lunes, 28 de enero de 2008

NOCHES DE LUZ

2. "¿HA DE VOLVER siempre la mañana?¿No tendrá nunca fin el poder de la tierra?[...] Los días de la luz están contados; pero fuera del tiempo y del espacio está el imperio de la noche.
5.
Se funden los recuerdos en las aguas
oscuras, refrescaten de las sombras;
la poesía cantó nuestra tristeza,
mas el misterio de la eterna noche
seguía todavía inescrutado,
el grave signo de un poder lejano.
(HIMNOS A LA NOCHE, NOVALIS)

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NOVALIS

Oh Noche, cuánto tiempo sin verte tan copiosa
en astros y en luciérnagas, tan ebria de perfumes.
Después de muchos años te conozco en tus fuegos
azules, en tus bosques de castaños y pinos.
Te conozco en la furia de los perros que ladran
y en las húmedas fresas que brotan de los oscuro.
Te sospecho repleta de cascadas y parras.
Cuánto tiempo he callado, cuánto tiempo he perdido,
cuánto tiempo he soñado mirando con los ojos
arrasados de lágrimas, como ahora, tu hermosura.
Noche mía, no cruces en vano este planeta.
Deteneos, esferas, y que arrecie la musica.
Noche, Noche dulcísima, pues que aún he de volver
al mundo de los hombres, deja caer un astro,
clava un arpón ardiente entre mis ojos tristes
o déjame reinar en ti como una luna.

("PIEDRAS DE BÉRGAMO", SEPULCRO EN TARQUINIA, A. COLINAS)



sábado, 26 de enero de 2008

DE PALUSTRES Y OTRAS TURBAS

LA DEBILIDAD por los diccionarios es una patología que aumenta en la medida en que más se consultan. Se extasía uno por los significados que se acumulan en las entradas, las acepciones varias que se suceden, y, sobre todo, por las sorpresas que nos tienen guardadas. El caso que me mueve en esta ocasión tiene su inicio en Madrid, en estas pasadas vacaciones de diciembre. Estábamos reunidos en eso que viene a llamarse (con ecos rayuelinos) “el club de la culebra”; hablábamos, bebíamos, descansábamos de las caminatas diurnas y, por supuesto, nos convertíamos en palabras y literatura. En una ocasión salió a la luz el vocablo “palaustre”, ese utensilio que utilizan los albañiles para esparcir la mezcla de cemento, arena y agua. No recuerdo si fue en la radio o en la televisión donde aclararon que el término preciso y correcto era “palustre”. Inmediatamente, agarramos un diccionario y comprobamos la afirmación (DRAE, 2001):
palustre. 1. (De pala). 1. m. Paleta de albañil.
Efectivamente, es “palustre” y no “palaustre”. Aunque dejamos sin atender a la segunda acepción:
palustre.2. (Del lat. paluster).1. adj. Perteneciente o relativo a una laguna o a un pantano.
Tiempo más tarde, se me ocurrió soliviantar esa falta de atención a la palabra, sobre todo por los significados tan diversos entre sí que nos encontramos. Investigué la historia del vocablo en El Tesoro de la Lengua (1611) de Sebastián de Covarrubias y en el Diccionario de Autoridades (1737), libros de consulta indispensable y obsesiva en mis propios asuntos. En Covarrubias no aparecía el vocablo; sin embargo, en Autoridades la única referencia que se recoge es la que se refiere, precisamente, a una laguna o a un pantano: “adj. De una term. Lo que pertenece o es propio de la laguna. Lat. Palustre, tris. LAG. Diosc. .lib. I.cap. II. Nace en las lagunas Índicas, y fin alguna raíz nada entre las aguas como la lenteja palustre". Según el uso de las abreviaturas en este diccionario, el ejemplo pertenece a la autoridad de Andrés de Laguna y a su obra Sobre Dioscórides. Aunque la sorpresa de más enjundia sobrevino más tarde, enredada en la segunda autoridad. Fíjense bien: “REBOLL. Ocios, Eglog.3. “Copiosas turbas de palustres aves”. ¡Copiosas turbas de palustres aves!
El verso pertenece al Conde de Rebolledo y a su obra Ocios, pero el verso le debe su arquitectura y resonancia a la famosísima aliteración que Góngora construyó en la quinta estrofa de La Fábula de Polifemo y Galatea (1612): “infame turba de nocturnas aves”.
El desconcierto fue doble, ¿por qué este verso, esta copia, este poeta? En efecto, el Conde de Rebolledo fue Jerónimo de Rebolledo, un militar que batalló en Mantua y en Flandes, y en las comisiones de la Guerra de los Treinta Años, donde, se ganó el título de Conde del Sacro Imperio Romano bajo la denominación de Conde de Rebolledo. Escribió un puñado de sonetos, notables traducciones bíblicas, piezas teatrales, obras didácticas, etc. Su figura se revalorizó durante el Neoclasicismo. El propio Leandro Fernández de Moratín lo recoge en La derrota de los pedantes.
Una vez más el diccionario demuestra que la palabra es ahondar en el infinito, arañar en las sombras, con Blas de Otero.
(Ilustración, facsímil del Polifemo, estrofa quinta comentada por Don García de Salzedo Coronel. Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes).

