martes, 15 de marzo de 2016

¿Y es más cierta esta luz de entre los montes
que el caudal de tus brazos en mi pecho;
entiendes qué ladera y qué germen
vivo nos atraviesa en la concordia
de los vastos ramajes de la noche?

Pleito del ser es ser sin la figura

[...]

lunes, 14 de marzo de 2016

NO es la imagen de un cuerpo ni belleza
reflejada en el surco de tus labios
es el seno volcán cuando te amo
y te arrastro maltrecha ante mis versos;
es el modo latente de la vida
la claridad profunda y la conjura
hacia el blanco latir de la existencia
[...]

jueves, 10 de marzo de 2016

LO PRIMERO que advierte E. del cuadro es el perro. Ante el silencio de M.C. y el mío propio ella me hace poner la atención en el perro. Sin saberlo, E. me estaba enseñando a observar el cuadro por vez primera, con su mirada prístina, con su retina de azul cristalino. Nunca Las Meninas cobraron tanta fuerza pictórica ante mis ojos.
Tratábamos de atisbar cómo el óleo transmitía una atmósfera, una cadencia rítmica sobrecogida por el instante. E. ,sin embargo, lo resumió todo con el decoro más atinado. El perro, la niña tiene la pierna sobre el perro para que no se mueva porque es travieso, decía.
Nunca antes había tenido la sensación de que el perro, en la escena, cobrara más significado que el de un elemento subordinado, accesorio. Nada más lejos de la realidad, cuando la mirada, como decía Berger, se centra en ese enigmático mastín, envirotado y tan quieto, presiente que el pintor quiso otorgarle, precisamente, un lugar importante en la composición.

Recojo de los estantes libros. Los leo, anoto en ellos, como en una piel secreta, y trato de trazar un hilván inviable entre lo que sucede en sus páginas. Con este ejercicio, este juego, intento mostrar la huella invisible y eventual de loa figura de un lector, ¿yo, acaso, el que siempre dejar de ser?

Libro de Job, "Elogio de la sabiduría": "Explora las fuentes de los ríos y saca a la luz lo oculto".



martes, 8 de marzo de 2016

Prístina estación


AL ESCRITOR  le deberían importar tres cuestiones: la inmortalidad del alma (de Platón), la trascendencia de las artes como forma estética de expresión ética y la causa prístina de la propia vida como naturaleza desnuda.  Sean estos elementos definibles o no, sean estos elementos mera fabulación, desvían las letras de la mera vanagloria, -patética y triste-, y la dirigen hacia lo incierto, como deseaba Hölderlin.  

lunes, 7 de marzo de 2016

Glauca melodía

ESTOS días, reconversión. Vuelvo a leer desaforadamente: Petrarca, también a Dante. La claridad de esos textos cada vez es más diáfana, glauca melodía para la consciencia. Además, leer, en estos tiempos, se ha convertido en un ejercicio único de pensamiento. Ahora todos opinan, como decían los filósofos antiguos, fundamentados en la doxa: la cascarilla del tema. 

Leer es pensar, articula la emoción en una continuidad, la memoria. Y la memoria literaria conduce a no cometer desvelos ni desvaríos poéticos como los que, en ocasiones, leo. El verbo contiene la esencia de lo nombrado y eso hay que trasladarlo a la realidad poética. Enredado en váteres, periódicos, redes sociales, equipos de fútbol, canciones pop, realidades virtuales, perfiles y selfies...me quedo mudo y atónito ante tanta inmundicia, ante tanta tontuna y palabrería. ¿Ser moderno, actual? No quiero, no deseo esa disarmonía, vade retro, si es eso lo que la poesía actual quiere ser.  

