lunes, 15 de abril de 2013

BOECIO enseña las dos ramas del saber: la práctica y la teórica. A la práctica pertenecen la Ética y la Moral. A la teórica, la Metafísica, la Teología, la Física,... la Filosofía comprende todos los niveles de conocimiento, los conjuga y los hace razonables para el hombre; desde Naturaleza hasta la concepción de lo incognoscible. Es cierto que estas dos posturas pueden resumirse con Platón y Aristóteles, pero Boecio construyó una respuesta literaria al asunto. 
  
La poesía, en este compendio de saberes de la Filosofía, ofrece un raciocinio novedoso, quizás original, más cercano a la lógica musical que a la verbal: es la polifonía inalcanzable para el verbo. El poeta es una sola voz, una nota; la música es una pequeña reconstrucción del mundo azul.  
Leo a Boecio. Qué tiempo más feliz y completo el de la lectura. Pienso en el apaleamiento a que fue sometido y condenado y en las horas que invirtió para escribir: toda es siempre una metáfora, todo está tamizado por La consolación de la filosofía. Me sobrecoge el aroma de eternidad de estas palabras de un hombre muerto en vida. 

domingo, 14 de abril de 2013

HE VUELTO a contemplar la noche, a decir en cada estrella la medida de mi voz. Entrego la respiración libremente, con el equilibrio de su vaivén, con la cadencia de sus dones. Frente al cosmos, de cuerpo desnudo, envirotado de total melancolía. Luna menguante que sugiere su figura de estridentes visiones.
Caos y armonía; origen recobrado.

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Hemos entendido de forma drástica que la belleza presupone proporciones exactas, sin aritmias ni desequilibrios. Sin embargo, nunca hemos entendido que Platón describió cómo cuando el mortal conoce la idea de Bien se aleja de los compotamientos humanos y se dedica, únicamente, al trabajo de las teorías. Esa es la tarea final del poeta, esa ha sido, desde luego, en los grandes poetas hasta el momento. Un contenerse en sí, alejados de las catervas y de las mamandurias de los pseudopoetas

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Ser exige silencio y soledad.    
Escribir exige silencio y soledad. 
Vivir exige silencio y soledad.

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En el Teeteto afirma Platón que el mal es cosa de los hombres, es cosa fundamentada en las accione humanas y que contrabiene a la idea del Bien. al releer algunos pasajes, compruebo, además, que Platón está siempre bordeando una cuestión capital que, en los últimos meses, tanto me preocupa. ¿Puede la naturaleza de las realidades determinar su comunicación o es a la inversa lo que pienso? 




sábado, 13 de abril de 2013

 PLATÓN se dirigió a una de las cuestiones que fundamentan la ligazón entre filosofía y poesía: 

el decir ya presupone algo que está ahí, algo que es
  
Ser y decir. Por lo que podemos distinguir entre "ser" propiamente, en sí y "lo que se es". Por tanto, con estos presupuestos, el ser no necesita manifestación verbal para ser. En esta disyuntiva se sitúa el poeta en su tarea mortal, silencio y soledad ante el ser y así se explica la desconfianza ante lo escrito, sea cual sea el logro y la genialidad. El poeta verdadero, que capta la esencia del ser, el ser mismo, desconfiará siempre de su palabra, pues siempre será ésta melodía pasajera, sugerente armonización de una realidad suficiente. 

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EN uno de los rincones del despacho en que trabajo cada día tengo un pequeño texto en latín que me acompaña y alumbra a cada paso del absurdo que allí sucede. El texto está acompañado de una reproducción de un mosacio predilecto para mí: el del siglo III que representa al poeta Virgilio custodiado por las musas. El texto culmina de la siguiente forma: 

"Musae poetarum patronae sunt. Musica grata est Musis". 

Cada vez que siento la caída al vacío lo releo y trato, además, de encontrar, en el silencio profundo de mí mismo, esa musica grata y esos círculos indelebles del gran centro, del centro indudable. 

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Los no-poetas estaban agarrados a la no-poesía. Cuando esta deja de brotar, ellos no son nada, pues de nada se han alimentado, tan solo de lo efímero.Por lo menudo, el no-poeta solo lee a sus cómplices en el ejercicio de la no-literatura. Pío, pío...







viernes, 12 de abril de 2013

AL llegar a casa, pensé en la importancia de la lectura. Leer toda la noche es un acto muy profundo, quizás el más noble que un ser humano pudiera llegar a realizar. Así, la lectura puede enaltecer a los hombres, engrandecer sus espíritus, ensanchar sus días, pero también reducirlos a simios, pues leer sin más ni más, tan solo a los amigos, es cosa bruta y tosca que convierte al lector en lelo e ignorante. Por eso, pensé en la sustancia con que acudiría al acto y no lo dudé, escogí un libro de Platón. Tumbado, leyendo, embelesado, observaba las estrellas aun estando en la habitación. 

