miércoles, 9 de febrero de 2011

El primer artículo que escribí en el semanario de mi pueblo tenía, como eje central, la nave de los locos. Esa era, por entonces, la mejor metáfora que encontré para abordar cómo la sociedad me resultaba totalmente descabezada de inteligencia y convicciones. Probablemente, mi cercanía al mar me hizo pensar instintivamente en aquel tópico que tan bien se ajustó a lo que quise expresar.
Con el tiempo, algún familiar me ha ido recordando, de vez en cuando, aquel artículo iniciático de hace ya unos años, en que puse, pienso ahora, buena parte de la visión oracular que me acoge estos días.
Hoy sigo pensando con los mismos términos. Asisto y me hacen participar en una pantomima, vestido de personaje de comedia italiana para que actúe por las mañanas. Entré en cólera ante el hedor a estulticia y a tontuna, a pesar de mis gestos diplomáticos y mesurados. Y no puedo dejar de escribir que, en alguna ocasión, alguien debe decirle a otro que si su vida es similar a la de los locos que se reunían en una nave a la deriva, allá él, pero que no empuje al resto a las profundidades. No seré yo quien los ate al mástil para que no salten.

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M.C. lee emocionada Tutti i racconti y, cuando termina con alguno de los cuentos que más le entusiasman, comienza una diatriba oral sobre los prodigios narrativos de Primo Levi. Al escucharla siento una calurosa envidia, pues los lee en italiano con bastante soltura. Hace referencia a un personaje que va apareciendo en varios cuentos que poco tienen en común excepto al personaje de marras. Es un vendedor de aparatos estrambóticos y peculiares, máquinas, por ejemplo, para versificar, il versificatore. Introduce uno tema, la época, tipo de estrofa, incluso el tono. Cuando me explica todos los detalles del cuento le digo que ya podemos ponerle un membrete a esta época de poesía, i versificatori, el honor al personaje de Levi que ficcionalizó lo que sucede en la actualidad con los versificadores sin poesía. Al término le pregunté si nadie había inventado nunca una máquina para hacer realidad ciertos sueños, como el de la nave de los locos, para poder embarcarme en ellos.