miércoles, 25 de diciembre de 2019

Un presente sin suceso

Está en ti antes de ser tú; y toda tu vida no es más que esa búsqueda.
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Para entonces vivir había sido ya un presente sin suceso.
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La desvaloración del conocimiento lleva a la negación del individuo.
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Con la brevedad se nombra una selección pero se piensa en la totalidad.
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Leer como estación de luz, como virtud inmóvil del inmenso ser.
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Necesito volver al sendero profundo de la soledad, a su música de oro y sus salmos de pureza, a la zancada viva de vivir. A poco que uno asoma al bullicio, a lo siniestro, acaba por confundir sus pasos. Lectura, silencio y soledad. Amor siempre.
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...volver a pisar la tierra del campo, encontrar el vuelo sinuoso del alba a los ojos, paso a paso reencontrar el sentido primero de todo, el silencio definitivo de la soledad, la aritmética perdida de la concordia en el centro indudable.Nos hallamos en todo sin ser nada.
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Confundir la naturaleza del conocimiento con el hallazgo del dato esa es luna de las controversias contemporáneas en educación.

martes, 24 de diciembre de 2019

La liturgia del tiempo

La liturgia del tiempo es la pausa infinita.
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En la búsqueda de la armonía se suceden los contrarios y estos deberían darnos mayor uniformidad y convicción, fidelidad suprema a pesar de los vaivenes y desequilibrios eventuales. En esa contrariedad reside la firmeza de la ética y la figuración de la templanza.
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La brevedad, en la palabra, es la selección y combinación esencial de lengua y pensamiento. Como tal esencia, reconcentra tantas significaciones y sentidos como lectores. Monodia sintáctica para una polifonía conceptual que arroja la ética del escritor sobre el ser y la palabra.

lunes, 23 de diciembre de 2019

Lo sublime en el corazón


Lo sublime en el corazón se torna en belleza para la mente.
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Inmensidad: gruta invisible donde nacen ecos.
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Del olor de la noche, la humedad de tu cuerpo.
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Como lámina o túnica en la tierra cereal habitas en ti, todo tú, sin màs huella ni luz que el discurrir inexistente de tu vida.
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Sucede tu memoria en el campo de zafiro de la ausencia.
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En tanto que sucedes 
representas el sueño 
del azar infinito.

domingo, 22 de diciembre de 2019

La luz en el breviario de la noche

La feliz tentación de estarse en uno sin ser nadie ni nunca.
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Henry David Thoreau en "Walden": "El símbolo de los antiguos se convierte en la expresión de los modernos".
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Leo en un volumen exquisito, "Los griegos y nosotros" de Ricardo Moreno Castillouna cita de Comte-Sponville: «Solo si somos culturalmente conservadores podemos ser políticamente progresistas».
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Inteligencia , «inter legere», leer entre líneas el suceso de todo en ti.
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La noche toda agolpada en el crujir de tus labios.
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Esta luz proclamada revela el perfil de tu ausencia.
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Unido a la inteligencia, saber escuchar es comprender.
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Contempla el mundo como si solo sucediera una vez: hallarás su permanencia.
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Todo aforismo es un ismo del aforo.
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Ni la función social de la edición, ni la crítica literaria ni siquiera la de los premios nacionales de literatura. Resulta que la autoedición va a ser más perspicaz que todo eso; y que conste que gran parte de lo que se publica en editoriales son autopublicaciones encubiertas.