Leer es pensar y vivir en solitario, con el texto como parte de nuestra vida, nuestra vida en el texto; en una palabra fecunda, en lo que Platón llamaba la semilla inmortal.  

domingo, 6 de marzo de 2016

"UN CERTO gusto...del bello o del brutto", así afirma Aretino, en 1557, en el volumen titulado Dolce. Representa este aserto una síntesis de lo que Peter Burke denomina "El gusto" en la etapa renacentista y que con tanto tino expresa en El Renacimiento italiano (Cultura y sociedad en Italia). 
El lector comienza a leer estas páginas para tratar de comprender, con todas las aristas posibles, cómo funcionaba el arte en otras etapas, periodos elogiosos y que terminaron por producir textos y obras artísticas de incuestionable validez. Leo y releo las ideas del Reancimiento, el contexto cultural que englobaba a los artistas, las reflexiones que circundaban a las creaciones, las lecturas que de tiempos pasados hicieron estos autores.

Cae uno en la cuenta de la cultura que se manejaba en el mundo artístico y lo confronta con los referentes actuales. Me fascina sobre todo la interelación de las disciplinas artísticas y la consciencia de los creadores en atender a las diversas manifestaciones como forma estética de entender, complementariamente, el mundo. Esa cosmovisión frente a la decadencia lectora de la actualidad me congratula y acerca más a unas lecturas que a otras. Y me hace escribir, en este diario, que no es poca cosa cuando faltan los estímulos. Como decía Pietro Bembo: Belleza=Naturaleza=Razón=Antigüedad. 

sábado, 5 de marzo de 2016

AFIRMABA el músico italiano Francesco Giorgi, franciscano y ciudadano de Venecia, que todo respondía a la armonía de toda la creación y esta, a su vez, y con ayuda de entendimiento de los judíos venecianos, de los sephirot. No queda aquí el caso pues el autor, de gran reputación en su tiempo, añadió las ideas platónicas para conformar toda una teoría como armonista. Para ello se propuso escribir un comentario a , ni más ni menos, que el Timeo de Platón. Fruto de estas tensiones intelectuales surgió el volumen harmonía mundo, publicado en Venecia en 1525. 
Tras leer al autor, sus ideas, algunas sentencia brillantes y sugerentes, me quedo toda la tarde pensando y reflexionando sobre un enunciado: " Las notas del heptacordo corresponden al alma". 
A las notas del heptacordo sumo las cuatro fuerzas fundamentales que actúan sobre la materia: gravitatoria, electromagnética, nuclear fuerte y nuclear débil. 
Con todo, arrimado al silencio que proclama este gris y este silbo del viento en la ventana, me quedo en mí, tanteando con la razón y la emoción la materia natural del espíritu. 


viernes, 4 de marzo de 2016

LA CONMOCIÓN por el verbo y la reverencia a la esencia de lo nombrado. Cuando el escritor adquiere la posición en el mundo, la realidad toda, y comienza a contemplar la realidad toda sucede la revelación. La palabra dejar de ser el único instrumento de comunicación con la armonía y, paradójicamente, como no puede ser de otra manera, la desorientación, la pulsión con lo inefable va adquiriendo el matiz de realidad. Es el estadio en que el silencio toma la casa del verbo y lo desvanece todo en una conmoción. En esa conmoción el poeta comienza a dejar de ser lo que hasta ese punto creía haber vivido y pensado. El sonido multiforme de la soledad se apodera de él: llega al momento de la renuncia. 
En esa hora de la renuncia, de incomprensión total por parte de nadie ajeno a su consciencia, muchos poeta se hacen reticentes a abandonarse; siguen prefiriendo el canto de sirena de los halagos, las coronas de laurel disecado y los elogios de los grillos que cantan a la luna. Existe el poeta que defiende la idea de la esencia, pero que actúa en la acción de la vanagloria. Sus textos reflejan ese sesgo de mediado, bifurcado entre lo que desea y lo que hace. 
Escribir poesía es no escribir poesía de ahora, no existe el membrete adjetivar para poesía: poesía es sin tiempo, poesía no acoge los vericuetos de lo eventual para alzarlos a categoría. 
El estado general del poeta, por siempre, es la incomprensión y acaso la insatisfacción de su existencia. Cuando un poeta está conforme con lo que nombra es residuo él mismo: no acaba de entender las dimensiones cósmicas en Llads que vive, cree que su palabra es la realidad misma, que lo que nombra es lo capital.

