
"Las lleguas que me llevan, tan lejos como alcance mi ánimo...", prosigue más adelante: "Fr. Pues bien, cuando ya todo denominado luz y noche quedó, según sus capacidades, en esto y en aquello, todo está a un tiempo lleno de luz y noche invisibles; de ambas por igual, puesto que nada hay que no sea parte de una o de la otra". En ese desocultamiento llevados por la fuerza anímica de dos yeguas, en esa transición continua de la noche al día y del día a la noche, está la búsqueda del centro. Pero el centro no existe en sí mismo, no es más que su búsqueda.
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