viernes, 25 de enero de 2008

IGLESIA POLÍTICA

DEFINITIVAMENTE, la Iglesia debería presentarse a las elecciones generales o bien declarar abiertamente su apoyo al Partido Popular. No puede estar montando una manifestación pública mensualmente para posicionarse en contra del actual Gobierno y exigiendo el voto para el partido de la oposición. Pienso que, en lo que llevamos de Democracia, jamás se ha visto un apoyo tan incondicional de la Iglesia al Partido Popular. Repito que en la trayectoria democrática, sin obviar de ninguna manera el periodo nefasto de la dictadura.
Aprovecho estas circunstancias para ahondar en los límites de la política y de la creencia. Si bien es cierto que la trayectoria de la Iglesia en Occidente ha sido la de delfín político, parece que ahora se mezcla más que nunca la cuestión personal de la fe y la imposición de la misma. La intolerancia de la Iglesia a aceptar otras formas de vida deviene de su maniqueísmo exacerbado, de su creencia en que posee la Verdad Absoluta. Por eso cuando se manifiestan en Madrid a favor de un tipo de familia más, -no el único ni el mejor- y algunos no estamos de acuerdo con su propuesta, rápidamente se sienten perseguidos, atacados, acorralados. ¿Por qué, si no han sufrido carga policial y han tenido la posibilidad de declarar de forma pública sus preferencias? Algo parecido ocurre ahora en Sevilla, cuando se han reunido los obispos en un congreso para defender un modelo de familia y pedir el voto de los ciudadanos.
Veo la situación, paradójicamente, desde la indiferencia a la fe católica y de todo tipo de modelo de familia, cristiano o no, homoparental o heterosexual, etc. Lo que sí detecto es la mixtura de la creencia personal en una forma de vida con la imposición de la Iglesia de su estilo de vida. Hasta que eso no cambie, hasta que la Iglesia no acepte que hay o existen diferentes formas posibles de asimilar el tiempo que corre, nunca tendrán el beneplácito de los que no profesamos religión alguna más que la del amor, la literatura, el alcohol y poco más. Por ese motivo, me parece escandaloso que la Iglesia persiga modificar el voto de los ciudadanos porque se ven perseguidos por los políticos. A lo mejor es que no están acostumbrados, nunca lo han estado, a dialogar y asimilar con el otro; siempre se han visto con la potestad para imponer sus ideales, sus costumbres, sus castigos miles. Creo que le ha llegado a la Iglesia el momento de evadirse de vértebra ególatra a fin de que no terminen por crear un nuevo partido político. Si esto no es así, no tiene más que manifestar públicamente -tal y como anuncian el fin de la democracia- que van a votar al PP. Entonces veríamos las cartas sobre la mesa, aunque al trasluz todo se sabe.

martes, 22 de enero de 2008

NEZEDADES POLÍTICAS

HACE TIEMPO que quería escribir una glosa acerca de la “política lingüística” que se desarrolla en España. Y digo bien “política lingüística” porque no es otro el manejo que de las lenguas se hace en este país desde los estamentos políticos. Huelga decir que las lenguas están encontrando un lugar de privilegio en la amalgama nacionalista que bulle por el País Vasco, Galicia y, sobre todo, en Cataluña.
En lugar de expandir el conocimiento de otras lenguas romances que subsisten en el suelo peninsular -con menor o mayor número de hablantes- lo que se hace es provocar un enfrentamiento y, en definitiva, un uso político. De esta forma las lenguas son dagas asesinas que se utilizan para fines electorales y para el beneficio de unos pocos. De ahí el entrecomillado “política lingüística”.
Desde un enfoque filológico, el panorama es entristecedor. Juan Luis Cebrián tuvo que llamar al orden a Zapatero para que no desvirtuara la pronunciación de las sílabas en final de palabra tales como la –d, en lugar de –z. Piensa el lelo que pronunciar “Madriz” o “solidaridaz” puede conferir el rango de hablante culto. La respuesta del Presidente del Gobierno ante la recriminación de la RAE en boca de Cebrián no fue en ningún caso receptiva, sino totalmente ególatra. Y da la sensación que el asunto anda por esas latitudes del desprecio y la conmiseración. Se creen capaces los políticos todos de imponer las formas cutres de su habla en el idiolecto del resto de ciudadanos; se piensan con la potestad suficiente en otras zonas para exigir e imponer que se estudie una lengua con menor proyección que la española.
El asunto se llena de aristas cuando nos acercamos a los nacionalismos gallegos y catalanes, entre otros. Un antiguo compañero de trabajo, ahí te han dao, ha dejado un enlace en su bitácora para que podamos comprobar como la página web de la administración educativa gallega sólo está escrita en gallego: http://www.edu.xunta.es/portal/index.html. Asimismo, otro compañero, Jaime Galbarro, ha dedicado unas líneas que se centran en el caso catalán. Ha recogido un vídeo bastante ilustrativo del asunto.
En Cataluña resulta casi imposible poder recibir clases en español o castellano. Han relegado el español a una asignatura optativa y a un motivo de multa para aquellos que rotulen en el idioma de marras el nombre de su frutería, carnicería o mercería. Entonces, ¿qué ocurre con la Constitución vigente?
3.1. El castellano es la lengua oficial del estado. Todos los españoles tienen el deber de conocerla y el derecho a usarla.
3.2. Las demás lenguas españolas serán también oficiales en las respectivas CCAA de acuerdo con sus estatutos.
3.3. La riqueza de las distintas modalidades lingüísticas de España, es un patrimonio cultural que será objeto de especial respeto y protección.
Obviamente, la riqueza de las distintas modalidades lingüísticas no es un patrimonio cultural en esta España de sotanas, republicanos exacerbados y portavoces de la ignorancia. Nunca lo ha sido, ya renunció a ella desde antaño. Unos al perseguir vilmente a los hablantes catalanes en la época dictatorial, otros al querer devolver la moneda arrinconando al castellano por los pálpitos extremistas del nacionalismo.
Sigamos conversando y escribiendo en esta lengua maravillosa, la española, con la ilusión de que algún día estudiemos Catalán y Gallego y Portugués como optativas en lugar de educaciones malversadas y de que lo mismo ocurra, en poco tiempo, allí donde el nacionalismo es un mal endémico.
Post scriptum
¿Por qué no aparecen noticias sobre la situación del español en España en algunos medios de comunicación?