La poesía ha marcado desde su nacimiento una relación del hombre, del poeta, con la realidad. Platón ya acogió este conflicto y él mismo cayó en contradicciones dada la complejidad del asunto. Lo nombrado, la cosa misma, el camino al bosque, los límites del mundo no son los de las palabras; la palabra es nuestra forma, no la única, de conocimiento más humanamente razonado, el que creemos entender mejor; pero la poesía es creación, es revelación, es alethéia, es transformación y permanencia. 


miércoles, 2 de marzo de 2016

TODO se compone de actos y delirios: comprar libros en Madrid; leerlos en el parque, en el metro, acaso en el asilo de la noche; anotar en el cuaderno naranja algunas impresiones tumefactas en la consciencia. Leer como acción en los espacios de la ciudad y sostener la cadencia de la lectura resultan ejercicios de artificio individual. 
Predomina el desdén en estos tiempos, la rauda estación infeliz que azuza y cercena las contemplaciones. Con E. de la mano escojo libros bajo el sol de la Cuesta de Moyano; el librero se queda mirándome cuando observa que agarro una edición de un novelista de los años 50. me pregunta qué me interesa de él. Le digo que no hace mucho tiempo, en la literatura existía un principio casi inviolable: la conmoción por el verbo, el deseo de la palabra en su esencia. 

 

miércoles, 24 de febrero de 2016

ESCRITOS leídos en la puerta de un retrete del salón de la fama literaria:

La tontuna ha terminado de invadir definitivamente al mundo literario en España.

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Diferencias de épocas: antes, sobre Antonio Machado, escribía Dámaso Alonso o María Zambrano; ahora, una jugadora de videojuegos aficionada a Facebook que gana premios escribiendo...

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Que un tío que no sabe ni escribir un verso por derecho obtenga una mención es como darle una migaja al gorrión que se posa por las tardes en la ventana de una cocina. Peor aún, el gorrión es verdadero, ese poetastro, un ser infame. 
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Un verso bello, por favor, poetas del momento...no seáis más gusarapos de lo mediocre. 
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Está bien que uno mantenga el respeto, pero faltarle a Poesía me hace un Juan Ramón de lo intolerable. ¡Váyanse, larvas barbipeludas, de Belleza! 

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Parece que ahora existe el profesional que vive de los aledaños de la literatura: radio, presentaciones, prólogos, premios, antologías, premios de la crítica, crítico de los premios, revistas..siempre los mismos nombres de esa escalinata de opereta y bufones . ¿Para cuándo la historia verdadera de la nada literaria? 



martes, 23 de febrero de 2016

Los raros decadentes y el arte del silencio

RUBÉN DARÍO fue un escritor indolente. Uno de los libros que más me fascinan del poeta es el que publicó en 1893 y tituló Los raros. Estamos ante un libro juzgado por la crítica (ya saben, la universitaria y cegata) como libro de juventud.  Puede que nunca lo hayan entendido quienes lo han pretendido estudiar, pero dejemos el caso para otro momento. 

Darío estaba de regreso en Buenos Aires y contaba con la experiencia personal y artística de París, la ciudad que no se acaba nunca y que deja en la sensibilidad de cualquier bardo un poso de inexcusable atención. Tal es así que Darío escribe este volumen de retratos y semblanzas tan propio de la época pero dejándonos una lección de lector inteligente, que espiga en su momento la tradición que debe permanecer y ser entendida. Los raros propone, sobre todo, una forma de leer, la expresión a las claras de un lector de su momento que atisba, en el contexto lírico de su época, una raquítica y triste actualidad. Darío pretendía otorgar aire frasco a la lírica de su tierra ¿Podríamos escribir ahora un libro titulado así? 

