domingo, 31 de octubre de 2010

Llevo varios días sin escribir nada, ni siquiera tomando notas sueltas en los cuadernos que me acompañan. Leo, de vez en cuando, el libro maravilloso de J.J.L. y algunas páginas de la novela que tiene como protagonista al pintor Rothko. Sin embargo, he terminado de leer las notas del diario de Los cuadernos de Rembrandt que corresponden al año dos mil cinco. Me he quedado prendado con la pausa de la prosa del escritor que ya tiene ochenta años y que retiene, todavía con vigor, la lucidez necesaria para no caer en sectarismos ni en prebendas a la ideología.
Cuando termino de cerrar el libro, que es una delicia editorial, continúo con el verbo poético de A.G.L. y me detengo en un libro prodigioso, Glosolalia. Y con él, ante la la luz de su palabra, me
escondo de la miserias de mis oscuridades.
***

Estuve hablando con el poeta C.G.A, que dirige una colección importante de poesía en nuestro país. Lo saludé y le dirigí unas palabras sinceras, de bienvenida. Estuvimos tomando un café durante el descanso de un congreso de literatura y nuestro diálogo fue tomando distintos derroteros, ya que los dos somos profesores de la materia de marras. A sabiendas de su dedicación como director de la colección, le estuve hablando de mi fervor por la obra del poeta A.C. incluido su último libro de prosas Tres tratados de armonía. Ante esta insistencia por mi parte, el poeta quiso decirme que ya que conoce personalmente al poeta, le parecía que estaba escribiendo casi siempre el mismo libro.
Estoy con él en esa afirmación, los poetas escriben siempre el mismo libro, no pueden escribir, como hombres, sobre otros asuntos. También le dije que, aunque escribiera uno siempre el mismo libro, tendría que aprender que las palabras, como decía Platón, llevan a la cosa y que si utilizamos y nos valemos de otras palabras, aunque en el fondo pretendamos llegar al mismo paradigma semántico, lo haríamos por un sendero inexplorado. Y eso, de ello estoy cada vez más convencido, es la literatura: los diversos caminos de la palabra que desembocan en las mismas aguas. Por este motivo, sus palabras que escondían cierta reprimenda, para mí son elogiosas hasta el fondo.