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Sócrates a Critón: "Debemos un gallo a Asclepio; no te olvides de pagar esta deuda". Las últimas palabras de Sócrates antes de que su cuerpo fuera siendo tomado por la cicuta, por la gélida potestad del tóxico.  
Explica Cirlot que el gallo es un símbolo de vigilancia y de resurrección, de primacía del espíritu. El episodio en que Sócrates mantiene la entereza del filosófo ante sus discípulos  a sabiendas de su muerte ha sido siempre un pasaje que me ha conmocionado. La lectura del Fedón está en alcanzar la templanza de Sócrates, en aquilatar la templanza de los actos en la vida sin la desmesura de la vida, sino en la serenidad de la muerte. Ya lo advierte el propio Sócrates: "Los hombres ignoran que los verdaderos filósofos solo laboran durante la vida para prepararse a la muerte". 

Leído con detenimiento es esta la visión y el símbolo con que escribieron los  poetas de altura como Rilke o Dante, escribían desde la propia muerte, desposeídos ya de sí mismos, dejando de ser en cada letra, en cada sílaba prendida de un ser que los pujaba y que no terminaban de comprender. 

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Desdeño la esperanza de decir más allá con mi palabra. 

jueves, 11 de abril de 2013

HE revisado el cuaderno y compruebo en él algunos poemas incipientes. Los he numerado y cuento siete poemas. Algunos de ellos, vituperados, maltrechos, muy emborronados. Pienso en abandonarlos totalmente hasta que me llegue esa evidencia de la visión y de los símbolos. El poeta no trabaja, no pule, no artesanea con los versos: su trabajo es de otro raciocinio, su fuente quizás nunca ha sido entendida. J.R.J. hablaba del misterio, del envés de lo que la literatura actual y sus secuaces quieren propalar en la sociedad. Siempre la literatura nació de un individuo genial y los jalones a la historia de la humanidad siempre ha residido en la mente de un hombre solo. 

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Escribo visión y traigo a este diario unas palabras de M. Zambrano que me conmueven: "Si se trata de palabras que solamente manifiestan la aparición de la palabra misma, el sujeto vive entonces la palabra como antes de haberla tenido, como si hubiera podido no existir, pero sabiéndola cierta". 

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miércoles, 10 de abril de 2013


“FUI, non sum es, no eris”, es el emblema que puede leerse en Emblemata nobiliati et vulgo scitu digna, de Theodor de Bry, realizado en Francfort en el año de 1593. El caballero ofrece una rosa a la muerte que descansa encima de una piedra. El joven caballero mira al lector con mirada compungida. Impostadas sus piernas, camina con grácil celeridad. ¿Por qué la prisa y la muerte?


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La miel, para los órficos, es símbolo de la sabiduría. Una mirabilia poética que cada mañana, al comenzar con el desayuno, me pregunto qué nos hizo de esta forma, con este pensamiento que pone a las claras tantas deficiencias.

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El “adagietto” de la Sinfonía nº 5 de Mahler congestiona el alma. Hacía tiempo que no me anegaba el espíritu la música de Mahler.  Cuando escucho y profundizo con la mente en la música, leo El origen musical de los animales-símbolos, de Marius Schneider. Este autor cree, por lo demás, que todo símbolo posee una raíz musical. Y uno, que lo cree así, medita sobre la raíz simbólica de estas partituras de Mahler y de tantas otras que resuenan en la memoria acordada. 

Símbolos, símbolos...como afirmaba Hebbel: "El deber más importante de mi vida es, para mí, simbolizar mi interioridad". 

Las edades esparcidas por la negrura a los ojos del cielo en la noche: annus ventorum, annus solaris, annus stellatus..., pero, ¿en qué edad voy iniciando mis días? 

martes, 9 de abril de 2013

PLATÓN en Libre de la tormenta, de J.S.M. Es tan notoria su presencia. La tormenta, en la lectura de este libro, se vive amparado no por el platonismo, sino por una vivencia platónica de la vida y de la literatura. Las dos comparten la misma esencia y así se nomina cuando el poeta escribe en "Trece": "La verdad es una esencia subida en una encina". 
Más tarde, afirma en "Mil": "Dice el aire que todo es mentira, que nada es lo que parece". Este pasaje está laminado por las improntas de los presocráticos y remozada en la idea platónica de los conceptos definitivos y absolutos. Todo llevado a la vida y a la literatura, ¿puede ser de otra forma, acaso? 

