otros cauces con que ensanchar lo rutinario. Sin embargo, no me he detenido a compilar los mundos semánticos que se han apoderado de mí desde que comencé a leer, ni las dimensiones de la música con su aritmética de cosmos, ni las indescifrables palabras y páginas que todavía resultan inexpugnables para mi sesera. Es, quizás, la propia naturaleza del arte y lo que, por ende, mejor acoge al mortal: la finitud eternizada, la infinita acción unívoca. 

Sí, belleza toda. Belleza es étimo diminituvo de bonus, de bueno. Lo bueno, lo bello, lo justo, la verdad, lo armónico no son más que cadencias de una misma naturaleza, del origen. ¿Qué es ? No lo sé, pero sí tengo certeza de lo que no es.  ¿La falta de su conocimiento anula su existencia? No. No se conoce como cualquier otro concepto. ¿Entonces? Respira, vive el silencio, escribe en soledad, lee, no vuelques tus fuerzas contra lo que nada importa, aléjate de todos y de todo lo insustancial. No hay concesiones, solo engaños. 

Somos huidizo en lo permanente. Sea cual sea nuestra estancia siempre será más breve que cualquier otra realidad de naturaleza. Ella es circular, nosotros, lineales. 





domingo, 13 de abril de 2014

ESCUCHO el canto de un pájaro en la noche, un canto de himnos inmensos y músicas extrañas. Cuando vuelvo a la casa, medito, anoto en el cuaderno, pero, sobre todo, reproduzco, sílaba a sílaba, pensando en el pájaro que piaba y musicaba la noche, un poema de Blake:  

Ver a un Mundo en un Grano de Arena
Y un Cielo en una Flor Silvestre:
Toma la Infinitud en la palma de tu mano
Y la Eternidad en una hora.

[...]
Cada Noche y cada Mañana
Algunos nacen para la Miseria.
Cada Noche y cada Mañana
Algunos nacen para la dulce delicia.
Algunos nacen para la dulce delicia,
Algunos nacen para la Noche Interminable.
Somos conducidos a creer una Mentira
Cuando no vemos por el Ojo,
Aquello que nació en una Noche para morir en una Noche,
Cuando el Alma durmió en un rayo de Luz.
Dios aparece y Dios es Luz
Para aquellas pobres Almas que viven en la Noche,
Pero despliega una Forma Humana
Para aquellos que viven en los reinos del Día.


"Augurios de la inocencia", de W. Blake. (Trad. H. Yépez). 

sábado, 12 de abril de 2014

"HAY que vivir, se dice, y se dice esto en el peor sentido. Sí, hay que vivir, pero hay que morir también. Y sobre todo hay que vivir muriendo para poder morir viviendo". Estas palabras pertenecen a  Diario íntimo de Unamuno, al Cuaderno 2 exactamente. Todo el Diario muestra una obsesiva necesidad de espiritualidad que desemboca, al mismo tiempo, en continuas exégesis sobre pasajes bíblicos y sobre sentencias e ideas relativas a la razón y la fe de diversa procedencia. Entre unas y otras, advierte Unamuno la esencia del mortal y, como en las líneas que principian este texto, se zambulle en las aguas imperecederas del pensamiento humano. Qué somos y, sobre todo, qué vamos siendo parece azuzar la escritura y las ideas de Miguel de Unamuno. Al tiempo, el lector se ve sometido a continuas incursiones que frenan la lectura y hacen pensar el mundo. Antonio Machado afirmaba que pensar el mundo es hacerlo nuevo y en eso estamos cuando estamos leyendo un texto literario bello y justo en su verdad, haciendo le mundo nuevo en cada nonato pensamiento.  

Hay que vivir, imperativo inexcusable,  desde la raíz de nuestra condición: la mortalidad. Ser conscientes de la muerte que soportamos a diario conduce a contemplar, a regocijarse en lo bello, a refugiarse en la verdadera palabra; asirse a lo vivido como la savia del árbol, como el plumaje incandescente del crepúsculo sobre las aguas. 


EL
porvenir
es
nuestra
nada
y
nuestro
todo.

jueves, 10 de abril de 2014

BUSCA, busca, busca...

Fascinado con la lectura de Unamuno, Cómo se hace una novela la estoy leyendo como una novela contemporánea; me he posicionado como lector de este tiempo y he querido pensar que Unamuno realizó un artilugio textual y literario con pretensiones metaficcionales tal y como aprendió, y tan soveranamente, de Cervantes. Así que leo el libro como si fuera una novela en puridad. Fascinación por ella es lo que siento a poco que avanzo entre sus párrafos, expresiones, disquisiciones, poemas, sentencias, reflexiones, apuntes al natural de su vida vivida.  

El lector es creador en la medida en que se posiciona con el texto, nunca frente al texto. Ser al tiempo de las palabras que está leyendo pero aportando las dimensiones del género, de las convenciones, de la historia propia de la lectura. Cada lector posee una historia de la lectura personal y cada uno puede convertir el texto literario en diferentes sucedáneos de lo literario. Cada lector comienza el mundo en cada lectura, cada texto comienza a ser en cada lector. El lector se transforma y permanece en los términos, aporta, en su mente, con su memoria, toda la carga personal y la significación al texto literario.    


martes, 8 de abril de 2014

UN poema, en la mañana, de Alberto Caeiro, alumbra el vano amanecer sin estrellas. Lo leo con detenimiento, asiendo en las profundidades de mi espíritu, el asiento inexistente que calculo un vacío extremo: 

 ¿Qué es el presente?
Es algo relativo al pasado y al futuro.
Es una cosa que existe en virtud de que existen
otras cosas.
Yo quiero solo la realidad, las cosas
sin presente.
No quiero incluir el tiempo en mi haber.
No quiero pensar en las cosas como presentes;
quiero pensar en ellas como cosas.
No quiero separarlas de sí mismas, tratándolas de presente.

EN la noche o en la mañana, la tarde o al mediodía, las notas en este diario se suceden sin tiempo. Las fechas, -eventual caligrafía de la nada- poco aportan al cuerpo de sus sílabas. 
Todo parece una mismidad desde hace unos días. Los libros se apilan en la mesa alrededor del recoleto espacio diáfano en que escribo. Lo hago a mano, en un cuaderno rojo. Escribo con el bolígrafo de campo marzio.  ¿Recuerdas la luz en la piedra?

Asoman los lomos de Valle y de Baroja y el libro de Unamuno que terminé de leer ayer por la tarde. En una esquina de la mesa se agolpan los libros de Lucrecio, Boecio, Petrarca y Dante. Hay, entre ellos, una sonora transparencia que los emparenta, que los lamina de eternidad.

"Dichoso el que no nace", recoge el Eclesiastés, IV, 121.  

domingo, 6 de abril de 2014

NO me abandona la edición prístina de La Lámpara maravillosa de Valle-Inclán. Leo y releo los pasajes que alimentan el pulso de la prosa inclaniana. Diríase que cualquier página es una lección de fábula y palabra con que el lector resulta suspendido en un reino de resonancias insulares: "La belleza es aquella razón inefable que por la luz descubrimos en las cosas para ser amadas, y para crear, porque amor es la eterna voluntad del mundo". 
Belleza, luz, amor, creación, voluntad...términos y axiomas de la ética y estética de Ramón María. Las lee uno tratando de establecer conexiones secretas entre los vocablos, de encimar las argucias semánticas que, tras su forma escénica y morfológica, el autor gallego transgrede. Esa es la intuición que me queda como lector maravillado, la de estar envuelto en una lámpara -lámpara maravillosa- que refleja mi sombra, que refleja mi suerte en la luz del mundo. 

Este diario es una suerte de fuerza continua que poco importa a nadie. Tres o cuatro secretos lectores, 
-¿qué cambiaría si fueran miles? Nada-; tengo el compromiso con el que fui, pues en los tiempos actuales, tan solo me interesa leer. Activamente, leer. Y releer, por ejemplo, a Unamuno, a Valle-Inclán y a Baroja. Por supuesto, leer y releer Unamuno, Vall-Inclán y Baroja, por ejemplo, sin preposiciones que personalizan su obra, sino leerlos totalmente y vivirlos.  En ello estamos, pues, en esa confabulación del compromiso ficticio. Darle cuerda a estas líneas como lo hacía Unamuno, en la habitación de París, -soledad tremenda-, escribiendo el texto para publicarlo en francés, Comment on fait un roman. En el lúcido prólogo al texto, como acostumbra Don Miguel, puede uno leer lo siguiente. Leerlo y quedarse pétreo de cuerpo pero vivo de espíritu: "Eso que se llama en literatura producción es un consumo, o más preciso: una consunción. El que pone por escrito sus pensamientos, sus sueños, sus sentimientos, los va consumiendo, los va matando. En cuanto un pensamiento nuestro queda fijado por la escritura, expresado, cristalizado, queda ya muerto y no es más nuestro que será un día bajo tierra nuestro esqueleto. La historia, lo único vivo, es el presente eterno, el momento huidero que se queda pasando, que pasa quedándose, y la literatura no es más que muerte. Muerte de que otros pueden tomar vida". 