Como el poeta declara en el prólogo a la edición española, fue tomado por "decadente" entre sus contemporáneos. Me fascinan las palabras, simples y diáfanas, que coloca para cerrar el prólogo: 


[...] "el mismo desdén de lo vulgar y la misma religión de belleza. Pero una razón autumnal ha sucedido a las explosiones de la primavera". [...] 

"Desdén de lo vulgar", "religión de belleza"...enunciados que convocan una posición inalterables del poeta ante el hecho poético ya sea en la primavera de su efusiva poesía o en el otoñal razonamiento de sus días. 

El primer libro que glosa Darío se titula El arte del silencio de Camilo Mauclair. El silencio, en el simbolismo, es la naturaleza misma de la palabra. El principio dador de verdad lírica. La mística pagan de los cementerios encendidos. 

Y aquí quedo en la mañana, de raros y contemplaciones y cuerpos desnudos de naturaleza. Tan solo acercando el latido concorde de la respiración soplo a aquello que desprende armonía y verdad. Lo demás, las hueras acciones, las palabras infames me provocan, cada vez más, indiferencia y sortilegio de humildad. Todo arte del silencio. 




sábado, 20 de febrero de 2016

Lector in fabula

CADA VEZ más, el Renacimiento y, como ya dije, el Barroco, haz y envés de la misma realidad.; por ende, el mundo grecolatino y la etapa finisecular del XIX hasta comienzos del XX. Estas épocas parecen poseer un hilo de Ariadna que las hilvana y congracia a pesar de las distancias temporales y las evoluciones científicas y sociales que en cada una se sucedieron. 
Con las composiciones de estas épocas me convierto en lector y escuchante y observador de la "naturalidad artificiosa". Con la poesía contemporánea, -la música y demás incluidos-, siento, en las más de las veces, repugnancia, estupor de la condición que ha llegado a expresar esas infames palabras y del alejamiento del fenómeno de la poesía. Percibo de la misma una desequilibrio ético ante el acontecimiento estético y eso me provoca una falla emocional casi inaguantable. 

Mencionaba anteriormente la "naturalidad artificiosa". En efecto, quizás la secuencia más difícil en la creación poética sea impregnar a la composición de una naturalidad compositiva. Lejos de los recursos retóricos, del conocimiento lingüístico-pragmático de las composiciones líricas de esta etapa, anida en las mismas un afán, en sus autores, de trasladar un mundo completo, autoreferencial en el límite de las estrofas, de la palabra poética. En ese afán el lector encuentra una vereda insoslayable de deleite y aprendizaje. 

En un solo verso de uno de estos autores puede que se nombre una realidad completa, que transgrede los límites de su propia vida. Recuerdo ahora el poema de Quevedo, tan diáfano y preclaro, titulado a lo Montaigne, "Desde la torre": 

[...]
vivo en conversación con los difuntos,
y escucho con mis ojos a los muertos
[...]

"Vivo", "escucho"...formas verbales en un presente sin tiempos, la vida misma es una sucesión de sombras vivas y de sucesos que tan solo podemos escuchar en su susurro. "Vivir en" y "escuchar con"; vivir con la palabra dialogante entre la vida y la muerte, lo que conocemos como la filosofía del límite; y escuchar, en una sinestesia natural, con los ojos a la muerte incomprensible. De tal manera que  "difuntos" y "muertos" se convierten en una isotopía semántica que vértebra el sentido de estos dos versos. Por su parte: la vida es lectura, pues el diálogo con los muertos se sucede únicamente en los libros, pero también se vive la literatura en los sentidos, en unos sentidos platónicos que solo nos acercan a las sucesiones de difuntos. Vida y lectura equiparadas en la zona ética de la literatura que reside en lo que Platón denominaba "la semilla inmortal". 
Hoy, al leer que Umberto Eco ha muerto, se me ha venido al recuerdo el pensamiento cristalino de su Lector in fábula y estos versos de Quevedo que suponen, desde la creación la condición de lector y viviente literarios. 

jueves, 18 de febrero de 2016

Una estética de la existencia.

