QUIZÁS comenzar a
escribir una novela es la manifestación más diáfana de la voluntad de un
individuo pues a diferencia de un poema o de cualquier otra manifestación
literaria, la novela consiente el esfuerzo, el repaso, la variación, la usurpación
a lo vivido y lo soñado e inventado en una misma cosa o quizás no, y puede que
en el comienzo el ímpetu prístino de una narración anide en una afán de
pervivencia en la ficción, es decir, en lo que no ocurrió nunca o pudo haber
sido, en lo que convive con lo que es verdadero o lo parece. Puede que narrar,
contar sucesos inventados, o no inventados del todo, demediados entre lo real y
verosímil, confiera al lector la naturaleza más verdadera de su vida, la
condición de ser en un estado que nunca antes había sido posible hasta el
encuentro con el relato; de ser la otredad, la vida imaginada del autor, la
ficción misma de lo leído y proceder como un ser sin tiempo finito o inmaculado
de toda finitud.
viernes, 3 de julio de 2015
miércoles, 24 de junio de 2015
Más allá de la noche, del sonido oculto del cosmos, más allá de la tierra, del fuego de esta noche de solsticio late la sustancia.
Toda posesión de un conocimiento lleva implícita su práctica, por lo que un poeta que no ejecuta la palabra poética del centro indudable a sabiendas, va en contra de las fuerzas naturales.
domingo, 21 de junio de 2015
"CUANDO el oído es capaz de escuchar, entonces vienen los labios que han de llenarlos con sabiduría". Cuando el individuo es poeta verdadero entonces es entiende la correspondencia armónica de la poesía y el mundo.
Releo, después de varios años, el tex
to de Longino titulado De lo sublime. Al final de este breve pero intenso volumen descabalado puede el lector encontrarse con la siguiente afirmación: "Vine a decirle, en resumen, que la perdición de los talentos actuales se debe a la superficialidad en que pasamos la vida, pues solo trabajamos y estudiamos por la alabanza y el placer, no por un motivo digno de emulación y respeto".
En efecto, cuando preguntan a los escritores actuales por su trabajos como tales las respuestas no hacen más que colmar ese placer egotista y esa cumbre de alabanzas que tanto hincha la vanagloria. Ninguno responde atendiendo a las cuestiones de emulación y respeto al arte, a la tradición, al discurso del ser.
No sé si solo la superficialidad de la vida actual es la causa de esta ausencia, pienso que la transformación es más profunda y que los individuos están relamidos por las llamas de la ignorancia que es aplaudida por los que son igualmente ignorantes.
El poeta percibe, como Rilke, como Leopardi, unos labios que van llenado, como quería Bécquer, con sabiduría su discurso. La poesía siempre ha sido una revelación del ser edificada con los razonamientos luminosos de la palabra, no con los parámetros contemporáneo de la poesía. Son materia de la nada y, por tanto, no se incordian en la sentencia del Tiempo en la poesía.
Las contemplaciones nacieron de la plural mirada al mundo. Cada una de ellas, todas en mí, proponen un ser complementario que columbra una razón para el ser, quizás una causa originaria. El sosiego, la respiración, el arte verdadero, el amor me conducen hacia ese centro indudable. Tanto más cerca, tanto más incomprensible. Cada vez que trato de acercar la mano a su fuego desaparezco. cada vez que escribo sobre su naturaleza dejo de ser para ser.
sábado, 20 de junio de 2015
HABLO con todos y acaso con ninguno...nadie me responde. Estoy falto de respuestas y de señales. Los pactos acaso fueron tomados sin tener consciencia de ello.
miércoles, 17 de junio de 2015
LA SOMBRA de la muerte y de la angustia vital están presentes en el hombre de luz.
No basta que sean bellos los poemas: deben ser arte poética.
Dice Horacio: "Escritor, sigue la tradición o crea algo con coherencia".
"Los labios de la sabiduría permanecen cerrados, excepto para el oído capaz de comprender",
No basta que sean bellos los poemas: deben ser arte poética.
Dice Horacio: "Escritor, sigue la tradición o crea algo con coherencia".
"Los labios de la sabiduría permanecen cerrados, excepto para el oído capaz de comprender",
domingo, 14 de junio de 2015
BAUDELAIRE propuso para la modernidad el paganismo de Ovidio y de Catulo. A ello sumó la concepción de la "espiritualización estética" del mundo con la que entendía que las artes, sus manifestaciones, eran correspondencias con la misma naturaleza.
Como Wagner, como Poe la realidad asume más allá de la realidad, quiero decir, la realidad de los sentidos es una percepción demediada de la realidad al completo. Así dice el poeta en el poema "Correspondencias":
"Es la Natura un templo cuyos pilares vivos
[...]
el hombre lo atraviesa por un bosque de símbolos"
Cuando Baudelaire incluye en su poema "Los faros2 a algunos artistas (Leonardo, Rembrandt, Miguel Ángel, Puget, Watteau, Goya, Delacroix culmina con un verso glorioso:
""ces´t pour les coueurs mortels un divin opium!"
Y, cuando el lector ha avanzado en este camino, este asedio hacia las zonas desconocidas que nos provocan estas tentaciones, leemos, con un deleite desazonados los siguientes versos en el poema "La Muse Vénale"
"Car c´est vraiment, Seigneur, le melleur témoignage
que nous puissions donner de notre dignité
que cet ardent sanglot qui roule d´âge en âge
et vient mourir au bord de votre éternité!"
"este llanto ardiente que va de siglo en siglo
para morir al borde de vuestra eternidad".
viernes, 12 de junio de 2015
TÚ, belleza, contienes los misterios
ocultos e invisibles a los ojos,
mas suenas por de dentro, como larva
[...]
ocultos e invisibles a los ojos,
mas suenas por de dentro, como larva
[...]
Escribir, escribir como el sonido
de una rueca incesante que eterniza
lo que resta del paso de tu vida.
Como un sueño metódico no somos
nada tan vivamente en este mundo,
nada de ti, de quien soñaste ser,
de aquel del que tan solo reconoces
una imagen perdida para siempre.
Solo el canto consagra y celebra
la belleza escondida de las horas
y en ella se proclama una verdad
que ha de quedar tan pura a los oídos
que nunca escucharás tu voz en ella.
De todos los contornos de la noche,
de todos sus confines, anchos mares
naufragados sin cuerpo y sin medida,
de todas las palabras de la oculta
armonía de flautas de siringa,
[...]
martes, 9 de junio de 2015
SI con estas palabras estuvieran las músicas que suenan cuando escribo, me quedaría conforme. La música lo revuelve todo hasta dejarlo expedito para la reflexión. Me pregunto por la trama que lamina la realidad, por el hilo de Ariadna invisible que tanto anhelo. Últimamente, tan solo paseo en bicicleta por el campo, leo las más de las veces lo libros de siempre, pienso, dialogo, escucho concorde el latido del mundo. Vital para mis días, la lectura debe ser un ejercicio de transformación que conduce al individuo de un estado a otro. Ese traslado del ser, el movimiento del espíritu, es la armonía revelada de la poesía.
Con estos términos no puedo dejar de leer a Leopardi, el poema "El pensamiento dominante":
[...]
Tú, pensamiento mío, tú tan solo,
vital para mis días,
causa directa de infinitas ansias,
conmigo morirás cuando me muera;
[...]
En efecto, con los hombres mueren sus pensamientos y sus miradas sobre el mundo. Solo el arte tiene la capacidad de transformar esa experiencia individual en una estación plural. Solo el arte ha dejado la huella permanente de las individualidades, de cada palabra azotando la realidad para tratar de comprenderla. Pudiera afirmarse que la historia más hermosa de la tierra es la que conforma el arte en la tierra, pues tan solo con lo artificial de estas disciplinas, puede nombrarse lo que está siendo a pesar de la inconsciencia.
domingo, 7 de junio de 2015
EL MISTERIO. Cada lector posee una idea de qué es la poesía. Esa idea es artificial, pues la posee después de haber leído textos poéticos. No existe en el hombre la idea de la poesía sin haberla leído. Leer es, por tanto, el método de aprehensión y conocimiento de la literatura. En la poesía es en donde se revela lo poético. Pasa del noumeno al fenómeno, de ahí deriva que la selección de los textos que leamos deba rendir siempre tributo a la poesía sin ambages.
