lunes, 19 de agosto de 2013

EL escritor se enfrenta, en cada instante, a la meditación de la palabra. El término que acoge la realidad nombrada es fruto de razones y encuentros de una consciencia individual amparada por los pareceres universales. Ese es el gran talento del escritor, no desvirtuar el discurso de su consciencia por las loas y los propósitos ajenos y, mucho menos, pensar que su verbo es prodigio incomprendido.  

Lo primero que se percibe de un escritor verdadero es su fidelidad a los vocablos. Y, en estos tiempos, lo primero que resalta de los escritores contemporáneos es que anteponen sus criterios al criterio objetivo de lo literario. Todo ello es un producto mercantil de las mentalidades contemporáneas que, en todas las disciplinas, expanden ese sentir y esa forma de producción. 

Muy diferente es todo a épocas remotas, a pesar de algunos paralelismos. Caravaggio, por ejemplo, en pintura, tanta verdad encerrada en esos juegos de vida y maldición; el propio Rodin en la escultura, ínclito conocedor de la vasta cultura; el mismo Falla componiendo la esencia cuando el resto cainita del país se desmoronaba o Tólstoi impenitente, desgajado, cambiante. Una galería que parece olvidada por los nuevos odres...qué ejemplos tan preclaros han dejado en la cultura estos individuos.

No es añoranza ni elogio de lo antiguo, pues tengo a estos y a otros creadores por modernos; es la falta de lectura y de virtud en la lectura lo que anoto en estas páginas de diario. 

*** 

E. sospecha ya que el mundo es contrario a todo o, en mejor decir, que la primera apariencia del mundo debe ser detonada. Lo noto en su mirada cuando llegamos al mar. Allí, la luz de su sesera, la llama viva de su rostro, se enciende, pues está junto a naturaleza. Luego, cuando está rodeada de familiares, la noto quejumbrosa, hastiada de tanta tontería, de las manidas palabras que creo ya sabe que serán dichas. 
Supongo (o quizás todo esto es ensoñación mía) que ella prefiere el largo lamento del mar, el estarse quietamente de la arena y sobre todo, los pájaros que atraviesan el cielo. Le encantan las gaviotas que pasean su cuerpo por la tarde cuando el sol deja caer su rictus derritiéndose en el confín de los ojos. Le encantan esas últimas llamaradas cruzadas de plumas y vuelos tras el alimento. Los señala, les grita, me lo dice con entusiasmo.  



 

domingo, 18 de agosto de 2013

SUELO recorrer las mismas calles cada vez que vuelvo al lugar. Sea el que fuere, ciudad inabarcable o recoleto pueblo, el rito es condición indispensable para rastrear en la memoria. Un paso tras otro, mientras en nuestro interior el latido sigue marcando el ritmo que jamás abandona al hombre hasta que su cuerpo perece. 

Estamos construidos por un ritmo interior que pocos escuchan y al que pocos atienden. Ese ritmo es un latido que brota a las pocas horas de ser concebidos y que se suma al desarrollo temprano del oído. 
Agua, vibración, ritmo están en nuestro origen. Con el tiempo, con el devenir, el mortal desea escuchar ,como si volviera a estar en el útero, ese ritmo de su vida que se solapaba con el de la madre. Un latido y otro latido confundidos.
Con los años, ese latido, ya es exógeno: es el del universo, el de la magna mater. Y cuando cae en la consciencia su naturaleza comenzamos a entender lo inexplicable de nosotros mismos. 
 

sábado, 17 de agosto de 2013

"LA PALABRA es la luz de la sangre" afirma María Zambrano. En esta afirmación se sintetiza toda una poética de vida y literatura. Sangre, sinécdoque y totalidad,; luz como el raciocinio imposible de la sangre que solo subyuga su naturaleza a la palabra. La palabra es el formante que nos hace más humano, no hay otra existencia más humana que la palabra. Pero la poesía no es solo palabra, es el origen mismo de la palabra y frente a lo monódico del verbo al uso, ofrece una polifonía. Ese es el recorrido del poeta: la búsqueda armónica de esa esencia.  

viernes, 16 de agosto de 2013

EN ESTOS días, en Cáceres, todo el mundo nos había amenazado con el calor sofocante de aquella tierra, mas nos podía la consciencia de la belleza y del estupor. Resulta que hemos estado muy cómodos, incluso con algo de frescor por las tardes y, sobre todo, por las noches, cuando nos dedicábamos a recorrer todos los recovecos de la ciudad antigua. Igualmente, nos habían advertido de la escasa variedad gastronómica que se ofrece por aquellos lares; antes al contrario, hemos encontrado verdaderos hallazgos gastronómicos, lugares de exquisito paladar que han acompañado los paseos y que han hecho rememorar la historia de la ciudad dulcemente: milhojas de verduras a la extremeña, gazpacho extremeño con manzana baby, vinos variados y gustosos como Habla del silencio, tortas con exquisito jamón ibérico y sobresaliente aceite de oliva virgen extra o un delicado foie ibérico con melón y semillas, todo sin olvidar los bocados templados de tortas del casar con pimentón de la vera. Se me vienen al recuerdo de las sentadas, en pleno dédalo de la ciudad monumental, al socaire de la historia y las maravillas, de las traperías entre los Oquendo y los Solís, el embelesado Palacio de los Golfines o el pórtico orientado hacia el palacio Episcopal.     

A poco que llegamos a la Plaza Mayor, advertimos que el lugar de la piedra es de luz. Hay lugares nimbados de energías y sensaciones que se transmiten al caminante. Solitaria, muy solitaria por las noches, los pasos por las callejuelas de piedra, recorriendo el adarve, observando los matacanes y las torres desmochadas o conversando cuando la noche se pliega sobre la piedra y sus formas. 

Pensaba en la poesía cuando quedaba deslumbrado por la piedra, porque la piedra es umbral y es inicio, rotundo discurso en el tiempo, mármol quejumbroso que se asimila a la palabra del poeta tallada en los vértices del viento.   




jueves, 15 de agosto de 2013

AL CONTEMPLAR, en estos días, la piedra me he preguntado por la poesía.

domingo, 11 de agosto de 2013

LA obra de arte no transmite la vida de un individuo, pues ese individuo dejó de ser su nombre para ser mortal, unidad plena. Es por eso por lo que esas obras nunca terminan de decirlo todo. Tal es su naturaleza que sea el hombre que sea el que se acerque y las contemple o las lea o las escuche hallará restos de su propio origen. Esa es la obra adjetivada como "clásica" y de la que muchos se alejan en estos días porque las creen antiguas.  


De un tiempo a esta parte, tengo la convicción de que las historias de la literatura dependen en demasía de las cualidades de los lectores. Puede una tradición poseer a un escritor genial pero no al lector que descifre esa genialidad para el resto de la sociedad. 

Son tan importantes los lectores virtuosos como los creadores. Sí, los unos no existirían sin los otros, pero para ser escritor de fuste hay que haber sido, en algún momento, en algún espacio, lector virtuoso. Ese es el mal endémico de la literatura actual, los escritores solo leen a los amigos, a los compañeros de comparsa, a los que, en pocos minutos, terminan ensalzando la obra como la revolución literaria. Es el punto, querido amigo, de no retorno, pues has instaurado el reino del ego en tu vida. 
  



sábado, 10 de agosto de 2013

TAN bellamente lo dice Boecio en prosa y en verso, nada más y nada menos. Lo dice Boecio y toda la antigüedad y los tiempos medievales y renacentistas y barrocos que siguieron la vera del conocimiento antiguo. Cuán perdurable es la fama y qué mísero el mortal que se encrespa en sus dones. Fugitivas, pasajeras, inexistentes son lo que el hombre cree virtudes. 

Los escritores que han labrado el ser del mortal han conducido su ego hasta la desaparición. Lo primero, el suicidio del ego predominante. Kafka da muestra de ello a las claras en Metamorfosis y Cervantes en su magna obra y, por ejemplo, T.S. Eliot en Cuatro cuartetos y tantos otros como Horacio o fray Luis, Rilke o san Juan de la Cruz, Thomas Mann  o Platón, Juan Ramón Jiménez o Petrarca. Cito algunos escritores de tradiciones y épocas distintas, pero siempre recuerdo que la primera lectura de la Commedia de Dante fue creer que el autor estaba describiendo el proceso de la descomposición del cuerpo y de la ascensión del espíritu. Dante otorga sentidos al espíritu. La desvinculación entre los sentidos, la realidad, el cuerpo.
Dante nos avisa de que el proceso (y Kafka tiene una obra así titulada, lo que no me resulta casual) es desgajar el ego, la cascarilla superficial del espíritu que obra  la creación artística. Ese espíritu es la armonía encarnada. 

En el poema de Leopardi titulado "La vida solitaria",-con el que adelanta motivos de lo que luego será su gran poema, "El infinito"-, puede el lector deleitarse con la templanza del poeta. Reflexión y creación desde el individuo, el espacio vivido y el deseo de permanecer sin tener consciencia aún de ello:

"Tiene una paz profunda aquella orilla,
donde, sentado inmóvil, de mí mismo
y del mundo me olvido, y creo que yacen
sueltos mis miembros, que ningún espíritu
ya los conmueve, y que su quietud antigua
se confunde al silencio de aquel sitio".

Es una aproximación a la fusión con naturaleza, con el cosmos que desintegra para restaurarnos en toda nuestra dimensión. Ese es el límite en que la poesía se establece cuando brota desde el centro indudable de ella misma. No es ya el ego el que dirige los vacuos intereses, sino el afán de perpetrar una palabra fuera del tiempo, permanente, tiempo en el tiempo.







viernes, 9 de agosto de 2013

SON las cinco de la mañana. Me dirijo al sótano buscándome. Sé que estoy allí y que me encuentro leyendo algunos poemas de Boecio, fragmentos de Consolación de la filosofía. Un texto escrito en los días previos a ser ejecutado y que Boecio edificó como una salmodia que conjugaba verso y prosa. 
Leo los maravillosos poemas cargados de sabiduría. Luego, repaso los textos en prosa. Aliento entrecortado y respiración pausada, rítmico ensalmo que combina la palabra en sus hechuras. El lector, toda vez que lee el texto en voz alta, forma parte de la secuencia sonora. Su decir en los labios de los labios de otro. La palabra sentida en el sentido mismo del individuo. Todo uno sola cosa, misterio. Me entrego de nuevo a la noche, naufrago en su inmensidad. 




jueves, 8 de agosto de 2013

LA palabra poética
excede la memoria
porque su tiempo eterno
no cumple olvidos.

miércoles, 7 de agosto de 2013

SÍ, la transcripción de textos me parece un método de lectura extraordinario, sobre todo, cuando uno transcribe poemas. Esa lentitud y fijación en cada palabra connota una cadencia de lectura que pasa desapercibida con la lectura en silencio. Quizás, la lectura silenciosa aspira a resonar fuertemente en los adentros y a provocar ecos y sones en un silencio aparente. 
Ahora, que transcribo en la noche poemas de otro poeta, de un poeta verdadero, voy recitándolos con parsimonia, deleitándome en cada una de las silabas, palabras, sintagmas, oraciones, versos, estrofas, poemas. La lectura en voz alta, con voz queda, casi susurrante es un diapasón fabuloso para conocer la encarnadura de las palabras, pues parece que hemos olvidado, en estos tiempos frugales, que la palabra es cuerpo fónico y sustancia sonora. 