jueves, 17 de enero de 2008

HICE EL SUEÑO

ESTA MAÑANA venía pensando en el tren sobre las cosas que ocurren alrededor de nosotros cuando nuestro sueño es público. Quiero decir, cuando vamos dormidos en el avión, en el tren, en el autobús e incluso en el coche de un compañero o un familiar. Nada nuevo, todo continúa. Aunque también es cierto que el tiempo toma ese barniz de profundidad y hondura que pierde cuando se nos va entre los ojos. Es cosa imposible que el tiempo se nos vaya delante de los ojos, pero quise comprobarlo esta mañana. En el tren. Haciéndome el dormido y observando con el rabillo del ojo lo que acontecía durante el breve sueño del que, en teoría, estaba disfrutando. Primero abrí levemente la boca con lentitud para mostrarme cansado o abatido, para que el inicio no fuera una impostura. A continuación, me acomodé en el sillón del tren (aunque acomodarse en el tren es una tarea de ensueño en sí misma) y agarré la maleta rodeándola con el brazo.
El vagón estaba casi completo. Yo estaba sentado (y supuestamente dormido, bien dormido) junto a la ventana. A mi lado iba sentada una señora que llevaba un termo en una bolsa; enfrente de mí un señor con un maletín que vestía con corbata y gabardina oscura. Además, hablaba por un teléfono móvil. Al lado de este señor, una norteamericana cargada con una mochila de grandes dimensiones de la que colgaba una botella de agua, unos llaveros del Che Guevara y una placa con todos sus datos personales. Obviamente, había inspeccionado el lugar del que me iba ausentar por el sueño brevemente. Así que cuando hube cerrado los ojos (no del todo, bien dormido eso sí) y abierto el rabillo del ojo izquierdo, pude comprobar varias cosas que me hubieran sido inexistentes si de verdad hubiera dormido.
La señora comenzó a mirarme intermitentemente, ya que hice el ademán de abrir la boca y respirar con fuerza. Me miró y creo que pudo pensar que estaba abatido a pesar de mi juventud. Comprobé la clemencia en su mirada, en su cuerpo hierático. El señor, que hablaba por el móvil, bajo el volumen de su voz para que no me despertase. Llegó a rozar el susurro y a comentar al interlocutor: “va un joven dormido enfrente de mí, por eso bajo…”. La norteamericana, identificada por su acento inconfundible, se apuntó al juego del sueño. Y empezó a quedarse dormida.
Cuando el tren llegó a su fin, me llevé conmigo el sueño compartido en un vagón, el iris rotundo de una madre y el susurro de un aire que sonaba.

martes, 15 de enero de 2008

ESTATUAS

"Vi de reojo que Custardoy pedía al camarero, y retrocedí por la callejuela hasta la esquina con Mayor, pensando qué hacer, de momento quitarme de en medio. Desde allí no tenía visión de él, y desde casi cualquier otro punto él la tendría de mí, probablemente. Había allí una ridícula estatua ante la que Custardoy, con buen criterio, no se había detenido; era una de esas de `tipos anónimos´ que proliferan en nuestras ciudades (una contradicción en sí misma, la`democratización´de los monumentos), pero el tipo se parecía sospechosamente a Hemingway, patrono de los turistas".(Tu rostro mañana, J. Marías)
A veces, cuando deambulo por algunas ciudades y paseo por los lugares que han marcado las páginas de mis lecturas, pienso que el autor está en una esquina verificando que allí estoy, mirando el lugar, intentando buscar algún resto de la mirada que lanzó sobre el paraje, y que ya es eterna.

domingo, 13 de enero de 2008

CENOTAFIOS

Pepín Bello, el bartleby de la Generación del 27, según Vila-Matas, ha muerto a los ciento tres años. Larga la vida de testigo único del mayor enjambre de genios que se ha dado en nuestro país después de la eclosión barroca. Pepín, bello fue tu designio y mayor tu gozo. Te seguiremos envidiando, por siempre.

Asimismo, debe estar Pepín conversando con Ángel González en la eternidad. Ángel González, poeta de la sangre y la morcilla, de la ironía y la palabra sobre palabra. Tu otoño acabó en otras luces. No volverás más a ras de este áspero mundo, aunque tu poesía te ha hecho eterno de antemano, como si la eternidad tuviera sus gastos e impuestos; donar la vida en vida, hacer de la palabra un tratado de urbanismo.


"Yo sé que existo
porque tú me imaginas.
Soy alto porque tú me crees
alto, y limpio porque tú me miras
con buenos ojos,
con mirada limpia.
Tu pensamiento me hace
inteligente, y en tu sencilla
ternura, yo soy también sencillo
y bondadoso.
Pero si tú me olvidas
quedaré muerto sin que nadie
lo sepa. Verán viva
mi carne, pero será otro hombre
-oscuro, torpe, malo- el que la habita...

("Muerte en el olvido", ÁSPERO MUNDO)

viernes, 11 de enero de 2008

"WIKILENGUA" (I)