Toda vez que el lector acopia lecturas diversas, esa idea va conformándose, modificándose, poco a poco, estableciendo una figura que termina por ser la idea general de la poesía para ese lector.
Si, con el tiempo, el lector llegara a ser poeta comenzará a conciliar esa idea con su creación. Esto que expreso es, ni más, ni menos, que la ética-estética inevitable, pues es natural, no artificial, estamos ante la posición del hombre ante el mundo.
Así las cosas, esta razón de la poesía explica, por un lado, por qué la poesía, en ciertos momentos de la historia, presenta ciertas formas y convicciones desarrolladas por los poetas. En el caso, por ejemplo, de mis contemporáneos, con los que no siento filiación alguna, entiendo que estamos formados en lecturas distintas, incluso adversas en sus propuestas.
Por otro lado, cuando uno tiene el caso de Leopardi en la memoria, puede entender la obra del poeta italiano y su dimensión: un poeta que escribió un soneto a Héctor con once años, que ya por aquel entonces había leído a Homero, que poco tiempo después comenzó a estudiar y a traducir los textos de Horacio, que compone unos Epigramas y una tragedia titulada Pompeyo en Egipto y que prosigue hasta los diecinueve años con el estudio sosegado de Hesiquio de Mileto, los comentarios de Batracomiomaquia, los estudios sobre La reputación de Horacio en la antigüedad y Los errores populares de los antiguos, conoce la tradición de la poesía de Mosco, el Himno a Neptuno y las traducciones del primer libro de la Odisea y del segundo libro de Eneida.
En definitiva, abogo porque el concepto de contemporáneo en poesía, en la creación artística, habría que redefinirlo. No es el tiempo de la vida de los poetas que coinciden en el nacer, es el tiempo de la poesía; y, en ese tiempo, no existe el Tiempo, todo es un discurso permanente de diálogo y edificación.
jueves, 4 de junio de 2015
ESTA TRAVESÍA...la primera vez que pude leer no lo recuerdo; tampoco el primer paseo por los jardines de tu memoria. Estás y no estás, mundo inquieto, y tengo la percepción de que el mundo no existe más que en la etérea mirada y consciencia del individuo. Todo deja de tener color al cierre de los párpados, todo deja de poseer piel cuando mi hija deja sus manos sobre las mías, todo es manifiesto y tácito excepto el todo y quizás, esto mismo que un hombre urde en su soledad, no sea más que una tilde mal colocada en un verso rítmico y armónico o en un orden desconocido.
Un caminante y predispuesto al paso sin brújula. Como decía Baudelaire: "Je vais me coucher sur le dos". "El fin de la jornada se titula el poema" y es una simbiosis entre el fin del día cuando se convierte al fin de la vida. La noche es calma y eso supone refrescar el alma. El poeta trata de esconderse en las tinieblas, pero también sacudir su cuerpo y su consciencia de los reflejos falsos de su cuerpo.
Tal que Petrarca ("la afinidades electivas de Goethe, el azar objetivo de Breton, las razones indudables de la poesía) en el Triunfo de la muerte, la noche es el tiempo de las revelaciones:
[...]
" corría el fresco aire del verano
que con la blanca amiga de Titono
el velo de los sueños clarifica"
martes, 2 de junio de 2015
ALGUNA que otra vez, me hablan de la filosofía y de la poesía. Llegan a decirme que, por ejemplo, este cuaderno, es más reflexivo que creativo. Aprendo de todo y me sitúo en esa perspectiva como lector. Claro está que el concepto de creación en la literatura moderna es más bien hábil y diverso, pero tengo unas palabras de Pessoa, escritas en su Diario, como las que pudieran definir, si hubiera que definir algún día algo de lo que uno escribe, este Trópico: "Soy un poeta impulsado por la filosofía, no un filósofo con cualidades poéticas. Me fascinaba observar la belleza de las cosas y dibujar lo imperceptible, lo minúsculo, que define el alma poética del universo".
Es lugar común que cuando los poetas concilian su obra con la filosofía, a la luz de la filosofía, acudan a Machado para entender esta relación: "Poeta ayer, hoy triste y pobre/ filósofo trasnochado [...]". Sin embargo, Machado no es un referente diáfano de esto que trato de describir. Aunque María Zambrano recupere el poema dedicado al olivo como uno de los ejemplos sublimes de esta concepción, me estoy refiriendo a la obra de Hölderlin, de Rilke, de Dante, de Parménides, de Leopardi. En estos autores, no hay razón expresada más que la razón poética, la razón luminosa de la poesía, quizás el subterfugio por el que el poeta pudiera atisbar eso mismo que Pessoa llamaba "el alma poética del universo".
sábado, 30 de mayo de 2015
ESCUCHO la música de Falla en las manos de Rubinstein mientras releo el Libro de Job:
"tu propia boca te condena , que no yo,
tus mismos labios atestiguan contra ti.
¿Has nacido tú el primero de los hombres?
¿Se te dio a luz antes que a las colinas?"
El último verso es trascendental: la luz es concebida, no nos pertenece de origen. Es todo tan natural cuando es puro; tan simple y profundo al tiempo, tan verdadero y misterioso a la vez, quizás de tan claro tan turbio. De todo esto paso a la pureza en los versos musicales de Juan del Encina:
"Paguen mis ojos, pues vieron,
a quien más que a sí quisieron"
Hace tiempo que no sé expresar mi indiferencia con la literatura actual, pues pareciera querer una cosa cuando escribo otra. Sin embargo, Valle-Inclán, en La lámpara maravillosa, escribió lo siguiente, texto que se ajusta a la cosmovisión que me invade de un tiempo a esta parte:
Todas las cosas al definir su belleza
se despojan de la idea del Tiempo.
viernes, 29 de mayo de 2015
57 98827 955 6599 7958 727 485627 42 655589 59757
jueves, 28 de mayo de 2015
ME REGOCIJO cuando en los textos antiguos leo la realidad actual. Como si de una premonición se tratara, especular visión, deformante lectura, os transcribo las palabras de un hombre de otro tiempo: "Vine a decirle, en resumen, que la perdición de los talentos actuales se debe a la superficialidad en que pasamos la vida, pues solo trabajamos y estudiamos por la alabanza y el placer, no por un motivo digno de emulación y respeto". El autor es (pseudo) Longino y las palabras pertenecen a De lo sublime. Tengo subrayado el pasaje en el libro y no dejo de transferir sentidos a esos dos sintagmas misteriosos. Puede que en la respuesta a esta disyuntiva resida una respuesta a la pregunta, ¿por qué la literatura?
¿Cuál es el motivo "digno de emulación y respeto" para un escritor, pongamos, de este tiempo? Me hago la pregunta porque deseo aprender siempre y, en este punto, me siento confuso. Quizás es el tiempo el que termina levantando la intención primigenia que se agazapa en la obra de un autor. Un tiempo hacia la transparencia, el misterio, la belleza permanente. En ese punto, los actos cotidianos deben entenderse en su justa medida: humo, pretensión, pulso de lo actual. Sin embargo, qué lejos todo esto de las palabras de un señor que ama la literatura y que escribe muchos siglos antes.
Antes y ahora la belleza en la palabra sigue siendo la misma: una y diversa, transformación y permanencia. Y cada uno de los lectores posee una concepción de la literatura según las lecturas que ha realizado. No hay idealización de qué es la poesía, ya que si uno nunca la ha leído no la conoce.