En "cincuenta y tres", el poeta acerca el fuego de la razón de las ideas a la poesía: "El tono en la obra poética de un autor es una sucesión de matices purificados tras la eliminación de los desvíos".

Por último, anoto en el "cuaderno de marrón" titulado Actos de templanza el fragmento "Sesenta y dos": "En la lejana sombra hay hombres que se cruzan". El poeta vuelve al ser, al origen de sí, al canto de la semilla. 

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Brahms reconcilia lo más recóndito de mí con lo más evidente de mí. 

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De lectores. Afirma Hesse, en un pasaje hermoso y colmado de sensibilidad, lo siguiente: "El que carece de sensibilidad para el verso tampoco percibirá, al leer buena prosa, los valores más exquisitos y el encanto y la belleza del lenguaje". 



domingo, 7 de abril de 2013


ME dejan iluminado de suyo estas sintéticas palabras de Hesse. Su afilado pensamiento siempre se dirige a la esencia de lo poético y además renuevan mi torpe  y escasa acción del pensamiento. Me apoyo en sus logros para ascender, me valgo de sus luces para, al menos, se espectador de las virtudes de un hombre: 
"El poeta no debe amar al público, sino a la humanidad, que en su mayoría no lee sus obras y, sin embargo, las necesita". 

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Huxley escribió con lucidez sobre El Greco y Goya. En cuanto a este último pintor, no dejó de ensalzar los grabados y las pinturas de “La Quinta del sordo”. Obviamente, cada uno de los que penetran en la cosmogonía de estas pinturas queda azuzado por una extrañeza y una maravilla. Es la misma que convoca Huxley en su pequeña reseña sobre la exposición que menciona. Así, cuando me encamino a la azotea para contemplar el cosmos, pienso en un enorme mural en que se proyectan las luces, los recuerdos de una causa desconocida. Eso me produce un desvelo y un anhelo de no sé qué vivencia, pero, en esa inmensidad, encuentro siempre mi medida exacta.   


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Dice M. Zambrano en El sueño creador: “Existir es un movimiento en que se actualiza una esencia. Existir es el movimiento propio del ser, como el vivir actualiza la vida”. He reflexionado sobre estas palabras en muchas ocasiones y no pocas veces, cuando escribo, las tengo en cuenta, por delante, acrisoladas en la consciencia.  
 Así, en la poesía, el poema es la existencia que actualiza una esencia poética. Cada poema es un acto y por eso es insuficiente, pues lo que propone es una manifestación estética de la esencia original poética, de lo que denomino lo poético. Estas incursiones las he acordado en Ars vivendi con mayor o menor fortuna, pero siempre desde el convencimiento y la verdad.



sábado, 6 de abril de 2013


HUXLEY dedicó un artículo a la selección de libros que haría si su biblioteca ardiera una noche. Me he parado pensar en ello, pues creo que hay verdad cuando llegan los límites. Huxley nombra a Homero, a Dante, a Shakespeare, a Donne, a Eliot, a Tolstói, a Balzac, a Stendhal, Bouvard y pecuchet de Flaubert, a Montaigne, a Pascal, ...todo ello para plantear una pregunta final a esta selección: ¿Qué nutre mi mente? Una buena colección de libros”. A la vista de los autores seleccionados, termino por pensar que la Literatura siempre ha sido una para que el ha tenido ojos y para el que visto desde fuera de sí. 

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Puede que estas notas no sean más que caprichos, pero estos caprichos van perdurando demasiado en el tiempo y en esta vida. Se acumulan por necesarios y el encuentro que me provoca el acto de escribir cada día me hace someterme a una disciplina que ya ha perdido todo halo de cerrazón. Es pura libertad, pura alegría escribir a pesar de que uno tenga consciencia plena de la poca altura y de la peor armonía de las letras.


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He soñado con un inmenso campo de trigo. A través de sus espigas he rodado mi mano suavemente, con la lentitud del aire, con la suavidad del alma. He paseado las palmas de mis manos por las crestas de los trigos, las he peinado al viento con el sutil magma de mi inocencia. Y me he contemplado insuficiente, me he creído, de una vez por todas, minúscula espiga entre la inmensidad.

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No hay nada más ancestral en el hombre que la memoria. Platón hizo de la memoria la forma de conocimiento. Por esto escribo hoy que la música provoca la revelación de la memoria en el espíritu como ninguna otra disciplina.

