lunes, 28 de marzo de 2011

Con la templanza armada y con el sosiego necesario, cada mañana comienza uno disponiendo su vida. A decir verdad, cada vez siento menos míos este suceso y esta trama. Así, los pronombres, que tanta alegría dieron a Salinas, acaso me resultan islas desaparecidas. No existo en el pronombre como tampoco lo hago en la conjugación. Más bien, sucedo. En cualquier caso, asisto impávido a este trasiego cada vez menos solemne y más deshilachado que llamo vida y que dicen que hubo un tiempo en que fue mía y la viví.

Soy satélite y ahora respondo a lo accesorio. En los extremos es donde ejercito el pálpito y en donde ejecuto la palabra. Por eso nunca llamamos ciertamente y con exactitud a quien vivimos y lo que vivimos, porque, al final, vamos poseyendo lo que nunca fuimos.

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Así como la realidad deja de poseernos, los pintores se lanzan a desgranarla. Lo hacen por diversos métodos, pero quiero atender a la pintura de Van Gogh. Dice Schama que el pintor del trigo realizaba una obra desde el pensamiento y que, a diferencia de los que se mencionan en el volumen, ejecutaba una pintura conceptual desde el comienzo que iba tomando cuerpo en el lienzo lentamente. Es decir, había en la mente del genial artista un engendro previo, un bastión mental desde el que se proyectaba luego su más soberbia disciplina y la técnica más personal, a pesar de que esta fuera atrofiada y tuviera que encaminarse por caminos poco explorados. No observar con los ojos, no oler el trigo en el verdor del día, sino concentrarlos en la cabeza, en la memoria, hacer zumo de la mañana luminosa…es el Tao, de nuevo, el que vibra.

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En no pocas ocasiones, debo mantenerme más firme en mis trece. Lo que sucede es lo siguiente: si converso con alguien a quien considero que no puede ir más allá de los argumentos que me está desplegando, termino por auxiliarme en el silencio y por alejarme del reproche, pues bien sé que todo intento de diálogo será insuficiente. Por el contrario, cuando atisbo que un interlocutor interpela desde la sugerencia y la inteligencia, comienzo forzar el debate, ya que estoy seguro de que terminaré por aprender si en mis palabras ven los otros a una mansa fiera a una redimida persona.