La poesía, en este caso, es totalmente identificable, otra cuestión es saber definirla. Así, qué idea tiene cada uno de la poesía se conforma después de haber leído poesía. Por lo que, cuando un escritor ha formado su cosmovisión literaria con panfletos políticos, canciones de rock, autores de moda, videojuegos, autores peregrinos leídos en traducción es coherente que la poesía actual tenga ese cuerpo en que es evidente el peso de las lecturas de otros autores literarios, de autores que han establecido qué es la literatura a la que ahora se quieren enfrentar. No hay música del idioma, no hay ritmo, no hay armonía, no hay profundidad personal, no hay recursos retóricos que mejoran la expresión cotidiana y vulgar y acentúan los sentidos poéticos, no hay conocimiento de los tópicos literarios, no se estima oportuno haber leído los subgéneros literarios que se incorporan de otras tradiciones, no hay una posesión lingüística personal y, en definitiva, no sé qué hay como forma poética. De ahí mi perplejidad y mi confusión, nunca mi juicio hacia los otros.
miércoles, 27 de mayo de 2015
TANTA más irrealidad, tanta más soledad.
La soledad deja de ser un atributo del ser cuando este no existe.
La poesía que gusta a un contemporáneo contiene falsedad.
Oigo la vida en el diáfano lago de la inexistencia.
Es el momento de todas las revelaciones.
La soledad deja de ser un atributo del ser cuando este no existe.
La poesía que gusta a un contemporáneo contiene falsedad.
Oigo la vida en el diáfano lago de la inexistencia.
Es el momento de todas las revelaciones.
martes, 26 de mayo de 2015
"LA ARMONÍA invisible es mayor que la armonía visible", dijo Heráclito. En las aguas el cuerpo deja de tener dimensión. ¿Lo sabes tú, conoces esto que te digo? Sí, el cuerpo deja de poseer sus dimensiones y quedamos tan solo en la concordia del corazón en el agua.
Boecio, en unos versos prodigiosos, cargado de ritmos léxico y de pensamiento, más allá del tácito chirrido de la fonética, viene a decirnos en la Consolación de la filosofía:
No hay orden establecido duradero
más que el que une su principio con su fin
y lo convierte en un círculo inmutable.
Heráclito en Boecio, Boecio sumergido en la idea de Heráclito. Boecio combina la prosa y la poesía,
-la más alta expresión en palabras de María Zambrano quien ensalzaba Vita Nuova de Dante como el gran texto del italiano-, de forma maravillosa. Leemos la siguiente: "Medita, pues, si los hombres pueden alcanzar el objetivo que buscan por los medios con que pretenden conseguir la felicidad".
En eso estoy reflexionando, en los medios con que proseguir el camino, el camino de voces que inundan el sendero boscoso de esta vida.
lunes, 25 de mayo de 2015
SER es renunciar a ser.
ME INVADE la extraña sensación de estar apartado de ciertas realidades. De un tiempo a esta parte, las tardes son inconmensurables, las tardes de la luz suave sobre la mirada a la tierra. Es el tiempo del diálogo maravilloso con el trigo, los girasoles y las jacarandás desfloradas.
E. crece a medida que su lengua se va apoderando del mundo. Y ella trata de mostrar lo que va conociendo, o mejor, percibiendo a los ojos. Su entusiasmo por algunas cosas es mi entusiasmo más verdadero.
Con todo, observo las actuaciones de los seres cercanos. De unos aprendo la melancolía de ser mortal; de otros, lo que nos hace, en ocasiones, simples realidades fugitivas sobre la tierra. Atrapar esa consciencia, ese estado de penetración en lo hondo, en lo profundo, en lo permanente que nos dicta, es una tarea en solitario que, con el tiempo, desdora la vida al aire.
Vivir, vivir y leer y amar...pero siempre resguardado en la bóveda cierta de la coherencia en los actos y las palabras. La coherencia en la poesía se llama armonía; para que la armonía suceda en uno debe existir la ética estética. Unas y otras son lo mismo cuando el mundo se pronuncia para hacerlo nuevo; no hay concesiones, devaneos, a pesar de la tentativas y a pesar de lo incomprensible por la mayoría.
Este diario se va dilatando demasiado en el tiempo. Casi siete años ininterrumpidos de escritura: poemas, ideas, frases, reflexiones, prosas, exploraciones,...pura mediocridad en el fondo. Así lo constato. Que uno aburre es lo de menos, pues conozco los límites de esta palabra en el trópico. Tan solo aspiro a que nadie encuentre en ellas un atisbo de renuncia, de falsedad, de impostura. Decía que es lo de menos porque, a fin de cuentas, creo que solo me leo yo mismo. Sin más ni más. Vale.
sábado, 23 de mayo de 2015
UN hombre murió apaleado en la cárcel de Pavía, exactamente en el Ager paCalvetianus, en el año 524 o quizás en el 525. Había sido condenado por traición por Teodorico y y por un senado condicionado por las influencias del emperador. El hombre se había ganado el respeto gracias a su estudio, dedicación y culturas, pero entendió, como él manifiesta, que tras la lectura de Platón, quiso mantenerse en sus ideas. Esa posición le valió el destierro y posteriormente la muerte.
Sin embargo, ni Teodorico, ni los senadores que lo ajusticiaron han terminado formando parte de nada. Tan solo ese hombre, Anicius Manlius Severinus Boethius, alcanzó a escribir La consolación de la filosofía en aquellas condiciones decadentes. Un libro excepcional y básico en cualquier biblioteca que pretenda mantener el hilo de Ariadna de la cultura occidental. En sus páginas no observamos ni un solo reproche ni explicación a sus desgracias, tan solo un volcán de sensibilidad, poesía y belleza.
Sigo con la lectura de Una historia natural de la curiosidad de Alberto Manguel. Cuánto disfruto con este tipo de libros edificados sin más brújula que la propia consciencia de la lectura. Me arropo con las incursiones de lo que el autor considera curiosidades prohibidas, tal que las de Ulises en la obra de Dante, personaje no castigado por sus consejos maliciosos sino por querer ir más allá del límite.
Me quedo cavilando toda la tarde mientras la luz, atravesada por el levante, despierta unas emociones profundas y renovadas. Si algo demuestra la historia del arte, las manifestaciones literarias que aún perduran más allá de los días en que fueron concebidas, es que son obras de un solo hombre que, sumadas a otros hombres ilustres, nos definen, describen, elevan de condición.
jueves, 21 de mayo de 2015
“ARTE o natura nunca te mostraron
mayor placer[…]”
Pertenecen al “Canto XXXI” de Paraíso,
de Dante, el canto de la fascinación. Es el instante en que aparece Beatriz y
desaparece Virgilio; quizás, el momento en que desaparece la razón y comienza
la revelación a funcionar. El lector acaba de desnudarse tras el itinerario de
lectura que ha ido leyendo. En este punto, más que en ningún otro, como sucede
en pocos libros, se ha producido la transformación del lector, de la oscuridad,
a la claridad. Las palabras han dejado de ser lo que son para el lector. Todo
se ha transmutado en un tablero de símbolos en que leer es ya una música
secreta. Como si tuviéramos en las manos una flauta de siringa, tan solo nos
queda escuchar y avivar el ánimo, leer y silenciarse como un árbol con las
raíces hacia lo interno. Ni el artificio, ni lo natural son realidades válidas
para establecerse en ese mundo nonato, entonces, ¡qué somos nosotros mismos en
esas realidades, en ese “resplandor de viva luz eterna”?
miércoles, 20 de mayo de 2015
LA INTEGRIDAD moral es un tesoro refulgente en el interior de cada cual. No brilla al exterior, antes al contrario, se oxida y enmohece al poco de ventearlo.