LA TRADICIÓN literaria no es ninguna imposición. Ante ella, cabe tan solo transformarse en ella. Tu posición en el cuerpo de literatura será una respuesta humana y eventual de un acto estético. En puridad, una estética de la existencia. 

En el caso de Ezra Pound hay una lección primordial. Sus Cantos o Cantares o, en mejor decir, The Cantos, ofrecen una lectivo a la antigua usanza. El poeta, hipermoderno, contemporáneo de una época convulsa de rupturas y restituciones, acude, apara iniciar su obra a dos hitos de la configuración total de Occidente. Odisea y Dante. 

Los conjuga con la lectura creativa de los cantos X y XI de Odisea y del canto titulado "Descensos ad Inferos" de Dante. Ante todo Pound demuestra que es un lector y que encuentra, en la tradición ancestral, los elementos sustanciales para poder convenir en una nueva literatura. Lo primero: un descenso, un bautiza o a la negación del individuo para la nueva revitalización: "And the went down to the ship". 

De todos los personajes a los que hace referencia de forma intertextual, destaco a Tiresias. El poeta marca al adivino ciego como el umbral por el que todos los cantos posteriores, la suerte de interpretación debe ser entendida. Escuchar, entender, reflexionar la palabra vaticinadora es el principio de la acción del yo lírico: "Till I should hear Tiresias". 

Ritmo, palabra, vaticino, razón luminosa, entendimiento interno, sístole y diástole del silencio. Pareciera referirnos el poeta el diálogo interno con Homero y con Dante, la defensa de la contemplación de la obra literaria y la revolución misma de la literatura. 

Toda ruptura instaura una tradición, como afirmaba Octavio Paz. de esto mismo era consciente Ezra Pound quien, lejos de querer manifestarse como un revolucionario y rompedor con el mundo antiguo, lo fagocita hasta el tuétano para devolverlo en forma de vómito y estación total. Disforme, ininteligible, acaso construcción retórica y deshuesada, Pound nos puso ante la palabra que se dirige irremediablemente al origen, al desconocido origen ante el que quizás solo cabe el discurso huero o la propia figura del silencio. 





martes, 16 de febrero de 2016

ANOCHE, de insomnio súbito, sonámbulo de estrellas, leía. Leía a Dante y en ese proceso, leía la transparencia. Me preguntaba si en la búsqueda de la lectura (porque la lectura es búsqueda y fin, origen y estación celeste), en la consciencia de esa trance cabe la renuncia voluntaria. 
En otras palabras, si un mortal ha comenzado el camino de la búsqueda y ha tenido consciencia de ello mismo puede, a la postre, bifurcarse. Hay poetas que estuvieron y ya no están en la poesía; poetas que escribieron la senda del río rumoroso de la existencia y queda un derrumbe de ellos.
tal es así que la lección es diáfana: silencio, un silencio nutricio. Soledad...ay, soledad, sonora.

domingo, 14 de febrero de 2016

MACROBIO comenta el pasaje del Timeo de Platón en que se expresa cómo, en la creación misma, se completan los intervalos de las composiciones armoniosas con sesquiálteras, sesquitercias, superoctavas y semitonos. Estas ideas del autor medieval me han llevado a pensar en las Leo, releo y observo composiciones mismas, en cómo los grandes momentos de una creación poética debe estar rodeada de palabras, giros, secuencias textuales que, aun sin alcanzar loa altura estética, son necesarios para que la armonía se complete más allá de lo natural. 

Leo, releo y reflexiono, contemplo. Caigo en la cuenta de que más allá de los versos sublimes existe una caja de resonancias en los poemas, inevitable, que armoniza la composición y que levanta, llegado el caso, el adecuado territorio en que ese verso cristalino, como decía Octavio paz, relumbre por siempre en la memoria de los mortales.  





sábado, 13 de febrero de 2016

miércoles, 10 de febrero de 2016

Pienso que los poetas de ahora no son consciente de su itinerancia y errabundia; que tan solo persiguen alimentar sus egos, estar presente en muchas presentaciones de libros, constar en los suplementos, aparecer en los medios y poco más. 