Acaban de presentar en sociedad un nuevo formato para que la lengua española quede al alcance de todos. Se ha creado una plataforma web llamada (pincha aquí) Wikilengua y que cuenta con el apoyo de las agencias de información más prestigiosas, las fundaciones con más reputación y la RAE. Pretenden con ello democratizar la lengua, como si la lengua no fuera ciertamente la única sustancia que democratiza a los humanos, tal vez junto a la muerte. Obviamente, desde mi óptica, el planteamiento tiene ventajas, pero desventajas igualmente.
Ya existen algunos "wiqueros" (neologismo propio) que están en desacuerdo con los filtros que se han creado para que no todo lo que se publica quede registrado en la web. Dicen que no responde "al espíritu wiki", con el que todos tienen derecho a todo. Estas manifestaciones pueden matizarse, y es eso lo que me gustaría dejar claros, algunos matices a la creación de estas "wiquerías" (de nuevo, un neologismo).
Se piensa, por extenso, que la lengua nos pertenece a todos. En eso estoy absolutamente de acuerdo. En lo que discrepo es en el tema del estudio y opinión sobre la lengua. Existe una ciencia, la Lingüística y otras aledañas, la Filología, Semiótica, etc. que se encargan de formar a estudiosos y especialistas que no siempre se encuentran capacitados para discernir cuantas dudas y complicaciones vaya desgajando la lengua que usa los hablantes. Este matiz, la existencia de la Lingüística (y con ella implico a todos los terrenos y especialidades posibles) se les olvida a los hablantes, a los políticos y a todo aquel que se crea con la capacidad de deslizar su opinión sobre la lengua. Así que una cosa es que hablemos una lengua y otra muy distinta que conozcamos el funcionamiento de la misma.
No suelo escuchar a nadie opinando sobre el sistema solar, las nuevas tecnologías, la biosfera, la industria química o la evolución de las especies o la vendimia, a no ser que sea un especialista en la materia. Entonces, ¿por qué todo el mundo se cree con el derecho a opinar sobre la lengua y no sobre la tabla periódica de los elementos químicos?
De todas formas, dejo constancia en la bitácora de su existencia y de su enlace para que todos podamos visitarla.

jueves, 10 de enero de 2008

EMPECÉ UNOS DÍAS ANTES

Hace unos días tuve un sueño que aún perdura. Un sueño de algoritmos y tentaciones tañidas por la zozobra de mi trabajo. Aparecía en una estación desconocida con un libro de cuentos bajo el brazo y abrigado por la espesura de una niebla con caries. Allí mismo quise discernir lo que ocurría; para atravesar la vía tenía que tomar unas escaleras subterráneas que me llevaban hasta el otro lado del arcén. Oscuro, maltrecho, el pasadizo. Asomé la cabeza con cuidado, para entonces llevaba el libro bien sujeto en la mano derecha, apretado debido al desconocido suceso.
Estuve recordando los momentos previos en la estación, antes de que llegara el tren. Un solo rumor que atropellaba mis oídos, una pesadumbre de la estampa que se enroscaba en sí misma, una melodía con aristas que se vislumbraba interminable porque reptaba sobre las vías de los ferrocarriles y se hacía de metal eterno de destino sin fin, de melancolía alambicada. En mi trabajo, pensé, soy otro en otras situaciones, si no aprendo a convivir, en ellos nunca tendré cabida, terminarán por expulsarme, y entonces no volveré a reunirme con ellos, quedaré solo, decrépito y moribundo, leyendo las páginas de un cuento que relata mi desconcierto, el epitafio de mis babas volcadas, formando un vagón de tren repleto de sinrazones. Ellos esconden lo que soy. Soy muchos, pensé, luego puedo sentirme múltiple y delirante, viciado por la perpetuidad a otro orden que no es el que me lleva de continuo.
Enfrentado a la niebla, con el cuello del abrigo sobre las orejas, me dispuse a desentrañar las cualidades de aquella enigmática situación. “Llegaré al trabajo sin más, me veré de nuevo ejercitando mis desdobles, dando resolución a los conflictos que originan estos trámites del destino”. Se me vino a la cabeza Robert Walser paseando por la nieve la tarde misma en que murió, solo y arrumbado por sus pensamientos. No quise apartarme del camino que realizaba cada mañana, de la memoria rutinaria de mis pasos. Tuve que pararme. Abrí el libro y leí lo siguiente: “Había empezado a leer la novela unos días antes. La abandonó por negocios urgentes, volvió a abrirla cuando regresó en tren a la finca; se dejaba interesar lentamente por la trama, por el dibujo de los personajes”. Lo leí en voz alta, apasionado por el hallazgo, como si acabara de encontrar un ángulo para el disfrute. Sin embargo, cuando levanté la mirada de las páginas, una clase de docenas de muchachos me esperaban para que les hablase de literatura.

miércoles, 9 de enero de 2008

MI ROSTRO HOY

A pesar de que me encuentro en la mitad de Veneno y sombra y adiós, de Javier Marías, no puedo dejar de escribir y exhalar elogios por donde escribo o ululo. De todas formas, como las obras cimeras de la literatura, consiente el libro que uno lo espigue por donde mejor le plazca o por donde le venga en gana. Ocurre esto en los tres volúmenes que completan Tu rostro mañana, como con El Quijote, Kafka, Musil, Proust, Joyce, Borges... No necesita de antecedentes para que la lectura despliegue lo mejor de la prosa hispánica de este siglo y le dé a la caza alcance. Porque los rostros que va configurando Marías se sostienen en el trabajo minucioso que ha empleado en el lenguaje. Son solo dos o tres o cuatro situaciones las que aguantan el peso de la narración, pero vienen jalonadas por su personalísima forma de escribir, hipnótica y templada. Las reflexiones, los pensamientos, las figuraciones que proyecta el narrador sobre lo que acontece a su alrededor va tomando forma gracias al estilo con que Marías ha escrito estas páginas. Ya Corazón tan blanco propició el advenimiento de un prodigio; ahora el prodigio es una novela que añoro antes de terminar su lectura, Tu rostro mañana: “Es extraño e incongruente el proceso de las nostalgias, o del echar de menos, tanto si es por ausencia como por abandono o por muerte. Uno cree al principio que no puede vivir sin alguien o alejado de alguien, la pena inicial es tan afilada y constante que se siente como un hundimiento sin límite o como una lanza interminable que avanza, porque cada minuto de privación cuenta y pesa, se hace notar y se nos atraganta, y uno sólo espera que pasen las horas del día a sabiendas de que su paso no nos llevará nada nuevo sino a más espera de más espera".
(Ilustración, manuscrito de Tu rostro mañana, II. Baile y Sueño)

viernes, 4 de enero de 2008

¿PERSECUCIÓN?

