jueves, 5 de marzo de 2009

Mundo lento.


¿Qué ocurre si eso no le pertenece sólo a la literatura?

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Escapaste del naufragio para terminar en un museo, Museo de la novela de la eterna. Y, sinceramente, cuando Macedonio escribió “Es indudable que las cosas no comienzan cuando se las inventa”, estaba definiendo la literatura.



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Los escritores jóvenes piensan que por jóvenes son nuevos y (pos) modernos, originales y revulsivos. Por esa regla de tres había que dejar de escribir… ¿a qué edad? ¡Viva Rimbaud!


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Retirarse del mundo y abandonarlo. Darlo por muerto, difunto. Clasificarlo entre las especies disecadas como: “Lugar del hombre que soñó con un dios. El dios no existía. Pura demostración de obcecada literatura”.
Su tratamiento es el del “mundo lento”. Dejarlo reposar junto a un verso para que jamás pueda despertarse. En todo caso, hay que manipularle las manillas de su relojero, el que ordena su tiempo. Retrasarlo hasta otros días más fructíferos. En cualquier caso, no vendría mal dejar un verso debajo del frasco. “Sé que allá corre el mundo asaz ligero”, de Francisco de Medrano. Luego hay que echarse a dormir y habitarlo.