Leo Divinas palabras, de Valle-Inclán. Como un marigailo asisto al espectáculo literario que es siempre un texto, cualquiera, del autor gallego. Hay casos extraños en la tradición literaria entre los autores que forjan las lenguas y los escritores posteriores, las camadas postreras. Algunos, cuando quieren acentuar su filiación o sus deudas, acuden al escritor amigo, al crítico de turno o al poeta de moda para que sus textos, sus minucias, sus migajas tengan resonancia (siempre fugitiva) en la sociedad. Realmente, la literatura les importa muy poco y ellos mismos terminan siendo, como la mayoría, pasto de las llamas.  
Escribo estas afirmaciones ya que percibo que los nuevos escritores se van olvidando de todo lo literario; eso sucede porque, cada vez, se lee menos literatura y la que se produce se realiza al calor de los intereses comerciales. Por este motivo, la fidelidad del escritor a la literatura ancestral, la que ha marcado la naturaleza y los límites de lo literario, es acaso la única forma ética de ser estético.

El libro de Simone Weil, El conocimiento sobrenatural, es una fascinación y una tribulación del conocimiento luminoso. En este libro el lector puede encontrarse con palabras refulgentes como estas mismas, párrafos recoletos surgidos de un caos de anotaciones, escondidos, pero que azuzan la trinchera de la sensibilidad : "Lo bello supera la inteligencia, y sin embargo, toda cosa bella ofrece algo que comprender, no solamente en sí misma, sino en nuestro destino". 

lunes, 5 de agosto de 2013

EL estío dilata las horas, sobre todo en la noche. Se expande, como la miel, delirando su caída. Es la hora de las cumbres, de las sinrazones que jalonan la vida. Varios libros encima de la mesa; música de Wagner para infligir en el espíritu una grandeza simulada y carente.  Una oscuridad de trazas luminosas: palabras, ideas, diálogos. 

*** 

El poeta termina advirtiendo que el reino al que pertenece es el de la palabra. No es una evidencia para la mayoría, antes al contrario, algunos ejercen en la cración el dominio del yo sobre el del verbo luminoso. 
Comienza todo por una fabulación de las palabras en la mente y la consciencia del poeta, pues cree este que está nombrando, libando allí donde otros nunca antes lo han hecho. Con el tiempo, el bardo acaba convencido de que fueron otros los que ya nombraron el mundo e, incluso, que el mundo no necesita ser nombrado cuando la palabra (palabra como discurso y cauce total) no es más que yerma melodía. 

Encontrar la armonía entre lo nombrado y cómo se nombra, esa es la virtud del poeta, la tarea imposible y la búsqueda incesante. Todo lo que sucede en plenitud no es verbal, la polifonía es imposible para el verbo, el poeta debe conformarse con la melodía ajustada a la armadura de la belleza. 

*** 

La creación es una comunión con el mundo. Para ello, el creador debe partir del mundo y no desde su lábil y corta identidad. La creación no suge ex nihilo, lo hace al contacto con el mundo. Una experiencia externa que se convoca en las profundidades de lo subjetivo para dar, como respuesta, la creación artística, armonizada, de lo vivido. Vida, idea, contacto, creación se unen en un todo inamovible. Esa es la naturaleza del misterio y por eso mismo es inexplicable la creación literaria desde sus adentros. 
La creación comienza antes del contacto. Para ello es fundamental la experiencia como lector. Solo las lecturas de autores como Platón o Dante o Rilke pueden otorgar un semillero preparatorio para el escritor. La música es la estación total y necesaria, sin el entendimiento de la música el poeta jamás podráser invisible anillo.

El poeta principia su labor con esta premisa; podemos llegar a la conclusión de que la literatura necesita de un estado previo, una previsión estética que vehicule posteriormente todos los estímulos exógenos e internos. Solo la lectura es enseñanza total, pues no solo prepara previamente sino que ayuda a entender la naturaleza del lector. 

La lectura es una escuela del misterio. El poeta debe vislumbrar su naturaleza en la memoria y en la consciencia. En esa visión encontrará el símbolo de lo que debe tañer con su palabra. Luego, la fidelidad a esa verdad que se configura indudable y cuya naturaleza es indescriptible. Solo su presencia es su ser.  El yo vanidoso del hombre debe diluirse en la entera naturaleza de la humanidad.




domingo, 4 de agosto de 2013

A un poeta futuro le escribo las palabras de Deuteronomio 28, 23-28:

"Y palparás al mediodía, como palpa el ciego en la oscuridad".

viernes, 2 de agosto de 2013

PAUSILYPON, el bálsamo que ofrecía la contemplación de la Bahía de Nápoles a los romanos que construyeron allí, en sus alturas y cimas, sus mansiones de retiro. Significa "lugar donde se calma el dolor" y, como bien explica C. A. M., cerca se encuentra el Parque Virgiliano y la tumba de Leopardi. 
Coinciden dos poetas en un lugar que nos restablece, pues quien ha visitado Nápoles y sus aledaños ha quedado ya renovado por siempre. Dos tumbas, restos, parajes de poetas que aún resplandecen en cada amanecer en una tierra en la que siento que fui algo entonces. 

Plango me no esse quod fuerim. Con estas palabras se dirigió san Jerónimo a san Eustaquio. Deseo, anhelo ser lo que fui. San Jerónimo sintetizó con esta sentencia un sentir cada vez más anexo a mi días. Siento que en determinados lugares he sido algo antes, he existido con una fuerza proteica y mineral que me hace renunciar a todo y que va ocupando el lugar de lo que soy. Esa confluencia de los tiempos y los espacios en música la denominamos armonía. 

Es un afán de vivencia lo que me sucede cuando deambulo por tierras italianas; así sucede con los textos que contienen materia del centro indudable. Una llamada, la imantación hacia el origen inexcusable que fuimos y seguimos siendo.  






jueves, 1 de agosto de 2013

EL ESTILO, la disposición de la frase, la relación de conceptos que brota sin más ni más, la cadencia musical de la prosa, la introspección en la psicología de los personajes, la justa palabra y el orden de la sintaxis y, sobre todo, el misterio de su narración y la salmodia, hacen de Conrad un autor del que conviene callar todo el tiempo en los márgenes del libro. 

Es un relato largo pero parece que posee la hechura de una interminable laguna, un mar insondable. Lo va leyendo uno con la atención hipertensa, con la impresión de que va dejándose mucho en el camino. Es una lectura gozosa, que regodea al que se enfrenta a la fabulación.

*** 

Poco a poco todo va tomando esa claridad y esa extrañeza de la que nunca huimos. 

*** 
  


miércoles, 31 de julio de 2013

"EL MUNDO de los vivos encierra ya por sí solo bastantes maravillas y misterios; maravillas y misterios que obran por modo inexplicables sobre nuestras emociones y nuestra inteligencia, ello bastaría casi a justificar que pueda concebirse la vida como un sortilegio", estas palabras de Joseph Conrad, colocadas previamente a la narración de La línea de sombra, las tengo por un párrafo indispensable. Encierra una teoría de la vida y de la literatura con la simpleza y la profundidad de la visión. 

En muchas ocasiones, leemos teorías, ensayos sobre la relación entre la realidad y los fantástico. La narrativa hispanoamericana a partir de los años cuarenta es un ejemplo excelente de membretes y tabulaciones, de lo real maravilloso al realismo mágico. La literatura del siglo XIX ofreció buenas muestras de ello. Realmente, todos los periodos de la literatura poseen ejemplos, formatos, muestras. 

Conrad, como Borges, solucionó la cuestión con claridad y aceptación. El hombre de talento sabe que su palabra solo está hurgando en una franja muy reducida de la realidad y que por muchas páginas y párrafos y palabras que escriba siempre será un minúsculo ejercicio. Así lo entendió Rulfo y Borges y así los grandes poetas. 

La vida y la literatura se diluyen para proyectar un resplandor de promesas.    


martes, 30 de julio de 2013

DE PRONTO, comenzó un viento que me recordó a la bora en Trieste. Estábamos dialogando sobre las figuras en la noche y acerca de la poesía que se escribe en estas décadas. M.C. mostraba su parecer. Puedo asegurar que, después de más de una década junto a ella, no ha cambiado un ápice. Esa enseñanza y fidelidad a la palabra poética auténtica y verdadera ha norteado siempre mi acercamiento a lo literario. 

Trataba de resumirle la lectura de "La revelación mesmérica", de Poe. Al principio estuvimos comentando  la técnica narrativa que Poe había adecuado con magisterio al contenido del relato. Luego, estuvimos indagando sobre la naturaleza misma de lo que se había narrado. Leí, en voz alta, algunos pasajes del diálogo. Volví a repetirlo con parsimonia y recalcando algunas palabras. Cree el lector que cuando se detiene sobre un término y lo silabea y lo subraya está acercándolo a su entendimiento. Eso mismo hacía yo, trataba de transmitirle a M.C. todo lo que se me pasaba por la cabeza.
Ella demuestra que el amor es la superación de la individualidad. En esa pluralidad, el ser es pleno y armónico.