***
Llevo unas semanas con melancolía. En algunas situaciones no sé resolver los enigmas y, en cada acción, me siento con la hiel en la boca. Me quedo cavilando en qué errores he incurrido para que, de repente, algunas cuestiones cambien hacia otra dimensión; escribo y me arrepiento; hablo, y desearía no haber hablado nunca; llamo por teléfono y me inunda una profunda tristeza que me conduce al llanto. Como ahora, que pareciera que estoy recorriendo un laberinto del que nunca saldré con la lágrimas restallando entre mis manos.
Es una melancolía negra cuyos vértices no encuentro. Solo, soledad. Mustio y perdido. Respiro y siento un punzante dolor desde el tuétano que me atraviesa como una espada candente. Con los amigos trato de ofrecer siempre la verdad de los actos, de descubrirla en conjunto, agarrado de sus manos.
domingo, 17 de mayo de 2015
ALGUIEN recordaba ayer el Zibaldone di pensieri y en cuanto llegué a casa no tuve más que abrir el libro y comenzar a leer cualquiera de sus páginas. Su prosa me provoca una fascinación permanente, tanto así sus poemas, pero la prosa de Leopardi trasluce una cosmovisión singular, una postura frente a la realidad que expresa, estoy convencido, como vive. Por eso mismo, leer a Leopardi es poder leer la vida de un hombre fabulosa, de un escritor, de un poeta. Por azar, me encuentro en el Zibaldone la misma cita de Lambert que utiliza A. Manguel en su libro.
Unas páginas más adelante, puede el lector leer lo siguiente: "La escritura dev´essere escritura e non álgebra; debe rappresentar le parole cii segni convenuti, e l´esprimere e il suscitare le idee e i sentimenti, ovvero i pensieri e gli affetti dell´animo, è ufficio delle parole così rappresentate".
Lee uno estas líneas, se queda cavilando un rato, las escribo, las gloso, anoto ideas a su lado, vuelvo a escribirlas, las traduzco lentamente, libo en ellas como las abejas recelosas.
Uno de los textos que me tiene atrapado estos días es Tristes y Pónticas de Ovidio. he ido escribiendo un poema tras haber leído los dos tomos con detenimiento. La respuesta como lector, el poema, no sé si terminará resultando adecuado y completo, pero el júbilo de escribirlo, sin más ni más, es la manera de celebrar el enriquecimiento de haber leído esos textos.
Creo que, con el tiempo, el lector debe conformarse con esa exaltación individual que cada uno debe contener en la lectura.No es necesario escribir, ni completar libros, ni siquiera sentenciar ante los demás cuántas las nimiedades de nuestras vidas. Leer, cuando se realiza desde el convencimiento y siguiendo el hilo de Ariadna de lo humano y mortal, es fin y permanencia.
jueves, 14 de mayo de 2015
SUBRAYO, durante la mañana, el siguiente fragmento: "El artista es el origen de la obra de arte. La obra es el origen del artista. Ninguno puede ser sin el otro. Pero ninguno de los dos soporta al otro por separado. El artista y la obra son en sí mismos y recíprocamente por medio de un tercero que viene a ser lo primero, aquello de donde el artista y la obra de arte reciben sus nombres: arte". [...] Qué sea el arte nos lo dcid la obra. Qué sea la obra, sólo nos lo puede decir la esencia del arte. [...] El origen de la obra de arte es el arte. [...] El origen de la obra de arte y del artista es el arte. El origen es la procedencia de la esencia, en donde surge a la presencia el ser de un ente".
Líneas más adelante, aparece la afirmación, en mi criterio, capital de este entramado, a saber:
"En la obra obra el acontecimiento de la verdad".
Qué maravilla la obra de Heidegger, sus paseos por los caminos del bosque por los que nos lleva de la mano hasta perdernos en un confín, solitarios, extasiados, naturalmente mortales.
miércoles, 13 de mayo de 2015
EN EL LECTOR se va conformando una idea y una materia de la poesía al paso de sus lecturas. El libro hace posible que un lector pueda evidenciar, desde el nacimiento del género, cómo se ha ido manifestando la poesía a lo largo de los siglos y, por tanto, qué es la poesía en el ámbito de la palabra.
Sucede el caso con el resto de géneros literarios. A las preguntas qué es una novela, qué es una obra de teatro o qué es la poesía el lector que se atreva a tratar de edificar una respuesta no le queda otra opción que leer, leer, leer. Más tarde, la virtud y el talento y la gracia de los astros.
¿Ocurre lo mismo con los creadores? Parece que la moda actual consiste en ser original, pero una originalidad que desemboca en un vacío enorme. Quiero decir, el empuje principal reside en ofrecer una propuesta estética (supuestamente) original pero que no puede serlo ya que no se enlaza con ninguno de los aspectos de la poesía, no establece vínculos, incluidos los contravínculos, con la llamada tradición que no es más que la historia de las manifestaciones de la poesía en la palabra.
Nadie se imagina a un individuo que desea convertirse en pintor sin estudiar, practicar, observar los rudimentos básicos del oficio. Sí, ocurre esto en la poesía, hay quien oficia el cargo sin más ni más.
Octavio Paz ya configuró una acertada expresión para referirse a estos propósitos, "la tradición de la ruptura". Sin embargo, la ruptura del Romanticismo, del Modernismo o de las Vanguardias encontraba su razón de ser justamente tras una lectura que analizaba los fósiles expresivos en que había quedado relegada la poesía. Esta ruptura no era más que la necesaria renovación de la expresión lírica para poder seguir diciendo los temas de siempre pero incorporando las nuevas posibilidades expresivas de la evolución de la lengua y de la realidad. ¿Cuál es la propuesta ahora? ¿Qué elementos de la poesía están presentes en los poemarios?
Ante la falta de elementos fundamentales en un texto poético, los autores tratan de argumentar que su poesía quiere romper con lo anterior, nombrar lo nuevo. Probablemente, cuando uno afirma cuestiones de este calado, no tenga una idea formada de la revolución que supuso la entrada de la poesía italiana en España gracias a Boscán y Garcilaso. Estos poetas les parecerán antiguos, caducos, especies de salón para la galería. Escribimos Garcilaso como Don Juan Manuel, Cervantes, fray Luis, Bécquer, J.R.J. o Borges. No nos paramos a analizar la poesía de otras tradiciones o la repercusión de poetas en otras lenguas en nuestra literatura. ¡Ah de Petrarca, Dante, Rilke, Hölderlin, Leopardi!
Estos autores que señalo, mal que bien, proponen una posición ética ante el mundo anterior, con las concretas ejecuciones poéticas que los antecedieron. Consiste en el diálogo, en la relación intertextual, en la inclusión para la transformación, no en la mera ruptura vacua, que termina ahogada en su propia cámara hermética.
En cualquier caso, estamos ante la manifestación no solo de la falta de lecturas edificantes, sino de la pérdida de las cualidades del lector. Porque, en el fondo, los autores que señalábamos anteriormente, fueron, sobre todo, excelentes lectores.
martes, 12 de mayo de 2015
QUÉ bella sería una historia natural de la sensibilidad, pero, a la vez, qué difícil escribirla. Cada uno tendría la oportunidad de engarzar todo aquello que, en algún momento, azuzó su sensibilidad, su espíritu, provoco un derrumbe y una transformación en su propia existencia. No sé por dónde comenzaría; quizás, en estas semanas, principiara el texto con algunas obras musicales que moldearon mi sensibilidad. Recuerdo las sinfonías de Brahms como una conmoción apabullante; también las de Mozart y, por supuesto, Beethoven. Más tarde llegaron Bach y un autor de especial calado en esta trama, Corelli. Si tuviera que buscar un símil con la música de algún autor para definir qué es la poesía diría sin dudas, Corelli.
Claro está que no podemos recluir el nacimiento de la sensibilidad a las disciplinas artísticas. Existe un elemento amniótico, natural, que nos conecta por completo con el ser, lo reactiva con su razón de existencia. Ese elemento que nos conforma nos ha ido conduciendo hacia lo que somos. Nuestros pasos resuenan en ese pentagrama ya encriptado de la sensibilidad.
