miércoles, 14 de mayo de 2008

SIGO EN EL CENTRO, ALLÍ TE ESPERO CON PARMÉNIDES

En la entrada anterior hizo Kalia una referencia fundamental a un autor que aunó Poesía y Filosofía hace muchos siglos. Parménides (vamos a dejarlo entre el 520 a.C-540a.C), compuso unos versos capitales que sirvieron, a la postre, para que Heidegger escribiera ese libro delicioso que es Parmenides. Ese desocultamiento de lo que es y no es, viene arropado en la metáfora del día y de la noche, del viaje hasta las puertas mismas situadas en el éter, custodiadas por la Justicia. El caso es que después de que comience el poema:
"Las lleguas que me llevan, tan lejos como alcance mi ánimo...", prosigue más adelante: "Fr. Pues bien, cuando ya todo denominado luz y noche quedó, según sus capacidades, en esto y en aquello, todo está a un tiempo lleno de luz y noche invisibles; de ambas por igual, puesto que nada hay que no sea parte de una o de la otra". En ese desocultamiento llevados por la fuerza anímica de dos yeguas, en esa transición continua de la noche al día y del día a la noche, está la búsqueda del centro. Pero el centro no existe en sí mismo, no es más que su búsqueda.