Escribir es colocarse no ante la palabra sino en la palabra misma. Ser palabra misma, su forma y su ser.  En este sentido, recuerdo el pasaje de Baroja en Camino de perfección.  En un momento dado de un diálogo intenso y tenaz, un personaje afirma algo (con la retranca y el estilismo barojianos) con lo que queda en acuerdo y en paz: "Lo que sí creo es que el arte, eso que nosotros llamamos así con cierta veneración, no es un conjunto de reglas, ni nada; sino que es la vida: el espíritu de las cosas reflejado en el espíritu del hombre. Lo demás, eso de la técnica y el estudio, todo es es m..."



sábado, 5 de abril de 2014

SER un hápax legómenon en el himno gigante y extraño; lex parsimonia de Ockham.  Naturalidad en todo. Belleza. Principio de verdad innegable. Justicia respirada. Ezra Pound y el voltaje. Che più d´un giorno è la vita mortale...

jueves, 3 de abril de 2014

DESISTIMIENTO. La cuerda de estas letras, lábil, pues débil está mi creencia en mí. Sin preguntas, tan solo ahondando en las palabras de un filósofo que afirma: "detrás de un hombre o hay palabras o hay hechos". Esto mismo, en literatura, es una conjunción de las dos dimensiones actuantes, la ética y la estética. Las palabras son los hechos; también las que se dejan de decir públicamente. Leyendo. 

miércoles, 2 de abril de 2014

QUÉ extraño es todo para un escritor excepto leer. Cada vez me incomoda más todo lo que envuelve, intencionadamente o no, la literatura. Antes, parecía que estas inoportunas circunstancias me remordían menos la consciencia, ahora, cada vez más, con más ahínco y persistencia, no las soporto y así las manifiesto. Hay una verdad irrenunciable en la escritura y ella solo conduce, gracias siempre a la lectura, a un proceso coronario, sístole y diástole ineludible.

Todo ha caído en una extrema falsedad de la que no deseo compartir nada. La literatura y, en el fondo, la ausencia de cultura es un bien que debemos proteger como un arqueología del saber. Hace unas décadas, la poetas rehusaban de los que hablaban de Venecia o de los museos del mundo o de la belleza de Simonetta Vespucci o del atardecer en Praga o de los dones perennes de la música en el verso o de los dorados aires que afilan la belleza renacentista y fue entonces cuando comenzó la decrepitud y la confusión. 

En todo caso, estas líneas son salutaciones de optimismo. Hay verdad todavía en la literatura, pero esa verdad está resguardada en los libros antiguos. Leer a Virgilio, a Petrarca, la filosofía presocrática o a Platón es, en estos años, un acto de revelación suprema contra el bullicio del mundo. Eso sucede en la soledad, en el silencio instaurado de la certeza, pero resuena en el axioma ilimitado del origen bello y justo de la armonía que nos hace. 

lunes, 31 de marzo de 2014

LA mañana se va estableciendo con el aroma de la levedad. E. ha dormido seguidamente durante la noche; uno, que no puede dormir cuando el estado físico no le acompaña, ha estado leyendo Las pasiones, el libro dedicado a Giacomo Leopardi en edición de Fabiana Cacciapuoti. El volumen es una galería de las inquietudes y de los demonios personales del excelso poeta. Al término del libro puede afirmarse que Leopardi estaba apasionado por la hondura misma del hombre, por todos los recovecos, materiales y emocionales, del hombre de su tiempo y del hombre más allá de sus circunstancias concretas. Esa combinación entre la finitud y la permanencia que impregna cada uno de los poemas y de las paginas de Zibaldone di pensieri.  

John Keats, en carta a Benjamin Bailey, defiende la veracidad de las emociones y de los sueños ante el raciocinio positivista. Tengo por cierto que, en ese abismo que media entre la razón humana y lo que denominamos intuición (trópico de las musas) reside la naturaleza de lo musical y, por ende, de lo poético. En esa misiva escribió el poeta: "lo que la imaginación capta como belleza tiene que ser verdad...así exista previamente o no".  Es todo una declaración epistemológica del mundo desde la fidelidad estética. Desde este credo el poeta lanza y arroja sus acciones hacia lo incierto, como manifestaba Hölderlin. A partir de ese punto, todo es belleza consumada, reino de verdad y estación deseada y deseante. 




domingo, 30 de marzo de 2014

ANTES de salir camino del hospital, acerté al introducir en el bolso el libro Platero y yo. No tenía claro si debía llevar conmigo algún libro de poemas o si era mejor seleccionar un volumen de cuentos y relatos. Finalmente, opté por el libro de J.R.J. que media entre una y otra naturaleza literaria. 
Antes de que el doctor Ramírez Temblador me tuviera delante de sí estuve leyendo y recordando algunos pasajes de la vida del poeta.  Recuerda Predmore la entrevista que le realizaron a JRJ  en Puerto Rico. Más allá de su adhesión explícita a la República que menciona después de estas palabras con mucha claridad, y que tan pocas veces se han recordado, el poeta expresa lo siguiente a la pregunta: " Yo no soy político. Soy un poeta". 
Pensaba en ello mientras una señorita me clavaba una aguja en el trasero. Lo que sucedió después fue una ensoñación, pues no pude aguantar en pie y tuvieron que tumbarme en la camilla. De pronto, le puse cara al doctor Simarro y pude percibir el olor a humedad de la colina de los chopos. Estuve rodeado por unos momentos. 

Una vez en la sala de espera, alentado por una mejoría efervescente, terminé espigando entre las páginas del libro aquellos fragmentos que el ánimo me imponía. "El eclipse", "Paisaje grana", "El niño y el agua" o "El pan" se sucedían en un carrusel acompasado con el atardecer y con la desgana que imperaba en mi persona.




  





viernes, 28 de marzo de 2014

UN SUEÑO: abro los ojos en la noche para hablar con los muertos. Abro las manos, los brazos y aspeo en el silencio trágico de la lluvia. Sonámbulo, me encuentro conmigo mismo leyendo en la butaca del salón, con un libro de Blake. Visiones, fiebre, estación sonora. Veo luces, luces que relampaguean. Sueños, sueños hipnóticos y desmedidos de no sé qué ropajes. Palabras insonoras. La cadencia estacionada de la piel del mundo. 

jueves, 27 de marzo de 2014

HOY, una extrema levedad.

*** 

El don de los muertos. Leyendo algunos pasajes de un libro excelente, Le Don des morts. Sur la littérature de Danièlle Sallenave. El don de la literatura es el don que nos hacen los muertos para ayudar a vivir a los vivos. 


lunes, 24 de marzo de 2014

"THE best words in the best order", Coleridge.

*** 

Me envía Darío Villanueva su libro La poética de la lectura en Quevedo. Viene con una dedicatoria cariñosa y cercana; me quedo toda la tarde leyendo el libelo, sobre todo, la interpretación que realiza del soneto de Quevedo titulado "Desde la Torre":

[...]
vivo en conversación con los difuntos
y escucho con mis ojos a los muertos.
[...]

En esos momentos, me dirijo a las baldas en que descansan los libros de crítica literaria, de filología. Observo los años de edición de los mismos, casi todos en la ínclita editorial Gredos y reflexiono sobre el devenir de los críticos literarios, de los estudiosos y de la algarabía actual que todo lo mezcla en una tabula rasa infame. Siempre he tenido por propia la consigna del polígrafo mejicano Alfonso Reyes cuando afirmaba que la filología era el arte de leer despacio. Una filología bien entendida, en su sentido recto y ampuloso como fervor por el estudio parsimonioso de la palabra; de la palabra y sus significaciones, de su transmisión ancestral como el cuerpo tallado por el curso del tiempo de la palabra poética, dadora de bellas realidades y sugestivos mundos. 
Huelga decir que el estudio apasionado de la literatura por la literatura ha quedado en estos libros que menciono y que, más allá de sus defectos y sus anacronismos, superan con mucho lo que en la actualidad ofrecen los supuestos lectores de privilegio, los reseñadores de oficio de libros interesados. 