En cada gesto, acaso en cada una de las acciones que realizamos, la sensibilidad nos guía. Aplacarla es una acción fallida. Leemos con el signo permanente de sus pasos en nosotros; amamos así en su nombre como correligionarios de su dictado. Ser es desarrollar lo sensible, lo que resulta al cerrar tus ojos en la postrera hora.
He querido conciliarme gracias a la sensibilidad en mis ojos. Para ello acudo a la Divina Comedia y comienzo a releer los versos. Espigo entre las páginas de las tres partes de la obra. En un lado y en otro, la música, la palabra que desvela, el laberinto de la soledad, sístole y diástole que me da vida.
domingo, 10 de mayo de 2015
UN poema muestra la lucha, la armonía indefinible, entre lo que mencionan y lo que son.
sábado, 9 de mayo de 2015
LLEVO toda la mañana recordando y reflexionando la frase de David Hume en el Tratado de la naturaleza humana cuando diserta sobre los diálogos filosóficos y entiendo, grosso modo, cuando se produce un diálogo en busca de la verdad: "No es la razón la que gana, sino la elocuencia".
Estas palabras pueden aplicarse al campo de las artes, no son las ideas las que ganan, sino el ars bene dicendi, esto es, el arte de escribirlas. Por este motivo, cuando un libro presenta tan solo la propuesta razonada de sus ideas, queda recluido en sí mismo. Es la obra magna, el clásico, el que consigue exonerar de esa razón plana a la palabra que bate sus alas en el lector, dentro ya del lector.
Las palabras escogidas van encriptando las ideas y cuando no existe el talento y la mesura en la creación termina todo por ser una mera palabrería, por muy buenas ideas que estén latentes detrás de esas formas. No traslucen nada, no simbolizan nada, son nada al fin y al cabo.
Existe un afán interno del hombre en conocer, en escudriñar las causas comunes que nos hacen estar aquí de esta forma. Tal que la obra artística, el individuo, como el artista, desea conocer su origen y formación. Escribió Séneca: "La naturaleza nos dio una curiosidad innata y consciente de su propio arte y belleza, nos creó para que fuéramos la audiencia del maravilloso espectáculo del mundo; porque se habría esforzado en vano si cosas tan grandiosas, tan brillantes, de rasgos tan delicados, tan espléndidas y tan diversamente hermosas se hubieran exhibido en una sala vacía".
Puede que el arte, la literatura en este caso, responda a esa experiencia en la sala armónica de naturaleza. Y en esas bóvedas, cuando encuentra su forma primitiva y natural, comienza a sonar en el cuerpo de todos lo que desean dejarse ir en la feliz andanza de la muerte.
jueves, 7 de mayo de 2015
CUANDO he vuelto a casa, he corrido como un loco al sótano, he localizado el libro y he comenzado a leer lo que se dice de las liebres en el Diccionario de símbolos de Juan Eduardo Cirlot. todo esto ha ocurrido porque me ha acompañado, durante casi todo el recorrido en bicicleta atravesando el trigo, una liebre. No se ha despegado de mis ruedas. aparecía y desaparecía. Asomaba las orejas y las escondía en el trigo rubio por el sol. De repente, se colocaba delante de mí y corría por el camino dando unos saltos espásticos, atléticos, zigzagueantes. La escena me ha llevado a la pintura de Durero y las palabras que dediqué a la portada del libro de Kapuscinski, Viajes con Heródoto.
Pero, más allá de todas estas serendipias, lo que me ha dejado embobado ha sido la definición que ofrece Cirlot: " En el sistema jeroglífico egipcio, signo de determinación del concepto Ser, simbolizando, en consecuencia, la existencia elemental". En el mundo chino es un animal de presagios, en la cultura hebrea la considera un animal inmundo, los griegos la relacionaban con Hécate, diosa lunar.
El campo mostraba una quietud prodigiosa, el trigo amarillea casi tostado, la tierra comienza a embeberse de sequedad y uno, atravesando la vida de las perdices, termina acompañado por una liebre. El hecho ha sido inusual, pues muchas veces se han cruzado en los caminos, pero esta ha querido seguirme o, quizás, ahora que lo escribo, he sido yo el que ha seguido el hilo de sus paso, el misterio de su pelaje y la rauda y lujuriosa soledad del campo.
martes, 5 de mayo de 2015
VALÉRY, quién si no, me da la fórmula: "poiética". La mezcolanza entre la ética y la estética. Porque un autor debe resolver la nebulosa interna que lo invita a escribir. Nada más y nada menos.
Las palabras proporcionan ideas y las ideas originan palabras. Tanto es así que con este término de mi querido Paul encuentro el vocablo para conjuntar las dos ideas inseparables que tanto me preocupan en estas últimas semanas. Po+i+ética.
Estas dudas que marco son las dudas en la propia vida, en la existencia. No hallo otra forma de permanecer más que en la dubitación. No puede desligarse la lectura y la escritura de la vida y viceversa. Las acciones con las que manifestamos nuestra filiación a la literatura deben ser diáfanas y límpidas. En este sentido, me conformo con leer y, acaso, con escribir esa lectura.
Hölderlin supo expresar, -y legarnos la maravilla-, de forma razonada este entramado entre el individuo, la sociedad y la obra literaria. Escribió lo siguiente en su ensayo Sobre el modo de proceder del espíritu poético: "Lo individual está en pugna con lo puro que ello comprende, está en pugna con la forma que hay a continuación, está en pugna, como individual, con lo universal del cambio".
Fruto de esa pugna y gracias a la consciencia clara de que existe y es inevitable, surgen las obras literarias y artísticas que trascienden sus momentos. Es una consciencia que pudiera relegarse a un momento de la vida de un individuo y no volver a producirse nunca más. Cuando aparece y se funde con el individuo en una sola forma hablamos de naturalidad.
Caso contrario es el de la ausencia de esa consciencia o acción del espíritu poético, según Hölderlin. Cuando el individuo fuerza esa condición su obra trasluce la ausencia de visión, es antinatural; normalmente, obras que exaltan lo más inmediato del individuo y que seleccionan términos abocados a su temporalidad y, eso sí, responden a las modas pasajeras de escritura que tan solo sirven para encrespar la vanagloria.
Así, Ese encuentro unitario, ese despliegue de los días volcados en literatura, ese sentir de la infinitud en el espíritu es lo vivificante en la obra y lo que desemboca en la conexión con el lector atemporal.
En este sentido, hay un autor circunstancial de las obras literarias tanto como un lector circunstancial de las obras literarias. Cuando se produce ese encuentro, estamos ante una dimensión extraordinaria de la naturaleza humana, pues, para que se produzca, los dos deben contener la proporción necesaria de esa naturaleza originaria que le permite comprender, atisbar.
En el Libro del Tao podemos leer los siguientes manifiestos:
"La armonía se llama lo "permanente";
conocer la armonía se llama "clarividencia";
gozar plenamente de la vida se llama "desgracia";
[...]
Dicho en otro momento y en otra época, pero correspondiente a esta definición del ser, Orígenes nos dictó lo siguiente:
"Comprende que eres otro mundo en pequeño y que en ti se hallan el sol, la luna y también las estrellas".
domingo, 3 de mayo de 2015
HAY obras literarias que permiten dar vida a nuestra preguntas. Como afirma Manguel, en Una historia natural de la curiosidad, leer es afirmar nuestra fe en el lenguaje. Con el tiempo, en la búsqueda de esas obras que redefinen lo que creíamos ir sabiendo, nos encontramos con un impulso primero. Esa acción termina por convertirse en un cauce y ese cauce en una forma inseparable de vida. Todo lo que reside en el otro lado, todo lo que no se ajusta a ese camino ya mencionado por Dante, es superflúo y además contiene, en su seno, a los que jamás vieron donde no se puede ver.
