viernes, 4 de enero de 2013
HACER sonar la voz que habita dentro de uno mismo...
ACALLADO por mi mísera condición.
Reflexión absoluta de todo.
Lo primero, lo más nefasto: el yo.
Reflexión absoluta de todo.
Lo primero, lo más nefasto: el yo.
miércoles, 2 de enero de 2013
Poseído por las dudas y por las incetidumbres de las preguntas axiales, ¿quién soy y qué me sustancia?
¿Qué fue antes del Big Bang?
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¿Qué fue antes del Big Bang?
martes, 1 de enero de 2013
ME aterra la naturaleza de mis dudas.
lunes, 31 de diciembre de 2012
Rito de silencio, Murmullo de la transparencia, Cuestión de desnudez son la misma cosa y concepciones distintas. Estas expresiones resguardan un concepto que interpreta el mundo desde los límites del ser humano, no desde los límites del mundo. Hay un equívoco ya que nuestra interpretación antropocéntrica nos confunde. Los límites están en nosotros mismos, nosotros somos los límites y así los proyectamos sobre el resto del mundo, haciendo el mundo tan pequeño cmo nosostros, haciendo el mundo tan insignificante como nosotros. Pero solo hay que contemplar la noche, contemplar el mar, que son figuras de lo eterno en la Tierra, para advertir que esa insustancial mirada es una insuficiencia.
El rito del silencio comienza una danza en el murmullo de la transparencia. Y, si el poeta llega a atisbar esa esencia, no podrá si no escribir con la palabra desposeída, con la estética pura y delicada de la desnudez. Todo lo demás le parecerá sobrante, añadidos.
La realidad se muestra desplegada ante los ojos del hombre, mas este no puede atisbar más que una porción de todo ello. Los límites están en nosotros mismos y querer desvencijarlos, o, en mejor decir, los que han llegado a desvencijar esos límites con la palabra poética, han instaurado un tiempo y un espacio que no nos peternece a los mortales. Es el tiempo perpetuo que jamás viviremos, tan solo podremos tenerlo en la consciencia.
Naturaleza se muestra transparente, como un murmullo prosigue su dinámica y cíclica progresión. Naturaleza es un eterno retorno cada vez. Ante esa disposición, el hombre tan solo puede testimoniar su lineal y finita existencia. Acaso querrá fundirse en ese ciclo cuando haya muerto. ¿Qué cantó J.R.J. a los pájaros que seguirán cantando?
En ese murmullo que casi no se percibe, el silencio parece un rito estruendoso. Escucha, esucha dentro de ti y notarás una algarabía. Sosiega el ánimo, diluye las estridencias en Naturaleza, trata de armonizar el silencio interior con el silencio exterior: ese es el rito del silencio. Puede que llegues a escuchar la música del mundo.
La estación azul del poeta reside en nombrar la realidad: es la cuestión de desnudez. El poeta va desnudando la realidad, no haciendo crecer en ella una nonata realidad, sino que muestra la que ya existe de profundo. En ese nombramiento de lo existente, pero velado a los ojos, el poeta se enfrenta a un entendimiento cuyas razones son luminosas o no son.
El poeta no nombra una realidad nueva, el poeta nombra una realidad existente, velada hasta entonces al hombre como en una vigilia. El poeta, en el rito de silencio, en el murmullo de la transparencia, eleva su espíritu a la cuestión de la desnudez.
domingo, 30 de diciembre de 2012
NUEVOS cauces:
Rito de silencio
Murmullo de la transparencia
Cuestión de desnudez
Rito de silencio
Murmullo de la transparencia
Cuestión de desnudez
viernes, 28 de diciembre de 2012
ESTÁBAMOS esta mañana en Ronda. La luz golpeaba sobre la piedra en un estallido impropio para los meses de invierno. E. reía, reía con cada uno de lo saltos que soportaba su carro cuando lo arrastrábamos sobre el suelo de piedras.
Llevaba conmigo un libro de poemas que no quise abrir hasta que no llegáramos al Hotel Reina Victoria, el hotel en que Rilke se hospedó en Ronda. Pedimos dos cafés mientras E., disfrutaba de una plácida siesta. Hablábamos M.C. y uno de las Elegías de Rilke, de los paseos por el castillo de Duino que compartimos, hablábamos de Trieste. De cómo la lectura de esos versos trastocaron la percepción de lo poético profundamente.
