viernes, 30 de abril de 2010

Esta tarde, tendré que edificar una poética. Será como una torre de arena invadida por el agua y el salitre: momentánea, fugitiva, sólo apuntando a un proyecto.
Como diría un novelista, por ejemplo Galdós, cada vida lleva en sí una novela. Pero, me pregunto esta tarde, ¿cada vida lleva un libro de poemas? La poesía es cuestión de desnudez, rito de silencios, murmullo de la transparencia, aritmética de la palabra ausente.
Esperarán que dicte el nombre de algunos maestros, pero eso sería deshonrarlos. Detesto esas inoportunas apropiaciones de la tradición, esos ramajes que cada cual levanta a su conveniencia.
Luego recitaré torpemente algunos poemas. Después de todo vendrá el silencio y cada cual se marchará cargado de esta o aquella sugerencia, de este o aquel eco, idea, vibración. Y ahí comenzará el huerto a brotar, verdadero, en el deseo ajeno de la literatura.