Volvemos a la gracia de las palabras de J.R.J: "Una ética estética". Esa es la dicción de la naturalidad y el salvoconducto hacia la ejecución de una obra, al menos, limpia y natural.Tengo, por contra, la sensación de que el mundo actual está demasiado ocupado en organizar eventos, en desarrollar fiestas literarias como para ponerse a leer, por ejemplo, a Dante. ¿Qué antigüalla, no?, me han llegado a decir. Incluido un indescifrable: "A Dante ya se superó". En el lugar de Dante podríamos incluir a muchos otros autores de distintos géneros literarios. (In scriptum. Debería constar que estos que así se manifiestan jamás leyeron a Dante).
En el fondo, todo es muy humorístico y, por supuesto, personal. Allá cada cual con lo que lee y con lo que hace, faltaría más, pero, me veo, en la intimidad de este trópico, en la necesidad de manifestar mi parecer al respecto. Amo la literatura y la ética que conlleva la literatura a sabiendas de que esto mismo supone la condena a la soledad, al ostracismo, al silencio individual, a no bailar las danzas contemporáneas de la música tecno y de hip hop. Siempre, es verdad, preferí a Bach por sobre todas las cosas por eso escribo desde la confirmación de esta postura, no en contra de nada, por supuesto. Antes al contrario, las contemplaciones conducen a la matriz del símbolo de la literatura.
Toda obra literaria supone el fracaso en sí misma; escribir, al contrario de leer, consiente la paradoja de saber que no diremos nada nuevo. Por esto mismo, leer las obras que alcanzaron esa virtud hace del lector de las mismas un individuo que nutre al resto de libros cuando ejecuta su lectura. Como en la Odisea o en la Commedia, así como en El Quijote debe uno saber escoger sus guías, los que anteceden sus pasos por donde nunca antes habíamos transitado. Así, en este fascinante ejercicio de leer, sucede que las lecturas van conformando esas pisadas de ida y vuelta hacia donde todavía no conocemos nada. En ocasiones, como en estas obras, el lector, el caminante se ve solo, sin más ni más. Es justo el momento de la confirmación y la transformación.
jueves, 30 de abril de 2015
TODO debería responder a la naturalidad. En ella reside la bella ejecución de la verdad. La naturalidad, me digo, es armonía y conjunción celeste... pero qué difícil darle curso en la creación literaria.
Así las cosas, creo que, cuando un autor ha logrado aprehender esta condición, está en la condición de escribir. Una condición que debe trascender la realidad, con Dostoyevski, hasta las profundidades del alma.
miércoles, 29 de abril de 2015
LA INFANCIA resguarda para la memoria el curso de todos lo secretos. Confabulado, tendrás que escuchar la música concorde en ti mismo. Solo tú. Con tus propias manos deberás moldear la estatua inamovible y rígida de tu muerte.
martes, 28 de abril de 2015
RETOMO los ánimos de la lectura
con nuevos bríos. Tras este invierno sometido al trabajo, a los compromisos y
demás faenas ineludibles, renuevo el afán de leer. Es la acción de la
curiosidad, es la materialización de los deseos individuales, es, con el tiempo,
el único y verdadero compromiso de la concordia con la existencia.
Percibo que en la actualidad la
lectura ha sufrido un cambio en su concepción. Ahora se valora mucho la
cantidad de la lectura: alguien que lee es aquel que lee muchos libros, da
igual el formato, el género, la trascendencia de esa lectura. En ningún caso se valora qué leen los
individuos y, muchos menos, si esas lecturas han transformado al individuo en cuestión. El acto social es leer
mucho y cuanto más extraño sea para el resto de lectores el título, el autor o cualesquiera de sus características, más extraordinario se
concibe el hecho.
Por otra parte, restan los que
leen con sosiego; los que releen las más de las veces y los que dejan pasar el vaporoso tren de lo eventual y de moda. En ese grupo me siento, en ese pelotón informe, casi piélago, en que los lectores aspiran a convertirse en islas, solitarias, con los límites perviviendo donde el agua, donde el mar deja sonar sus ensoñaciones.
domingo, 26 de abril de 2015
¿CUÁL es el lugar de la inteligencia en todo esto? Esta pregunta, pronunciada por Job en plena desolación, la he convertido en una prerrogativa personal. Tomar consciencia de uno mismo y del mundo que lo rodea arroja la capacidad de establecer cartografías mentales y temporales en nuestra memoria. En ellas he querido ver lo que no vi; evidenciar lo que nunca antes había sentido. Vivir, si acaso, la vida desnuda.
Como un bostezo contenido, que se originara en el centro del estómago y todo lo detuviera, la respiración y la pausa lo toman todo. Se acompasa el mundo a la lentitud de la respiración y a la apertura hacia lo incierto, como deseaba Hölderlin. Aquí un hombre simple.
Como un bostezo contenido, que se originara en el centro del estómago y todo lo detuviera, la respiración y la pausa lo toman todo. Se acompasa el mundo a la lentitud de la respiración y a la apertura hacia lo incierto, como deseaba Hölderlin. Aquí un hombre simple.
jueves, 23 de abril de 2015
EL PLACER en el hombre culmina en el acto de pensar. Con el
tiempo, las sensaciones, las enérgicas elucubraciones de los sentidos, van dando
cabida al acto de pensar como la forma plena de estar y ser en el mundo.
martes, 21 de abril de 2015
Un y dos y tres...anaclusa, ¿la vida?
domingo, 19 de abril de 2015
IMBUIDO en la lectura: libros, olor a papel como un desflore, las manos despertando de un letargo al sostener el volumen, los ojos avivados, casi poseídos, todo por de dentro en una ebullición y un volcán celeste.
Sin embargo, de todos los versos de la composición, el que todavía resuena y convoca toda mi emoción es el que dice:
"Y te dilatas cuanto más te estrechas"
Quevedo, en el poema dedicado a "A un amigo que retirado de la Corte pasó su edad", escribió un verso prodigioso para referirse al estado del lector. En puridad, Quevedo recrea el tópico literario de "Beatus Ille", pero ofreciendo un elogio del hombre que se retira, no al campo ni a la vida sencilla, sino a la vida lectora e intelectual. El poeta fundamenta su creación en unas continuas paradojas y contraposiciones de orden barrocas; sin embargo, encierran, muchos de sus versos, verdades solemnes y tan naturales como ciertas; válidas, por lo demás, en este mundo actual y efímero. El verso al que me refería es el siguiente:
"y la hora sin voz te desengaña"
Qué virtud tan enorme la de conjugar dos sustantivos con un verbo que contienen toda una lección de ética. La hora en plena individualidad es la que puede llevarte a la verdadera esencia de las cosas. Solo en el principio de soledad, puede el poeta, el lector, el hombre solo comenzar su andadura hacia lo incierto. Sin voces ajenas, sin engaños, sin desvíos, tan solo en el tiempo interno de cada cual.
Prosigue uno releyendo una y otra vez el poema y se encuentra con varios versos de los que no nos resistimos a escribir su lectura: "Ni anhelas premios ni padeces daños", viene a decirnos en el último tercero del soneto.Sin embargo, de todos los versos de la composición, el que todavía resuena y convoca toda mi emoción es el que dice:
"Y te dilatas cuanto más te estrechas"
En efecto, existe una creencia actual en el mundo de las letras que se basa en las continuas apariciones aquí y acullá como la acción que procura expandir tu obra, tu propia vida. Nada más lejos, con este verso en la mano, la anchura profunda la dilatación del ser se produce en el amparo de la lectura continúa en silencio y en la propia vitalidad individual. Un hombre solo cultivando sus lecturas procura más pluralidad. Si solo lees los libros que todo el mundo lee, nunca podrás decir quién eres, si es que alguien llegó a una aproximación o conjetura de esto mismo. Al menos, como dice Quevedo: "En esa soledad, [...]/La vida al día más espacio dura".
sábado, 18 de abril de 2015
LA gratitud es una doncella inconmensurable que nos da su mano transparente aun sin percibir el furor de su cuerpo.
jueves, 16 de abril de 2015
¿EXISTE una subjetividad objetiva? Puede que la percepción del arte se instale en una objetividad establecida desde lo que no podemos analizar y racionalizar; de ahí que, cada cual, comience en su subjetividad. Habrá tantas subjetividades como individuos que alcancen el territorio objetivo del arte.