*** 

Últimamente me atrae el concepto de Gadamer, "vivencia estética". Consiste en evidenciar cómo la experiencia literaria vuelve a referenciar, renovadamente la existencia del hombre que fue lector. Todo ello provoca, en términos del autor de Verdad y método, una "fusión de horizontes". 






domingo, 23 de marzo de 2014

UNO de los libros que más fascinación me causa es Biographia literaria de Samuel Taylor Coleridge. Esta obra, sustanciada con ideas fundamentales sobre poesía y pensamiento, genio y creación, naturaleza y artificio es como un vergel al que vuelvo para tomar aliento, aire fresco, sosiego en la lectura, sentido a los múltiples significados de la literatura. Como "la alameda verde" de J.R.J., a la que el poeta moguereño iba a pasear llegada la tarde con el deseo renovado de encontrar sus pasos propios en el devenir de la poesía, algunos libros se van convirtiendo, para uno, en esa alameda, en esa dehesilla de reencuentros propios y ajenos. Podría decirse que la literatura me va concediendo un territorio más sólido, más verdadero que la propia vida. la vida, ese anexo  sucedáneo del deseo y de la verdad. 

En el capítulo 12 del libro de marras Coleridge instiga al lector a leer a Platón. Lo hace transmitiéndole su propia pasión y su fervor desbordado por el Timeo. De Platón a Plotino, a las Enéadas. Cierra el pasaje unas palabras del obispo Jeremy Taylor con aires muy cercanos a Plotino. El obispo sentenciaba: 

"Aquel para quien todas las cosas son uno, que remite todo a la unidad y lo ve todo en uno, puede disfrutar la verdadera paz y el sosiego del espíritu". 

Esta sentencia, con la que el autor de  Biographia culmina un capítulo señero y fundamental del libro, -ya que confronta sus pareceres a los de Wordsworth-, decía que me resulta muy semejante a la que el propio Plotino ofrece en el Libro I de Enéadas, a saber: 

"Tal es la vida de los dioses y de los hombres divinos y bienaventurados; una vida que se  aparta de las cosas de este mundo, que se siente a disgusto con ellas y que huye a solas hacia el Solo". 

Estos libros que llevan a otros libros, estas palabras que se resuelven en las palabras de otros, este leerse uno a sí mismo con las virtudes de los demás es la verdadera estación de pureza y virtud que anhelo por siempre. La vida invisible, una extraña forma de vida, la del envés estético y ético. 

Es la esencia de ser algo en nada, en la que prevalece la belleza y en la que toda vanidad queda arrinconada, diluida en lo que verdaderamente es. 

  

viernes, 21 de marzo de 2014

LA literatura y, por ende, la belleza, es el reino de la posibilidad.

*** 

Everything and nothing.

jueves, 20 de marzo de 2014

LA única vez que pude hablar con Eugenio Trías fue poco antes de su muerte. Estábamos escuchando unas palabras de Guillermo Carnero sobre el jardín inglés y el jardín francés. El discurso del poeta había recorrido los meandros de lo sublime hasta la aparición del Romanticismo en Europa y en España. Trías mantenía una atención llamativa; mirada fija y penetrante, cabeza erecta como estatua de antaño. 
Cuando terminó Carnero con la galería de pinturas prerrománticas europeas, Trías se acercó. Uno estaba, en esos momentos, cerca de los. Aún recuerdo la lábil pero emocionada voz del filósofo cuando nos dijo, casi en susurro, que se estaba quedando sordo. Aquella declaración me dejó, lo recuerdo vivamente, desconcertado, como en una nebulosa extraña y difusa de la razón. Recordé, justo entonces, sus libros sobre la música, su insuperable trilogía sobre la fascinación de la música en occidente y su vínculo con la filosofía del límite. 
Sordo, estaba sordo y ya solo comprendía los dictados del corazón, los que hacen que la vida se envuelva con el cedazo de la humildad y la belleza armoniosa en los hombres. 

Los dos libros sobre Leopardi. Uno, titulado Las pasiones, con la traducción y un epílogo de mi querido Antonio Colinas.  El otro, el recentísimo Leopardi de mi admirado Citati. Toda la noche en Nápoles, sin soslayar la dimensión altísima de la noche.  Con la poesía de Giacomo pero, sobre todo, enredado en el Zibaldone, en la edición que compramos en Milán, ¿la recuerdas?   

martes, 18 de marzo de 2014

EL filósofo alemán Heidegger pergeñó un término para referirse a ser arrojado sin explicaciones, sin mediaciones, a una existencia. Sí, a una existencia, a un modo de vivir. Geworfenheit es la palabra que condensa este significado que, además, incluye el matiz semántico que hace de las fuerzas que gobiernan ese azar, ese imposición, como incomprensibles.
Este término lo recuerda Vila-Matas cuando trata de razonar sobre su condición de escritor. Los escritores persiguen establecer qué les movió a serlo, qué causa se encierra en su propia condición. Parece que, todos, en algún momento de sus días, necesitan al menos tantear la cuestión e interrogarse por esto mismo. Esto es así ya que los propios escritores saben de sus rarezas sociales, de sus particularidades como ciudadanos y, no digamos, que como amigos o compañeros o amantes. El caso es que el verdadero escritor en pocas ocasiones puede soportar la insoportable levedad del ser y sus banalidades. Sin embargo, nadie nunca habrá de reconciliarnos con el mucho, quizás con el mundo límpido de la belleza, como un escritor de pulso cierto y verdadero.  
El mundo contemporáneo está repleto de sierpes que distraen al intelecto y los subyugan a una condición rasurada por el tono de la mediocridad.  




domingo, 16 de marzo de 2014

IDUS de marzo. Roma, Piazza del Popolo. Estamos tomando un spritz. Dialogamos, debatimos sobre la condición humana y, sobre todo, como la rutina carcome lo lúcido del individuo hasta apagarlo y reducirlo a un insecto. Plutarco recoge el pasaje en que un vidente advirtió a Julio César de la carga trágica de esa fecha para su vida. Hablábamos de Julio César y derivamos en la acerada luz que, a nuestro alrededor, convertía la aritmética de la plaza en una ensoñación.  

En los calendarios más antiguos, esta fecha suponía el comienzo del año nuevo, del ciclo lunar que principiaba un nuevo año. Celebraciones, mamuralias y demás rituales se sucedían en estas fechas. Pareciera que los suelos antiguos todavía desprenden restos fatuos de esos rituales pues, aquí, en Roma, el visitante se siente poseído por fuerzas de la consciencia extraordinarias, por una invasión de la memoria y el imaginario colectivo de una potencia extraordinaria. Estar en Roma es estar en los idus de marzo de la antigüedad, pero también en el Barroco exacerbado y en la ciudad que nutrió a pintores y músicos de todas las épocas. Estar en Roma en un ensanchamiento del ser, de las palabras que se pronuncian, pues todas adquieren una levedad inusitada, ante el cauce inmenso del tiempo en esta ciudad, quizás del tiempo eterno de la piedra encendida. 

sábado, 15 de marzo de 2014

LEYENDO

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Platero y yo está colmado de poesía lírica. Toda la noche alrededor de un verso entre sus páginas. Pertenece al texto LIX, titulado "Anochecer":

"el confuso recuerdo de lo apenas conocido"

viernes, 14 de marzo de 2014

LEO la nueva y portentosa edición de las poesías de Gutierre de Cetina. Rimas ha decidido titular el editor al ejemplar que, desde ayer por la tarde, no separo de mis manos ni de mis entendederas.
Con nerviosismo y fervor me dirijo a sus madrigales y a sus canciones antes que a sus sonetos. Los leo de corrido, caninamente, como decía Boswell que leía el doctor Samuel Johnson. Me detengo en muchos pasajes y analizo las formas versales, la selección léxica, la combinación armoniosa de todos sus elementos. Existe en Cetina un afán renacentista de aprehenderlo todo en una sola forma. Música en la palabra, drama en el pensamiento, fuerzas imperantes de la condición humana:

“Cubrir los bellos ojos
con la ano que ya me tiene muerto”
[…]


Es el tópico petrarquista de  la mano-schermo. La mano de Laura cubriendo los ojos para que el amante no pudiera contemplarlos. Quevedo, décadas más tardes, elaborará un exquisito madrigal con este mismo motivo: “A Aminta que se cubrió los ojos con la mano”. La parsimonia de su verso unido a la profunda y nutrida tradición que, en cada pasaje, puede el lector activo ir desvelando. Un gozo leído en lentitud; una manifestación de la poesía verdadera e ingobernable por estos tiempos de bagatelas, sino por el Tiempo en que ella se hace forma y canción, rima del espíritu por siempre. 

jueves, 13 de marzo de 2014

THEATRUM mundi. 

*** 
«No olvides que es comedia nuestra vida
y teatro de farsa el mundo todo
que muda el aparato por instantes
y que todos en él somos farsantes;

[...]