El libro de poemas que llevaba era de Hermann Broch. Es la poesía completa, titulada En mitad de la vida (Gedichte). Le leí a M.C. el primer poema, "Misterio matemático", y los dos estuvimos en silencio largo tiempo ante la evidencia:
Con mesura se abre lo inconsciente
y en lo infinito el mundo alza su vuelo.
[...]
El Yo, pr fuerza, ha de reconocer
que el sol contiene la verdad en la forma
y puede consumirse en esta llama fría.
LOS libros se apilan encima de la mesa y tengo la costumbre, en estos casos, de comenzar a anotar en una libreta el número de objetos que hay a mi alrededor. Como George Pérec gusto de registrar, -sí, de hacer una tábula-, los nombres de los objetos que reposan hasta donde pueden ver mis ojos. Libros, cedés de Corelli, diccionarios, sillones, sofás, una alfombra, dos mesas, un taburete, dos lámparas, estanterías, postales de A.M. manuscritas, cartas, una cuna, etc. Podría escribir con detale los aspectos de cada uno de ellos, pues forman un paisaje desgranado en el salón de casa.
En ninguo de los mismos existe nada, toda cosnciencia pertenece a mi espíritu.
***
El cambio más potente y rotundo, desde el silencio y la soledad.
LA palabra luminosa es un despertar a lo que somos.
jueves, 27 de diciembre de 2012
LAS contemplaciones son externas e internas. Da igual la natualeza del paisaje, siempre debemos retirarnos de nosotros mismos de esa visión. Ni de lo externo formamos parte, ni de lo interno formamos parte. Nosotros enturbiamos la visión nítida y esencial que puede transmitir la poesia verdadera. En la poesía nos decimos plenamente y en ello no podemos limitar la evidencia con nuestro cuerpo.
Esa palabra que orbita entre lo que nunca hemos sido, que dicta de la razón las dimensiones de un abismo inexplorado puede obtener formas dispares, pero complementarias. No tiene que ser una turbación del inconsciente, puede que la poesía se concentre en la armonía aparente. Sea cual sea la dirección de la palabra, la condición necesaria para que circule más allá y traiga un nuevo canto perpetuo al hombre es desprenderse del hombre que la tañe.
Sigo dialogando con Pablo d´Ors. Subrayo algunas líneas de mi interés: "Cualquier orilla a la que esa corriente te lleve es buena para ti: eso es la fe. Tú eres tu principal obstáculo. Deja ya de obstaculizarte. Quítate de en medio todo lo que puedas y, sencillamente, empezarás a descubrir el mundo".
EL designio del ser para los mortales está repleto de sinrazones y de dolor. Un dolor profundo que recorre, a contracorriente, las escenas de la realidad. Es un dolor profundo pero gozoso al mismo tiempo, que contrae las creencias del individuo y las repliega devolviéndoles el valor de la propia vida.
El dolor es ético y de la misma forma se despliega en los estético: el dolor de la creación y su posterior contemplación. Así, el artista que na surgido de la verdadera voluntad, no puede desgajar lo ético de lo estético, son el haz y e envés de la msma realidad. El propio Pablo d´Ors escribe: "no correr, sino parar; no esforzarse, sino abandonarse; no ponerse metas, sino simplemente estar ahí".
El estar no es un principio ni un fin sino una sucesión sin límites.
El acto de estar en el mundo es un dolorido gozo del ser.
HAY un río en la noche de figuras y cumbres,
un río atravesado de cauces invisibles
del que brota una fuente misteriosa.
Hay un río en la noche con un paso invisible
a los ojos prendiendo la consciencia
y una fontana colmada de aromas
que estaciona una música con un cuerpo celeste.
Está dentro de ti ese río, ese cauce
infinito, esa estación fugitiva
en la que eres algo en nada
y gota sumergida para siempre.