Días gratos, de temperatura excelente. E. y M.C. junto a uno, resguardando mis usuales desmanes e histrionismos. Contemplando naturaleza. Respirando mar. Mis ojos en los ojos del cosmos. Leyendo. Asimilando mi sustancia fugitiva y pasajera, mi muerte venidera y cierta.  


domingo, 28 de julio de 2013

El cielo está marcando nuestra estancia. En estos parajes de la península, el verano posee otra cadencia distinta al sur Atlántico. Sin embargo, esta templanza mediterránea, la caída de esta luz  que tamiza sin sobresaltos, sin restallar sobre los objetos, me agrada en demasía. 
Es una luz que perfila y da pábulo al espíritu. Ayuda a penetrar en la realidad pues nada en ella es discurso de la realidad inventada. Diríase que hay una verdad cada mañana y que sueño con esta luz griega e italiana, tan suya, en sí, aquí en España. 

viernes, 26 de julio de 2013

Frente al Mediterráneo todo es mansedumbre. Escuchamos el mar golpeando las piedras y contemplamos la luna hasta la madrugada. Ayer estaba naranja, entrevirada en las nubes que la noche nos dejaba divisar. E. Dormía vencida por el cansancio, pero M. C.  y uno se defendían de la atracción del sueño.
Cada día considero que dormir es entregarme a un confín y que vivimos una vida demediada entre la sensitiva y la úmnica. Sin embargo, cuando todavía nuestro cuerpo se mantiene erguido debemos proseguir en el cauce del entendimiento. No hay para el hombre tiempos aplazados, no existe el momento ideal de las acciones. Todo para el hombre es voluntad, incluida la creación literaria.

Un sosiego plácido después de atravesar Andalucía de occidente a oriente. En el viaje iba el paisaje transformándose con el mismo galope con que nosotros fuimos siendo otros. 

Al llegar al Cabo de Gata, el mar se impuso al unísono con la piedra. Desde los acantilados observábamos el labriego del mar incesante sobre la piedra. Esa obcecación que sólo en la naturaleza es virtud y es armonía. 

miércoles, julio de 2013

Nos hemos levantado temprano. El sol levantó el vuelo y dejó una claridad sobre el Mediterráneo sorprendente. La noche anterior nos habíamos quedado tratando de interpretar las figuras de la orilla en la noche.
Hemos almorzado pescado frito y unas sardinas. E. Sigue mirándolo todo con su maestría de niña. 

M. C. termina de leer la novela que comenzó  hace unos días. Comenta, en ocasiones, pasajes que sabe que son de mi gusto y los glosa y trata de aplicarlos a la cotidianidad que nos acoge. 


jueves, 25 de julio de 2013

PASAREMOS unos días cerca del Mediterráneo. Iremos a un lugar alejado del occidente peninsular en que la tranquilidad y el sosiego nos ofrezcan la muda contemplación. Escarpado el horizonte, montículos de lomas desérticas. Iré como E., desnuda de espíritu.  


domingo, 21 de julio de 2013

LLEVO varios días leyendo a Poe y jugando al ajedrez. Alterno la lectura con la matemática, la ensoñación con las acciones exactas. Voy conjugando el juego con el deleite y cuando termino de leer un relato voy raudo a acabar la partida -que casi siempre pierdo- de ajedrez. 

Me gustan las blancas, aunque desde esta mañana siempre juego con negras. Cada movimiento está prefijado por el origen y por el devenir. Como los versos de Eliot en Cuatro cuartetos, exactamente con la misma naturaleza. La diferencia radica en una cuestión que Cervantes, venido al caso, no solo soslayó sino que doy la respuesta maestra: la ironía. 

Quizás al escritor de luces, al poeta de pura estación tan solo le quede la ironía y la condescendencia consigo mismo, esto es, una humildad de raigambre, para poder jugar en la literatura con la verdad y con la límpida palabra de niño frente al mundo haciéndose ante sus ojos. 

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Repaso, releo poemas de hace unos años. Detesto el cincelaje sobre los versos escritos hace años, pues si uno tiene que volver sobre ellos eso significa que no fueron revelación.

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Entre tanto, la noche. Después de que la gata negra pariera tres gatitos, fuimos a las marismas del Guadalquivir a su paso por Los Palacios y Villafranca, en Sevilla. El sol quedaba pendiente del deseo de la noche y casi nos coge allí la oscuridad. No hay oscuridad nunca en la noche, me dije, la noche es luz de luz. 

El agua, la tierra, las aves, las luces. Todo marcaba un territorio auroral. Quedaba recogido todo en una esencia en la que uno termina habitando por unos momentos fuera del tiempo. Contemplación de la plácida fisura en la tierra ocupada por el río y colmada de arroz.  

Una tarde mineral como una piel poseída de maravillas, como una piel tatuada con símbolos y mensajes indescifrables. Tanto como el olor a aséptico que despierta en mi consciencia no se sabe qué confín. 


viernes, 19 de julio de 2013

QUIZÁS la palabra nunca haya dicho nada de la realidad.

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La poesía es el discurso superior del hombre pues añade ritmo y música a un silabeo aún primitivo.

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La poesía se acerca al mundo desde su esencia de música.

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Como Orfeo, el tiempo del reconocimiento de lo vivido es en el camino de regreso. Para regresar hay que iniciar un camino desde la intución de Verdad, Belleza y Justicia. 

jueves, 18 de julio de 2013

ES la noche. La noche tan profunda.
Silenciosos destellos y palabras...

Releo la carta de Lord Chandos a Bacon. Algunos pasajes, junto a algunos fragmentos de las cartas de Rilke o de Kafka, los tengo clasificados. Los leo con parsimonia. He decidido que no voy a transcribir ninguno en este diario, porque este cuaderno sigue siendo, tras siete años de escritura continuada, esencialmente un lugar de anotaciones, quizás, de apariciones de lo que realmente soy. 


Chandos expresa cómo en el retiro encontró el estallido de realidad que escapa y malea los límites de las palabras concentradas en un diccionario. Cuando estuvo en su retiro, comprobó cómo lo más cercano, la materia más unida al hombre es siempre inadvertida aun siendo maravilla inexplicable. En esa inmensidad las palabras son meros sucedáneos; acaso el poeta comprende que la lengua (y los lenguajes) no han dicho nunca lo que es. La realidad no sucede sucesivamente, es un todo, polifonía, armonía cuando brota verdadera. 

De tal manera observo el cuerpo de esta bitácora. Miles de palabras, giros, cientos de ideas acumuladas, lecturas y vivencias prescindibles todas para que lo que hubiera ocurrido en mi consciencia sucediera. Chandos, trasunto de Hoffmannsthal, llega a la evidencia de que los conceptos instaurados a través de las palabras, la meras palabras, es una insuficiencia frente al cosmos. Expresa el poeta la sensación de haber entendido la fusión entre lo material y lo espiritual como un todo. En este punto me encuentro. 





martes, 16 de julio de 2013

UNA de las instituciones culturales que ha terminado por derrumbarse es la librería. Ayer, cuando terminé la visita, me inundó una preocupación que nunca antes me había golpeado de esa manera. Visitar una librería, indagar en sus baldas los títulos conocidos en ediciones nuevas, sorprenderse con la reedición de obras inencontrables, hallar la sorpresa de un libro que desconocíamos, hojear un manual que anhelamos desde hace décadas o simplemente imaginar que uno vive allí en cada una de las metamorfosis que proponen las estantería, todo ello ha terminado. Terminó hace tiempo, quizás, pero lo evidencié ayer con mucha claridad. 

No hay fondos y la poca literatura que se vende en estos recintos de bolígrafos, marcapáginas, flexos y demás cachibaches están, casi todos, en una edición de bolsillo con una página que, al poco contacto con la brisa y la humedad, es carnaza para la carcoma. Son libros flotantes, me dije, metáforas de la literatura para el hombre contemporáneo. Un lector avezado sabe que la lectura se termina convirtiendo las más de las veces en relectura y que la edición del libro que ha escogido para inicar esas letras en su memoria es crucial. Ayer escribía sobre cómo el conocimiento se crea en el acercamiento al conocimiento, en esa imagen mental que el individuo proyecta sobre l que va a comenzar a contener en sí mismo. Ahora, en estas décadas, el lector realiza lecturas de paso, de mero entretenimiento. Las ediciones no suponen nada porque lo que contienen será olvidadizo.  

Estas librerías de ahora evidencian el nuevo tipo de lector. Es obvio que ha bajado el nivel de las lecturas por diversos motivos, pero es evidente que antes en una librería uno ppdía estar horas leyendo los títulos y, en las circunstancias actuales, no aguanto más de veinte minutos, incluido el tiempo de la caja. 

Aprendí a estudiar, a leer en algunas librerías. Las combinaba con las librerías de lance, pero sucede que ya únicamente estas últimas me atraen y me conmueven como antaño las llamadas librerías de nuevo. Creo que, al fin, cerrarán las librerías o se convertirán en expendidurías de libros electrónicos.
No son ya ni el reducto de la avanzadilla cultural de los pieblos o ciudades. 
 
Para colm, no hay poesía en las librerías al uso. Se acerca uno al estante marcado por un triste letrero que reza "Poesía" y se encuentra con los libros de los poetastros de los últimos treinta años con las lavadoras y los detergentes...tanta bazofia acumulada y mostrada al mundo como poesía. 

Tendrá uno que ir acostumbrándose a esta falta, a esta ausencia y quedarse con el recuerdo en el que uno visitaba las librerías, casi sin dinero, para simplemente azuzar el espíritu y la condición en el mundo. 
 

 

lunes, 15 de julio de 2013

LIBROS encima de la mesa de todos los pelajes. Poesías, ensayos, novelas que presentan múltiples temas entrelazados por el ánimo del lector que lo jalona todo. La maquinaria de la lectura. Al verlos en la mañana pienso que las bibliotecas conforman el itinerario de toda una vida, que terminan siendo la cartografía de los intereses particulares, de los estados de ánimo, incluso, de los compromisos del lector o de los lectores que han ido edificándolas. 

Así, los libros que uno selecciona en una tarde o durante unas semanas y que deja encima de los sillones o en una silla del salón o en la cocina son las boyas que evidencian cuáles son nuestras inquietudes durante esos días. Es cierto que de esas selecciones esporádicas nunca se hace cuenta el lector, pues su memoria se va conformando con un todo, en un cauce profundo. Sabe el lector que esa eventualidad será sustituida por otra y por otra más pasadas las semanas y que lo que hoy nos desvela y nos conmociona puede que mañana quede aletargado en una esquina de las baldas como meros testimonios del paso de nuestra consciencia por el asunto. El lector sabe de su frugal condición, pero jamás la abandona por finita. Su vida es selección continuada, y ¿no lo es al fin la vida misma? 

