jueves, 8 de abril de 2010

Vidas encerradas.

¿Qué hay de esas vidas encerradas en un cuaderno? Me refiero a los escritores o científicos que dejaron su vida postrada en la celulosa de un cuaderno, de un puñado de páginas. Podemos pensar que la disposición del cuderno mantiene la disposición de la vida: continua, vertical, horizontal, negro sobre blanco, puntos y aparte, digresiones, comienzos absolutos, líneas de vacío. Pienso todo esto, cuando entre mis manos sostengo un cuaderno que llevará mi nombre, ya que
uno de los regalos que M.C. me trajo de Roma fue un cuaderno de notas de tipo renacentista. Llevaba tiempo observando que mi moleskine está maltrecha y prácticamente escrita al completo y quería traerme un regalo que, según ella, sólo fuera el disparadero para futuros poemas, notas, experimentos literarios. Junto al cuaderno, me trajo de Italia un bolígrafo, forado en color marrón y de tinta negra. Hoy he procurado que la tinta del bolígrafo y la celulosa del cuaderno comenzaran una relación.
Podría decirse que ese cuaderno es un edificio aledaño de este diario, un lugar alterno, que me acompaña de continuo y que recoge con más precisión y con más cercanía, lo que decida escribir sobre la realidad. Pensando en todo esto, no sé si la escritura diaria admite estos terrenos de lo cotidiano, quiero decir, estas cazas menores de ritos insulsos.
Durante un par de horas, esta mañana estuve pensando cómo sería la mejor forma de comenzar a escribir en él. Decidí que debía escribir la fecha de inicio y el lugar en que escribía. Luego dibujé, con el mal tino de costumbre, unas letras en mayúsculas que dicen “Cuaderno de notas”. Lo demás lo diría la propia vida, porque nadie decide ni la hora ni el día ni el lugar de nacimiento. Así este cuaderno.

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Lo primero que hice al llegar a casa fue leer algunas páginas de La ciencia de Leonardo, de Capra. Lo hice porque siempre me resultaron muy enigmáticas las miles de páginas que Leonardo había dejado en sus cuadernos de notas. El mío, que acababa de nacer, se supone que es un remedo de los cuadernos del momento, obviamente modernizado.
Los cuadernos de Leonardo condensan la obra de un artista y de un científico, así lo demuestra Capra en sus apasionantes páginas de su ensayo. Más de seis mil páginas de notas y de cien mil dibujos dejó Leonardo para los hombres venideros. Prácticamente, la síntesis más completa y absoluta que un hombre haya dejado de la ciencia y el arte.
Siempre me sorprendió la sombrosa capacidad de Leonardo para vincular estas disciplinas, para fundamentar una en la otra. Capra lo explica a la perfección y lo demuestra a través de las notas de su cuaderno. Es decir, sus cuadernos guardan la cosmovisión de un hombre renacentista irrepetible, la cosmovisión y las inquietudes, las ideas y los bocetos de otras teorías que jamás llegó a desarrollar y que sólo alcanzaban a sugerir. Ahí quedaron sus estudios entre los ojos y el cerebro. Otra vida encerrada en un cuaderno, como la Kafka, como la de Tolstoi, como la de Valéry, por ejemplo.

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Debe uno tener cuidado, por lo tanto, con lo que deja escrito en un cuaderno de notas. Un cuaderno es un tapiz, un enjambre de decisiones y palabras que configurarán la idea del hombre que estuvo detrás de ellas, mejor dicho, que va configurando y desgajando, de continuo, el hombre que las alienta. Esos cambiantes pareceres son la demostración de las inquietudes a las que estamos sometidos. Hoy, por tanto, es un día de inauguración secreta, porque jamás dejaré que nadie lea ese pequeño cuaderno que ya no me pertenece.