COMO tres estados sucesivos, pero distanciados entre sí, los del ser (algo, nada, todo), la contemplación (pluralidades), el canto (del origen, de la semilla). El poeta, si lograra tener consciencia de los dos pasos anteriores e imprescindibles al canto de la semilla, al ejecutar su palabra, lo haría temeroso y a sabiendas de que está impostando en todo momento, pues la palabra poética que deviene de estas ideas es siempre limítrofe, abisal, cuasi un carrusel de silencios semánticos. Así, tratará de impregnar su palabra de la verdad más cercana a la contemplación y, por último, al ser.
Ser algo en nada es el resultado de desasirse de uno mismo en la palabra poética, en la palabra numinosa que dice no al hombre o al sujeto que las escribió, sino a la humanidad.
Ser algo en nada es el resultado de desasirse de uno mismo en la palabra poética, en la palabra numinosa que dice no al hombre o al sujeto que las escribió, sino a la humanidad.
Esta disposición de la creación poética responde a la gran exhortación que ha existido desde que surgió el hombre: quién o qué somos y por qué. Pablo d´Ors explica en Biografía del silencio que para llegar a percibir los vislumbres de lo real, hay que realizar un acto de entrega sin esfuerzos ni razones. Explica que: "los chinos tienen un concepto para eso: wu wie, hacer no haciendo. Wu wei consiste en ponerse en disposición para que algo pueda hacerse por mediación tuya, pero no hacerlo tú directamente, forzando su arranque, desarrollo o culminación". De nuevo la mística de san Juan:
[...]
para venir a lo que no eres
has de ir por donde no eres.
Pablo afirma lo siguiente: "Tanto el arte como la meditación nacen siempre de la entrega; nunca del esfuerzo".
miércoles, 26 de diciembre de 2012
ES el canto del vislumbre de lo real.
ES ser el estado de lo real.
ES el vislumbre de lo real.
Es el canto del aire
sonorosa presencia;
es la luz en los ojos
un espejo vacío;
es la tierra en las manos
la figura y el sueño.
Es el centro, la vida
la unidad del encuentro.
Así el hombre, así su palabra. La palabra nos limita y nos acecha, pero es la paradoja del ser humano. Digo que nos limita, pues la palabra, -como he advertido en este cuaderno en algunas ocasiones- razona con causas y consecuencias linealmente. No pueden colocarse las palabras en un discurso armónico como en la música, no podemos eatablecer los vocablos en el lugar en que queramos, pues están obligadas a aparecer en el discurso por su semántica. Esa conjunción sintáctico-semántica es un prodigio si tenemos en cuenta el número limitado de vocales y consonantes que poseemos, pero es la absoluta limitación para el hombre.
La palabra aspira a la armonía que es posible en la música, a los acordes de varios sonidos conjuntados y que tan solo al unirse crean nuevas realidades al nombrarlas.
El poeta que se entrega a la palabra únicamente encontrará los límites de inmediato e impreganará su poesía de artificios y retoricismos vacuos y superficiales. Las llamadas "convenciones". Es por ello por lo que, a poco que la filosofía y la música van tomando cuerpo en las lecturas, puede el poeta caer en la cuenta de la ineficacia de la palabra para nombrar. Llegado a este punto hay dos opciones: silencio o consciencia de la imposibilidad.
Tan solo los poetas que se creen adánicos seres son no-poetas.
No cabe el mar más que en la idea del mar; no cabe el Bien, el Amor más que en sus ideas, no en sus formas gramaticales. Platón, que descubrió esto mismo hace siglos, ya lo advertía. Así, podemos entender el sentido de sus afirmaciones sobre la memoria y la palabra verdadera, sobre la memoria y la palabra escrita.
martes, 25 de diciembre de 2012
LOS
contornos de los objetos contienen una exhortación para el que los
contempla. Ha de observarse todo con meditada paciencia hasta la
extenuación. Primeramente, acuden los pensamentos más soberbios y
fugaces; luego, las reminiscencias de lo ocurrido; por último, la
blancura de los contornos. Es un discurso de la realidad que no es
sucesivo, que no sigue las propiedades narrativas de la palabra.
Pablo d´Ors apunta a una de las claves de la contemplación, afirma: "No aspiro a contemplar, sino a ser contemplativo, que es tanto como ser sin anhelar".
