viernes, 25 de febrero de 2011

Hace unas horas, comencé a escribir la columna semanal que, desde hace siete años, mantengo en Información Sanlúcar. Es, sin duda, uno de esos ejercicios que se amolda a la necesidad de estar revisando los vericuetos de la infancia desde la atalaya de los días venideros. En esa columna, vierto no pocos recuerdos que aún perduran y se sazonan en la actualidad. Con todo, lo considero un intento de inmiscuirme en el desarrollo moral de los ciudadanos a sabiendas de su corto alcance.
Esta circunstancia ha provocado que esta mañana haya escrito a cuatro manos durante un buen tiempo. Por un lado, la elaboración de la columna fugitiva de prensa; por otro, las líneas que forman la entrada de hoy en el diario...tdo ello sin dejar de atender a mi cuaderno moleskine que posa con las piernas abiertas sobre la mesa.
Este diario, igualmente desde la distancia, se ve como un acontecimiento ajeno que se ha apropiado de unas virtudes y que se ha agarrado a no pocas deficiencias y manías. Se ha producido una merma en sus fundamentos lingüísticos y en la sustancia que lo atravesaba. Antes, invadían estas páginas libros, reseñas, menciones, subrayados y cualquier otra circunstancia de este pelaje. En cualquier caso, estas lecciones son de uno y no necesitan más justificaciones. No por dejar de mencionarse permanecen olvidadas las páginas leídas o los subrayados que garabateo en los libros. Ahora resuenan cifradas, subsumidas, infrascritas como un acuífero al que, a poco de tentarlo, estalla por de dentro.

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Indica Stravinski que al artista le falta la sensación misma de la cosa. Después de leer la sentencia me veo en la incertidumbre de trasladarla a las letras a sabiendas de que la música actúa en otra dimensión de conocimiento y de belleza. Sin embargo, esa falta de sensación misma de la cosa es la falta de conocimiento de la cosa misma. En otras palabras, J.R.J. desarrolló su obra volcando sus esfuerzos en esta finalidad. El resultado, como en otros poetas como Baudelaire, Rilke o, anteriormente, Dante, es una obra artística que ha proclamado una vía de acontecimientos estéticos. Esos acontecimientos estéticos están prensados por una continua reflexión y un muy profundo acercamiento a la filosofía. Es el caso del mismo Stravinski, de quien me subyugan más sus reflexiones que su música. Por ejemplo, dice Stravinski: “melodía es el canto de melos, `trozos de frases´. La capacidad melódica es algo que no podemos desarrollar con estudios". Estas palabras valen más que cualquiera de sus atrofiadas melodías.
Por tanto, todo arte supone un trabajo de selección. Esa selección puede empezar a funcionar antes de la ejecución, pero casi siempre sucede durante la ejecución, esto es, es la ejecución la selección misma.