domingo, 5 de abril de 2009

¿Leer es un problema?

Esta reflexión es un eterno retorno, un transitar por los mismos fangos:
¿Para qué comprar tantos libros, si no tenemos tiempo de leerlos?
Cuando esta pregunta proviene de alguien que no es lector, le recorre a uno la sensación de olímpico senador de su biblioteca y, con esta sensación, la respuesta queda en nada, casi en la pregunta. Sin embargo, cuando la pregunta la plantea un lector avisado, considerado compañero parnasiano de viaje, queda uno trastocado y ebrio de inseguridades.
La respuesta no la sé, pero la falta de respuesta me está llevando a plantear unas hipótesis que arrancan de la propia negación. A lo mejor no es necesario tanta relfexión y habría que dejar el tema como un lastre que nos sobra, que no merece nuestra más minima preocupación. A pesar de todo, si hubiera que entrar en faena, creo que habría que aclarar varios conceptos para hacer frente a la disyuntiva, a saber:
¿Qué es leer?
¿Qué implica leer?
¿Qué es el tiempo?
¿Qué implica el tiempo?
Con estas -y otras tantas- preguntas podemos acercarnos al problema. ¿Leer un libro es pasar por todas sus páginas? ¿El tiempo para leerlos es el tiempo de los mortales? ¿Basta leer un libro para leerlos todos? ¿En ese tiempo de la lectura, qué hay de nuestra vida? ¿Es tiempo inmortal porque escapa de la cronología?
Casi sin darme cuenta, estoy imbricando el problema del tiempo para leer en una cuestión ontológica y eso, en definitiva, nos lleva al ser. Por tanto, leer es ser, leer implica tiempo.
Con estas aporías he desvirtuado quizás el problema, pero al menos intento luchar contra el sofoco que me invade, a veces, no siempre, el estar delante de tantos libros, inalcanzables aquí, ahora, ¿son, quizás, para otra vida?

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La mañana se va entregando con su bajamar y con una panoplia de desconciertos. No termino de configurar mi respuesta a la lectura cuando otras palabras me distraen y extravían. No es para menos.
“El arte tiene más valor que la verdad”, sentencia Nietzsche en Voluntad de poder.
“La obra de arte es un modo de acontecer de la verdad”, dice Heidegger en Arte y Poesía.
Uno, Nietzsche, sobrepone el arte a la verdad en términos de valor, aunque en definitiva establece cierta filiación entre ambas, porque para superarla debe pertenecer a ella, se origina con y en ella.
Heidegger, por su parte, admite que hay más formas de revelación de la verdad aun sin nombrarlas. Está proponiendo la aletheía griega, el acontecer como manera de encontrar la verdad, a través del arte.
Ambos admiten el principio de verdad y ambos consideran el arte como una disciplina capaz de revelarla e incluso de superarla.
¿No será la verdad la que revela el arte, no mueve la verdad al artista a su configuración?

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Tiempo de lectura, un modo de acontecer de la verdad, en su transcurso no hay cronología, sólo desvelo de los límites.
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Leer, verdad absoluta, posee más valor que ella y a la vez es un modo de acontecerla.