El mundo no es una narración; la narración mítica es nuestra forma de comprender el mundo.
Las
contemplaciones nos hacen desembocar con el espíritu en el misterio de
la unidad. La unidad que se encuentra en las realidades materiales y
sensibles, pero igualmente en las que se sitúan en la abstracción.
Platón y Aristóteles estaban marcando el camino de ida y de vuelta de la
misma esencia para el mortal: ir y venir, como Heráclito, en un mismo
camino en que da igual por donde comenzar, lo sustancial es no apartarse
de él nunca.
En esos
derroteros trazados por los filósofos griegos, el hombre tratará de
llevar a la práctica el número de Pitágoras, por ejemplo, la capital y
decisiva presencia de las cuatro materias o la fundamental estación de
piedra que propone Parménides. Todo es lo mismo y distinto, todo uno y
diverso.
Pablo d´Ors apunta a una de las claves de la contemplación, afirma: "No aspiro a contemplar, sino a ser contemplativo, que es tanto como ser sin anhelar".
lunes, 24 de diciembre de 2012
TANTO más huido de mí mismo, tanto más cerca de mí mismo.
***
Sigo leyendo el libro de Pablo d´Ors, Biografía del silencio. Un libro
deleteioso, que desprende verdades y bellezas. Dice Pablo: "Al estar
aparentemente inactivo, cuando estoy sentado comprendo mejor que el mundo
no depende de mí, y que las cosas son como son con independencia de mi
intervención. Ver esto es muy sano: coloca al ser humano en una posición
más humilde, le descentra, le ofrece un espejo a su medida".
Es
el poema mismo de san Juan de la Cruz. La acción de dejar de ser para
serlo todo es de la consciencia, nunca de los hechos materiales. La
tranformación consiste en un dejar-de-ser-para-ser continuo,
gerundizado; es una acción de la contemplación que confirma nuestra
posición y medida frente al cosmos.
¿No es esto mismo el Canto XXXV de Noche más allá de la noche, de Antonio Colinas?
Unas
palabras de Pablo d´Ors resumen perfectamente esto que trato de razonar
escribiendo: "ser conscientes consiste en contemplar los pensamientos.
La consciencia es la unidad consigo mismo. [...] Tú eres lo que queda
cuando desaparecen tus pensamientos".
domingo, 23 de diciembre de 2012
"LA verdadera vida está detrás de lo que nosotros llamamos vida. No viajar, no leer, no hablar...: todo eso es casi siempre mejor que su contrario para el descubrimiento de la luz y de la paz", escribe d´Ors en Biografía del silencio.
En efecto, las especualares acciones con las que tratamos de colmarnos, son vivacidades, no la vida misma. Ser algo en nada es precisamente la consciencia absoluta de esa encrucijada. Es un estado que conviene en que las acciones con que tratamos de desarrollar nuestra vida son nada, que las acciones que no se acerquen al origen que edifica el interior del individuo son nada. Y todos, absolutamente todos, somos algo en nada, pues como mortales modernos nos dejamos arrastrar por las sombras, por la llamarada de lo inmediato.
Hemos desatendido el ritmo interno del corazón. El ritmo que nos anuncia, dentro de cada uno, una armonización superior, que habita en todas las dimensiones de la realidad a la que podemos llegar con nuestro raciocinio lábil y soberbio. La poesía actual es testimonio de este alejamiento: una poesía desvaída, sin música...más cerca del derrumbe que de la edificación del espíritu.
LEO, en la noche Biografía del silencio, de Pablo d´Ors. Coincido con todas las descripciones vertidas acerca de la incomprensión del hombre de sí mismo debido a las distracciones, las eventualidades, las rápidas y sucesivas acciones que parecen llenar su vida. Pues, como afirma Pablo, "la pura observación es transformadora".
Exactamente es lo que vengo descubriendo con las contemplaciones: suponen una transformación, pues se interioriza la realidad en la vida de uno hasta desvencijarla con otros mecanismos y con otras aritméticas. Todo ello con la preclara estación del silencio que todo lo antecede y que tan necesario es para la poesía y el arte mismo.
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