viernes, 11 de febrero de 2011

En el concierto de piano, me sorprendió una pieza de Schumann, Kreisleriana Fantasien Op.16, interpretada por Rosa Torres Pardo con una soberbia y una personalidad extraordinarias. Fue realmente emocionante. Hacía tiempo que un concierto no me sobrecogía de tal forma. Además, terminó interpretando a Manuel de Falla del que hacía tiempo que no escuchaba de nuevo algunas de mis obras predilectas de su repertorio.
Por lo demás, los acordes de Schumann siguieron resonando en la noche con la ingravidez de un fruto auroral y el día tomó de la música, acaso, una conciencia que no le pertenece.

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El recuerdo sucede en Perugia, mientras leía la obra de Dante. Recogido, en las mañanas mientras esperaba la llegada de M., leía incesantemente la Comedia. Hasta estos momentos, no he percibido que ha sido, sin lugar a dudas, una de las grandes experiencias lectoras. Una lectura de transformación, de incidencia directa sobre mi persona. Trastocadora, vertical, decisiva. Después de leerla, admiré a Cervantes y a Virgilio sin mesura. Y terminé adquiriendo una nueva percepción de la poesía, la que me ha dado más lucidez y claridad y algún sentido de lo poético si es que lo poético posee algún sentido.