jueves, 31 de marzo de 2011

El lugar en que uno escribe debe ir acomodándose irremediablemente en la prosa de cada cual. Recuerdo que en la casa de Lezama Lima, en La Habana, me quedé estupefacto cuando nos dijeron que los objetos (cientos, miles) que estaban situados en la casa del creador de Paradiso coincidían con páginas enteras del artefacto lírico. Muchos de los objetos allí presentes habían ido configurando una espacialidad que, en manos de la literatura, había ayudado a que la creación brotara con una forma previa y anclada en lo más cotidiano. Los ídolos, las plumas, los libros, los vasos, la máquina de escribir aparecen como satélites que giran alrededor de la creación.

Escribo todo esto porque, hoy, lo hago desde un lugar poco habitual y que además tengo por inapropiado. La escritura es tan potente, sin embargo, tanto lo es la concentración y el vínculo, que he agarrado un teclado y he comenzado a engavillar una frase por aquí y una idea por allá.

Con el libro de Joyce en la maleta, esperando a que prosiga la lenta lectura de sus páginas, he decidido encender un aparato de música y escuchar, sí, aquí, en soledad, en este salón, So what, de Miles. Sus notas siempre me parecieron tercetos encadenados, notas que habían conseguido aunar la brillantez del sonido con la espontaneidad y el brío del jazz. Suena Miles y acabo de leer un correo electrónico que me ha contentado el día. En él he tenido noticas de que un escritor al que admiro tanto, acaso el mejor prosista de las últimas décadas, ha leído algunas líneas de este diario y lo ha hecho con placidez. Al enterarme de la noticia solo he podido sentir cierto estupor, una sensación contenida de vergüenza y desesperanza. La misma desesperanza que me sobrevino cuando, hace dos días, quise lanzar al viento algunos poemas que se habían enquistado en las retinas, en los reflejos huidos de una pira. Necesitaba la córnea de otros para poder proseguir en el lance, pero me he sentido por ello infame, un desertor de la privacidad y un usurpador de la voluntad ajena.