sábado, 25 de abril de 2009

Condiciones patrióticas.

La patria es una cuestión de verticalidad o de horizontalidad. En última instancia, una estancia en un verso, periodo de literatura que engulle las dos posibilidades. La horizontalidad es un devenir del espacio, un sucederse uno mismo aquí o allí cuando la conciencia y la sociedad lo permiten. Tener una patria horizontal es defender el anonimato al que nos sometemos enmascarados y perpetuos por ideas primitivas de un colectivo, “somos esto y no lo otro”.
La verticalidad es sólida, perenne, individual y colmada de la otredad con que nos dota el no pertenecer a ningún colectivo definido. Su estado es, en términos antropológicos, la liminaridad. Un deseo incumplido, pues, una sandalia de Ulises olvidada en un rincón irreconocible. Márai, 27 de enero: “La patria horizontal se desmorona, se altera. La patria vertical es sólida, más perenne que el bronce”.
Al final de estos senderos existe una posibilidad remota e indefinible. La poesía puede desvirtuar la concepción de la patria. Un verso puede ser una patria como un islote desprendido de una península. Su terreno es la espiritualidad proyectada desde la existencia concreta. Un decir universal desde la posición finita de los hombres. En esa patria sobran las banderas, los himnos; su alimento es la condición humana. La condició humana se concreta en cada hombre, no exitiría sin ellos, pero lo que nos mantiene como humanidad es un colectivo, no importa que mueran muchos, sigue subsistiendo. Por eso un poeta es Prometeo, es un rebelde, es Orfeo enlos infiernos, con Baudelaire, un ángel caído que reprende a los hombres aun siéndolo.

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Lee Márai por la noche a un poeta llamado Benedek Virág. Dice de él que sus versos desprenden un patriotismo malhumorado y refunfuñón. La curiosidad me corroe y busco un poema del poeta de marras. Lo leo y me siento la noche misma, una oscura búsqueda.

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Leer un diario es dormir en la cama de otro escritor. Tener su entendimiento, su mirada hacia los objetos simples. Aprender a establecer las extrañas relaciones entre la realidad y la lengua, si es que la realidad no es la lengua. Oler sus entrañas, husmear en su mollera. ¿Hay alguna literatura más cercana y pura de la plenitud que un diario con pretensiones estilísticas?