Parece que la Iglesia Católica sigue confundiendo la “libertad de expresión” con la “imposición de expresión”. Una cosa distinta es opinar libremente sobre aquellos asuntos que forman parte de nuestro modo de vida, y otra bien distinta es imponer las maneras y las formas en que deben desarrollarse nuestras vidas. Y esto último es lo que suele defender la Iglesia, imponer. Y no sólo se ciñe la Iglesia a la imposición de un modus vivendi, sino del pensamiento que lo guíe. Ya no les basta con salir a la calle y decir al aire que tal modelo de familia es mejor que otro. Quieren que los demás asintamos sin titubeos y aceptemos sus argumentos sin levantar la cabeza. Incluidos los que no creemos en esas disquisiciones. Se cabrean y se sienten perseguidos cuando esto no ocurre, la imposición, digo.
Intrometen temas tan arduos y espinosos como el del aborto. Hablan de muertes diarias, pero ¿qué ocurre en África y otros continentes cuando no se usa el preservativo?; otras tantas tildan de enfermos a los homosexuales, ¿qué ocurre cuando un cura, un fraile o un católico de la calle se proclama como tal? No sería el primer caso; en otras dicen a los micrófonos que la democracia está amenazada, cuando la institución que defendió hasta el último minuto la dictadura (no solo la española, fijémonos en hispanoamericana) fue la Iglesia. Su historia es la historia del delfín religioso más proclive a las mieles del poder. Entonces, ¿qué quieren ahora? ¿Han sufrido una carga policial en la manifestación de Madrid? ¿Les han prohibido que se manifiesten a favor de su modelo de familia?
Sólo hay que escuchar los discursos de los obispos y de sus seguidores para caer en la cuenta de que sufren "el mal de la persecución", propio de los que se sienten en posesión de la Verdad absoluta y de los que ultrajan a los que no comparten con ellos sus ideas. ¿Acaso se obliga a alguien a que se case con otro hombre o con otra mujer desde el laicismo?¿Acaso se obliga a profesar una religión o el propio laicismo desde el laicismo?¿Se tilda a alguien de desgraciado -en el sentido etimológico- por profesar alguna religión, como hacen los que sí la profesan sobre “los descarriados y posesos del mal endémico”?¿Acaso se considera a alguien enfermo por sus tendencias sexuales, como hacen los obispos?¿Acaso se justifican conductas patológicas como el abuso a menores desde el laicismo?¿Acaso se persigue con el cobro de impuestos o con demasías fiscales o carcelarias a quienes van a misa o dicen ser religiosos o defienden alguna ideología ascética, tal y como ha venido realizando la Iglesia sobre todo tipo de ciudadano que no ha compartido sus creencias o era homosexual o era republicano o era filósofo o era escritor o era pintor o era contrario a la manera católica ? ¿No será que el mayor perseguidor de Occidente está cayendo en una merma ideológica que le conduce al desdoblamiento de personalidad y a ver perseguidores donde ellos son los perseguidores?

jueves, 3 de enero de 2008

RÍOS Y SOMBRAS Y PALABRAS

La semana pasada no dejé de escribir porque no aguantara tanta desmesura en las fiestas, sino porque estuve de viaje. Tampoco lo hice porque los nacimientos milagrosos percutan cada doce meses en el imaginario de los terrestres, sino porque estuve midiendo la capacidad de asombro de mis costumbres. La semana pasada no dejé de escribir porque sufriera una indigestión debida a la gula exacerbada de estos días, sino porque fumé en el Tormes mientras las aguas desvelaban mis sombras. El río de sombra.
No fui a Madrid para sumarme a la manifestación que se efectuó a favor de “la familia cristiana” (no sé hasta dónde van a llegar estos obispos anacrónicos y petulantes, de verbo fétido e ideas hediondas), en todo caso, estuve en Madrid para desalojar de mi ceguera la inválida manía familiar de las navidades. Dice Vila-Matas que los domingos suenan a bostezo caducado y que algo parecido ocurre en estas fechas. Bostezo, incluido los domingos, pero alejado de toda pretensión rutinaria. Mi fiesta estuvo en el metro, en los reflejos que se proyectan en él con cada uno de sus pasajeros. Todos llevamos un doble en el metro, un doble de otro tiempo y otro espacio. Todo ocurre en otras circunstancias bajo tierra, incluida la muerte, incluida la vida. Con esos dobles todo se vuelve a un estado embrionario de posibilidades. De repente, una historia parece aparcarse en una esquina del vagón. Dos enamorados se besan, otros discuten, el pasajero lee, los extrañados desvían sus miradas y la velocidad inunda las acciones. La conciencia de lo pasajero se respira con parsimonia.
La semana pasada no dejé de escribir, estuve tomando chocolate en la Plaza Mayor de Salamanca junto a Torrente Ballester, junto a unos amigos que dispusieron sus vidas para que las empapásemos juntos en el cuadrilátero de la amistad. No dejé ni un solo momento de pensar en el artículo de la semana pasada y de la ausencia injustificada de mis palabras: de la escasa trascendencia de las mismas, del insignificante valor que poseen unas líneas en un periódico cualquiera. No abandoné la idea de escribir en el moleskine el artículo y enviarlo con prisas para no dejar vacío el trópico en que me muevo, pero comprendí que los giros de la vida están acompañados de ausencias, que la ausencia es vértebra indispensable para la presencia. En definitiva, no quise escribir para relatar lo que me ocurría. Comprendí con Ricardo Piglia que debo escribir no para recordar, sino para ver lo que nunca vi entonces.