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El mejor poema de Cernuda, con total diferencia del resto, es el que comienza Si el hombre pudiera decir lo que ama…

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Algunas noches me quedo en la azotea de la casa contemplando el cielo, llenándome de noche. Me sitúo en las orillas del cosmos, ante las constelaciones. Es el preciso instante en que la medida de mi espíritu toma consciencia. Una miniatura quieta, una fugaz melancolía. Y a todo esto, en esta noche de insuficiencia, El clave bien temperado, de Bach, para reconciliar al hombre con el hombre, al hombre con el cosmos. 

viernes, 5 de abril de 2013

  1. VIDA: Cuando uno recorre el camino de los que han regresado, cuando uno estima la vida como un bien y una composición armónica, suenan y se edifican los días en otro tiempo. Es el tiempo de la consciencia plena de estar vivo que no entiende del tiempo desmenuzado en tramos pretéritos ni en tramos futuribles. Es todo condensación, el uno, que evoca en la materia del espíritu un origen.
  2.  LITERATURA: surgió en el hombre como forma manifiesta de ese origen irrenunciable. Por este motivo, el arte es belleza, es justicia, es verdad y todo lo que se manifieste fuera de estos parámetros termina siendo fugitivo y perecedero para el hombre.
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Sabias reflexiones y mejores palabras las que utiliza Hesse en Lecturas para minutos. Pequeñas piezas armonizadas desde la verdad de un individuo que se proyectan en la bóveda de los lectores. Hoy, al leer estas líneas, he pensado en María Zambrano y en los paseos por Roma, en aquellos paseos al atardecer por los jardines, en los momentos en que trataba de rescatar la belleza del jardín de mi memoria para siempre:
"Toda poesía es, antes que nada, un valor estético, y la estética, el conocimiento de lo bello, no es ciencia, pese a todas las tentativas y esfuerzos para que lo sea; no se puede aprender ni reducir a métodos". 

Esa idea que vertebra el fragmento de Hesse la tengo por norte y por sendero luminoso cuando conjugo vida y literatura, ars vivendi. Prosigue el alemán:

"Lo peculiar del poema, su irreductibilidad y la belleza pueden quedar ocultos"; ahora recuerdo, al leer todo esto que comencé un poema hace años que decía: "Hay una verdad oculta a los ojos..." y que lo abandoné porque supuse que ese verso ya estaba contenido en la poesía misma, si es que alguna vez he llegado a tocarla. 

Termino con Hesse, con el reconfortante calor de las siguientes palabras: " y, si a uno se le escapan, por muy sutiles y doctas interpretaciones que haga en torno a los contenidos no llegará a captar lo más auténtico". 

Me agrada que sea la virtud como lector el fundamento de esta escritura, pues así creo que ser lector que capta lo auténtico es compartir la belleza misma de la poesía, pues autor y lector se dejan a sí mismo para ser siempre uno, el mismo. 

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Lo vuelvo a escribir ya que no termino de asimilarlo, pero cuánto me está enseñando Ars vivendi sobre la calaña de algunos individuos, sobre la verdad de algunos individuos. Y es que nos encontramos en un tiempo de la verdad que contiene una diáfana penuria. Esa penuria exacerba la naturaleza del mediocre, pues nunca estuvo donde la poesía y la verdad. Al verse nublado todo, el propio impostor recalcitrante comienza a confundirse con actos inmorales. 

jueves, 4 de abril de 2013


ESCUCHO a Chabela Vargas, las simples cosas. Uno se despide muy sensiblemente de pequeñas cosas. Porque uno vuelve siempre a los sitios donde amó la vida. Lo hace para comprender la ausencia de las cosas amadas, de las raras bellezas sumergidas en los ojos.

Las simples cosas que quedan doliendo en el corazón y que forman signos y destellos en la memoria. Porque uno vuelve siempre, como en poesía, a los sitios transitados antes de vivir, antes de morir. 



miércoles, 3 de abril de 2013

DEBEMOS amar la poesía, pues es una realidad bella. En ese amor existe un fruto incierto, pero inevitable. Cada obra, cada poema y cada verso se revela en nuestro espíritu. Somos la música misma de cada composición; nuestro ser acordado se manifiesta en cada una de las músicas del poema:
“La belleza es la posibilidad que tienen todas las cosas para crear y ser amadas.”, dice Valle-Inclán en su fastuoso libro La Lámpara maravilllosa.