sábado, 21 de diciembre de 2019

Soñando la luz del fin

Tras un tiempo, reúno los "Matinales". Los leo como ramillete, de continuo, como haz fragmentario, retoco, enmiendo, releo. Con la paciencia orfebre vuelvo a su música aunque torpe y errática.
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Hacia la razón luminosa, qué bella la lectura de Boecio, "Consolación de Filosofía", Libro V, 6: "Eleva tu espíritu que no se hunda en la tierra tu inteligencia con el peso de la materia, que no quede por debajo de tu cuerpo, mientras él camina erguido"
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Recuperar la contemplación y modelar el pensamiento son afluentes que dimanan de la lectura pero no de cualquier texto. Leer es descifrarte en la palabra del otro; perseguirte hasta el centro indudable como sombra o rapaz.
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Con el otoño siempre vuelvo a Boecio y a Marco Aurelio. Al "Ager Calvetianus", en el año 524, ensoñando a Boecio en prisión; y al Libro II de Marco Aurelio, escrito junto al Danubio, en el que leemos: "[…] Y nada es malo si es conforme a la naturaleza".
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Hay quien dice una cosa y obra de otra, quien expresa una idea de la literatura y luego desarrolla la contraria; sin embargo, lo siniestro en literatura ni es paradoja humana ni confusión eventual, es vanagloria y ego, notoria ambición de la nada. Silencio y soledad.
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Deja uno de lado los saraos (pseudo)literarios, las capillas (pseudo) librescas, los cenáculos de (pseudo)poetas, los entornos editoriales, las llamadas a congresos, en definitiva, los aledaños de la literatura. Y vuelve uno al centro, a sí mismo, limpio, verdadero y en silencio.
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Pocas culturas como la grecorromana para comprender el sentido de lo "útil" en el campo de la «paideia», incluido el «ethos» como seres sociales, de la cultura que nos ha edificado y nos ha otorgado una identidad plural y humanística. Algunos siguen preguntándose por ignorancia.
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El tiempo es el gran paradigma del desasosiego; la eternidad, el sueño de la huida.
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Címbalo profundo que lates en la noche, vuelo torcal del salmo a la palabra.
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Hay poetas que renuncian a la tradición poética sin haberla leído; luego están los poetas, los que edifican su palabra en la esencia expresiva del ayer clarividente. Hermosa reminiscencia de Séneca en Quevedo: "Qué lo que todos les quitaste sola/te puedan a ti sola quitar todos."
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Oh, poetas de este tiempo, bardos y aedas del día, gustadores del vocerío y la lección vacía, escuchad a Quevedo: [...] " Nada que, siendo, es poco, y será nada/ en poco tiempo, que ambiciosa olvida,/ pues de la vanidad mal persuadida/ anhela duración, tierra animada." [...]
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Con Quevedo, en esos versos cristalinos de la soledad desde la atalaya en que se contempla el mundo: [...] "La confusión inunda el alma mía; mi corazón es reino del espanto"
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En la noche, la figura de la memoria adquiere el fulgor de una luminaria; y, en esa edificación de lo que fuimos, de lo que narramos haber sido, entiende uno que no fue nada.

lunes, 4 de noviembre de 2019

La música a tu encuentro: el tañedor de la cítara.

CUENTA Ramón Andrés en su insuperable Diccionario de música, mitología, magia y religión que Aquiles fue instruido en la música y la medicina, entre otras disciplinas, por Quirón. Esto explicaría el abandono de Aquiles de sus tropas para combatir contra los troyanos y que pasara largas horas tocando la cítara, con exactitud la forminge. Cuando Odiseo y Ayante fueron a visitarlo, Aquiles estaba imbuido en la música. Como salmo, como ensimismamiento el héroe al que nadie podía combatir en fuerza física y virtud guerrera se sometía al canto unívoco de la cítara. 

En nuestra lírica es conocido el pasaje de Juan de Mena en Laberinto de Fortuna cuando escribe:
[...]
Mostrósenos Fíliris, el tañedor, 
maestro de Archiles en çitarizar
aquel que por arte ferir e domar
pudo a un Archiles, tan grand domador.
[...]
  
Y es así cómo un episodio de nuestra cultura, que tanto ha interferido en el imaginario colectivo, presenta las artes, la ciencia, el conocimiento de la disciplina musical como una velada manera de estar en el mundo plenamente. Música unida indefectiblemente al oído. 