LETRAS AMARILLAS

Me llegan rumores de que el próximo Premio Nadal de Literatura, que se fallará el próximo seis de enero, será una novela histórica. Apunten los nombres de Francisco Casavella y de Juan Bonilla (al que veo pasear a menudo por debajo de mi casa, en Sevilla, y con el que coincido en no pocas librerías). Asimismo, y para adelantarlo, en el premio de la editorial Seix-Barral, el Biblioteca Breve, habrá una autora hispanoamericana, al menos, entre los finalistas.

miércoles, 2 de enero de 2008

viernes, 21 de diciembre de 2007

ALMUERZOS

Ya saben de mis fobias a las costumbres sociales que vertebran el mundo, a la ética de anís y mantecado que se prodiga a finales de diciembre, a los nacimientos milagrosos alzados a creencias absolutas, a los creyentes de ese nacimiento heroico que cuelgan de sus balcones la imagen desastrosa y esotérica de un recién nacido con corona, a la necedad borreguil y cegadora de los excesos en regalos y felicidades y “noches buenas” y todos esos inventos de lo efímero: los mercados, los nacimientos, los belenes, los rezos; a la exacerbación detonada por los villancicos que abrigan a uno hasta en la tostada, de la euforia de feria que se prodiga por las calles abarrotadas por un personal que se deja los ahorros en las últimas tecnologías, etc. Sin embargo, vengo observando de un tiempo a esta parte una modalidad nueva en esas destrezas que los humanos vamos amontonando: el almuerzo de empresa.
Un almuerzo de empresa (ya sea privada o pública) roza la indecencia y, en muchos casos, un comportamiento primitivo. El almuerzo o la cena consiste en la reunión de todos los trabajadores de la empresa para festejar, ¡qué se yo!, las navidades. Nefasta interpretación de los ritos, estos almuerzos, o cenas. Si entro a analizar el menudeo que se produce en la mayoría de ellos, no haré más que agudizar mi fobia. No sé que fuerza mayor o anunciadora mueve al organizador, porque existe la figura del organizador. Pongo por caso que el organizador es alguien que no se ha dirigido a ti en todos los días pasados o que, en buena medida, ha evitado cualquier tipo de encuentro eventual. El mismo que ha prodigado su cara de enfrentamiento con el mundo o con la política cualquiera. Creo que ni siquiera Kafka, en su prodigio, mejora la metamorfosis que sufre el señor. Cuando este Gregorio Samsa ha pedido el presupuesto en los sitios en donde es conocido, los cuelga en un tablón para que la gente vote según sus preferencias: carne o pescado, copas o sin copas, este lugar o el otro, etc. Recién decidido el menú y el lugar del almuerzo, todo se obceca a favor del “día del almuerzo”. Claro, luego viene el envés de la moneda, esto es, los que decidimos no apuntarnos en la lista porque…por causas diversas. De momento, a los que van no se les pregunta en público, “oye, ¿por qué vas al almuerzo?”, ya que estoy seguro de que las razones serían más débiles que las que cualquiera de los que no van les daría. Aunque pensándolo bien, todo se puede extrapolar a otras situaciones de la misma ralea. Ya saben, no puedo contarles cómo son los almuerzos en vivo porque no suelo ir a esos eventos consuetudinarios que acontecen en la rúa.

martes, 18 de diciembre de 2007

LECTURA Y LECTORES EN LAS ESPAÑAS

Para el hecho de la lectura caben muchos supuestos. Se lee por diversión, por entretenimiento, por necesidad para la vida. Se lee porque existe la necesidad de leer, porque algo nos imanta hasta la letra impresa o porque la magia del negro sobre blanco nos convoca. Se lee porque se escribe. Somos lo que leemos. Sin embargo, ¿qué leemos? ¿Hay lecturas por compasión? ¿Qué función vital poseen los libros en las vidas actuales?
Echando mano de cierta bibliografía sobre sociología de la literatura, es decir, sobre los estudios que analizan el hecho literario desde un punto de vista social, me he encontrado con algunas sorpresas. Entre las páginas del magnífico libro de Maxime Chevalier, Lectura y lectores en la España de los siglos XVI y XVII, -obligado paso para bibliómanos-, se pueden encontrar hallazgos sorprendentes y que encuentran parangón con la época actual: “el público de la literatura de entretenimiento es público reducido”. Esta sentencia, de halo juanramoniano, consiente varias interpretaciones, ya que las condiciones sociales en las que se encontraban los hombres del XVI o del XVII son distintas, en sustancia, a las actuales: precio del papel, condición económica, índices de analfabetismo muy elevados, etc. (Ya explicó Francisco Rico en El texto del Quijote cómo Cervantes era un tremendo buscador de papeluchos de toda índole para poder escribir su novela; no en vano no existe ni un solo punto y aparte en el manuscrito del Ingenioso Hidalgo, todo él es un continuo de oraciones seguidas). A continuación, se enuncia la siguiente sentencia del gran historiador Benassar en Valladolid en el siglo de oro: “la cultura que da, o que por lo menos afirma la práctica de los libros, sólo pertenece a una minoría […] las tres cuartas partes de los propietarios de libros son, pues, letrados, hidalgos o gente de Iglesia, son los únicos que tienen verdaderas bibliotecas”.
Cabría preguntarse varias cuestiones tras estas disquisiciones. Dejando a un lado los condicionantes que asolan sobre los siglos mencionados, ¿quién posee hoy una “verdadera biblioteca”, cuando justamente el problema económico para la adquisición de libros se ha salvado? ¿Por qué la lectura sigue perteneciendo a un grupo de lectores muy reducido si se tienen en cuenta la posibilidad económica y de alfabetización que mermaban a otras épocas?
El propio Chevalier hace acopio de la información que encierran las bibliotecas particulares más importantes como la de la reina Isabel (253 títulos), don Rodrigo de Mendoza (631), la del clérigo Joan Bonllavi (204), Fernando Colón, Fernando de Rojas (97), don Francisco de Zúñiga (251), don Fernando de Aragón (795), el obispo Juan Bernal Díaz de Luco, el arzobispo Carranza, Juan López Henríquez de Calatayud (76), Alonso de Santa Cruz, Juan de Mal Lara (75), Diego Hurtado de Mendoza (432), Alvar Gómez de Castro, el médico Barahona de Soto (425), Gonzalo Argote de Molina (49), pasando por la propia biblioteca del pintor Velázquez (154) o la del Inca Garcilaso de la Vega (188). Bibliotecas todas de eminencias (¿Isabel, Fernando?) en sus materias y disciplinas.
En referencia al acercamiento a los libros por medio de bibliotecas públicas o instituciones de labor parecida, dice Chevalier: “Existe otra limitación, de orden económico ésta, el precio de los libros. Recordemos que el Siglo de Oro es época en la cual no existen bibliotecas oficialmente abirtas al público, ni gabinetes de lectura ni novelas por entrega –realidades del siglo XIX en España, por lo menos”. Y me pregunto, ¿qué ocurre en estos tiempos en que las bibliotecas públicas proliferan por doquier, en que los Institutos y Centros de Enseñanza presentan libros gratuitamente a todos? ¿Cuáles son ahora los problemas, si el analfabetismo y la condición económica no son rémoras para el desarrollo de la lectura, si los jóvenes se encuentran matriculados obligatoriamente hasta los dieciséis años?
He querido traer a colación, quizás de forma sesgada, la trascendencia de la lectura y de los lectores de un país hace cuatro siglos. Las conclusiones son muy parecidas: la lectura sigue perteneciendo a una minoría. Antaño a la que profesaban el conocimiento, ahora a la estirpe en extinción de los que procuran alimento más allá de lo efímero. La condición de lector lleva implícito el marchamo inasible de la extrañeza, de la decoración de la vida por la letra. En esa extrañeza misma surge el rumor de la lectura como vida, de la vida lecturaria. Los que no leen quieren diluir la literatura en el sarcasmo de su maledicencia, quieren llevarla a otro terreno, pantanoso para que se ahogue. Cuando termine estas letras, si no antes, abriré un libro y seguiré leyendo. Quien lo probó lo sabe.