Esa naturaleza del lector me conmueve, me resulta una sinécdoque de nuestra condición, pues encuentro pocas similitudes tan ajustadas a la vida como esta que menciono. Sabe el lector que su labor es insondable, que siempre habrá un volumen que jamás leyó, que su deseo será irrealizable. Una acción que se va haciendo lentamente, con el paso del tiempo vivido y contra todas las argucias de la vida contemporánea. Incluso podríamos afirmar que el lector, en estas décadas de imperio tecnológico y, sobre todo, audiovisual, ha quedado relegado como figura de antaño, que guardaba silencio frente a un texto durante horas, días, semanas, meses. 

Tengo la convicción de que el conocimiento no es algo que comience en el conocimiento mismo. Cómo nos acercamos al mismo, cómo estructuramos la relación que mantenemos con él nos condiciona. La lectura silenciosa, en papel, con un lápiz en la mano que subraya pasajes, ideas, que escribe la propia lectura. Pocas cosas van perfilándose tan claramente como la acción de leer. Leer para vivir, con Flaubert.  


sábado, 13 de julio de 2013

SOMOS, la mayoría del tiempo, lo inexplicable.

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Los dioses son donde los hombres no pueden ser.

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La poesía y, sobre todo, la música, establecen relaciones con lo invisible que ni el poeta ni el músico pueden explicar. No es necesario hacerlo para su plena existencia; en cualquier caso, solo colma el ego del mediador. Nada más. 

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El poeta que atisba esa consciencia revelada es tentado por la soledad sonora, por la noche oscura.

jueves, 11 de julio de 2013

TRATO de expresar y de comunicarme con el mundo en un lenguaje que se aparte de las trabas y y de los límites sintácticos de mi lengua materna, la española y, en definitiva, de la comunicación verbal sea cual sea su naturaleza. A ello sumo la ausencia de todas las extrañezas de lenguas aprendidas a lo largo de la vida. Incluso, y eso me ha costado ejercerlo en la consciencia, he alejado el lenguaje musical de mi memoria, acaso la forma de creación más pura y universal. He querido, en fin, hacer inexistentes todos los mecanismos y lenguajes con los que alguna vez expresé al mundo, como humano, alguna respuesta al espíritu de este tiempo, a lo contemporáneo. Debe uno alcanzar el espíritu de lo venidero, que es el perenne, y adentrarse en la esfera en que la palabra lo abarca todo para no decir nada. 

Nuestra naturaleza como mortales nos impide ejecutar esta transición que convoca las luces y las sombras en una sola forma. Esto se consigue leyendo los textos que contienen lo que Platón llamaba la semilla mortal, la simiente perpetua de la verdad.  

Es el silencio lo que acontece cuando uno ejerce su consciencia y la fuerza a esta otra dimensión de lo real, de lo real velado. Lo sentido de forma unilateral y tamizado por los sentidos unívocos, ajustados a la utilidad, a su valor práctico, a la justificación inmediata, van adquiriendo la naturaleza del espíritu de la profundidad. 

Sentido y contrasentido, luz y oscuridad, uno demediado en dos o tres o múltiples realidades que parecen una sola cosa, una mismidad. Es una reversión a lo originario, a lo intuido, a la topografía del conocimiento en que los métodos positivistas tan poco pueden aportar. Dice Jung en su Libro rojo:

"La totalidad del alma, es decir, el sí-mismo, representa una conjunción de opuestos. Sin sombra tampoco el sí-mismo es real". 

La evidencia de estos fenómenos externos que captamos o apenas atisbamos son símbolos. Por tanto, no podemos entender todo esto como ensoñaciones, alucinaciones pasajeras, estados eventuales de una mente desabrida y fuera de toda razón. Antes al contrario, el poeta -y aquí lo nombro con mucho cuidado- asiste al comienzo de un camino que le es revelado. Esa revelación necesita la acción y la palabra es la acción, por eso es el principio en los textos sagrados. 

Esta realidad completa al todo, nos completa como seres. En este sentido, escribió Goethe al final de su Fausto:

Todo lo transitorio
no es más que símbolo;
lo imperfecto
aquí halla su acabamiento;
lo inefable,
aquí se torna acto"

Suena Wagner, el comienzo de El anillo de los Nibelungos y tan solo me dedico a respirar profundamente. Contengo el mundo en cada respiración y me entrego al mundo en cada respiración. Al fondo, en los ecos el unus mundus, el mundus archetypus y el deseo, como afirmaba Jung, de que se produzca el esse in anima

   

martes, 9 de julio de 2013

EL DOCTOR le había diagnosticado una parálisis al músico avejentado. Apoplejía, dijo el doctor Jenkins, ceremonioso. Schmidt insistió con sus preguntas, ¿podrá, al menos, volver a trabajar? Eso nunca más, contestó el doctor. Hemos conservado al hombre, pero al músico lo hemos perdido.

Es un pasaje que ilustra el desconocimiento de la ciencia sobre lo velado. No son fuerzas medibles, impulsos que puedan cuantificarse en grado alguno, medidas milimétricas o subatómicas que no conduzcan, precisamente, a absurdos y desconciertos. Estamos ante el proceso de la creación revelada, la más excelsa, acaso la única que posee el alud de permanencia. La acción que sigue siendo inexplicable para el mortal. 

Trato de rememorar el pasaje que relata Zweig en Momentos estelares de la humanidad. Pasados unos meses, tras una evolución asombrosa, Händel compone de un tirón su obra magna, El Mesías. Fue otra revelación, pues solo en las creaciones puras suceden acciones de esa magnitud en el espíritu.

De un tiempo a esta parte voy comprendiendo algunos asuntos que antes solo eran tanteos, explicaciones banales y hueras. Esas lábiles palabras eran lo que me hacía estar en el mundo, intentar ser. Por este motivo, la evidente incomprensión de la mayoría de las realidades que cohabitan en esta realidad y que son apreciables y sensitivas o meramente  intuidas siempre se desenvuelven con otros mecanismos, con una fuerza que entrañan otra disposición de la que nunca sabré decir nada, pues es inefable. Es el estado del silencio y la soledad. A diferencia de la música, en que el silencio no es antecesor ni marca alguna de fin, sino que se integrar en la misma armonía, la poesía ha tratado de utilizar el silencio como un recurso para llevar la palabra al límite. No creo que el silencio establezca ningún límite, el silencio es esencia de la palabra polifónica.    


Claridad, luz sonora, humildad son los atributos con los que Zweig coloca la escena en el imaginario del lector. Aclara lo sucedido con inmejorables prosa: “De nuevo había encontrado el lenguaje con el que hablaba con Dios, con la eternidad y con los demás mortales". Y queda uno contemplando estas palabras, negro sobre blanco, absorto, meditabundo, alejado de los corifeos y las camarillas.  

domingo, 7 de julio de 2013

I

EL LIBRO de Séneca que más me sorprende es Naturales quaestiones. En el Libro I he encontrado no pocas claves que, en lo más personal, siempre he perseguido y tenido la intuición de que son necesarias, fundamentales, para encauzar la palabra literaria en la corriente de lo universal. Se pregunta Séneca -y nos hace preguntarnos a nosotros como Lucilio-: "Qué es dios? La mente del universo. ¿Qué es dios? El todo que ves y el todo que no ves". Prosigue con unas aclaraciones a estos conceptos que tratan de dilucidar las diferncias entre los mortales y la naturlaeza de dios: "Lo mejor de nosotros es el espíritu, en él nada existe aparte del espíritu. Todo él es razón, mientras que a los mortales los domina una confusión de tales proporcones que eso, a lo que nada sobrepasa en belleza ni en ordenación y fidelidad a lo planeado, los hombres lo consideran casual, reversible por el azar y, por ello, desordenado [...]".

Séneca se propone la tarea de entender qué es dios en todas las cosas de naturaleza, en las realidad dada, ya establecidas por orden y armonía de la fuerza ordenante. Su propósito está motivado por un interés mayor: saber, dice, una vez que tenga la medida de dios, que todo lo demás es pequeño. 

Sin embargo, la sentencia que dejo siempre en la memoria, tras a lectura gozosa y sabia de estas páginas, es la siguiente: "Ah, qué despreciable es el hombre, si no consigue elevarse por encima de lo humano!". 

*** 

La mañana es un carrusel de luces y yo me recuerdo en Venecia. El verano es Italia, puramente la tierra italiana. Ella me mostró hasta la altura de la belleza y cómo el amor posee sus mecanismos como el sur sus aires. Cada paso recorrido, cada ciudad visitada, cada rincón y cada paisaje siguen percutiendo en la memoria siempre que me dispongo a escribir o a pensar o a revelar el espíritu sobre lo humnao. Italia fue el lugar en que entendí que es despreciable ser hombre, meramente hombre, un hombre solo y engreído. 


jueves, 4 de julio de 2013

ORIGEN

EL MENSAJERO celeste aparece a las puertas del sexto círculo. En este punto, Virgilio dice: 

Vosotros que tenéis la mente sana,
observad la doctrina que se esconde
bajo el velo de versos enigmáticos.

La llegada del mensajero es así descrita por Dante: "Me destapó los ojos[...] Luego, tomó el camino cenagoso sin decirnos palabra. 

*** 

"Deja que todo te suceda: la belleza y el espanto", Rainer Maria Rilke, El Libro de las horas.

En Toledo, tras contemplar las pinturas de El Greco y del estupor que le produjo aquel paraje al que había acudido casi por una revelación o un sueño, comenzó a escribir la sexta Elegía:

Suponiendo que un ángel me estrechara
súbitamente contra su corazón: mi ser se extinguiría con su intensa presencia. 


Rilke dirá de Toledo: "No hay nada como Toledo que dé una imagen tan elevada de lo suprasensible; las cosas tienen allí una intensidad que no es común, y que no es visible a diario: la intensidad de una aparición". 