Versos de Epicteto con la traducción de Quevedo.  Es el Enquiridion o Manual compilado por Arriano; es un tratado estoico para los individuos y de tan incisivo verbo y pensamiento que se alza entre esos volúmenes que uno amontona en la mesa. Cada día me voy acercando más a esta forma de contemplar y entender el mundo. 
Estoicamente no soy yo estos días este yo que me acompaña a cada momento. Estas letras las escribe otro que me acompaña a cada noche y me azuza el pensamiento, pues de tan variada miseria es la realidad cotidiana para poder impregnar una luz, un recodo de profundidad en estas palabras solitarias. Esta vida contemporánea está muy replegada a las dádivas, quid pro quo. Para la literatura es nefasta la existencia de este trasvase y este mercadeo de lo espiritual; unos dicen y luego  no hacen. Al final pensaré, con Roland Barthes en el grado cero de la escritura y en la muerte del autor. 

Ayer escribía que observaba un derrumbe, sobre todo ético, a mi alrededor y que ya casi he dejado de ver la verdad al menos en destellos. Pienso que soy yo quien no los ve y que, para encontrar el inicio, el origen, el resquicio de verdad y de justicia que habita en cada hombre hay que nutrirse de silencio y soledad en acción, no en deseo.


Los maestros verdaderos no dejan huella de su influencia. Son como los elementos naturales; como el viento en la noche que esparce y altera en lo invisible. La influencia verdadera levanta y arrastra todo lo que anidaba sobre el propio discípulo y lo deja ensimismado, como había sido siempre, en su origen, en su verdad.



miércoles, 12 de marzo de 2014

¿QUÉ es sólido en la palabra de un escritor?

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Hay una reserva de autenticidad en cada uno: es la claridad a la que debes acudir para responder ante la verdad y la belleza.

***

Todo se derrumba a mi alrededor. Lo que parecía certeza, ahora es incertidumbre; lo que fidelidad, vanidad encrespada. El discurso de los otros pura ironía.Dudo de la palabra en la boca de los demás. Me espanta.  

*** 

El tiempo de la palabra verdadera no es este, no es tu tiempo.

martes, 11 de marzo de 2014

LOS antiguos pensadores establecieron el mundo tal y como lo conocemos. Todo cuanto nos pertenece, todo cuanto logramos amoldar a las ramas del pensamiento y la palabra, fue edificado e intuido por ellos. Como dice Kingsley, casi solos, pusieron los cimientos de las disciplinas que se convertirían, pasados los siglos, en lo que son ahora. Esto supone una reverencia hacia ellos, pero, además, un acto de entendimiento, humildad y respeto. 
En ellos operó una comprensión del mundo que, en estos tiempos, tildamos de mítica, casi fabulística. Pienso que esto es un error de principio motivada por la vanagloria del hombre moderno. Quizás la única estirpe de la razón que produce avances, que explora nuevas formas de comprensión e esa misma que está más ligada a la creación que la expresión. 
Ya pocos conocen sus nombres, sus obras han quedado en fragmentos deslavazados en manos de un puñado de eruditos, y cada uno de sus nombres se utilizan como exequias arcaicas a un regusto intelectualoide. Es `referente, en las hornadas de poetas actuales, mencionar a los contemporáneos, a los sumo, a los que luego dirán algo positivo de su obra. 
Pero me dirijo a otra altura de la realidad con estos pensadores antiguos, pues ellos entregaron a la humanidad una semilla, la esencia de lo que algunos han llegado a contener para donar al mundo la luminaria de ese sendero. 






lunes, 10 de marzo de 2014

SIGO leyendo no con poca emoción el libro de Peter Kingsley titulado En los oscuros lugares del saber. El título es un encuentro con párrafos que condensan ideas luminosas y que conducen al furor. Sin embargo, la experiencia comenzó cuando estuvo uno contemplado la cubierta durante largo rato. 
Koré, en Peplos, perteneciente al Museo de la Acrópolis. Maciza, de una pieza rotunda y rígida, erecta e hierática, con los brazos apenas sin vida y las extremidades sometidas a la rigidez de la piedra; las trenzas recorriendo las costuras del cuerpo, tan escrupulosas en el detalle que parecieran sierpes en vida, pero, por encima de toda figuración, un rictus, un rictus arcádico. Los ojos poseídos por una visión al infinito; la boca esbozando una condescendencia a no se sabe qué certeza. Toda rigidez se desvanece cuando uno mira los ojos de la koré, cuando entra, con esta razón desmedida, en el esbozo boquihundido de sus labios. 

Ayer escribía unas notas en que describía la vida del poeta como enigmática y de difícil interpretación. Esa falta de razón unívoca es la misma que la del texto literario. La plurisignificación, la connotación toda aquella dimensión que no se instala de modo unívoco en la consciencia. Quizás la vida del poeta sea metalepsis, ella misma, toda ella, como la religión a la que pertenece.

Parménides está en la Commedia de Dante. Como revelación, leo este pasaje de Paraíso, del Canto XXXIII:

"Così la mente mia, tutta sospesa,
mirava fissa, inmobile e attenta,
e sempre di mirar faciesi accesa.
A quella luce cotal si diventa,
che volgersi da lei per altro aspetto
è impossibil che mai sì consenta;
pero che ´l ben, ch´è del volere obietto,
tutto s´accoglie in lei; e fuor di quella
è defettivo ciò ch´è lì perfetto".

Parménides expresó un pensamiento con la forma de la palabra poética. El encuentro más luminoso entre la palabra y la idea; su forma más musical y física. ¿Será eso mismo  lo que evidencia la mirada de la Koré?




domingo, 9 de marzo de 2014

LA VIDA del creador literario es un enigma. Todo lo que en ella acontece es inenarrable y apenas puede comunicarse más que por el arte de la ficción. Esto sucede porque cuando la palabra edificante llega, toca al creador en su tuétano, comienza el proceso -que pertinaz fue Kafka en todo- de dilución de la vida en favor del estado flotante de la literatura. 
Sin embargo, es necesario que el sustrato de la vida invisible que debe llegar el escritor contenga el origen de la verdad y de la justicia para que, la estación configurada de su palabra, amontone, desde sus raíces, una verdad, la verdad acaso, de la belleza. 
Podríamos decir que ello se debe a que la propia literatura es una fuerza orgánica en continua transformación. Una metamorfosis encarnada en la palabra ficcional que invade, igualmente, al lector y al autor. El acto de leer, como el acto de escribir, supone un cambio interno y profundo, una transformación del ser que deviene en un nuevo entendimiento de la literatura. La literatura es una aurora y un renacimiento perpetuo. Es así como la única certeza que podríamos tener de la naturaleza de la literatura reside en que supone una transformación y una permanencia. 

sábado, 8 de marzo de 2014

EL POETA debe orientarse hacia el misterio; debe incardinar su voz en la palabra cuando esta se hace claridad. En la búsqueda, en el proceso de metamorfosis, el poeta recibe el vislumbre del centro indudable. Puede que el verbo jamás suceda tras ello, pero debe quedar, para siempre, en todo, permanente, el afán de verdad y el relato ético. 

JOHAN Melchior Molter suena en toda la casa. Hoy, -que ni M.C. ni E. están conmigo- las recupero otorgándoles, a estos prodigiosos pentagramas, lo que Octavio Paz llamaba “la casa de la presencia”. Cuando lleguen las dos escucharemos esta música de Molter como lo hicimos el otro día con Verdi, Corelli y Bach. Aunque, al escuchar esta música, parece que los tres nos encontramos, por la gracia de la cuántica, en un estado y un territorio compartido.     

Mientras leo algunas páginas en italiano de Zibaldone, proyecto, junto al retrato de Leopardi, un jardín armonioso. Il giardino armónico.




viernes, 7 de marzo de 2014

DE Simone Weil hay pocas cuestiones que no me provoquen turbación, sin embargo, destaco las notas que Simone escribió en Londres en 1943. En ellas podremos encontrar simientes verdaderas de las que poder conducir el pensamiento y la palabra: "El paso a lo trascendente se produce cuando las facultades humanas -inteligencia, voluntad, amor humano- tropiezan con un límite, y el ser humano permanece en ese umbral, más allá del cual no puede dar un paso, y esto sin apartarse, sin saber lo que dese y tenso en la espera", palabras de Weil indicando el estado en que solía dejar de ser para ser.
Platón está inexcusablemente en muchos de sus escritos. En no pocas ocasiones, Simone se hace digresiva para entonar una especie de severo juicio sobre la condición del mortal. Hoy, esta noche, me he acordado de un ser al leer estas palabras: "La realización pura y simple de los actos prescritos, ni más ni menos, es decir, la obediencia, es al alma lo que la inmovilidad al cuerpo".  