¿Se puede mostrar alguna experiencia de esa objetividad? Coleridge quiso ilustrarla con las siguientes palabras:
"Si un hombre atravesara el paraíso en un sueño y le dieran una flor como prueba de que ha estado allí, y si al despertar encontrara esa flor en su mano... ¿entonces qué?".
Lo que resulta imposible y vacuo es querer que nuestra subjetividad sea objetiva si nunca encontramos esa flor, no en la mano, sino en el profundo sentir del espíritu.
En estas batallas dialécticas me encuentro como un niño: perdido, desbordado, humillado por mi incapacidad de dilucidar nada en algo.
En el fondo, me siento triste y pienso, las más de las veces, que debería callarme, quedarme quieto y sonreír sin más. Sin embargo, estas disquisiciones me avivan a proseguir leyendo, único ejercicio que ejerzo en libertad plena, a leer y a contemplar. Sístole y diástole de una vida en busca de armonías, palabras y silencio todo enraizado en el crisol oscuro y cristalino de lo hondo.
martes, 14 de abril de 2015
QUIZÁS, la gran lección de Rilke pudiera recogerse en una anotación: "En ningún lugar hay mundo más que dentro". Solo cuando las cosas se han transformado, dentro de nosotros, en invisibles, es cuando realmente existen, añade Antonio Pau.
A estas consideraciones, culmina el propio Rilke con un aserto límpido y bello: "solo en nosotros puede cumplirse esa íntima y permanente transubstanciación de lo visible en invisible".
Qué lejos, ¿verdad?, todas estas reflexiones, términos, estaciones semánticas y exposiciones de Rilke de la vida actual, más aún, de la poesía actual. Algunos lo citan en sus libros, pero es penoso que ni siquiera lo hayan leído y aun así lo muestren.
Es por ello por lo que considero, con Rilke, que nos han anulado, nos han estropeado los sentidos con que podíamos captar la vida sin límite, la de Parménides, Platón, Boecio, Montaigne, Rilke, Cervantes, por poner solo un puñado de nombres. Dice Rilke que una vida falsa, demediada, es aquella que "se reduce a lo visible. La que da la espalda a lo invisible".
Este diario, que roza los ocho años ininterrumpidos, siempre fue, en el fondo, un alegato a la invisibilidad.
Así, recupera uno el ímpetu, la cadencia necesaria para hallar un sentido último y estético al mundo que nos logre reformular como un torbellino. Lo siento por mí, por el mundo-festival de los poetas de este tiempo, pero nada soy en ellos, ni nada logro ver en ellos, ni nada quiero ser en ellos.
sábado, 11 de abril de 2015
DE la obra de Thomas Bernhard rescataría sus textos autobiográficos, El origen, El sótano, El aliento, El frío y Un niño. Cualquiera de las páginas de esos volúmenes está cargada de literatura. Y la literatura, en la prosa narrativa, me cuesta, cada vez más, encontrarla. Por este motivo, cuando me encuentro en ciertos periodos de naufragio, acudo a Bernhard para restituir en mi consciencia el halo grandioso de la prosa cuando esta toma posesión de un estilo y un modo de ser en la literatura. no he leído ni una sola concesión o extravío, de renuncia o paradoja en las palabras del escritor nacido en Holanda. Es un ejemplo de ética estética, pues su obra traslada al lector una fortaleza inusual de coherencia y acción, de palabra y vida.
Una de las imágenes que golpea mi memoria es la del niño recluído en un sótano rodeado de una ciudad en plena posesión y transformación como Austria, pero interpretando, libremente, las partituras de Mozart. La imagen posee la fuerza telúrica del origen con que se intitula el libro.
En esta misma obra puede uno leer: "Solo porque me opongo a mí mismo y, realmente, estoy siempre en contra de mí, soy capaz de ser". Estas palabras son un ejemplo de la profundidad a la que somete el decir literario. Un autor que considera la música como una posibilidad de la existencia concibe la literatura como un alud abigarrado, un descenso luminoso a donde nunca podría llegar el ser sin las antorchas del arte de la palabra.
Así las cosas, las páginas que prosiguen a este fragmento deberían aparecer, unas tras otras, transcritas en este diario, pero me parece excesivo robarle más, usurpar más en la prosa excelsa de Thomas. "Me estudio a mí mismo más que a todos los demás, esa es mi metafísica, esa es mi física", proclama el narrador líneas más adelante. En una clara evocación de mi admirado Montaigne Bernhard hace relucir en su prosa el vigor de un pensamiento propio con una edificación nueva. Una suficiencia cada vez más inexistente en la literatura.
jueves, 9 de abril de 2015
RECUERDO que, en la adolescencia, escuchaba a Chopin y a Schubert las más de las tardes. Yo había comenzado a tocar el clarinete con diez años y todavía mantengo mi capacidad interpretativa y lectora de partituras. Las tardes estaban colmadas de ensayos con el instrumento: escalas, arpegios,
el concierto de Weber, posteriormente, el de Mozart, los quintetos de Brahms, las sonatas de Stamitz.
En una ocasión, logré tocar con una orquesta del Mozarteum que estuvo en mi ciudad natal, en Sanlúcar de Barrameda. Iban a interpretar el Réquiem de Fauré, en el que el clarinete tan solo tiene cuatro o cinco compases de interpretación, y, para ahorrar gastos, decidieron dejar al clarinete en Salzburgo. A la llegada a la ciudad preguntaron al director del festival si conocían a algún clarinete para que, al menos, esos compases, no quedaron vacíos. Fue mi oportunidad más emocionante, no solo por la calidad de la composición, sino porque el oboe, que estaba a mi lado, se había emborrachado con manzanilla horas antes y me cambió la partitura de clarinete por la del bajo. No paran de reírse y de poner las manos en ademán de estar orando cada vez que el Réquiem se ponía solemne.
Por aquel entonces, los compañeros me hablaban de grupos de rock españoles y eran adictos a Héroes del silencio; por otra parte, comenzaba a brotar un grupo llamado Nirvana que hacía, casi sin advertirlo, que los jóvenes, amigos todos, comenzaran a vestir y a actuar con una determinada estética. Siempre conviví entre ellos con mis gustos. Mi padre me daba, cuando iba a trabajar con él todos los fines de semana, quinientas pesetas. Cuando acumulaba un pequeño capital, iba a comprar libros. Los primeros, de Rubén Darío y Antonio Machado. Tiempo más tarde, en el instituto, gané un premio de relatos que consistía en poder adquirir dos mil pesetas en libro en la feria del libro. Los volúmenes que adquirí los guardo con recelo: El Burlador de Sevilla, Luces de Bohemia, Niebla, Poesías completas de Garcilaso y Poesías de Unamuno. Ante estos títulos, mis amigos me decían, con toda la tolerancia que luego nunca he vuelto a sentir, que les explicara por qué había escogidos esos libros. Yo los leía en voz alta, junto a ellos, y disfrutaba con esa libertad lectora de la juventud en la juventud tolerante.
Esta tolerancia no existe ahora ni siquiera entre los poetas. Hay una malsana vindicación de lo propio por encima de cualquier postura. Y esto, que antes me provocaba recelo, me encolerizaba demasiado, lo tomo por una migaja ya dura y rancia que nada tiene que ver con la poesía.