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Me llega una carta del poeta  Á. G. L. manuscrita y una caja cargada de libros, de sus libros de poemas. La he leído en varias ocasiones e incluso le he dicho a M.C. que la leyera en voz alta para poder escuchar las palabras con los ojos cerrados. 
La caja de libros está junto a la mesa. He abierto algunos de los volúmenes, de las primeras ediciones de las ya avejentadas páginas cargadas de frescos poemas. Cuánta poesía frente a tanta estulticia contemporánea. 
Leo un poema, acabo con otro. Agarro la edición de Memoria amarga de mí en ediciones Albatros, de 1983. El título es un homenaje a José de Zorilla y fue así ya que, todavía en estos tiempos, los poetas eran ante todo lectores de literatura. Más tarde, releo los poemas estoicos de Trasmundo, en la edición de Editorial Oriens, publicado en Madrid en 1980. 

Morir con la esperanza
de seguir siendo un muerto.

Romper de estas palabras
lo que lleve al recuerdo.

Ser un trozo de nada
bostezando en lo eterno.  

Me encuentro, además,  con la edición de Medio Siglo, cien años editado en la Colección de Poesía Juan Ramón Jiménez, en 1988, cuyo diseño corrió a cargo de J. C. W. Este libro ganó el Premio Hispanoamericano de Poesía con un jurado presidido por Claudio Rodríguez y eso, esa anécdota, me emociona y sobrecoge. Libros, poemas, la poesía viva de un autor que me escribe desde el otro costado. 




martes, 2 de abril de 2013

SIEMPRE los poetas deambulan por la esencia. Son siempre allí. H. Hesse: "Para el artista creativo la realidad de las sensaciones, del tiempo, del espacio y de la causalidad tiene que estar fuera de duda, como algo esencial, ya que son sus únicos medios de representar y de convencer".

domingo, 31 de marzo de 2013

DESDE ayer leo Lecturas para minutos de Hermann Hesse. Tras cada lectura necesito volver a reconstruir mis ánimos, por asombro y porque acabo desnudo de espíritu. Tanta lucidez y, al tiempo, tanta claridad negro sobre blanco me abruma: "El oficio de poeta es sagrado y lleno de renuncias, y no permite desviarse de lo trágico a lo social". 
Leer este pequeño fragmento me ha reconfortado sobremanera, pues en no pocas ocasiones he utilizado esos términos para referirme a la relación entre el individuo y la sociedad, entre el poeta y lo social. 

Sin embargo, hay un pasaje que versa sobre la soledad del artista que lo he subrayado en el libro por entero y hasta el hastazgo. El texto es el siguiente y es una lección profunda de la condición del poeta. Me he acordado de J.S.M. cuando lo he repasado y reescrito, también de Pessoa, pero, sobre todo, de Rilke: 

"La soledad del artista, y en general la del hombre de talento, me parece inevitable, lo mismo si tiene suerte y éxito como si no. Igual de comprensible y, en el fondo, igual de bien me parece que la persona dotada de talento note, antes o después, la vacía y triste limitación del hombe medio, y tenga que rechazar esa observación, porque al final le llevaría a una falta de amor y a un desprecio de los seres humanos que él tampoco soportaría. Pero la gran soledad, a veces heladora, del artista o del pensador  en medio del hombre adocenado, oculta o no, está siempre presente, es el precio que pagamos por lo que poseemos de más". 


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Entre un fragmento y otro intercalo los textos de Siguiendo mi camino, de M. W. Siguen motivándome los pasajes en que el autor de Libro de réquiems lo hace desde la plenitud de su voz, es decir, cuando escribe desde su propia condición de ciudadano europeo. En esas añoranzas encuentro muchos resquicios por los que ir pergeñando una propia teoría del poeta contemporáeno, del joven escritor que comienza su camino. Nunca un determinante estuvo tan ajustado a la realidad, pues, para un escritor o un poeta o cualesquiera de las condiciones del creador, lo fundamental es la personalidad creadora. Sin esa condición y esa consciencia, sin la manifestación de la propia e individual creación armonizada en lo universal, todo arte es yermo, efímero, mutación perecedera. Afirma Mauricio Wiesenthal: "Creo que la poesía comienza siempre en la periferia de la realidad y en las fronteras de la música donde se difuminan sus perfiles. Las palabras deben adquirir un significado nuev en cada poeta, de forma que provengan  de un léxico interior: un lenagujae tan íntimo que parece inaudito y eterno".   

***

Antes de que la noche irrumpa con su luz, leo con Hesse:

"Para el poeta, el lenguaje no es función y medio  de expresión, sino sustancia sagrada. como lo son los sonidos para el músico".