La humildad es una cualidad extinguida en la literatura. Sin embargo, a poco que uno lee a los grandes hombres que han jalonado la evolución artística de los hombres es notorio que la humildad es una virtud inherente a los genios. Quizás la humildad es una suerte de consentimiento en vida de la muerte, una aceptación tácita y prematura de la nada inerte que somos. 

Sigo leyendo la edición milanesa de Zibaldone di pensieri de Leopardi. La sintaxis subordinada capitanea todos los textos, lo que hace que las traducciones que uno va lanzando a medida que lee se compliquen en demasía. Los conceptos se engarzan unos con otros mientras el lector asiste a un espectáculo del ingenio. A veces, a un desarrollo demasiado elevado y sublime para este humilde lector. "La parola è un´arte imparata dagli uomini, pricnipia un texto Gioacomo que, cuando va a llegar a coda final, concluye: "Il silenzio è il linguaggio di tutte le forti passioni, dell´amore, dell´ira, della  maraviglia, del timore". Párrafos, notas, palabras que indagan en la condición única y poliédrica del hombre.    

jueves, 6 de marzo de 2014

LA existencia, es la pura existencia lo que narra la palabra. Los aledaños, las eventuales maneras de ser no son más que ramales, meandros de un todo continuo y presente en cada uno de nosotros.
Me invade un afán épico dentro de mí. Un incontenible desasosiego que desemboca en una épica de lo cotidiano. Kayser identifica esto mismo en cualquiera de los géneros literarios conocidos, pues todo depende, en última instancia, de la intención ético-estética que encierra lo que impulsa a un mortal a orbitar alrededor de la belleza.


Historia de la belleza de Umberto Eco descansa en la mesa junto a dos objetos de preferencia para uno. Un separador de libros comprado en Lisboa y un bolígrafo en Roma. En muchas ocasiones, el libro es el bálsamo de fierabrás. Lo abro y leo. Esta tarde, por ejemplo, lo abrí y terminé engolado en un pasaje de Claudio Galeno de su libro Placita Hippocratis et Platonis, V, 3: " a belleza no reside en cada uno de los elementos, sino en la armoniosa proporción de las partes". Esta afirmación me conduce a Italia, a las ciudades italianas que quedan configuradas como un todo armónico; es el país que encarna esta teoría, que la interpreta y la configura y da forma. Es una manifestación concreta de una idea. Estar en Italia y ser allí es convivir con la belleza misma. 
Es cierto que Venecia es la suma de sus totalidades y puede que la grandeza que zumba en el que la contempla resida en la armoniosa proporción que, al armonizarse, se metamorfosea en verdad revelada de la belleza que nombramos, pero encuentro esto en el estado natural, en las lomas, montes, costas, en la propia luz declinándose por las desinencias de la Umbria.   

Cuando esto sucede, como hemos escrito aquí desde hace años, nos encontramos en el centro indudable de la belleza. En este sentido, las composiciones de Alberto Durero me provocan una fascinación que va más allá del deleite estético. No es baladí que todo el arte renacentista esté impregnado del aroma de la proporción y de la aritmética y que cualquier individuo que se sitúe en el centro de una de estas ciudades se sienta poseído por una amalgama de verdades irrefutables para sus sentidos, verdades que, como decía María Zambrano, son razones luminosas.   

miércoles, 5 de marzo de 2014

HOY me siento un Proteo (Tito) Liviano Zurbano. Como el personaje de Galdós, todo me resulta una luminaria de sinrazones. Trastoco los conceptos de tiempo y espacio; me arrojo al qué del mundo, de mí mismo, y todo me resulta una incertidumbre. Sueño, respiro en el centro del bosque, leo. También observo a E. desde hace unos días con demasiada atención. Quizás sea esa confrontación entre lo nonato para sus ojos y lo transido y fosilizado para mí cómo el mundo me trastoca y martiriza. Un Prometeo encadenado me siento cada vez que la tarde recoge sus herrajes y se desploma el día hasta no se sabe cuándo. 

Con más ahínco, cada vez creo que el mundo es un símbolo. Todo él. "Percepción de la sombra" lo llamaba C. G. Jung. 

La foto es inconmensurable. Se muestra Leon con las manos entrelazadas, ataviado de un ropaje de campesino pero, sobre todo, con el rostro cargado de la cercanía al terruño. La foto está tomada en 1899, en la casa de Jamóvniki. Lleva una suerte de delantal desaliñado y colmado de mugre (parece tierra incrustada, albero mezclado con la arenilla que desprende el fruto al ser extraído de la tierra), como si hubiera estado toda el mediodía en la siembra y en la recolección. En este punto, Tolstói es la encarnación de las Geórgicas de Virgilio y pudiera decirse que, en el jugo de esas manos, bien pudiera condensarse la cifra de la valía de un hombre en la tierra. Machado afirmaba: "Por mucho que un hombre valga, nunca tendrá valor más alto que el de ser hombre". 

Al tiempo, en ese mismo año, justamente un 18 de diciembre anota en sus Diarios: "Se dice con frecuencia: `Este pensamiento es muy profundo, y por lo tanto no es del todo comprensible´. Falso. Al contrario. Todo lo que profundo es claro hasta la transparencia".  Como Jano, Tólstoi supo interpretar su condición de hombre demediado, del que profesa el amor a la tierra desde sus propios rudimentos y al hombre sencillo y el que detiene sus paso ante el zumbido inalterable de lo bello. 






martes, 4 de marzo de 2014

ESCRIBIR encadena y uno debe siempre estar buscando su libertad. Ego scriptor, como decía Paul, sometido a las formas de la palabra y no a la forma del pensamiento. Debes conservar tu realidad más profunda, quizás la única con visos y ecos de la verdad que originas.

 El ejercicio consiste en comenzar a escribir, nada más y nada menos. Estoy en Kassel, sentado en la mesa de un restaurante chino. Me permiten un cuaderno, bolígrafos, dos o tres libros, el teléfono móvil. El resto debo escribirlo al socaire de lo que pase por la calle a la que da el restaurante conjugado con lo que mi mollera interprete de toda esa realidad figurada. A mi lado se encuentra un señor al que llaman Enrique y al que, con rapidez, distingo: es mi admirado Vila-Matas. Parece que está sentado en una mesa parecida a la que me han dejado a mí. Vila-Matas saca  un portátil de un maletín, pero un señor trajeado, con una corbata de girasoles, le impreca que solo puede utilizar los cuadernos y bolígrafos que hay encima de la mesa. Vila-Matas parece consternado con todo aquello, diríase que desconcertado e, incluso, dolido. De pronto, me mira, guiña un ojo y, a continuación, me lanza una bola, una bolita  de migaja, una bola con la masa suficiente como para caer dentro del vaso de vino que me habían dejado encima de la mesa (junto al cuaderno marrón y el bolígrafo que compré en un bello marzo en Roma, en Piazza dei Fiori, en Roma) y derramarlo en el pulcro mantel.  De pronto razoné que estábamos en el Sur, de Borges, no en Kassel, sino quizás en un trópico ensoñado de pampas y urbanismos occidentales  y que el individuo que a mí me parecía Vila-Matas era, en realidad, en la realidad de la ficción, Juan  Dalhman. 


Uno de los libros que me había llevado a Kassel fue el de Paul, sus Cahiers. Lo primero que escribí fue: “Escribir encadena y uno debe siempre estar buscando su libertad”. Horas, la tarde al completo. Todo terminó en un pasaje infructuoso en letras, pero viviente en ficción. 

lunes, 3 de marzo de 2014

UNA cosa es la intertextualidad literaria, tan antigua como la palabra misma; otra, bien distinta y soez, la copia. Lo único que las diferencia es la consciencia limpia del autor en lo que hace. Cuando uno copia las palabras e ideas de otro está poniendo en claro su torpeza más absoluta para escribir e, incluso, deja entrever que le interesa más su ego, la aparición de su persona, que lo que escribe. Copiar es una falta moral que trasluce vanidad y que sucede porque existen otras motivaciones distintas a las literarias. 

Por contra, como decía en las líneas iniciales, la intertextualidad, en todas sus dimensiones, esto es, la conversión de un texto literario en un telar de resonancias polifónicas que dialogan, a la postre, con la literatura misma, es una virtud. Una virtud que, en consecuencia, hace avanzar los textos literarios en lo contemporáneo desde lo permanente, arrancando de lo antiguo lo esencial para lo contemporáneo.  
Lo es porque el autor queda como el armonizador de lo que siempre ha sucedido en el seno del mortal: sus inquietudes, sus ideas, sus pensamientos, todo lo que lo sacude de su ensoñación  para embridarlo con temas que actualizan esa permanencia desde su propia voz, de todas aquellas voces que el autor considera necesarias e imprescindibles. Una cosa es citar a uno y a otro para crear, pero cosa distinta es crear, con los textos de otro, una mala copia.  

