sábado, 14 de marzo de 2009

Un desierto político.

Como al santo Job, habría que desposeer a los políticos de este país de todos sus bienes, para que negasen la mayor: que son truhanes. Sí, creo que la justicia debe conseguir que todo lo que han ganado los políticos gracias a sus puestos de preferencia social, quede en su sitio, de donde fue extraído: en el pueblo, la ciudad, el museo pertinente. Por eso, como a Job, hay que llevar al límite la fe de estos politicastros de turno que nos tienen acostumbrados a sus usos y desvíos de lo cabalmente irreprochable, es decir, que han conseguido que en nuestro imaginario ciertas actuaciones de favor sean comunes.
La trama de espionaje que se está urdiendo en torno al PP es un ejemplo de ello, pero no es el único partido que ha sido protagonista de escándalos sociales de este calibre, del tamaño de utilizar fondos públicos en intereses privados. Decía que el PP no había sido el único partido que se ha adiestrado en estos usos; ya el PSOE dejó buena muestra de sus habilidades espiatorias y abusivas en los años de aquel felipismo desbordado. El partido Andalucista ahogó con paños calientes a ciertos pueblos imbuidos en el fervor nacionalista -Jerez, por ejemplo-.
El caso es más grave y no se restringe al hecho económico. Hace unos días, la propuesta de Educación de reforma del Bachillerato quedó rechazada por una sentencia del Tribunal Supremo que venía a poner freno a la locura y que, decía en claro, que ya está bien de tanto regalo a los alumnos que no están acostumbrados a ninguna mecánica del esfuerzo. Por otra parte, el Ministerio de Igualdad –creado ad hoc para Bibiana Aído- está levantando las tapas del debate moral del aborto jaleando una perspectiva, sesgada, que no termina de reflejar la realidad a la que se refiere. Creo que la ministra no sabe qué hay en la mollera de una joven de 16 años, ni siquiera cuáles son las costumbres, los hábitos, los intereses con los que completan sus vidas los jóvenes de esta España de charanga y pandereta, como dijo Antonio Machado.
De cualquier forma, el debate está abierto. Los ciudadanos deben tomar conciencia del poder de su voto a pesar de las rémoras implíctas en la democracia. El País Vasco ha dado un ejemplo de ello, poco a poco, la razón va tomando del cuello a la violencia. No dejemos que aborten nuestras ideas, nuestros juicios, porque nos animen a ello estos títeres de la política. Aprendamos de Job, su fe lo condujo a su verdad.