El oído en música es un elemento permanente en nuestra cultura, es más, está vinculado a la conexión con el misterio más puro e incognoscible para los humanos. Ya Apolo, en Delfos, se sometía a la aritmética de la música. La propia M. Zambrano afirmaba a este respecto: "en el escuchar se da lo más penetrante y hondo de la atención, la decidida atención que el ejercicio de la vista no requiere". 
¿Cómo renunciar a ella en el desarrollo individual y en la creación de las artes? Solo el vacío de entendimiento explica la ausencia de la música. 

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Unido a la inteligencia, saber escuchar es comprender. Y la poesía ha estado, desde su origen, vinculada a la música porque su naturaleza no puede consentir otro sendero que no lo vincule a ella en tanto que forma de entendimiento del mundo. La música en poesía no es solo ritmo es comprensión y razón de entendimiento; sabiduría de lo que la palabra trata de evocar y llamar al desvelo. Más allá de los procedimiento retóricos la música del poema debiera contener la música del ser. 

jueves, 31 de octubre de 2019

El contorno de los signos.

ESCRIBIR, escribir desde hace ya muchos años como salmo o irracional plegaria.

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"Estás solo. Aprendes a andar como un hombre solo, a vagar, a callejear, a ver sin mirar, sin ver. Aprendes la transparencia, la inmovilidad, la inexistencia. Aprendes a ser una sombra y a mirar a los hombres como si fuesen piedras", escribe George Perec en Un hombre que duerme.  Releo las páginas de Perec,- a las que no acudía hacía ya bastante tiempo-, y trato de recordar los paseos por París, aquellas tardes en solitario en que recorría una y otra calle como si todo fuera desierto o trocadero infinito.  De aquellas tardes en que la indiferencia no tenía ni principio ni fin, sino que era un estado inmutable, un peso leve, una inercia que nadie lograba entender más que el yo que era entonces. Y eso individuo que poseía mi nombre y mi figura se comenzaba a percatar de que la indiferencia disuelve el lenguaje, lo enturbia y desbroza los signos en meras señales. 

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"Ahora vives en lo inagotable", fueron las palabras que se me vinieron a la mollera cuando J.S.M. me hablaba de P. y su condición mental. " Cada día estás hecho de silencios y ruidos, de luces y sombras, de espesuras, de esperas, de escalofríos". 

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Y culmino la tarde con George Simmel, Imágenes momentáneas, una estampa titulada "Más allá de la belleza". Me quedo con el subrayado que define toda una época para las artes: "Sí, nos resulta difícil tener ingenio". 



miércoles, 28 de agosto de 2019

Con Delibes en Ribadesella.

EL ejemplar estaba en una pequeña estantería de un campin en Ribadesella. Era de noche y quedaban varios minutos para que terminara el lavado de ropa y el secado de la misma. Agarré el volumen, -que tantas veces había nombrado-, y comencé a leerlo con fervor, pues desde el comienzo la prosa de Delibes es pulcra y ajustada como un guante. Decoro o saber escribir de forma natural o talento o genio; sea cual sea el adjetivo este autor siempre propone una forma estética de escribir que se amolda a una ética para el escritor: la reliquia viva de la lengua.
Decía que abrí el ejemplar y allí estaba ya, desde el principio, con la música sobria pero vivaz para uno de la prosa joven y excelsa del autor. Caía la noche con el peso rotundo de la montaña, con toda su humedad y sus raíces y seguía leyendo, casi sin levantar la vista del libro. 
Al poco, la lavadora avisó de que había terminado el lavado; la secadora en sincronía, lo mismo. Con la disyuntiva de llevarme el libro para seguir leyéndolo cargué todo en los cubos y coloqué el ejemplar en su cima, como corona o laurel antiguo. Así, cuando llegué a nuestro sitio, M. me increpó como suele hacerlo para que devolviera el libro de inmediato, sin embrago, en esta ocasión, luché con argumentos que finalmente la  convencieron. 
Del norte al sur he ido leyendo el libro y ahora está aquí, conmigo, en la mesa, en un lugar distinto al de aquellos pies de la montaña, con el calor de una casa pero con la fría sensación de que nadie volverá a rescatarlo. Por eso mismo, me planteo dejar el libro en una biblioteca pública esta mañana; está nuevo, virgen de subrayados, aislado de humedad, pero al llegar allí recuerdo a J.R.J. cuando decía que los libros en ediciones distintas dicen cocas distintas. 
Con todo vuelvo a casa y coloco el libro disimuladamente en los estantes sin que me viera M. Ahora lo veo desde donde escribo y recurro a todas las estampas de su lectura en cada día. Porque leer son los libros que uno ha leído, las ediciones, los formatos, las circunstancias. Y después el lector que fue uno queda abigarrado en el recuerdo torcal de todo aquello.         

