jueves, 12 de marzo de 2009

El Tiempo en tu boca.

[Diálogo a dos voces. Un Hombre y el Tiempo. Ellos sabrán]

-Tú, Tiempo, eres una evacuación de la existencia, un irse de uno mismo sin estar en uno mismo. - Tú, una mísera recaída en mi transcurso. Una lápida a mis quejas, un sepulcro para mis lágrimas.
-Tú, Tiempo, un mojón para mis recuerdos.
-Tú, una vocal perdida en un alfabeto interminable.
-Tú, Tiempo, eres Tiempo, una tautología.
- Tú, mi figura, mi acueducto, mi teatral manera de desarrollarme.
-Tú, Tiempo… te me acabas.
-Tú, un ilusionista que pensaste en mi existencia.
-Tú Tiempo, ya soy Tú.

***
En el primer Ciclo de los Discursos, en Job, Job maldice el día de su nacimiento. Para ello se encarga de dejar en claro que su vida ya no le pertenece ya que reniega de su nacimiento: “Después de esto, abrió Job la boca y maldijo su día. Tomó Job la palabra y dijo: ¡Perezca el día en que nací!
Y jamás había leído una renuncia a la vida tan bella, tan desposeída de verdad y tan cercana a la medida de los hombres. Borges, tal vez, dijo que Job era el parámetro en que se medían las virtudes y las miserias del ser humano. Después de este pronunciamiento, procura Job maldecir su día enumerando la llegada de las tinieblas y de la oscuridad a todos los elementos naturales de aquella jornada: "¿Para qué dar la luz a un desdichado, la vida a los que tienen amargada la vida, a los que ansían la muerte que no llega?" Un alegato y una proclama existencial rotundos. Job, un hombre cabal. Sus palabras, habitantes del desierto.

***
Después de las palabras de Job me levo a la literatura las reflexiones que surgieron de su boca. Maldigo el día en que no escribo, por inerte y vacuo. Maldigo el día en que no leo, por deprimente y nihilista. Maldigo siempre la usurpación de la inteligencia por los poderes fatuos de este mundo y maldigo a los que me recuerdan, diariamente, que mi día debo olvidarlo para siempre.