A mí me fascina combinar los textos, las voces de otro con la voz propia. Entre otras cuestiones porque considero la mía minúscula, casi desfallecida y, sobre todo, porque lo que más me aviva es leer. Reverencia a la lectura siempre; condición de lector por encima de todo, incluso cuando escribo. 
Avivar la imaginación, las dimensiones de la ficción con lo que otro dijeron ya sobre lo mismo. La lección es evidente, el mismo Montaigne la expuso con claridad: "Que vean, por lo que tomo prestado, si he sabido elegir con qué realzar mi tema. Pues hago que otros digan lo que yo no puedo decir tan bien, ya sea por la pobreza de mi lenguaje, ya por la pobreza de mi juicio. [...] He de ocultar mi debilidad tras esas celebridades".

El Libro II de los Ensayos de Montaigne, concretamente, el Capítulo X, titulado "De los libros", lo tengo por el terreno originario de lo que, un día, comencé a escribir. Siempre vuelvo a ese texto cuando me siento frustrado, pues me invita, desde la plena humildad, a seguir leyendo con la entereza moral del creador. Ars vivendi, escribir la lectura.    

domingo, 2 de marzo de 2014

COSA sarebbe un uomo senza sogni? Una ensoñación interna, qué cosa es un hombre...

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Heidegger es uno de esos filósofos que azuza la reflexión estética. Leerlo supone, en cada acercamiento, una renovación y una nueva tentativa en el deseo de renovación de las credenciales que uno mantiene en relación con el arte. Heidegger es el habitante de un bosque secreto, un bosque sonoro, siempre en transformación.
Un espacio solo habitable en el aroma de la noche encerada. 
Leo: "El origen de la obra de arte es el arte". El origen es la fuente de la esencia y, cuando preguntamos qué es un poema, una obra artística de cualquier disciplina, preguntamos por esto mismo. 


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Una vacilación entre el sonido y el sentido, el poema conforma una realidad capturada que se perpetúa en una sola forma para siempre. Una acción verbal que es el origen de la poesía, origen de origen. 




viernes, 28 de febrero de 2014

HOY la noche es Chéjov. Hacía tiempo que un autor no me provocaba tal revuelo de inquietudes y de ideas que brotan sobre la prosa de ficción. La noche es Chéjov, la madrugada quizás un alud de nevadas y de paseos por la escala secreta de la ficción. 

E. ha preferido esta tarde escuchar a Chopin y no a Mozart. Sin embargo, entona, poseída por la emoción, las primeras notas del minuetto de Beethoven, "mi fa fa" , exclama mientras sonríe. 

De Chéjov, la brevedad del fruto narrativo, pero, sobre todo, la intensidad y la fuerza locutiva. La configuración de los personajes con parquedad de recursos lingüísticos me han recordado la fastuosa exposición que visité en Sevilla con pintura impresionista rusa. De aquella exposición contengo en la memoria trazos, alumbramientos de pura emoción. 

E. pensaba que hoy volveríamos a bailar y a danzar y a su sonreír mientras yo trataba de entonar con el ébano del instrumento las escalas que casi ya me saben a melancolía. 

Ella con Chéjov en una sola melodía. Hombre demediado, vida y ficción, McGuffin esencial que proclama el devenir de los días. 

jueves, 27 de febrero de 2014

LEO, extemporáneamente, a Vila-Matas, Kassel no invita a la lógica: en el coche, mientras espero a E., en la madrugada, en las visitas al baño, cuando desayuno, almuerzo o ceno o en cualquiera de esos instantes que, durante el día, parecen sucedáneos y se dejan sin aprovechar y sin hacer nada. El hombre, como dijo Baroja, es un hombre de acción, "la lucha por la vida", claro está, es el lema de los que observamos los días rebosantes de sucesos que, al margen de todo, nos invitan a recluirnos. 

Quizás este escrito sea un McGuffin en este diario, un recurso, una argucia,  para que pueda avanzar en la escritura sin atender, todavía, a lo que parecía haberse anunciado al comienzo. Y, como es obvio, no voy a escribir sobre Vila-Matas, -no sé si lo habrán advertido-, sino sobre un texto de Chéjov que se titula "Ideas impropias".

Estas "ideas impropias" del autor ruso es una analogía con los McGuffin de Vila-Matas (perdonen que vuela a citarlo a pesar de que no vaya a escribir sobre él). Consisten en una transformación de la realidad a partir de la reflexión de un personaje. Un profesor de lenguas antiguas, ejercitado en el ejercicio de la extemporalia, esto es, en verter al ruso los textos latinos y griegos, decide plantear razonamientos ilógicos, inadecuados a los textos que tiene por delante. De esta forma, piensa en sustituir el significado de un verbo por otro, de un adjetivo por otro, del género gramatical y de todas aquellas inapropiadas cualidades que , de suyo, les hubiera correspondido. 

El texto de Chéjov y de Vila-Matas conviven en esa forma de entender la literatura desde la ficción misma, desde la poética de la ficción en el mismo texto. Llamada metaliteratura por la crítica al uso, considero que en este territorio la obra literaria posee todavía inagotables posibilidades expresivas; todo lo contrario a cuando está sometida a renovaciones de estructura, voces narrativas, juegos temporales entre la trama y la historia o cualesquiera de los procedimientos que, avanzado el siglo XX, la novela alcanzó y desarrolló con excelencia. 

Habrá, por tanto, como afirma el maestro de lenguas antiguas de Chéjov o el propio personaje de Vila-Matas con los McGuffin del comienzo, que introducir en el texto razonamientos que expandan las dimensiones significativas de las palabras.   

miércoles, 26 de febrero de 2014

CHÉJOV dejó un escrito único, originalmente literario. Se titula "¿Qué es lo que más se da en las novelas, relatos, etcétera?". El resultado del artefacto literario siempre me ha recordado a George Perec; o, en mejor decir, siempre he pensado que Geroge Perec había leído este fragmento como fórmula modélica con que encauzar su propuesta estética. No podemos olvidar que, en el escrito de Chéjov no pasa nada: no hay trama, ni fábula...pero sí ficción y un autor que, con la necesaria presencia del lector activo, terminan por edificar un texto literario.  

El texto de Chéjov es Borges igualmente. Borges, Perec, Chejov e, incluso Flaubert, -pero antes, Cervantes-, quisieron hacinar en sus narraciones cómo las palabras conforman la concepción de la realidad o, lo que es lo mismo, cómo concebimos la realidad a partir de la nominación de la misma.

Dado el caso que tenemos por delante, el de Chéjov, quiero decir, el de Chéjov, pero también el de Pérec y el de Borges y el de Cervantes, incluso el de Apolodoro, con su Biblioteca,  sin olvidarnos de Lewis Carroll o Cortázar, lo más fructífero será leer con detenimiento y pausa el escrito de Chéjov. Pero, ¿qué propone el escrito de Chéjov?

Una sucesión de nombres adjetivados, bien complementados; un río sucesivo de nombramientos que, a la postre, revienta los límites de la realidad y los somete al de la ficción. ¿Es, por tanto, el de Chéjov un texto de ficción? Puramente, como suelo decir en las últimas semanas. Nombrar, sin más, sin que suceda nada, ninguna historia entre ellas, es literatura. 

Aunque, claro está, los que siempre manifiestan su perturbación y llegan incluso al suicidio sonoro de la palabra, al ahorcamiento ágrafo de la realidad, son los poetas. 
    

martes, 25 de febrero de 2014

PAUL es de esos señores que siempre tienen  respuestas para cualquier inquietud. Lo leo y me sosiego:
"Mi vida no tiene nada de extraordinario. Pero mi manera de pensar en ella la transforma". Gran Valéry, autor imprescindible para uno, texto lúcido en cada página, pero, ¿cómo no iba a escribir bien un señor que pretendía concebir su vida con ostinato rigore, con regularidad de solsticio?

lunes, 24 de febrero de 2014

HOY, náuseas. Tan solo oler a E. y danzar con ella mientras tocaba el clarinete me ha reconfortado. Náuseas de  desasosiego, vitales. Lloros. 

