martes, 30 de agosto de 2011

PARTIENDO de la luz donde solía venir su luz, un estado ciego y de trascendente calma templaba la música del estarse de la tarde. Enfrente de la arena, enfrente del río abocado a la inmensidad del océano, te desprendes, Betis, en la multitud de lenguas engreídas que te dictan. Tu curso es mi curso, pues son meandros los pasos del caminante, tu curso es en sí mi curso y contigo voy cursando los albores del mar abierto. Rozas el friso de eólicas cariátides con tu tacto de verdura y miembros tristes. Eres caballero sin sol y tus hechuras destacan la tierra abierta de los cerros antiguos. Crepita en tu silencio la aurora en la marisma, los pájaros orillan tus incipientes sílabas. Trazas, sobre la geografía del valle de occidente, un nuevo discurso mensaje del tetrarca. Luces, miasmas, vuelos altivos de la noche en tu serpenteo, irradias el reflejo de los músicos ciegos, levantas transparente el dulce meditar del crepúsculo habitado. Ya están vivíficos los salmos del talmud que memorizo.

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ES, pues, una características del diario. Cabe todo y nada, puede dejar uno solo la fecha del día en que pretendió escribir para que el receptor tome esa elipsis inmensa como un acto comunicativo y estético.

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31 de agosto de 2011

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ES TAL su naturaleza proteica que a continuación el escritor puede ensayar con un poema o con un fragmento dramático en el monólogo del diario. Cabe destacar la capacidad micronarrativa, -ahora que están todos obsesionados con los microrrelatos-. E, incluso, el escritor puede permitirse romper el decoro y el ornato a la medida de su antojo. En un punto, se rompen y se crean todas las normas de lo literario. Aparece el prosaísmo y sin duda la prosa esbelta y densa, un pensamiento recogido en la calle junto a las páginas de Platón, el más grande de los hombres que han vivido. Un diario puede mantener la misma tensión narrativa que cualquiera de las mejores novelas escritas y, al mismo tiempo, conjugar las reflexiones respiradas de la noche. Se alternan la tercera, la segunda y la primera persona en la escritura incluidos los plurales y no ocurre extrañamiento en el lector por ello. Un día puede uno pensar de una manera y al día siguiente refutarlo todo; pueden inventarse el vuelo de los pájaros que jamás vimos. Incluso hay quien registra sus deméritos y actuaciones histriónicas a las claras del diario.

Esta sinfónica creación, -que no es nueva ni pretende serlo-, tiene la costumbre, además, de poner al escritor en una encrucijada a diario, en un jardín de senderos que se bifurcan. Ni un solo día quedo satisfecho con la opción escogida y eso provoca la indagación, la vuelta a atrás, la relectura, el nuevo planteamiento de lo viejo, el dirigirse a la deriva sin más ni más. Además, oh maravilla, el escritor de diarios sabe de antemano que jamás tendrá la necesidad de darle a un público masivo lo que pide o solicita pues, el diario es, junto a la poesía el género puro de la prosa; es el lugar en que, si la prosa es potente y poderosa, no necesita ningún artificio más que el discurrir de su música. En cualquier caso, una metamorfosis continua y solmene que se ejercita dentro de cada uno y que extrae, con la envoltura de la sinceridad, las palabras más ajustadas para decir lo humano que nos recorre, lo humano que nos define.