jueves, 1 de agosto de 2019

Cuando Proust fue Montaigne y lo escribió Cervantes.

EN EL ARRANQUE de En busca del tiempo perdido de Proust se produce un hecho fabulosos que pasa desapercibido por la prodigiosa magdalena. El acto consiste en la relación entre sueño y lectura, entre el deseo de continuar leyendo un libro y el cansancio físico que nos conduce al sueño profundo. Proust lo convierte en un acontecimiento cervantino de realidad y ficción:
"Durante mucho tiempo me acosté temprano. [...] no había cesado de reflexionar sobre lo que acababa de leer, pero esas reflexiones habían cobrado un cariz algo particular, me parecía que era yo mismo aquello de lo que hablaba la obra".

Un Montaigne aparecido en plena prosa de Proust escrito por Cervantes y corregido por Kafka.

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En un poema de amor de Quevedo, que sigue restituyéndome en la poesía, puede uno leer toda la teoría simbolista de la poesía posterior, incluido a Bécquer en nuestras letras:

[...]
"Voz tiene en el silencio el sentimiento"
[...]

[Poema: ´Peligros de hablar y de callar y lenguaje en le silencio´].

Y trato de leer los poemarios actuales, las novelas de este día, pero a poco que las abro en la librería para leer el primer párrafo de cualesquiera de ella o cualquier poema de un libro, caigo en la abstención más absoluta, en el desencuentro, en el hastío. Y esto puede ser ya un reflejo de la sociedad en la literatura más profunda que nunca, pero sobre todo es la especulación hecha ya actuación de la estulticia y de la falta de lectura. 



miércoles, 31 de julio de 2019

Una ilusión del bien para la propia existencia.

CON LA VIVEZA con que penetra el levante en su primer repunte acudo al cuaderno que mantengo en la mesa desde junio para volcar algunos poemas incipientes, ideas, fragmentos, retales que surgen entre el bullicio de lo cotidiano. Una serie titulada "Matinales" que ya van siendo escritas en las primeras horas del día, cuando la luz aún es todavía sortilegio de la noche. Al fin conforman una pequeña serie de poemas escritos en la primavera pasada. 
Vuelvo al cuaderno, a la prosa extensa que acompañan el pensamiento, como decía Unamuno. Es julio de 2019 y comencé este escritura en julio de 2007. Casi de forma continuada no he dejado de escribir en este cuaderno y, las más de la veces, motivado por las lecturas. 
Llega el punto en que la vida va tornándose hacia uno mismo y es mejor escuchar, callar, contemplar que decir sin rienda ni suerte por el mero hecho de salir a lo público. Aun así, hemos regresado a este espacio con brío y con nuevas perspectivas de escritura. Esos ángulos nuevos son el incipiente reflejo de una vida cambiante, vita nuova, de Dante. Prosa y poesía en una misma evocación de la palabra primera en el hombre. 
Para concluir este primer tanteo de verano acudo a Simone Weil toda vez que Quevedo me devuelve a la poesía tras leer a los poetas de mi tiempo. Qué poca prestación, qué poca virtud y qué desdeñable palabra  poética la de los poemas actuales. Decía que Simone Weil me deja un par de enunciados con los que principio el día: "El placer es la ilusión de un bien a su propia existencia".