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Una vez un poeta le escribió a otro: "La soledad le servirá de refugio y hogar incluso en medio de relaciones muy extrañas; y, desde la soledad, encontrará usted todos sus caminos". Este mismo poeta afirmaba: " Viva usted ahora las preguntas". El poeta es Rilke.  

domingo, 23 de febrero de 2014

ESTA es una extraña forma de vida, la del que está consignando sus días con unas palabras que no pertenecen a lo cotidiano y que, además, proponen una secuencia ordenada, corregida y que queda en una forma definitiva. Es todo lo contrario al devenir de la rutina y de las palabras que la conforman. Giros, secuencias que tan solo sirven para comunicar una necesidad, dar una orden, manifestar un acuerdo. La literatura, sea cual sea su género, debe siempre perseguir la expresión (del ser) y la estética (una sola forma para siempre).  
 
Esta extraña forma de vida puede ser igualmente ridícula e, incluso, obscena. Cuando no responde a los criterios de verdad, justicia y belleza, y solo hay una vanidad incontrolada  o un egotismo exacerbado. Es una lucha que todo escritor y poeta mantiene, una dicotomía que enfrenta al sujeto a sus propias convicciones. A veces pienso en la caricatura de uno cuando se coloca frente al papel y comienza a escribir, ¿qué mermada ensoñación me acoge? 
De la fortaleza de su propuesta vital y estética dependerá que, antes o temprano, caiga en el envoltorio de la vanagloria. Ars vivendi es la tabulación que, los antiguos que vivieron literariamente, nos han dejado como ejemplos; las vidas y las obras de los que alguna vez alcanzaron a escribir literatura.  

Y solo en el silencio y la soledad, como vengo escribiendo en este diario secreto desde hace años, puede el poeta y el escritor al menos la paz consigo mismo. Esa paz individual es la concuerda la armonía que nos ampara.

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 Todo discurre, desde hace unos meses, por unas maravillosas ansias de apartarme de todo. Alejarme de la poesía, pues soy mísero al tantearla. Quizás, entregar al abismo de la palabra, sin más.

***

Recuerdo la lectura de Libro del desasosiego de Pessoa. Es un libro de paradigmas, en el que uno puede encontrar aristas y ángulos diversos de qué es escribir. Al menos, para uno, su lectura fue mineral y enriquecedora, pues me mostró, a las pocas páginas, que la literatura es una manifestación insondable, tanto como lo es el individuo que las pergeña.  

Agarro el volumen de Leopardi, el Zibaldone que una vez compramos en Milán, el libro que guardo con tanto celo y cuyo italiano me deleita en tantas ocasiones. Comienzo a leer estas líneas de Leopardi desarrolladas con su particular estilo sintáctico y, por tanto, de ideas:  

"Gli uomini che nel mondo sono stimati e son tenuti da quanto gli altri o da più degli altri, lo sono per l´ordinario in quanto coll´uso della socità essi si sono allontanati dalla natura lor propri e dagli abiti naturali dell´uomo generalmente, ed hanno in se oscurata e coperta la natura, o sanno, sempre che vogliono, coprirla. [...]
Voglio dir che la più parte delle qualità che negli uomini ottengono stima appo il mondo, o sono totalmente acquisite e pernulla naturali, anzi spesso contrarie alla natura lor propria o generale; ovvero sono talmente svisate del naturale che per naturale non si ravvisano, epiù che sono svisate, più per l´ordinario, si stimano". 

sábado, 22 de febrero de 2014

LA acción es parecida. Se arroja uno al papel y comienza a escribir en el diario. Qué lo motiva ni siquiera lo sé, pero sí puedo asegurar que siempre es un afán de verdad y de belleza. Cosa distinta es que eso resulte con el cuerpo y la fragancia de la literatura y que no termine, como es habitual, en adefesio, incluso en una grotesca estampa sin más. Es cierto que la mayoría de las palabras son solo sombras, los ecos proyectados de la figura de quien las escribe. 

Escribir y pensar, pensar y escribir. El autor posee dos consciencias frente a la palabra. La primera consiste en leer el resultado y en confrontarlo con lo que antes había hecho. De esta reflexión casi todos los pensamientos son impuros, están cargados de vanidad y de falsedad. Para los autores que solo se vuelcan en este proceso, es crucial la importancia de un receptor concreto al que, sin quererlo, están escribiendo. La segunda es quizás la escritura verdadera. Es la efímera consciencia del estar escribiendo, estar componiendo, del gerundivo suceso de la creación, sin saber qué. El receptor no importa, lo que no quiere decir que la obra sea subjetividad al extremo, incomprensible,  y nada más. En este cauce la única claridad que percute en la mente del creador es la de la insuficiencia. ¿Insuficiencia de qué? A esta pregunta han tratado de responder las poéticas pero, por encima de ellas, la Filosofía. Qué habita las palabras. Pensar y escribir, escribir y pensar.     

miércoles, 19 de febrero de 2014

ME ACOMODO las gafas bicolor que estreno desde hace unas semanas. Agarro un libro, Al faro, de Virginia Woolf. Comienzo a leer: revolución.

De Parménides me agita cualquier palabra, cualquier pasaje de su Poema. No me extraña que Heidegger o Nietzsche condujeran sus atenciones a leer con detenimiento y reflexión las letras de que conforman los fragmentos allegados hasta nuestros días. Un pasaje que tengo subrayado y que casi recito de memoria es el siguiente:
Fr. 9.
"Pues bien, cuando ya todo denominado luz y noche
quedó, según sus capacidades, en esto y en aquello,
todo está a un tiempo lleno de luz y noche invisible;
de ambas por igual, puesto que nada hay que no sea parte de una o de la otra".

La luz y la noche invisibles, las fuerzas contrarias que atraviesan el día a día y que, con más sensibilidad, percibo a cada momento, el poder de las yeguas desbocadas cabalgando fábulas.

De Pietro Citati ha anotado uno ciertas líneas en este diario. Lo recuerdo cuando estuve absorto durante semanas con su volumen titulado La luz de la noche. Ahora, su biografía de Leopardi ocupará, de nuevo, un lugar de excepción en la pila de libros que me acompaña.

martes, 18 de febrero de 2014

ACTA est fabula...el final de la obra ha llegado, está aquí. Estas son las palabras después de conversar con un amigo y de contemplar en sus ojos una claridad inusitada, que atravesaba los objetos y la carne.
...es un ir desnudándose, un danzar de la edad de la rosa.

domingo, 16 de febrero de 2014

DISFRUTO con la nueva edición de la Fábula de Polifemo y Galatea de Góngora. Recuerdo que, la primera lectura de este texto consistió en una prueba de resistencia inciática. No dejé de leerlo movido por el gusto estético y conceptual de la composición, sino porque no concebía que un estudiante de Filología pasara por la universidad sin haber leído el texto. Justo cuando terminaba los estudios y comencé a leer sin red, motivado únicamente los intereses propios y alejándome de las recomendaciones de los profesores que solo buscaban el beneficio particular, Góngora volvió a ocupar, en la biblioteca personal, un lugar preponderante. Ahora, pasados los años, un conocido realiza una nueva edición de un texto y de un autor que, por los vericuetos de la vida, mantuvo una estrecha y fundamental relación con el Conde Duque de Medina Sidonia. 
Ayer estuvimos en Palacio, en el de los Medina Sidonia. Entrar allí es someterse al juicio de las épocas pasadas. Volvimos a asomarnos al mirador, antaño zona de defensa que desemboca a la llamada Cuesta de Belén, y volvimos  a contemplar el Coto de Doñana ayudados por el amor y la grisura de la tarde. Nos caían algunas gotas de agua pero no les prestamos atención alguna. Muchas veces hemos ido allí, a contemplar la cadencia del río, del cielo, de la desembocadura y ahora lo hacemos, además, pensando en la ficción poética con la que Góngora impregnó, sobre todo, Soledades. Llevaba el volumen en el bolso, lo abrimos y leímos algunos pasajes mientras por competir con el frío y la lluvia era todo oro bruñido al sol de la lírica.   

Afirmaba Hermann Broch, admirado por uno tanto como narrador como poeta, "la poesía es la más extraña de todas las actividades humanas". Como es conocido, este autor fue aprisionado en Altaussee y fue, en esas semanas de prisión, cuando concibió su afamada La muerte de Virgilio.  Las páginas iniciales de esta novela, de esta summa literaria (pues en ella hay drama, lírica y narrativa) las tengo por uno de aquellos arranques que enaltecen a un texto literario. Brindisi, el poeta enfrentando sus ojos a la costa, la muerte, la fiebre, los días, el mar hipnótico, la fuerza militar, el retiro, los versos que pretende arrojar al caldo de las llamas...una panoplia de imágenes sucesivas que perturban sobremanera al lector hasta conseguir una catarsis. Sin embargo, en esta mañana que releo algunos poemas del autor nacido en Viena, recito en silencio:
[...]
"Oh, lenguaje, descriptor para sí mismo indescriptible, que busca
empujando hacia lo indescriptible"
[...] 