    

sábado, 30 de marzo de 2013

TIENE razón T.S. Eliot cuando afirma que en la lectura de poetas que escriben en otras lenguas puede uno llegar a comprender pequeñas virtudes de capital importancia. Es cierto que existe, en esta posmodernidad recalcitrante y de tan poca entidad intelectual, el afán de que los escritores deban manejar múltiples idiomas, ser guionistas de cine y televisión, fotógrafos, eruditos de realidades insignificantes, ser traductores y haber leído al último autor perdido de la República de Nomacanga; todo ello dejando a un lado a Virgilio, -por antiguo-, o al mismo Dante, -que ya ha sido leído, como suelen decir estos eruditos- o a Platón -que dicen superado-. Falta literatura en la literatura actual y, sobre todo, la consciencia de que en Occidente todavía están por leer los grandes autores de todas las disciplinas. Hay que leer, leer, ahora más que nunca, descabelladamente, contra la estulcticia y el vacío de las sociedades adocenadas.

La supremacía de la tecnología sobre la lectura silenciosa y el diálogo de café ha tenido unas consecuencias muy graves en la literatura naciente. En primer lugar, la falta de diálogo es la señal indiscutible de la falta de humildad. Quien no dialoga está sumido en un volcán de vanidades que no puede controlar. El diálogo es la entrega con la palabra al otro. Le ofrecemos lo que somos en las palabras dialogantes, en las que supuran necesidad de aprendizaje. Sucede, por contra, el silencio y los ensimismamientos, tan tristes e innecesarios para la literatura.   

Por otro lado, he visto cómo me decían a la cara que la poesía no era Dante, que la poesía no era J.R.J. o Rilke, sino los autores de la experiencia. Hasta escribirlo me provoca pudor. Incluso afirmaban que la poesía era metro, era medida y que los versos sin medida eran aguachirle. Me lo decían universitarios que se pensaban preparados para asentar, en las mentes plebeyas, qué es la literatura. Algunos de esos jóvenes siguen escribiendo y ganando premios literarios y expresando en el ámbito público su opinión. Los propios profesores de universidad pretenden enseñar poesía sin haber leído a Baudelaire o a Petrarca o tratan de explicar qué es la novela sin haber pasado sus retinas por Tolstói, por ejemplo. Escribo siempre a favor de la literaura, en defensa de la cultura ancestral de la palabra, no contra nadie ni nunga idea.

Por último, dejo para otra ocasión una reflexión somera sobre las relaciones entre literatura y otras disciplinas que tanto auge tienen actualmente. Creo, abiertamente, que el cine y las artes audiovisuales han empobrecido a los escritores, los ha reducido a meros aplicadores de técnicas superficiales, impersonales, dejadas al poderío de la técnica. Eso se nota en la falta de emoción y de misterio en las obras narrativas y poéticas, en la ausencia de la personalidad creadora. No basta con saber contar una historia o saber captar un instante a la manera del cine o de la fotografía, sino hacer nacer la emoción del arte. Hoy más que nunca hay que pronunciar ese término para resemantizarlo: la literatura es un arte. Nadie es artista de buenas a primeras, por mucha técnica o por mucho oficio que se posea. 
Todo es tan aséptico, todo está tan sometido a los ajustes de la técnica, que el escritor joven piensa que eso mismo es la creación literaria. No olvidemos que para saber qué somos y quiénes somos necesitamos ser otros, aprender de los otros para dejarnos a un lado y poder contarnos o convertirnos en poesía.         

Decía que Eliot nos abre un camino imprescindible: el del diálogo en silenco con otros autores. Esto supone el envés de todas estas modernas y pasajeras tendencias. Estos pasajes de entrega y entendimiento me resultan fundamentales en estas décadas en que cada uno se encierra con sus pretensiones sin admitir sus carencias, sin admitir magisterios de ningún pelaje. Me pronuncio ahora contra todo eso, contra la invasión de la egolatría y la vanidad en la literatura y reclamo la apertura al magisterio de los maestros antiguos, la lectura y relectura de los textos que han formado lo que somos, tanto en lo individual como en lo social e histróico.   