La tarde se declina con la presencia de Parsifal y con la lectura de la Oda XI, de fray Luis de León, dedicada al licenciado Juan de Grial. El ameno verdor de la tarde va lentamente sucumbiendo a la noche. Colocan un disco, es Mozart, el concierto de Flauta y el quinteto para clarinete; me recuerdo por un instante en el sendero, en Trieste, caminando por los acantilados, donde todo fue azul y delicia, terror y convencimiento, por allí, por donde existió para mi memoria la sexta puerta en la que me esperaban.  








miércoles, 3 de julio de 2013

ORIGEN

LAS tardes de verano eran de música. Recóndita armonía que era una plenitud a la que no podía renunciar. Recuerdo los quintetos para clarinete de Brahms y las sinfonías de Beethoven. Los veranos eran un cauce de interminables dimensiones, cargados de símbolos que, con el tiempo, siguen perpetuándose y zumbando en mi consciencia.

Hace unos minutos volvía a sonar el quinteto de Brahms. E. estaba jugando con mis orejas. Tiraba de ellas, las pellizcaba mientras los sones iban trazando en la memoria recodos y recónditas presencias de armonía. Ha sido la vida y la paz, el estado al que el hombre llega y quizás casi no sobrepase nunca. Nuestra condición es la primera y última consciencia. No somos más porque no podemos serlo, ni siquiera tenemos la sustancia de los dioses. Somos edad sin tiempo, cuerpo. Tránsito y fuga. 

El hombre, como señalaba Leopardi, debe albergar en su pensamiento la compasión por sí mismo y la complacencia. No señalo con estas palabras un falso consuelo, sino una compasión con la especie. Esa es una de las revelaciones vitales: no somos nada más que nadie. 

Leopardi asumía que el género humano no creerá nunca no saber nada, no ser nada, no poder llegar a alcanzar nada. En su italiano estiloso del Diálogo entre Tristán y un amigo: "Il genere umano non crederà mai né di non saper nulla, né di non essere nulla, né di non aver nulla a sperare". 

Se requiere de una fortaleza de ánimo, de un espíritu renovado que ha dejado de ser para poder seguir siendo. Esto sucede en pocos instantes, en un haz de deslumbramiento que puede conducir a una negación absoluta de todo, a renegar de todo lo existente al comienzo de esa consciencia. posteriormente, la virtud está en la armonía. Quizás la existencia de todo suceda en polifonía y los hombres solo podamos entender una mínima secuencia de esas órbitas. Quizás, como decía, las revelaciones ocurren cuando el escritor asoma, minúscula estación, en un ínfimo territorio de ese estadio sucesivo, de polifonía no de la vida humana, sino del cosmos, de la existencia plena.

Es, en este punto, cuando el poeta se encuentra con el problema mayor de la poesía, con el jardín de senderos que se bifurcan. La poesía como religión inexcusable a pesar de todo. la lucha continua o la poesía vivida, únicamente aceptada en sí misma a menos que sufra el poeta la revelación dadora de palabra verdadera. En un camino u otro, el poeta debe aceptar y comprender. No es insuficiencia de la palabra por nombrar la cosa; ni la poca entidad por nombrar la cosa lo que lleva al silencio. Nunca el silencio es negación de la palabra. 

El silencio es el territorio que incluye a la plabra, la precede, la sobrepasa, la abriga, la relega de nuevo a su ausencia. Eso se entiende en el rumor oculto de la soledad, no rodeado de cantares y centinelas de las sombras. Soledad polifónica, silencio nutricio, palabra jamás silabeada. Platón prefería el diálogo en oral en la memoria que la palabra huera.   

ORIGEN

EL HOMBRE debe ser superficie de eternidades.

*** 

Eres edad sin tiempo.

*** 

Leo el poma de Leopardi "El pensamiento dominante" poseído por un furor y un delirio.

*** 

Leo el pema de Rilke "A la música" en la noche de la noche. 

ORIGEN

LAS tardes de verano eran de música. Recóndita armonía que era una plenitud a la que no podía renunciar. Recuerdo los quintetos para clarinete de Brahms y las sinfonías de Beethoven. Los veranos eran un cauce de interminables dimensiones, cargados de símbolos que, con el tiempo, siguen perpetuándose y zumbando en mi consciencia.

Hace unos minutos volvía a sonar el quinteto de Brahms. E. estaba jugando con mis orejas. Tiraba de ellas, las pellizcaba mientras los sones iban trazando en la memoria recodos y recónditas presencias de armonía. Ha sido la vida y la paz, el estado al que el hombre llega y quizás casi no sobrepase nunca. Nuestra condición es la primera y última consciencia. No somos más porque no podemos serlo, ni siquiera tenemos la sustancia de los dioses. Somos edad sin tiempo, cuerpo. Tránsito y fuga. 

El hombre, como señalaba Leopardi, debe albergar en su pensamiento la compasión por sí mismo y la complacencia. No señalo con estas palabras un falso consuelo, sino una compasión con la especie. Esa es una de las revelaciones vitales: no somos nada más que nadie. 

Leopardi asumía que el género humano no creerá nunca no saber nada, no ser nada, no poder llegar a alcanzar nada. En su italiano estiloso del Diálogo entre Tristán y un amigo: "Il genere umano non crederà mai né di non saper nulla, né di non essere nulla, né di non aver nulla a sperare". 

Se requiere de una fortaleza de ánimo, de un espíritu renovado que ha dejado de ser para poder seguir siendo. Esto sucede en pocos instantes, en un haz de deslumbramiento que puede conducir a una negación absoluta de todo, a renegar de todo lo existente al comienzo de esa consciencia. posteriormente, la virtud está en la armonía. Quizás la existencia de todo suceda en polifonía y los hombres solo podamos entender una mínima secuencia de esas órbitas. Quizás, como decía, las revelaciones ocurren cuando el escritor asoma, minúscula estación, en un ínfimo territorio de ese estadio sucesivo, de polifonía no de la vida humana, sino del cosmos, de la existencia plena.

Es, en este punto, cuando el poeta se encuentra con el problema mayor de la poesía, con el jardín de senderos que se bifurcan. La poesía como religión inexcusable a pesar de todo. la lucha continua o la poesía vivida, únicamente aceptada en sí misma a menos que sufra el poeta la revelación dadora de palabra verdadera. En un camino u otro, el poeta debe aceptar y comprender. No es insuficiencia de la palabra por nombrar la cosa; ni la poca entidad por nombrar la cosa lo que lleva al silencio. Nunca el silencio es negación de la palabra. 

El silencio es el territorio que incluye a la plabra, la precede, la sobrepasa, la abriga, la relega de nuevo a su ausencia. Eso se entiende en el rumor oculto de la soledad, no rodeado de cantares y centinelas de las sombras. Soledad polifónica, silencio nutricio, palabra jamás silabeada. Platón prefería el diálogo en oral en la memoria que la palabra huera.   

martes, 2 de julio de 2013

ORIGEN

JUAN RAMÓN JIMÉNEZ lo vio todo, contuvo una precognición con la que luchó toda su vida. Esa era la rosa, la palabra, el tiempo, su caudal de bellezas y su unidad de delirios. El poeta sabía de la terrorífica libertad de la renuncia que concede la plena consciencia.
La palabras es la acción que nos define como humanos, como hombres en el cosmos, en la vida, pero tan solo es un estadio intermedio de la comprensión. Silencio yermo, palabra fructífera, silencio nutritivo, esa es la parábola de la consciencia. La palabra, y con ella, por supuesto, la poesía, es un pasaje, un camino de iniciación que debe ser abandonado a tiempo, antes de que el poeta piense que el camino es infinito y el fin está en sí mismo. No hay principio y fin para el poeta. 

La acción fundametal del poeta está en la renuncia, en el conocimiento de la insignificancia de la poesía y de su persona sobre todo. No me estoy refiriendo a la incapacidad de la palabra pr nmbrar el mundo. Esto es adjunto al hecho que trato. Señalo la insignificancia de la palabra en la talla del universo.
En ese punto, en esa reflexión es  cuando arranca la verdad. El desasosiego. También cuando la lectura se alza, entonces, como la única y verdadera forma de seguir viviendo.

Juan Ramón lo vio todo, pero él estaba en el amor, en un amor infinito e idílico al poema. Convirtió su vida en poema, en un cauce infinito y único. Vida y poesía brotaban del mismo origen. Esto era incomprensible para el resto de poetas que lo rodeban y que pretendían cambiar el mundo con la poesía. ¿Lo entiendes ahora?, me digo en silencio. El que trate de cambiar el mundo con la poesía es el antipoeta más absoluto,el más inconsciente.  JRJ:

El más acá, el aquí, el presente
desnudo de verdad
mía (¿y qué jente?)
La eternidad.

Es el poeta que ha recibido la revelación. La revelación es la manera de explicar la creación humana que no se resguarda en causas y consecuancias razonadas. María Zambrano lo lamaba razones luminosas y ella había desembocado en este estado de consciencia a través de la palabra y la filosofía. El propio JRJ lo explica a la perfección en este otro poema:

Iluminada, mi cabeza, alta en el mundo oscuro
¿Es la semilla iluminada de otro y mas bello mundo?

Cuanto más leo a los poetas verdaderos más alejado me encuentro de la palabra. Ellos, sus creaciones, me lajena de la palabra. En estos momentos, no creo en la palabra. Es superada a poco que contemple. Es rudimentaria, escasa, artificial. Solo la palabra que se armoniza con ritmos y música, la que se aproxima a la música pudiera ser portadora de revelaciones perpetuas que muestran, en contadas casiones, qué es el hombre. 

Todo lo que no es humano es sin palabras. Solo lo humano es palabra, por tanto, qué insignificante la palabra, tanto como lo humano.

domingo, 30 de junio de 2013

HE estado leyendo algunos pasajes de los evangelios apócrifos en la edición de mi admiradísimo Antonio Piñero; el protoevangelio de Santiago, el del pseudo Mateo. Me han interesado, sobre todo, los pasajes referidos a la infancia de Jesús y los que tienen como eje central el nacimiento y la infancia de María. Todo ello ha supuesto un ejercicio de reconciliación y de entendimiento extraordinario. 

La poesía debe conducir a un abismo rítmico, ella misma debe contener la música del mundo en sus arterias. Esa música es fónica, morfológica, semántica y suprasignificativa. Como el destello que observamos en el horizonte que no acaba de pertenecer a ningún otro ángulo.


Más que nunca comprendo el rechazo de Platón hacia lo literario, más que nunca, excepto la semilla inmortal. 

sábado, 29 de junio de 2013

AFIRMA Plotino que existen lazos naturales y sobrenaturales entre el hombre y el cosmos. Dice textualmente Plotino al respecto: "No hay azar en su vida, sino una armonía y un orden únicos". Culmina esta indagación de su propia existencia con una afirmación no pocas veces subrayada por lo que tiene de platónica: "los acontecimientos de aquí abajo se producen de acuerdo con las cosas celestes".