Hoy, al escuchar en la radio la balada nº 1 op. 23 de Chopin, se me ha venido a la memoria, de puro golpe, de pura raíz, los capítulos de aquella juventud en el sur. y he encontrado una placidez en todos estos pensamientos y un calma en el espíritu. Una soledad nutritiva, un silencio sonoro en cada recuerdo. Me he sentido complacido con los recuerdos de entonces y quisiera que estos días de ahora discurrieran con la misma placidez de aquella utópica etapa.
Para encontrar la armonía, para encontrarte sin más cursivas que las del tiempo, debes advertir la naturaleza del arte y si llegas a presentirla, no abandonarla nunca, por mucho que canten las sirenas, por mucho que la vanagloria esculpa un carro de heno frente a tus ojos, por mucho que suenen y repiquen las palabras elogiosas cuando estás descendiendo, como Dante, para poder regresar impregnado de luz.
martes, 7 de abril de 2015
EL CONTENIDO del corazón es lo que quisiera volcar, como un manantial sereno y blanco, en la palabra poética. Un contenido glauco, procedente del volcán y del magma inaprensibles que convocamos al decir de una revelación, en la lectura de un rito de paso. Como María Zambrano, la poesía es revelación del ser, lo que los griegos llamaban aletheia. Un desvelo, nunca un proceso fortuito de nombramiento; nunca una imposición por parte del individuo sobre la palabra bella y justa. Es antinatural, llamémosle inarmónico o estridencia de la ceguera del corazón.
Ser límite en el límite, deambular por la nebulosa y delicuescente realidad que orilla en la palabra poética verdadera. Y nada más, contemplar si acaso, si acaso pudiéramos estar con el corazón sin pálpito ante la infinitud, con el corazón sin latido de la belleza en calma.
El contenido sin narración, nunca la luz tuvo su relato. Un contenido total, que se expande con destellos que resuenan y resuenan en la cúpula callada de nuestras manos.
Y acaso morir en el silencio vivo de la soledad. En el silencio nutricio de la soledad sonora. En el establo de las musas mordisqueando a Orfeo, relamiendo sus miembros en un ejército de implacables susurros.
Apenas has escuchado el contenido del corazón todo sufre una vuelta y una aritmética. En ellas no puedo reconocer lo que no existe, lo que nunca existirá entre sus hojas.
Sigo, lentamente, haciendo acopio de las prosas de este diario. Con la insistencia de la poda, con el trazado de un hilo imaginario que los ensarte, voy corrigiendo, recopilando, sumando, conformando una estructura a estas prosas sueltas. De vez en cuando, releo los poemas que surgieron en marzo de hace dos años. En los idus es el tiempo en que comienzo a escribir sin saber qué causa misteriosa se esconde tras ello. Suelo concluir en noviembre, quizás con el auspicio de Capricornio.
Decía que sumaba las prosas y poco a poco el hilván de todas estas palabras iban culminando una imagen. Con Borges, esa imagen que se refleja de un hombre pudiera ser un retrato del individuo que las pergeño, pero no lo siento así. Sufro extrañeza ante ellas: las leo, recuerdo en muchos casos su origen, pero me invade más un sentir de alejamiento que de pleno reflejo de mi vida.
Quizás ser lector ante todo es la condición necesaria para, como Ulises, desear ser nadie, pues nadie en cualquiera de nuestros orígenes es la naturalidad, el estado de naturalidad es ser nadie.
CUÁNTO he recordado esta tarde la decisión de Glenn Gould.
Más con menos.
Ah, ya lo sé, me digo, falta naturalidad en la poesía de este tiempo.
***
Más con menos.
***
Ah, ya lo sé, me digo, falta naturalidad en la poesía de este tiempo.
sábado, 4 de abril de 2015
SI el Mediterráneo muestra algo, eso es la calma y la templanza. Es más, una calma pronunciada en la cadencia de su quietud, lisa, olivácea, profunda, neblinosa, como el horizonte en los ojos de Virgilio cerca de Brindisi.
***
El arte, en su destino mayor, como afirmaba Hegel, le roba espacios y el tiempo al mundo contemporáneo. No vive en él, ni de él se nutre. Es un curso análogo que desprende una música y una claridad celeste. Cuando el arte participa de ellas el lector se sitúa en ese espacio y en ese tiempo: presiente una mansedumbre y una armonía en su espíritu. Todo lo contrario a la leve nota de los bardos que anhelan el rumiante aplauso de la muchedumbre.
***
La soledad es desenvolverse al universo, al estado prístino del origen. Supone una muerte y un renacer, transitar un abismo que no podrás comprender siendo lo que eres.
miércoles, 1 de abril de 2015
ESTA LUZ en París ha sido el himno de mi paso por la ciudad. Si tuviera que escoger una hora, un momento de mi vida en esta ciudad para resguardarla de todo, diría que la tarde, o mejor, el atardecer. Aquí, en París, el atardecer es una epopeya de la luz y de la noche. Se vuelve todo una suerte de ambivalente estar en el mundo, pues se derrama, como por arte de un cometa ensoñado, la luz dispersa, la luz en la piedra. Ese estado umbrío de la piedra, el reflejo que no es reflejo, el candor que se templa en la dureza, el declinar de la luz en las sombras de lo quieto, provoca una fascinación cuando uno lo contempla.
Estar en París es pasear por los jardines como un hombre ausente. Deambular por el dédalo de sus calles sin rumbo, arropado tan solo por las construcciones y los edificios que, cuando más emboscados parecen, se abren al río o se abren a un jardín cuya entrada presenta la invitación al merodeo de un hilo, de un hilo renovado de Ariadna. Ese hilo, si lo sigues, no conduce a ninguna parte, tan solo a bobinar tu propia existencia. Tus pasos, se vuelven pasos sin marcas; el ruido de las hojas crepitando en tus suelas, el manifiesto poderoso de naturaleza circulando en tu propia nada.
Estar en París es estar invisible en esa luz y en ese himno. Y no encuentro un estado de mayor armonía en estas semanas que esta desaparición voluntaria. Me siento en Luxemburgo y abro un libro de Valèry; al cabo de un rato, me desplazo a Saint-Germain-des-Près. Me siento en un café, trato de discernir entre los susurros de los que están allí la voz de Borges dialogando como un caballo desbocado; saco el moleskine y trato de pergeñar alguna línea que funcione a modo de testimonio de todas estas vivencias. Al poco tiempo desisto y me vence la convicción de que me falta talento, de que nunca lo tuve, la innegable convicción de dejar de escribir, de ser ya un Bartleby ágrafo total y dejar de tantear, de conjuntar palabras, de ofrecer reflexiones en un cuaderno que solo leo yo y acaso el otro yo que me acompaña.
Esbozo una sonrisa de satisfacción cuando me observo tan decidido, como el suicida que acaba de atar las cuerdas a la viga y que se ha colocado con su cuerpo sobre una silla. Ya noto el roce peliagudo de la cuerda en mi cuello, me tiemblan las manos cuando tiro de la cuerda para comprobar que está atada con fuerza y soportará el peso de mi cuerpo. Un, dos, tres...he dejado la música de Beethoven sonando, los cuartetos para cuerdas. Un, dos, tres...la respiración se entrecorta, jadeo. Un, dos, tres...¿me atreveré a dar el salto definitivo algún día?
La atracción de la muerte suscita la luz.
El despertar comienza con otro sueño.
La poesía evoca el razonamiento de una idea que solo existe por sí misma y por siempre.
Apártate, y verás; escucha y oirás el cosmos dentro de ti. Silencia tu palabra y los ecos del cosmos tomarán tus entrañas.
Quien no vibra y ensalza su espíritu a otras corrientes con la belleza de la música no pudiera decir nada acaso de todo.
El despertar comienza con otro sueño.
La poesía evoca el razonamiento de una idea que solo existe por sí misma y por siempre.
Apártate, y verás; escucha y oirás el cosmos dentro de ti. Silencia tu palabra y los ecos del cosmos tomarán tus entrañas.
Quien no vibra y ensalza su espíritu a otras corrientes con la belleza de la música no pudiera decir nada acaso de todo.
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