¿Poesía? Palabra demasiado alta y elevada para algunos.  Lean, poetas, libros; lean, poetas, poesía. Pero no la tuya, la de aquel ni la de este, poesía sin ambages, poesía, ah, ¿no sabes qué es? ¿y tú me lo preguntas?  

***
Los compases iniciales del réquiem de Verdi manifiestan una revelación. Parece que la muerte de su estimado Manzoni provocó que el compositor se decidiera a componer esta pieza, una obra que quizás ofrece la vertiente más profunda de un compositor que obtuvo éxito en vida. Las melodías primeras, los acordes, la arquitectura compositiva de voces e instrumentos son insólitas.  
Pareciera acariciar el autor el sentido trágico de la existencia. "¿Acaso la muerte no es todo lo que hay en la vida?", respondió cuando le criticaron que en Il trovatore hubiese tantas muertes.

Rex tremenda majestatis. El pasaje concilia el desgarro con la lenta meditación. Los acordes suscitan un desgarro profundo pero feliz, la existencia encarnada. 

Dies irae. La escenificación musical, la cascada emocional del fragmento en pocas ocasiones han sucumbido como en estos pasajes. el escuchante, acaso el mortal, se sobrecoge ante la sucesión de voces, instrumentos acordados todos bajo la noche profunda de la contundencia sensitiva.  

***


domingo, 7 de febrero de 2016

CON naturaleza uno debe hallar el rumor oculto de armonía. Suscitado, compuesto de perplejas esencias inviables a los ojos, nuestro cuerpo allí, acaso la existencia se transforma en una cuestión de desnudez.

El surco de las piedras tratan de soliviantar el paso del agua, mas el líquido fluye, busca su paso incontenible a pesar del impedimento. Comienzan las sombras a desdibujarse, a convertirse uno mismo en fontana transparente y sinuosa. Es un trance, un rito de silencio y soledad sonoros.

En ese punto, la poesía es tan solo mueca en el orbe y el confín. Un piélago insonoro e innecesario.

miércoles, 3 de febrero de 2016

PARECE que Aristóteles, a pesar de la aparente reducción, supo atinar con la conducta ética cuando estableció la división entre la dianoética y la ética. En Ética a Nicómaco establece que la ética se adquiere con la costumbre hasta convertirla en una conducta natural; por ello, la ética es aprendida siempre, no nos sobreviene de forma natural. No estoy, con todo,  con Aristóteles: sí creo en una disposición, una naturaleza previa que se reconduce con las actuaciones éticas. es más, esa naturaleza termina por convertirse en consciencia plena y esa consciencia conduce al silencio y a la contemplación de armonía.  
La virtud ética, en efecto, es una virtud de vida, de posición en el mundo que transgrede las actuaciones que realizamos como mortales. Toda actuación conlleva una posición ética: la palabra, el arte, las ideas,...esta realidad subordinada se transmite en la lectura de un libro, es percibida, es notoria, muy notoria en ocasiones y, en algunos casos, suma a la propuesta estética una haz de emoción, un añadido de emoción que completa la edificación formal del libro. 
El spleen para Baudelaire, el input poético, el ser mismo de la poesía para Rilke, la rosa misma. Leer es una acción integral que despierta el gozo estético y el deleite ético; sístole y diástole, la escritura encierra una acción ética que puede ser aprendida en gran medida, pero que deviene de la postura en que somos y estamos de continuo.    

lunes, 1 de febrero de 2016

LA arquitectura de la Sinfonía 5 de Mahler equivale a una cosmogonía, un tratado de filosofía, una obra lírica, una pintura primorosa, en cualquier acto, un acto de pensamiento profundo e individual cenital, mineral canto de origen.