La primera vez que leí algo referido a las ciudades celestes, más aún, a la realidad celeste que se vislumbra en la tierra como símbolo de otra realidad emulada, a la que puede llegarse tras la contemplación, fue en un texto de María Zambrano hablando de Florencia. Era una entrevista y las preguntas se las hacía mi admirado poeta Antonio Colinas. 

En este tiempo se van aclarando muchas cosas en lo ético y en lo estético. Pensaba que todo se debía a marros en el comportamento, desavenencias variadas, al poco entendimiento del fenómeno literario. Ahora me importa resguardarme en el silencio y en la soledad, en la contemplación y en los ecos del ancho universo que acoge este cuerpo de bóveda. Quiero escuchar la música de la noche, de los violines mojados, de la aurora con cuerpo de calandria.   

miércoles, 26 de junio de 2013

LA agrafía es el estado natural del ser.
HOY, al contemplar los campos cuajados de girasoles, he vuelto a escribir. Durante unos días, me he dedicado a pensar, a meditar mucho sobre la realidad, sobre toda la realidad y a leer, a leer textos que no fueran literarios. Ensayos, informes, obras divulgativas que han vuelto a situar la literatura en su órbita más exacta. Podría afirmar que he estado fuera de lo literario y que vuelvo con más claridad como lector.

A cada nombre ejecutaba lo que Juan Ramón Jiménez: la esencialización. El aire ha sido Aire, un cielo ha sido Cielo, el amor ha sido Amor. Un completo idilio entre lo que sucedía a mi alrededor y lo que mi mente filtraba. La noche se ha convertido en el espacio idóneo para dialogar y reflexionar. Indagaciones sobre los límtes, eso es, he conducido mi pensamiento al límite del raciocionio, del corto raciocinio que puedo aplicar al cosmos.  

He llegado a la conclusión de que la poesía debe alejarse de los sentidos. He releído muchas veces, por ejemplo,  el poemad de Ruben Darío "Lo fatal" y he realizado la lectura con nuevs bríos, como un lector novísimo:

ni mayor pesadumbre que la vida consciente

Los giraoles marcan en el campo, en cada loma invadida, las presencias de Naturaleza. el hombre debe contener las dinñamicas de la naturaleza; debemos observarla, apreciarla con el amor debido pues en ella sostenemos nuestros pasos. La poesía debe ser como ese campo de rocío que amenece en cada estación plagado de girasoles, de volátiles amarillos al aire, de ínfimas presencias que son espejismo cada año.  

domingo, 23 de junio de 2013

ANOCHE, cuando leía un texto sobre los misterios de Eleusis, comencé un diálogo de luz. Un fluir de la consciencia; palabras, textos literarios, incluso algunas risas en todo ello. Pensé en Triptólemo recibiendo espigas de trigo entre Perséfone y Deméter. Cuando desperté, mantenía una espiga verde de trigo en la mano derecha. La olía con delicadeza y fue entonces cuando supe que tenía que esperar hasta la primavera. 

Así la palabra literaria, lo que llamo lo poético. El poeta verdadero no se sitúa frente a la poesía, no trata de razonar los elementos de la poesía. El poeta debe integrarse con lo ético y esa fusión conduce a la ética-estética. La palabra abarcando el eco coral del universo. Como el alquimista, el poeta debe anular el factor tiempo de toda su creación; conseguirá con ello la palabra eterna y perpetua, la que se convierte, en cada estadio de la humanidad, contemporánea.  Hay ejemplos de ellos en Manrique y en San Juan de la Cruz, también en Virgilio y en Dante, por supuesto, en Rilke y en Juan Ramón Jiménez. 

Esta es la enseñanza de la naturaleza, es evidente cuando el espíritu está límpido y ha pronunciado las dimensiones de la noche oscura. Luz de luz y respiración para contener el mundo en cada bocanada.  La aproximación racional hacia lo poético no termina de mostrar toda la realidad velada en lo poético. Escritor y lector deben pertenecer a la misma contemplación. Cuando el escritor o el lector se creen en supremacía, se produce el  alza del ego: sé este dato, interpretar de esta manera, el texto es lo que yo soy. 

El poeta verdadero se sitúa de forma distinta ante la estética, parte de un origen ético evidente e insoslayable: intuiciones como lector, revelaciones com escritor. Ni lo uno ni lo otro, no se escoge desde el raciocinio ni desde el positivismo. Aplique la técnica a cualquier disciplina y estará creando meros artefactos eventuales. Reciba, al contrario y  aun sin saberlo, la revelación y su obra será misterio y naturaleza de lo permanente. En este tipo de obras el yo se disuelve y se hace categoría, pasa de su anécdota a la categoría que lo acoge, sobrepasa todo rastro del ego, que es la perdición y la anulación de todo entendimiento.   



viernes, 21 de junio de 2013

E. comenzó a andar sola ayer por la tarde. Nuestros ojos se impregnaron de un asombro inaudito con sus pequeños pasos sobre el piso. Un paso, un desequilibrio, otro paso, el cuerpo tambalea, un paso más, sus ojillos disimulan el estupor, y otro y otro, su cuerpo busca el equilibrio vertical con el mundo. 
E. nos miraba sin buscar auxilio, pero comunicando que estaba realizando una nueva acción. Parecía contener la consciencia de que comenzaba a formar parte de la especie que la acoge. 
Fue una escena puramente emocional, que estuvo cargada, sobre todo, de amor. El amor lo aroma todo con su cuerpo cuando es verdadero; sin palabras, vertebra las acciones y es tan claro su poder, tan evidente su presencia como cuando no está.  

E. nos ha conciliado con nonatas dimensiones que poseemos como seres humanos que antes no atisbábamos a comprender, a equilibrar como ella, en la consciencia, en esa dimensión verdaderamente humana y reconocible en pocos individuos. E. ha agrandado lo que de puro y cierto hay en la vida y ha concluido achicando lo accesorio. 

*** 

Me llega una misiva de A.G.L. La leo con detenimiento. Está atravesando un momento difícil por las enfermedades y achaques de la mujer. Hay un desconsuelo en sus palabras, pero al igual que una consolación. Su caligrafía es la de siempre, robusta, envirotada, impresa fuertemente sobre la tarjeta por la fuerza de su puño. Su puño es su voz y su voz está todavía en el sur. 

*** 

M.C. me anuncia que va a comenzar a leer Moby Dick. Me lo dice de soslayo, casi sin detenerse en esa afirmación. De pronto, me quedo pensando en las fuerzas que la han llevado a escoger esa lectura. Cuando me ve pintiparado, quizás dejando a las claras demasiado desconcierto, termina por decirme que será después de leer la Commedia, de Dante.    

*** 

Tras la lectura de algunos pasajes del I Ching y de las palabras que le dedica Carl Gustav Jung comienzo a escribir un poema. Brota una palabra, un término, una secuencia. La totalidad del tiempo y la vida como una escritura invisible de no se sabe qué libro. De un libro que no hemos escrito más que con la consciencia que va, poco a poco, anchurándose

martes, 18 de junio de 2013

EL propio Freud escribió un libro, con sesenta y dos años de edad, titulado Lo siniestro. Trataba de escribir sobre lo que más temía, lo que no quería que sucediera. 
 
Dijo Rimabud, que acudió al silencio en huida: "El poeta se hace vidente por un largo, inmenso y razonado desarreglo de todos los sentidos". 

Hoy, leo. Pienso. Medito. Contemplo, únicamente respiro en mí.

Karlheinz Stockhausen: "Toda creación genuina hace adquirir concienciade algo del reino esotérico de lo que n se era consciente antes". 

lunes, 17 de junio de 2013

LEÍA, en la noche, Espacio de Juan Ramón Jiménez impulsado por un fervor nuevo y por una nueva mirada sobre el texto. De pronto, el elemento lírico se hizo cenital, originariamente canto de la semilla. Fluía el texto con una cadencia de auroras, de iris inmaculados. Hubo pasajes que cobraron significaciones ocultas hasta entonces, otras que asomaban su pico renovado y de asombro. Como las Elegías, de Rilke, la poesía de J.R.J. es cúspide de la lírica europea de siempre; alcanzó el aroma de la palabra desnuda y en sí, perpetuada en el nombre de lo permanente:

"Dentro de mí hay uno que está hablando, [...], no lo puedo callar, no se puede callar. [...] Quiero el silencio en mi silencio".

Esta mañana, continué leyendo a JRJ. Espigué por un libro, por un poema, por otro, aquí y acullá. Estaban  M.C. y E. en la cocina desayunando y comencé a leerles poemas en voz alta. Poemas de La realidad invisible como "Mi libertad, mi vida"; poema de Formas del huir como "Otro espejo"; poemas, en fin, de Hacia otra desnudez como "Lo increado completo y lo creado". Iba recitando con parsimonia y E., de vez en cuando, volvía su carita para comprobar cómo clamaba en voz alta aquella música mágica de oro y noches vencidas. Así, hasta que recito de memoria el poema "El ser uno" en varias ocasiones:

"Pasad, no penséis en mi vida, dejadme sumido y esbelto. Yo uno en mi centro".

Llegados a La estación total, M.C. comienza a dialogar con el texto y conmigo. Me dice que JRJ estaba estableciendo una religión con aquellos poemas y que todo en él es salmodia de esa realidad, de esa estética vivida. Es así como nos emocionamos con los poemas que en alguna ocasión habíamos leído juntos, sobre todo con "Desde dentro", que tanta luz ha arrojado en mi corto entendimiento del mundo. Igualmente reconfortantes son poemas como "Gracias, vida, muerte" o "Es mi alma". Poemas cargados de misterio y de la belleza en el verbo:

"Rompió mi alma con oro"


Con la lectura de los poemas de J.R.J. ocurre lo que con Rilke: descubre y renace uno mismo en cada silabeo. Son textos originarios, que están surgiendo de lo oscuro para ser en la oscura noche de la claridad.

domingo, 16 de junio de 2013

RILKE anhelaba la soledad para la creación tras las traducciones al alimón de Vita Nuova, de Dante, con la ayuda de la princesa Maria. Era diciembre de 1911 y el poeta encendía unas velas en las ramas de los abetos que todavía el visitante puede contemplar. El episodio que principió la creación de las Elegías sucedió a comienzos de 1912, a finales de enero, concretamente. Era mediodía, el sol proclamaba su efigie, un viento zumbaba desde el mar plateado hasta las rocas para acompañar el canto de un ruiseñor, Jano entonaba su huida y su vuelta. De repente, un vacío polifónico, una hendidura en la piedra del espíritu, la senda por la que caminaba, -y que tanto misterio encierra aún-, comenzó a desdibujarse. Nace la primera elegía casi al completo. 

