jueves, 26 de marzo de 2009

Encuentros Jarnesianos.

Hace unos meses compré en una librería de lance los Cuadernos Jarnesianos que publicó la Institución Fernando El Católico y que se publicaron en Zaragoza en 1988. Un total de diez cuadernos componen esta singular manera de recopilar la obra la Jarnés purgando entre los manuscritos jarnesianos existentes en el Archivo Benjamín Jarnés. La selección, de Límites y Lecturas, la realiza M. Dolores Puente Simal e I.M.G, al menos los textos que quiero traer al calor de este trópico.
De los diez Cuadernos, que voy leyendo con parsimonia, escojo hoy dos sólo por sus títulos. El primero se titula Miguel de Unamuno, Antonio Machado y García Lorca. En él encontramos el juicio de un lector muy hábil y de una exquisita sensibilidad. Jarnés hacina con su prosa sosegada y de sólida urdimbre los juicios que le parecen oportunos acerca de unos versos que acabn de publicarle a Unamuno: “estos poemas aparecen como fragmentos de un Diario Íntimo de Unamuno y de España. Son jalones del itinerario de un alma sobre la que pesan todos los infortunios y todas las glorias de un pueblo”. Qué manera de condensar la vida de Unamuno, sus avateres políticos al son de la historia de su país.
Indaga las relaciones de la poesía de guerra de Machado en relación a las masas. Su tesis principal defiende que un poeta de ese calibre está desarraigado de ideas políticas que alienten a las masas al levantamiento o algo parecido. En cualquier caso, el poeta es un confesor del pueblo que clama a las puertas del espíritu.
Por último, se centra en el Romancero de García Lorca invocando el poder la gracia poética del andaluz. Con Federico García Lorca se muestra más reticente en sus pronunciaciones, menos imantado, más meditativo.
Después de leer Las armas y las letras, de Trapiello, –libro de obligada visita, supe de la existencia de estos cuadernos que tan grata lectura me ofrecen. Igualmente, comporé y leí una novela titulada Su línea de fuego que se escribió en 1938 pero que no se publicó hasta 1980. Esta primera edición es una excelente estampa de las vicisitudes que se sufrió en plena guerra civil, juicio severo, por tiempos sesgado, pero de profundo análisis y mejor prosa.
Sin embargo, el volumen que más ha llamado mi atención es sin duda “Límites y Lecturas”. Este cuaderno puede compararse con la escritura moderna en las bitácoras. Los textos que lo componen son de escasa extensión y de una ingeniosidad enormes: “La novela debe ordenarse en torno a una concepción del universo, “de la que el individuo –protagonista-es el centro. También puede serlo un conjunto humano”. Otras prosas están cercanas al mundo narrativo, a los microrrelatos: “Un día Heine visitaba con un amigo la catedral de Amiens. El amigo le preguntó por qué actualmente no seran capaces los hombres de levantar una de aquellas maravillas. Heine le contestó: “ Querido Alfonso. En aquellos viejos tiempos los hombres tenían convicciones, nosotros, los hombres modernos, sólo tenemos opiniones; y hace falta más que opiniones para levantar una catedral gótica”.

Me quedo saboreando estas palabras para cerrar la entrada: mísero de mí, ay, infelice hombre moderno, desgajado de la convicción del espíritu, de la proeza voluntariosa de su representación, nulidad de la razón, aborrecimiento de la belleza, aspiración de la banalidad en las artes.

***

José Ángel Valente es un poeta que alcanzó algunos prodigios con su verso: "Y todas las cosas para llegar a ser se miran
en el vacío espejo de su nada".


Pero estoy convencido de que Valente
no hubiera alcanzado jamás ni el vacío,
ni el discurso a un poeta futuro,
ni el eco de los sauces
en los espejos,
si no hubiera inflamado sus ansias
con los vértices del pensamiento.