domingo, 16 de diciembre de 2007

LECTORES ÚLTIMOS

El último lector (Anagrama, 2005), de Ricardo Piglia, es una muestra auténtica de los caminos que está encontrando la literatura de nuestros días. Cercano a la concepción literaria de Cervantes, Vila-Matas, Musil, Kafka, Joyce y Borges, entre otros, intenta Piglia (y lo consigue) acompasar en la escritura la astucia del lector. Para ello lee como escribe, y escribe como lee. Nada más lejos de aquellos cazadores cazados, aquellos civilizados bárbaros. En esa extrañeza, Piglia ahonda, como lector, en las obras de sus autores fetiches (Kafka, Macedonio Fernández, Joyce, Borges, Gombrowicz) escribiendo como ellos. Comenta su lectura a través de la escritura literaria.
Hay libros que desbrozan los límites de los géneros literarios, pero hay otros que los aglutinan. Y El último lector es uno de ellos. Una recopilación de lecturas sagaces escritas al sesgo literario. Tal es así que incluso el estilo, la pretensión estética roza los mismos parámetros que elogia de los autores convocados en las páginas. Sufren sus líneas una suerte de metamorfosis que imita las cualidades de sus comentarios. Escribe sobre Kafka tal y como lee a Kafka.
“La literatura le da forma a la experiencia vivida, la constituye como tal y la anticipa.[…]La escritura es una cifra de la vida, condensa la experiencia y la hace posible. Por eso Kafka escribe un diario, para volver a leer las conexiones que no ha visto al vivir. Podríamos decir que escribe su Diario para leer desplazado el sentido en otro lugar. Sólo entiende lo que ha vivido, o lo que está por vivir, cuando está escrito. No se narra para recordar, sino para hacer ver. Para hacer visibles las conexiones, los gestos, los lugares, la disposición de los cuerpos. Escribe para que el otro lea el sentido nuevo que la narración ha producido en lo que ya se ha vivido. El otro debe leer la realidad tal cual él la experimenta”.
La inteligencia y la profundidad de Piglia se echa en falta en no pocos autores contemporáneos que entienden, más bien, que la literatura es cosa de analepsis y prolepsis utilizadas sin mayor pretensión que el efecto momentáneo de un guión cinematográfico. Sin embargo, rehúso idolatrar a esos autores en los que falta pensamiento y nueva propuesta literaria. No justifico con ello cualquier tipo de experimento o artilugio verbal, sino más bien estoy defendiendo la dificultad mayor de la literatura. En estos tiempos que corren, obras como las de Piglia cimbrean (por lo menos en mi persona) la necesidad de escribir una vez que hemos abandonado su lectura. Porque han conseguido que leamos de otra forma lo que habíamos leído, que vivamos como otra vida lo que hemos vivido. Entonces comprendo que hay libros para ser leídos, y otros para ser escritos. Este último lector de Piglia es un libro para ser escrito, como lo son Rayuela, de Cortázar o La realidad y el deseo, de Luis Cernuda.