El poeta escribe una carta a la princesa relatando el suceso, pues así entiende que ha ocurrido: una acción insólita de la poesía misma. Hay quien señala que el poeta utiliza una palabra significativa en alemán para referirse al suceso, a saber, "eigenmächtig", que quiere decir "con fuerza propia". 

Estas revelaciones continuas lo llevan a escribir o a transcribir esa agitación extraña de los dioses ocultos. Lo hace hasta que el comienzo de la décima elegía lo anuncia todo: 

"Ojalá un día, libre ya de la terrible visión que me acosa,"

Como no podía ser de otra forma, la segunda acción que emprende Rainer Maria es la lectura. ¿A quiénes acude? A los poetas alemanes que escribieron himnos: Goethe, Klopstock, Hölderlin o Kleist.
El poeta se sitúa al acecho de lo invisible. El propio poeta escribió en un pasaje memorbale: "nosotros somos las abejas de lo invisible. Libamos desesperadamente la miel de lo invisible para acumularla en la gran colmena de oro de lo visible". Rilke apunta hacia el ángulo sumergido del mundo que solo se intuye y solo se puede contemplar plenamente, weltinnenraum.   

Uno de los poetas alemanes que Rilke lee al completo es Kleist, el mismo autor a quien Stefan Zweig dedica un capítulo en su prodigioso ensayo La lucha contra el demonio. Por su parte, después de algunos tanteos del poeta con el esoterismo, se vuelca en la lectura de Fabre d´Olivet. Los tres autores que están encima de la mesa en la mañana, trazando el enjambre de lecturas al que me vuelco apasionadamente.   

sábado, 15 de junio de 2013

ENCONTRAR el rastro de estrellas que nos atraviesa, la materia primigenia que arrastra la armonía.

*** 

El encuentro entre la voz del individuo y la voz del cosmos. Música acordada.


jueves, 13 de junio de 2013

HABLÁBAMOS de Rilke. De la composición cargada de consciencia que muestran los Sonetos a Orfeo y de las revelaciones que ofrecen las Elegías. El propio Rilke explica cómo sucede todo cuando estaba caminando cerca del acantilado del Castillo de Duino. 
Aun compartiendo naturaleza, ambas son creaciones diferentes, que han brotado de encuentros tácitos del poeta con el mundo. Por una parte, el poeta vislumbra con cierta razón la poesía y su esencia hasta alcanzar un estado puro y verdadero de la palabra. En otro, la poesía es la que escoge al poeta, es el encuentro entre la consciencia del individuo con su categoría de mortal. 





martes, 11 de junio de 2013

LEO a pesar del tremendo cansancio de estos días. Trabajo en algunas notas sobre un libro del que mañana hablaré en Cádiz como lector. Pienso en esa condición y me resulta la más respetuosa de todas las posibles. Ser lector, humildemente lector; es una ofrenda y una dádiva.

Habrá indolentes en el público y a ellos enviaré mi gratitud, aunque se queden en silencio y desaparezcan. Habrá un halo de luz que inundara la casta de las sombras, aunque el jefe de los siniestros, incluidas sus gafas de pasta, ya ha dicho que no estará. 

Suena en el sótano Fields of coral. Respiro. Pienso en la acciones de los hombres, en sus palabras, me voy dejando en el compás de la música. Voya a la azotea y me asomo al cosmos. Allí, allí respiro fuertemente y con lentitud. Quiero llenar mi cuerpo y ser en la armonía de las esfereas.   




lunes, 10 de junio de 2013

EN la pintura de Heinrich Friedrich Füger, en la que se representa a Prometeo, el mortal casi aparece sin ser anotado. Está en la sombra, yacente, repleto de oscuridad. Y Prometeo, levantando la luz con el brazo derecho, mantiene con la izquierda el gesto de la sabiduría: el gesto del silencio. Solo la luz.

domingo, 9 de junio de 2013

ESTA mañana, cuando comencé a escribir en el diario, comenzaron las palabras a brotar en forma de poema.Trataba de expresar la confluencia de lo vivido en la razón del hombre. Deseaba con ello explorar el entendimiento del mundo como un todo sucedáneo e inabarcable. Una palabra, otra, ritmo, secuencias que iban surgiendo con la intención implícita no de expresar sino de crear para entender. Obviamente el resultado es nefasto, como de costumbre, pero poco me ha importado hoy esa fatalidad irrevocable. 

He logrado asumir, partiendo de la imposibilidad de alcanzar el ideal, que el poeta, el que lo sea de verdad, mantiene una relación profunda con las palabras. Y las palabras son las que nos hacen mortales; así que mantener un diálogo y una relación con la palabra es mantenerla con tu condición propia.

A veces, esta puja, se resume en la elección de un adjetivo, de un metro, de un encabalgamiento, por ejemplo. No me refiero a estos accidentes, dirijo mis apuntes a otra dimensión de la palabra como esencia. Por este motivo, a pesar de los poemas que no terminan en nada, siempre existe un aprendizaje silencioso y pesonal cuando se emprende la tarea de la creación o, al menos, de la intención de crear. Aun cuando no se consigue, aun cuando el demiurgo se siente ágrafo y estéril, hay en la consciencia una razón que contempla: los ecos y ls destellos de esa razón son suficientes.       

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La imagen muestra a Vladímir Chetkov apoyando el codo izquierdo en una mesa mientras sostiene su cabeza levemente. La mano derecha aparece sobre una pequeña libreta en una esquina de la mesa. Está inclinado hacia su izquierda con delicadeza, pues trata de ver, de leer, en mejor decir, lo que escribe su amigo, Lev Tolstói, con parsimonia, Tolstói está sentado en un sofá y su mano izquierda parece que marca un ritmo para la escritura en los cincos folios que pueden contarse. Pareciera que los dos están contemplando un milagro, en quietud, con solemnidad, una lección de anatomía del ser. 




sábado, 8 de junio de 2013

ASÍ los días, así la vida. Gris el cielo de esta mañana y tan gris todo excepto E. que da lecciones de qué es la pureza. Ayer estuve todo el tiempo agarrado a E., la olía, la besaba, la amaba. No la dejé sola ni un minuto y cuando, por la noche, la llevé a la cama, estuve mucho tiempo acostado a su lado. Esta mañana, dormía y respiraba, y en su repiración, se anunciaba una música, la música de la noche. 
  
Bajé al salón y agarré el libro de Simmel junto al I Ching. Los leí, los subrayé, trataba de encontrar una suerte de lectura alquímica que mostrara las direcciones en el jardín de senderos que se bifurcan. Recuerdo entonces que uno de los poemas de Jorge Luis Borges que más me han apasionado siempre es el que se titula "Para una versión del I King":

El porvenir es tan irrevocable
como el rígido ayer. No hay una cosa
que no sea una letra slenciosa
de la eterna escritura indescifrable
cuyo libro es el tiempo. [...]

Escribe Borges estos versos con una intensidad singular, que el el lector percibe nacida del alma, como si hubieran brotado esas sílabas para decir la verdad que atesoraba el argentino.

[...]Nuestra vida 
es la senda  futura y recorrida.

El I Ching muestra, incluida esta nueva etapa milenaria, que las verdades del corazón y los impulsos que lo dominan son los mismos en uno y en otro extremo del mundo. Dice C. G. Jung que este libro tiende a contemplar la realidad desaprobando nuestros procedimientos causalistas. Prosigue afirmando: "el momento concretamente observado se presenta a la antigua visión china bien como un acaecimiento fortuito que como resultado claramente definido de procesos en cadena concurrentes y casuales".

Esta apreciación y esta contemplación del mundo está muy cercana a lo que uno entiende como lo poético: una confluencia de acontecimientos que establecen una presencia de la verdad, de la belleza y de la justicia. Culmina Jung: "la cuestión que interesa parece ser la configuración formada por los hechos casuales en el momento de la observación". 

De este modo, tratando de desvincular el razonamiento de las causas estéticas y éticas, de todo lo que acontece, voy encontrando en el mundo otra paz, otra estancia menos cerrada y conclusa. En este razonamiento no me topo con conclusiones finitas, antes al contrario, campos abiertos se muestran a los ojos; trigo, girasoles que cada año mostraban el sendero y que ciegamente contemplaba  interminables a mis ojos. Es, en esa ilimitada figuración, donde proyecto mi ser, donde el cauce del pensamiento comienza a encauzarse. No hay hombres, individuos, solo esencias. Es el río de Heráclito, el umbral de Parménides, el daimon, el infinito de Leopardi, el ángel de Rilke, la Commedia de Dante, la noche de san Juan de la Cruz ...momentos estelares del alma manifestados en la palabra y en la consciencia. 
  
El propio Jung lo aclara en un párafo ejemplar: "En tanto que, cuidadosamente, la mente occidental tamiza, pesa, selecciona, clasifica, separa, la representación china del momento lo abarca todo, hasta el más minúsculo y absurdo detalle, porque todos los ingredientes componen el momento observado". 

Para la poesía y para la vida, el momento observado es un todo en que actúa hasta lo desconocido para nuestra razón. Me detengo en el I Ching para leer -agrandando el propio concepto de lectura- Tui/ Lo sereno, El Lago. En este punto, la alegría se manifiesta en lo interior, en la firmeza y fuerza internas que se muestran con dulzura a lo externo. El dictamen es claro: Lo sereno. Éxito. Es propio de la perseverencia. Hexagramas que fecundan una extraña participación del Cielo y de la Tierra en lo creado.       

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Naturalidad en la poesía y claridad. Es un credo que uno adopta para tratar de hacerlo personal. Fue el modo de los hombres renacentistas, de los que consideraban el arte como un fruto nacido de la tierra misma. El arte considerado un fruto que ha brotado natural y que ha sido contemplado en su justo momento de verdad y de belleza. Dice Simmel al referirse a la belleza de Florencia: "Uno entiende por qué aquí surgió el Renacimiento, tiene la primera sensación de que toda belleza, todo el significado al que aspira el arte es un ente surgido de la apariencia natural de las cosas y que los artistas del Renacimiento, incluso los de mayor estilización, tenían razón al pensar que solo copiaban la naturaleza".

