
Prometeo es un Titán y su posición ambigua, ni dios ni hombre, lo hace escapar del tiempo que rige sobre los hombres y los dioses. Ni el tiempo lineal ni la eternidad que sostiene al Olimpo. Prometeo es un círculo, mítico, recurrente, que se transparenta en la regeneración de su hígado, en la presencia circular del águila. ¿No es el poema el hígao que renace diariamente, en su lucha propia, en su misma forma?
Toda su actuación es una aspiración para los hombres: es su benefactor. Una temeridad para los dioses: es rebelde, independiente, astuto, incluso con el propio Zeus, con quien se alía en una ocasión y a quien se la juega en otra. ¿No es el poeta el contestatario del orden del mundo, el que , con el hechizo de la palabra, desa crear el mundo?
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Escribe Aristóteles en su Poética (Capítulo IX): “Lo universal consiste en plantearse a qué clase de hombres corresponde decir o realizar tales o cuales cosas en virtud de lo verosímil o lo necesario, un objetivo al que aspira la poesía a pesar de imponer nombres propios a sus personajes”. Medito sobre estas aserciones de Aristóteles mientras imagino el Cáucaso como un centro que imanta la posición del círculo. ¿Es más antiguo prometeo que Zeus? ¿Es, entonces, el dolor el símbolo de la humanidad, su condena?
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Toda la tarde a la vera de Prometeo encadenado, de Esquilo, sintiendo el calor volcánico de Hefesto, que lo trajo preso. Subrayé un pasaje creyendo que Borges habría hecho lo mismo. El pasaje en cuestión es una hipótesis que justifica el desamparo al que están sometidos los hombres, la maledicencia de un demiurgo que se equivocó con los humanos:
“Prometeo. -Yo fui el atrevido que libré a los mortales de ser aniquilados y bajar al Hades. […]
Corifeo. - ¿Fuiste acaso aún más lejos?”
Prometeo. -Sí. Hice que los mortales dejaran de andar pensando en la muerte antes de tiempo.
Corifeo.- ¿Qué medicina hallaste para esa enfermedad?
Prometeo. – Puse en ellos ciegas esperanzas”.
“Prometeo. -Yo fui el atrevido que libré a los mortales de ser aniquilados y bajar al Hades. […]
Corifeo. - ¿Fuiste acaso aún más lejos?”
Prometeo. -Sí. Hice que los mortales dejaran de andar pensando en la muerte antes de tiempo.
Corifeo.- ¿Qué medicina hallaste para esa enfermedad?
Prometeo. – Puse en ellos ciegas esperanzas”.
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La vida, una ruina circular, caduca antes de su nacimiento, vertida en la ceguedad de la esperanza.
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