viernes, 29 de marzo de 2013


25 de marzo de 2013

AYER estuve paseando con Fernando Pessoa en Portugal. No había dejado de pensar en él desde que estábamos proyectando visitar Portugal. Me ha sucedido siempre, Pessoa ha sido la personificación de la melancolía portuguesa y, al tiempo, el que procura desvelar qué es el yo que no conozco.
Después de catar la cataplana de rape y el vinho verde casero que nos ofreció el cocinero Pontinha, pude ver que Pessoa ya estaba esperándonos en el puente. Reclinado, con el abrigo negro y su sombrero verdáceo, leía con la tranquilidad con que fluía el río. Era un heráclito cristiano. Al acercarnos a él en el puente romano de Tavira, E. comenzó a mirarlo todo con una extrañeza inusual. Pessoa se alegró al ver que llevaba a E. en los brazos y lo primero que hizo, casi sin saludarnos, fue lanzarle los brazos, a lo que E. contestó con un salto que terminó casi tirando al suelo al poeta.
E. le agarro con dos deditos el bigote y Pessoa reía, reía con todos estos gestos que pensábamos imprudentes. “No, no”,-nos decía, en su limpio portugés-, “la vida, hay que dejar que se manifieste la vida y nosotros en ella. Seamos lo que seamos, seamos quienes seamos”. 
Más tarde, M.C. decidió ir con E. a dar un paseo junto a la ría. Nosotros nos quedamos tomando café y dialogando. No dejé de decirle al poeta que el diálogo era ya una forma de entendimiento absoluta, para mí, fundamental. Él, decía, con cierta solmennidad, se puede dialogar en el silencio y en la soledad. 
  
 26 de marzo de 2013

LLEGAMOS a Faro por la carretera nacional que bordea la costa, la N125. El olor de la tierra húmeda ya anunciaba la claridad de la costa. Las ciudades que dan al mar dan otra vida a sus ciudadanos. En Faro tomamos café, un exquisito café en el centro de la ciudad y degustamos un delicioso pescado fresco, recién sustraído del mar. En este caso, bacalao. 
La tarde iba cayendo con una melodía de encina que pronto volvió húmeda no solo la tierra sino la noche toda.Vimos la serenidad de la playa solitaria y quizás allí nos vimos los tres, en multitud de ausencias, en el himno prelado de la tarde susurrando nuestras figuras emparentadas.

27 de marzo de 2013

Olhao, el puerto pesquero. Olor a óxido y a ceniza. Centelleantes luces sobre el mar. Una conversación soberbia con un poeta lisboeta que anhelaba el Sur. Nos conocimos porque me estaba tomando una cerveza mientras leía a Dante. Rilke, el poeta nombró a Rilke y a Hölderlin. Y a Pessoa, pero sobre todo a Dante. No dejé de escucharlo, pues se reconcentraba en sus ojos una melancolía súbita, un reflejo permanente de la vida aquilatada de ausencias. Le dije que había estado con él días antes y que E. le había tirado del bigote… el poeta lisboeta reía, pensaba que era una exageración. 
Cuando nos despedíamos me preguntó qué era la poesía para mí. Le dije: un centro, un centro indudable, del que no sé nada, del que nada entiendo, pero en el que la poesía se manifiesta sin ambages y en el que uno no es nada, es nadie.  Ese centro es el ser mismo de la poesía y solo se entiende con razones luminosas.Cuando levanté la cabeza ya no estaba. ¿Una ensoñación, alter ego, el diálogo en silencio y soledad? 

28 de marzo de 2013

Toda la mañana en la Isla de Tavira. Desde una isla la poesía se lee con una portentosa añoranza. La poesía en una isla es la luz de esa isla y son las aguas que bañan la isla. Llevaba un libro de T.S. Eliot y otro que Pessoa me había regalado: una traducción de algunos pasajes de la Commedia, de Dante. Trataba de concentrarme en esos pasajes en portugués para tratar de  reconocer en la lengua lusa alguna cadencia que pudiera trasladar a mi lengua materna, el español. 
Nos sentamos en un bar que asomaba a una inmensa playa y allí nos acompañaba un matrimonio joven, que acababan de llegar de Londres. No hablaban español. Vivían cerca de Kesington Park y estaban explorando el sur de Portugal.

29 de marzo de 2013

Una luvina en Sem espinhas ha dejado impregnada la esencia de Portugal en nuestros recuerdos. Un pescado fresco, de natural paladar, elaborado en su punto exacto de sal. Cada bocado era un humedal y una decadencia.  Noto el aire mineral portugés. El viaje ha efectuado de nuevo su acción: renueva al ser, lo transpone, lo hace débil y, sobre todo, dialogante con las miserias personales. 
  

lunes, 25 de marzo de 2013

ANTE realidades extraordinarias solo cabe la fuerza de la imaginación.

Detesto al técnico artista que concibe todo como un libro de instrucciones que se aplica sin más.



PASAREMOS unos días en Portugal, cercados de naturaleza y de bien. Nos iremos los tres y ultimamos, en estas horas, los preparativos. M.C. pregunta qué libros vamos a llevarnos y lo hace como si estuviera planteando la última encrucijada de esa cuestión. Ante su pregunta, le contesto con otra duda más peliguada y quizás más difícil de solucionar, libros para unos días o para siempre. Tengo la impresión de que ella había verbalizado la pregunta llevada pr los ánimos del placer de leer, de escoger este y no aquel libro, de ejercer, por unos minutos, de tiranuela de la biblioteca. 

