sábado, 3 de mayo de 2008

ODA

QUERIDA:
Palabras, palabras, palabras…ya sé que juegan contigo, que a veces se olvidan de sus obligaciones e intentan utilizarte para sus bienes. Que a ti todo esto ya te suena desde hace siglos, que nunca se han interesado por tu salud a no ser que hubieran necesitado abusar de ti, ¡oh querida!, en beneficio propio, del poder, de las leyes. Y fíjate, ni en la educación caen en concierto, estos mequetrefes, estos fabricantes de trampantojos que se arrojan a tu yugular para extraer de ti, cada cierto tiempo, lo necesario para calmar a los ciudadanos con malabarismos semánticos.
¡Hacen contigo lo que quieren aun sin conocerte, oh amada! Creo que lo sabes, pero los sistemas para regular la educación en este país están al servicio de las siglas políticas, no les importa un ápice la formación de los conciudadanos, de los que formarán la mayor del país cuando pasen unos años. Muy poco, les importa, muy poco. Imagina que la solución para templar en la sociedad el comportamiento desmesurado y autárquico de los jóvenes no se hace mediante condenas, multas o cualquier otro tipo de sanción; ahora quieren, y así lo han hecho, que una asignatura en el Instituto les enseñe a ser ciudadanos, ¿quién nos enseñó al resto de mortales a ser ciudadanos?
Van a utilizarte, pensé, oh querida, en cuanto me enteré de tales pretensiones. Hace unos días, el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía le ha puesto ciertos reparos a la redacción de algunos conceptos que se manejan en los Decretos, a saber: “de género”, “opciones vitales”, “perspectiva compleja y crítica” para la supuesta construcción de las personalidades. Dicen los jueces que expresiones de este tipo no tienen cabida en un ordenamiento jurídico. ¡Cuántas veces has sentido que te extirpan, a ti, ni más ni menos, tus derechos, tus reglas, tus preferencias, sin consultarte jamás!
Ya ves, así se construyen aquí los conceptos y las ideas, a base de denuncias, tribunales y demás trifulcas de cualquier calaña. Estos navajeros son capaces de destruirte, de dejar que desfallezcas, que te lleves mal con tus parientes más cercanos, que romancees en solitario como una perseguida sin saber de qué huyes. Es triste que siempre terminen enredados entre tus telas y que usen el filo de sus cuchillas para desligarse de ti, aun sin conocerte, sin apreciarte, sin saber que eres tú la que creas la vida. Sabes bien que lo que tocas adquiere existencia, que lo que nombras con tus nombres se hace realidad. Por eso vuelvo a avisarte, oh amada, oh querida, de que te están utilizando y de que te utilizarán cuando menos te lo esperes. Palabras, palabras, palabras…ese rumor que configuras, ¡oh lengua nuestra, española mía, qué tesoro!