La apariencia natural de las cosas es el principio de la poética, ¿cómo consegurilo con la palabra?   

viernes, 7 de junio de 2013

SOBRE los montes, anunciando una danza de verdes y de trinos, los girasoles. Han asomado al  campo que reinaban los trigos con sus varas verdes y sus cúpulas de geometría. Lo inundan todo, como laguna de luz, derramados sobre las laderas con vigorosa presencia. Año tras año, los girasoles anuncian el paso al estío y su fugitiva presencia deja al que la contempla con la enseñanza perpetua de que la plenitud se alcanza y se deshace tan rápido y tan realmente como en los hombres. Luz y vida rompiendo la tierra desde el silencio, luz y vida en los ojos cada mañana en armonía.

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Al tiempo que los girasoles se anuncian a la luz, leo otro libro con girasoles en la portada, Libre de la tormenta, de J.S.M. Anoto en sus márgenes, escribo en sus cubiertas; E. lo agarró una vez pensando que podía dibujar en él algún garabato. Libro y naturaleza conjugados.

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Dejar de ser para ser es una síntesis que aglutina a los pesocráticos con el Tao te Ching, pero también con Tolstói. Sigo leyendo sus Diarios, los que van de 1895 hasta 1910. A partir de 1902 Tolstói sufre demasiados achaques físicos que van mermando su producción literaria. Uno de los años más dolorosos para Leon fue el de 1908. El 26 de junio de ese mismo año escribía lo siguiente: "Ayer no escribí mi diario. Había pasado una buena noche y lamenté no tener dolor, no tener la oportunidad de enmendar mi debilidad de la víspera. No escribí nada...Ahora he pensado".

En este momento, el lector puede pensar que Leon va a deleitarse por la falta de dolor o que va a justificar su escritura con tal o cual afirmación, sin embargo, escribe Tolstói: "Hoy sentí la posibilidad de que en vez de "yo" todo se vuelva "tú"; sentí la posibilidad de renunciar a uno mismo, no en nombre de alguna cosa en particular, sino en nombre del sentido común". 

A estas alturas de la reflexión, atisba uno que la muerte comienza a danzar propiamente alrededor del alma y el cuerpo del extraordinario individuo. Sigue: "lo más difícil, y al tiempo, lo más neceario, es conseguir liberarse de la embriaguez que uno siente por uno mismo, por su propio "yo". Y yo comienzo ahora, en el umbral de la muerte, a sentir la posibilidad de esta renuncia. No es un gran mérito".

Las palabras de Tolstói sobrecogen y aturden al lector. Se encuentra en el umbral, en la zona de rito de paso en que el escritor va tomando consciencia de que está dejando de ser él para ser, sin más, ser.


Con el verso de Diego Hurtado de Mendoza: "Este es el propio tiempo de mudarse..." he vuelto a leer el pasaje, el fragmento elegíaco de una vida que sabe, a las claras, que para ser la vida misma debe comenzar a renunciar a lo que creía y pensaba que era.  

jueves, 6 de junio de 2013

ÚLTIMAMENTE leo de noche, bien entrada la madrugada y escribo de día, en la mañana, recién levantado. Han cambiado los hábitos pero eso no me supone ninguna discordia con la esencia de la lectura y de la escritura. Sin embargo, es muy cierto que cuando uno lee de noche se suma a los textos un silencio, el borde de un abismo que antes no había apreciado lo suficiente. 

Esta madrugada terminaba de leer algunos pasajes del libro de Simmel, Roma, Florencia, Venecia. Con una lucidez soberbia, con una prosa limpia y elegante a un tiempo, Simmel diserta sobre las bellezas que estas ciudades ofrecen a los ciudadanos. El libro, sin duda, desborda lo meramente circunstancial y se incardina en disquisiciones estéticas sobre la belleza misma como consciencia del individuo en el mundo. Dice Simmel: "las cosas son lo que para nosotros signfican, realmente son más en Roma que en cualquier otro lugar y de lo que serían sin el enriquecimiento mutuo al dar lugar el hecho de que Roma las abarca como unidad".

Al referirse a Roma, la idea central es la de la diversidad en la undad y el origen. Existe una asociación entre la ética vivida por el que contempla y la estética de las ciudades. Afirma el pensador, el maestro de Ortega: "Pues del mismo modo que la grandeza de los grandes hombres es la de no ser unívocos, sino ser especialmente inteligibles para cualquiera y contribuir a que cada uno se supere a sí mismo en la dirección propia de su ser, así Roma [...]". 

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Cuando el lector que se enfrente a las páginas dedicadas a Florencia no puede dejar de pensar en la afirmaciones de María Zambrano, "Florencia es la ciudad azul". Simmel principia el breve artículo con un párrafo prodigioso que, como advierte el lector, va más allá de la propia ciudad, va hasta la sustancia de la belleza sitiada, a saber:

"Desde el momento en que se descompone la unidad de sentido vital de la Antigüedad en dos opuestos -la naturaleza y el espíritu-, desde que la clara existencia inmediata se enajena y contrapone al mundo del espíritu y de la interioridad, desde ese mismo momento se plantea un problema omnipresente en la modernidad, ya sea en forma de toma de conciencia de esta visión, ya sea en forma de toma de conciencia de esta división, o en el intento de reconstruir una unidad con ambas partes de la vida".

Este párrafo de Simmel equivale a todo un tratado filosófico. Conviene releerlo con detenimiento, intentando otorgar a cada término su significación y sentido más profundos. "Unidad", "Antigüedad", "opuestos", "naturaleza y espíritu", "existencia inmediata", etc. términos, giros, expresiones que me pausan demasiado el avance de la lectura. En cada una de ellas escribo al margen una glosa, una apreciación, una somera huella como ser que responde ante un estímulo. En esas pequeñas respuestas, -reservadas, silenciosas-, me siento muy vivo, pues hay toda una vida de escritura al margen silenciosa y en soledad, tan solo en la armonía de un libro cerrado. Ya para uno, Florencia, con Simmel, es el hogar del alma, la unidad que "aunque llena de misterios puede verse con los ojos y tocarse con las manos".
  
   

martes, 4 de junio de 2013

MATIZA T.S. Eliot el alcance de las influencias literarias en el artículo titulado "Lo que Dante significa para mí", incluido en La aventura sin fin. Distingue entre la influencia concreta, en distintos periodos de la vida, de aquellos poetas que dejaron una enseñanza eventual, necesaria, pero perecedera, frente a los autores que no pueden limitarse a un ciclo exacto, sino a toda una vida. De la primera categoría señala a Baudelaire  y a Laforgue; de la segunda, es lo que le sucede al autor de Los cuatro cuartetos con Dante. Al leer estas consideraciones, me he sentido identificado con las razones que aporta Eliot para tomar las infuencias en uno o en otro sentido. 

Recuedo la lectura deslumbrante de Rubén Darío, el tobogán fónico, las palabras engalanadas de sonoridades, la música estallando; recuerdo la serenidad de Machado y la complicidad con la infancia; la arcaica manera de Garcilaso unida a la belleza de lo nombrado; recuerdo a Pessoa y también a Neruda...a muchos poetas y escritores que, en su momento, ayudaron a leer no solo los libros sino el mundo como himno musical y poético. Con el tiempo, esas influencias van quedando fósiles, existentes, pero carentes de vida, frente a Dante. 
Cada día, afirmaba Manguel, no puedo ir a la cama sin leer un "Canto". No llego a ese extremo, pero sí es cierto que la palabra de Dante alcanzó cotas de entendimiento para lo humano que traspasan lo meramente literario. La obra es un tratado de los mortales sin espacios ni tiempos.    

Afirma Eliot que la tarea del poeta es hacer comprensible lo incomprensible y que, para ello, debe valerse de palabras y recursos que otorguen mayor rango de emoción y percepción. En estas exploraciones luminosas arrojan luz donde no la había antes; vida, entendimiento donde nunca hubo nada para el resto de hombres. Entiende Eliot que el poeta debe encontrar el tesoro de la expresión bella y justa. Para ilustrar sus palabras propone un ejemplo con el término "transhumanar" que Dante utiliza en este pasaje prodigioso:

"Nel suo aspettontal dentro mi fei,
qual si fé Glauco nel gustar de l´erba
che´l fé consorto in mar de li altri dèi.
Trasumanar significar per verba
non si poria ; però l´essemplo basti
a cui esperienzia grazia serba

La paradoja de la vida del escritor consiste en que pasa la mayoría del tiempo siendo lector. Como una máscara, personae, participa de la literatura (drama) com un ser ambigüo, bifronte, que la mayoría del tiempo está alimentando su espíritu con la acción de leer y que, las más de las veces, escribe más como ejercicio que como demiurgo de realidads perennes. La lectura se raliza en silencio, así la escritura. El silencio es un origen y fin, ciclo de soledades.  
Por último, me atrevo a decir que la lección de Eliot leyendo a Dante puede que posea más valor que muchos de los versos que pergeñó en sus obras. 



lunes, 3 de junio de 2013

ESTA noche he vivido en los sueños. Cargado de libros, me dirigía a una playa desierta en la que un fresco amable dotaba la escena de misterio. Iba con un lápiz bien afilado, anotaba en los márgenes del poema de Juan Boscán: "Dulce soñar y dulce congojarme...", al tiempo que releía los "Cantos" de la Commedia de Dante.  A estos libros se sumaban Leopardi y Rilke y San Juan de la Cruz. Todos poemas salmódicos que entonan un ritmo de patrias en la noche. 

La obra de Dante es un sueño, una visión, y cuando se lee dentro de otro sueño el texto se hace reluciente. Cada palabra, cada giro en la obra y cada apreciación del poeta y de su guía se va impregnando de una profundidad insospechada para el lector, pues se transforma en el ínterin de lector a vividor del texto, de personaje real a personaje soñado. 

Sigo recordando el verso de Boscán: "dulce no estar en mí...", mientras trato de entender el Empíreo, el lugar en que los ojos no ven más que con el alma. Sucede cuando te circunda una luz viva, que anima la esencia en su esplendor y la hace encarnadura para el espíritu.