Con todo, pensamos en los autores que son la Literatura y que ni siquiera voy a rescrbir en este diario, pues han aparecido y lo seguirán haciendo de continuo. Ella mira un ejemplar y otro, guarda en el bolso poemas, historias, relatos, novelas, ensayos, ...una amalgama de estéticas vertidas por una sola mano que me apabulla y completa de felicidad. Ser lector de un reino protegido y habitar las páginas de ese territorio.

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Tramando una novela o un relato largo. Tomo notas, pienso en la estructura y en los autores admirados; en la prosa misma que debe uno emplear y en las llamadas historias que laminen la novela o el relato largo Su extensión quedará sujeta a su propia naturaleza, su fisonomía es un enigma para mí. 

Necesitaba el estímulo del recorrido mantenido por la prosa. Comienzo y renuncio, tanteo y escribo. Es otra disciplina, otro abismo en que tan solo he puesto los dedos de los pies, pero en el que atisbo que sin emcoicón y fervor y naturalidad nada vencrá a ser verdadero, tan solo fría técnica, palabras superpuestas e innecesarias. La novela no debe colmar un yo en que trate de reflejarse los métodos del artesano, antes al contrario, como en toda literatura, el autor debe quedar en su estilo, en el convencimiento estético del mundo verbalizado. Para ello la artesanía deberá quedar velada por el afán de belleza. 

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Aprendo de todos y de todos escucho. En los actos de los demás proyecto los propios y los pienso y los reflexiono, sobre todo aquellos que están ligados a la ética-estetica. Escribo y pegunto para anotar en el espíritu las reminiscencias de lo vivido. 
Es un tiempo de encrucijadas, de proufundas confusiones y de tremebundas falsedades. Vivir sin estar viviendo, pero co la raíces bien sujetas a pesar del viento sucedáneo de tanta falsedad en la literatura. Es a la literatura a quien debemos respnder no a los que se piensan literatos. Siguiendo mi camino, me digo en susurro, siguiendo mi camino, con M.W. Lo hago mientras leo la carta de "Lord Chandos", de Hoffmansthal, y abriendo mi alma y mi humildad plenamente a la literatura verdadera, pura, esencial, en la que uno es nada, en la que uno es nadie.  

domingo, 24 de marzo de 2013

HOY he retocado el poema dedicado a J.L.B.

Ignoro si este verso, estas palabras,
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Un señor comienza a leer los poemas de Leopardi. Contempla y se anega en el infinito, sobrevive en Recanati, admira a Dante y se embelesa con la Ginestra. Al cabo de un tiempo, abandona la lectura. 
No lo hace porque ello suponga un cansancio sino porque vivir la lectura condensa y extenúa la existencia. Abandonado de sí, el lector ha explrado los territorios que jamás hubiera conocido llevado por su solo entendimiento. La lectura es una entrega a la visión de los otros, los escritores, que trenzaron las palabras para crear una mirada perenne de la condición humana. 
Cada lector la contempla, como el río de Heráclito, fluyente e inalterable, con las aguas especulares que, por momentos, trazan la figura y el rostro de un ser ya contemplado. 

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Una luz con el tiempo tan adentro
que todo lo pronuncie en su origen.

sábado, 23 de marzo de 2013

CIELO de lino con asomo de tormentas. Lenta meditación de los pájaros en el árbol. Contorno desfigurado de los objetos en el horizonte y sueño de paz, de idilio, de misterio. 

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Ayer hablaba con Montero Glez de literatura. Estábamos en Sanlúcar y tomábamos un café cuando la tarde terminaba de fundir sus oros con el mar. Aldecoa, Valle-Inclán, Hemingway...todos los escritores a los que se refería Montero parecían cantaores flamencos o toreros en retiro, vestidos de corto. Lo hacía con pasión, mostrando su admiración hacia ellos y, quizás, el deseo de alcanzar en sus libros el resorte de los buenos escritores. Ay, cuánto vale un quejío, el duende, en literatura. De ahí, al mercadeo, "no conozco las modas", decía, "solo la Literatura". Y yo reía con el equilibrio del centro y apuntaba en una libreta algunas impresiones.¿Has leído La lámpara maravillosa?, pregunté. "Soy de Luces", macho, contestó.Reíamos, pensábamos, leíamos en imaginación.


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Me limito a estar y a contemplar, estoicamente a vivir la literatura.