miércoles, 29 de abril de 2009

Agua de la fuente.

Al releer los últimos textos que componen esta bitácora he comprobado dos cosas. La primera, estoy escribiendo un Diario. La segunda, me estoy alejando de la opinión, la crítica literaria, de escribir sobre asuntos aledaños a mí mismo. Estas dos vetas me llevan a pensar que la escritura dibuja una espiral, unas líneas que van tejiendo un rostro. Además, como tema principal está la reflexión sobre la escritura y la lectura. Tanta insistencia me parece reiterativa, aunque es cierto que el escritor de la bitácora se esfuerza por traer a colación temas dispersos y convocarlos para un mismo destino.
Aparecen términos muy generales y abstractos que conducen a poco: belleza, condición, humano, nada, vida, escribir...que son trasnochados y de otro tiempo. Demasiados axiomas y aporías, predicaciones falsas del tipo: “la vida es…”, “Escribir se ha convertido…”. Los mismos nombres se suceden una y otra vez; a veces, las mismas palabras. ¿Para qué todo esto?
Al convertirme en lector ajeno, fuera de la fábula, me pregunto qué persigue el autor de este Diario, de esta escritura de tamaño embelesamiento que sólo pretende atestiguar qué hace un hombre por estos derroteros.

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No puedo remediarlo y me da lástima azuzar así al que ejecuta estas entradas. Y pienso que al menos, la Nada, para él, es ese rictus níveo del folio en blanco.

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6 de junio. “Ahora, medio ciego, tambaleándome, pero sin mayor protesta, sólo espero el final”. El final de Márai es un pespunte a la vida caduca, para Jorge Guillén un poemario inmenso como un océano. En junio, este Diario, de Márai, es un testamento de la vida en declive, de la explicación última de uno mismo. Tanto es así, que la inferencia valleinclanesca se adelanta como un fuego en el mar: “No cabe duda de que no sólo somos lo que somos, sino cómo nos ven los demás, y sobre todo lo que parece en el espejo deformante”.
Sospecho de estas palabras en boca de Márai, quizás la presencia de Vallé-Inclán sólo sea un trampantojo que ha proyectado mi memoria, esa que se activa con términos disecados.

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Al hablar de reiteraciones Márai me ha demostrado que la vida es una riteración de varias estaciones iguales. Sigue leyendo poesía por las noches y, además, añade alguna cata filosófica. Paz a los hombres, violencia en la noche, sosegado adormecer de los sentidos. Lee a Marco Aurelio, Libro IV: “Nada viene de la nada, como tampoco nada desemboca en lo que no es”, por lo que todo termina siendo un círculo, una esfera mimética que gira al ritmo de la noche. Vida, muerte, libros, amor. Ahora comprendo algo mejor al escritor de esta bitácora y sé que, en buena medida, escribir es un contrapunto sobre la vida y la vida es una. Agua de la fuente.

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Escribir es tornear la vida en el sucedáneo pigmento de la escritura.