jueves, 13 de diciembre de 2007

DESTINOS

Hay trabajos en los que se modifica el destino en función del pueblo o la ciudad en la que trabajes. No quiero decir con esto que tienes mejor destino si terminas trabajando en una gran ciudad, no es el caso, ni siquiera hay una relación directa entre los dos parámetros. Sin embargo, cuenta la sociedad su felicidad en relación al número de posesiones y al destino laboral que poseas. En este sentido, si tu carrera como trabajador tiene visos de concluir en la esquina de tu casa, (ojo, realmente la casa de tus padres, aunque la terminología lleve a equívoco) o eres un fabuloso domador de las situaciones más complicadas o bien has vendido tu alma al bueno de Satán, que tantos y tan buenos regalos deja desperdigados por doquier. Así que después de pensar -no lo suficiente, nunca es suficiente el pensamiento, no se agota, no tiene principio y fin- en lo que parece que me va a deparar el destino, creía necesario dejarle clara a mi conciencia qué es el destino.
Todo parece indicar que “el destino”, esa entelequia, no es uno. Desde la infancia, el discurrir del tiempo se va encargando de provocar “un deshacer” el destino, es decir, que lo que parecía un todo, unitario y cerrado, termina en un “absoluto hacerse continuamente”. Esto lo constato ahora que esta palabra se cruza en mi vida como una aparición nocturna. “El destino, ¿has pedido el destino?, expelen algunos. En este juego al que me han sometido, lo primero es un cambalache de palabras que encuentran significados singulares y, en todo caso, unívocos. Así la confusión no es posible, ya que “el destino” está asociado al código de un centro de trabajo que nunca quisiste escribir y que no sabes siquiera si escribiste; solicitas tu propio destino a instancias de que un grupo de elegidos seleccionen los papeles que forman tu currículum a fin de que le otorguen una puntuación. Sobre ella, sobre su cumbre, recaen todos los agüeros. ¡Terrible destino éste, en manos de demiurgos!
Así las cosas, no paro de reflexionar y de darle vueltas a esta situación. El destino entendido como la adquisición imaginaria de un espacio geográfico en donde vas a desarrollar tu trabajo junto a unos compañeros que existen bajo la tutela de la negrura del tiempo, esto es, de lo que ocurre sin que ocurra en tu vida sensible. Un hospedaje que se supone pasajero, pero que puede convertirse en la morada constante de tus alegatos más remotos a favor o en contra de la vida. Aunque, es cierto y emocionante que el abismo y lo imprevisible terminen por convertirse en visión cotidiana, que lo nunca ocurrido y existente para tus días, rellenen el total de tu fugaz tránsito por el mundo, o por lo que creíste que fue el mundo.

lunes, 10 de diciembre de 2007

ÍNDICES

Como componente del ramo, no me resisto a pronunciarme sobre los informes que todos los años se publican como índices de la situación de la educación en nuestro país. El panorama es triste y remotamente subsanable. Normalmente, en los informes se suele hacer hincapié en las “competencias básicas” que un ciudadano de la Unión Europea debiera poseer para no convertirse en un “analfabeto funcional”, como nominan a los que no las poseen. Pero quiero trasladar las siguientes reflexiones a un ámbito de mayor calado y de dimensiones más notables. Los problemas que se amontonan en un Instituto de Educación Secundaria no son más que la formación de un microcosmos que refleja, en buena medida, muchas de las costumbres que ocurren en la sociedad. Pongo por caso que la incapacidad para la ejecución de una operación matemática básica es fruto de la invasión de las tecnologías, que todo lo solucionan excepto hacer funcionar las mentes; el desconocimiento de la geografía española, europea y mundial es el resultado de métodos pedagógicos que ahondan en la negación de la “memorieta”; la falta de lectura, la incompetencia para elaborar un resumen o escribir una carta es la desembocadura del desprecio social hacia la cultura y las humanidades, etc. Sin embargo, ¿saben a quiénes culpan de que todo el sistema fracase y de que todos los males que circundan a la educación andaluza nos deje en evidencia? Ciertamente, los profesores. ¿Y piensan ustedes que esta reducción al absurdo es beneficiosa para alguien, para la sociedad?
¿De verdad creen que a los políticos les importa la formación de los jóvenes? ¿Piensan que pretenden un país formado en una sólida base científica y académica, capaz de competir con cualquier país de su calibre?
Pienso que todo esto es un buen índice, pero para medir los valores y la ética que mueve a un país. Un Estado que invierte en Educación, Sanidad y demás necesidades sociales es un buen índice para futuros gobernantes y ciudadanos. Pero en España no ocurre eso. No se lee porque nadie lee -ni los padres de los alumnos, ni los dirigentes políticos y, en muchos casos, ni los mismos profesores-. No vale como tal lo que no tiene una respuesta inmediata y material, lo que no reporta ganancia monetaria. Y evidentemente, la educación se termina diluyendo en el paso de los años; es un trabajo y una apuesta de largo aliento, de alcance que no podemos verificar con las manos. Pero el espíritu queda en las entrañas de la genética social. Así que aquí no se salva ni Dios (lo asesinaron) y todos estamos metidos en los índices, incluidos los primeros, los políticos. Aunque parezca que nada de esto tiene que ver con ellos. ¿Cuántos trabajadores van a su trabajo con el miedo en el cuerpo porque a un niño le puede dar por pegarte? ¿Cuántos van a trabajar con el inspector en la puerta? ¿Cuántos trabajan bajo las peores condiciones posibles y faltos de todo respaldo por las instituciones?
¿Cuántos ven a los padres, con cara amenazante, obligándote a que apruebes al hijo, que tiene un BMW en la puerta?

martes, 4 de diciembre de 2007

LECCIÓN ÉTICA

A CONTINUACIÓN, me limito a transcribir algunos de los fragmentos que nos han llegado de Demócrito en referencia a la ética y que me han provocado mayor gozo en su reflexión. Así los dejo, desnudos, sin glosa.
B 189. Lo mejor para el hombre es conducir hasta el final su vida lo más con buen ánimo y lo menos afigido. Y esto ocurre si uno no hace consistir el placer en lo perecedero.
B 247. Para el hombre sabio toda la tierra es accesible; pues del alma buena es patria todo el cosmos.