domingo, 1 de marzo de 2009

La contemplación activa. Discursos de tinta y sal.

Hay una anécdota en la vida de Tales de Mileto que siempre la utilizo para explicarles a los alumnos qué es pensar, qué es la filosofía, como si yo tuviera la clarividencia en mis palabras. Iluso profesorzuelo.
Se ha narrado de muchas maneras, dependiendo de la fuente en la que se lea. En este caso, no he encontrado todavía un libro más literario, maravilloso y chascarillero que Vidas de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio. Diógenes Laercio cuenta la anécdota de Tales, entre otras muchas, de la siguiente manera: “Se dice que salía de su casa acompañado por una vieja para contemplar las estrellas y cayó en un pozo. Cuando se lamentaba, la vieja le dijo: “Y tú, Tales, que no puedes ver lo que tienes ante tus pies, ¿crees que vas a conocer las cosas del cielo?”. A partir de este hecho voy trenzando los argumentos pertinentes y las situaciones que mejor vengan al caso. Cuando el diálogo comienza a tomar forma (cosa que casi nunca ocurre) introduzco la otra anécdota que acordona muy bien mis pretensiones. Resulta que a Tales, según Diógenes Laercio -y eso hay que tomarlo con reticencias-, se le atribuye la compra de talleres de aceite, con lo ganó mucho dinero. Evidentemente, Tales observó el comportamiento del sol, de los solsticios, de las estrellas, de las tierras, del agua. Quiso establecer leyes para ese mundo que venía del mito y que aspiraba al logos. Algo parcedio con el horizonte mitológico que me encuentro cada mañana: un universo de entelequias con nombres y apellidos. Es mi tarea construir un abismo desde donde se asomen.

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El libro de Unamuno, Cómo se hace una novela, está concentrado en las páginas finales. Al final del mismo, en una nota del jueves 30 de junio de 1927, escribe desde Hendaya: “Contar la vida, ¿no es acaso un modo, y tal vez el más profundo, de vivirla? […] ¿Cuándo se acabará esa contraposición entre acción y contemplación? ¿Cuándo se acabará de comprender que la acción es contemplativa y la contemplación es activa?”. ¡Qué palabras más sabias estas de Unamuno!
La vida en acción, aquí, en estas letras. La tremebunda sencillez de lo vivido a ras de la ficción. Decidme del alma, ¿quiénes han transitado por la ultratumba del ser más que los filósofos, escritores y artistas varios? ¿Quiénes si no? No hay mayor envergadura moral que discernir entre quienes han levantado lo que somos y quienes se obcecan en diluir en nada lo que somos. El sujeto moderno nació en la soledad. Los escritores escriben los libros en soledad y solos quedan hasta siempre. Es indecible el abismo que recorre la creación de un artista y el momento en que un receptor llega a ella.

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Mi compañero Iván dejó hace poco en su bitácora unas hermosas palabras sobre unos gorriones. Estuvimos comentando de pasada la conexión con algún poeta que nos entusiasma a los dos. Le estuve refiriendo los versos que vinculaban su reflexión con el magno poema de marras. Incluso ahora se me ocurre que su estampa podría pertenecer al libro de Jules Renard, Historias naturales. Sin embargo, hoy he leído un poema de Jorge Guillén, perteneciente al ciclo de Homenaje, que me gustaría dejarlo aquí para que la escritura converse por sí misma.

AL MARGEN DEL GÉNESIS
ANTES DEL ALBA
Y multiplíquense las aves sobre la tierra. I, 22.
Conozco una avecilla que enmudece
Por su fatal costumbre antes del alba.

No se ha insinuado un rayo todavía.
Jamás se encontrarán cantar y luz.

Aquel sonido límpido anuncia
La claridad que irrumpe con júbilo,

Y aislado entre las hojas se mantiene
Sin presentir el acontecimiento.

Pájaros, ignorantes de sus dioses,
Cantan junto a nosotros, ignorantes.