Este poeta afirmaba, por lo demás, que la poesía es una actividad irracional del hombre y como tal debe conjugar el raciocinio de la palabra misma con lo irracional del pensamiento que la mueve. Sea cual sea su naturaleza, Broch consideraba, y esto explica muchos aspectos de su obra, que la actividad poética es "la única que sirve para el conocimiento de la muerte". 

sábado, 15 de febrero de 2014

ES así: se produce, se conforma y llega a tus manos. El libro finalmente es una mapa de circunstancias que establece una forma y una disposición. Ayer, mientras J.S.M. volcaba sus ojos en un lugar irreconocible para mí todavía, pensaba en el miedo y el estupor. Quizas no se notara el tembleque de mis manos y quizás alejé la emoción infante de quien todavía no se reconoce cuando le llega a sus manos un libro de poemas. 
Por otra parte, junto al miedo perenne, El umbral de piedra no es más que una estación, un acto de fidelidad por mi parte al silencio, una acción verbal nutrida de la soledad, en la noche, en respuesta a un pulso secreto y a un confín. No hay en él ninguna concesión ni dádiva intencionada. 
En estos casos, las única palabras que consigo consignar son se gratitud. 


En las últimas semanas, me invade un impulso que nunca antes había estado presente con tanta fuerza. Día a día, la idea de escribir una narración, de volcar las palabras para contar, puramente, narrar, se va imponiendo. En estos casos se interpone una cuestión filosófica, ¿qué narrar? Siempre me pareció una falta a la literatura narrar las banalidades y las miserias del hombre, pero quizás, en ello, esté la medida de lo que uno puede llegar a ser; y, en todo caso, supone un ejercicio de exorcismo y de espanto para que el espíritu quede más sosegado. 

De las ediciones de Dante, a la que le tengo más aprecio es a la de la B.A.C. El volumen retiene  el paso de los años y el papel biblia  que los conforma amarillea pletórico. En él están las obras completas, desde La divina Comedia, pasando por Vida Nueva, El Convite, La monarquía, Sobre la lengua vulgar, hasta La Monarquía, Disputa sobre el agua y la tierra, algunas cartas, églogas y rimas. Existen, y las poseo, otras traducciones mejoradas, contemporáneas, mejor trabajadas y con un texto de referencia más solvente, pero este volumen permite algo que los demás no: pasear por la galería de espiritualidades del Dante. 
Comienza leyendo algunos pasajes de la Commedia y, de pronto, un soneto a una desconocida Liseta. Mi fascinación reside en que, sea cual sea el tramo de su palabra, siempre hay una constante de verdad, justicia y belleza poéticas. 





jueves, 13 de febrero de 2014

ME voy conformando con pocas cosas cada vez. Una palabra nueva de E.; su sonrisa de lapislázuli cuando trato de imitarla y ríe y me acaricia y levanta mi sombra de puro contento; observar la lluvia y percibir la humedad del tuétano de la tierra; contemplar y alejarme de las infidelidades a la poesía; leer mucho, todo lo que pueda, leer y releer la literatura y estudiarla, para así pensar que el tiempo no acaba nunca; besar y amar con determinación de siervo herido en la noche; dialogar con el que no entiende de logos para no faltar, al menos, al principio de consciencia de verdad y justicia; mantenerme fiel a la soledad y el silencio, únicos espacios favorables para la estética; también, fidelidad en la amistad, pero, ¿de cuántos amigos hablamos realmente?; como dije antes, leer y releer, como sístole y diástole coronarios; últimamente, tratar de ser profesional en el trabajo al máximo nivel de exigencia, porque entiendo en ello una consagración ética con los demás; comer con delicadeza de siroco; beber buen vino sin más ni más; escribir en este diario que roza el delirio por mi parte y cuyas ramas ya desconozco y pienso, cada vez más, que son inservibles y que están desnortadas; ser siendo y tener la consciencia percuciente de que la vida se derrumba con sucesiones de difuntos en las que pensamos que permanecemos; evocar en las ruinas la extensión de lo que fuimos, porque en el deseo puede encerrase la medida de la eternidad para el hombre.    

***

Literatura es todo texto que convoca a la belleza en sus hechuras y las actualiza en una forma para siempre. 

  
-¿VIVIR?

-Una fastuosa ilusión.

-¿ESCRIBIR?

-Surcos delebles en el tiempo.

-¿ENTONCES?

- En lo que somos, mortales,  jamás podremos advertir la polifonía de lo real.



martes, 11 de febrero de 2014

PARA el mortal, el dolor es siempre pregunta, el placer, respuesta. En la poesía no existe el placer para el mortal, siempre es dolor lo que siente, lo que percibe, pues nunca la poesía habita en el hombre que la consigna en una forma y en una aritmética. Esa es la maldición del poeta, la posesión ensoñada de la poesía. 
LA vida de un escritor es inmenso laberinto hueco. Nadie conoce sus dimensiones ni nunca nadie acompañará al sujeto que lo edificó a recorrer sus cauces y galerías. Cada vez más, soledad y silencio nutricios. 

sábado, 8 de febrero de 2014

SE sucede la lluvia. Su tintineo en los cristales trae el rumor del lino. Gris, aterciopelado, el cielo es un montículo en lo alto que inunda los ojos, los hace restallar de pura contemplación. 

En la mesa, libros. Observo el retrato de Giacomo Leopardi que asoma en la portada de la edición de Zibaldone di pensieri. Levemente esquinado, la rectitud de la pose del poeta me agrada, así como la sinuosa sonrisa que dibuja sus labios. Una nariz pronunciada, el cabello desmelenado y ralo, pero, sobre todo, los ojos...esos ojos cargados de infinito. 


jueves, 6 de febrero de 2014

EN la secuencia titulada "Madrigal", el sujeto lírico expresa a Platero una idea altamente lírica: "Hay, Platero, bellezas culminantes que en vano pretenden otras ocultar". El texto, leído de principio a fin, confronta tres imágenes que terminan  siendo la visión poliédrica de la belleza literaria: una mariposa que, concebida junto a su sombra, es dualidad; el estado de ánimo que vuelca el sujeto al contemplarla y, por último, la propia poesía vivida y encarnada. 

El platonismo del texto resulta sutil tras una lectura inicial, pero edificante en sucesivas relecturas. La mariposa va siendo, a la luz y en las sombras, ser cambiante. Metamorfosis misma que, a pesar de esto, jamás abandona el centro indudable de la poesía, el jardín que se menciona: "Toda se interna en su vuelo, de ella misma a su alma, y se creyera que nada más le importa en el mundo, en el jardín". Esa mariposa es la epítome del silencio y de la soledad connaturales al "poeta verdadero", de ahí la identificación con su vuelo. Volar en solitario para la mariposa es como el "deleite del verso" para el poeta. 

Por último, como siempre pensé que Platero era "la sombra" del sujeto que proyecta J.R.J. en el libro, es decir, otro alter ego del ser ficcional en que se desarrolla toda la naturalidad y la comunicación impropia de los mortales en relación con la naturaleza, estamos ante la contemplación de un ser desdoblado, la mariposa, por otro que igualmente se hace así, hombre demediado. Un juego especular que se concita en un breve pero intenso texto que apunta hacia la poesía "pura y sin ripio", es decir, hacia la poesía que armoniza la palabra y el silencio con la naturalidad y el vuelo de una leve mariposa en el jardín.

Me ha recordado esta lectura a los versos del poema de Rubén Darío que dicen:

En mi jardín se vio una estatua bella 
se juzgó mármol  era carne viva
un alma joven habitaba en ella
sentimental, sensible, sensitiva.  

martes, 4 de febrero de 2014

PASÉ la noche sin dormir y la aproveché para escudriñar la noche misma, los entresijos de la duermevela. Al principio caí en un laberinto ensoñado, de luces y rincones sombríos; con el tiempo, el tiempo en la noche es transfiguración, una luminosa consciencia se hizo llama y encuentro. desde ese punto, ningún recuerdo en la memoria fue posible en la memoria.

Dice un señor que él es "escritor" y que lo propio de un escritor es expresarse en todos los géneros literarios. Entiendo, después de su afirmación, que él se considere un "escritor", ningún escritor deja de ser un escribidor cuando así se considera. En este galimatías que escribo tengo por seguro que el que se siente escritor está ensanchando las dimensiones de su yo, de su ego, de la vanidad y que el escritor puro siempre se siente lector, que es la condición del tú, esto es, de la otredad y de lo cambiante. 

El señor que se siente escritor pasa a sentirse gran escritor y acumular, en las faldas de su egolatría, todos los elogios y también todas las miserias. Por otro lado, el lector y la condición de lector siempre implica un estar siendo, una poliédrica estación del ser.