martes, 7 de abril de 2009

I. A vueltas con la Literatura. II. Una breve historia de la cultura en España.

La literatura se cobija allí donde estén las palabras, con ellas se vislumbra su hocico, en ellas comienza y en ellas termina, con ellas se anuncia al mundo. Sin ellas, no tiene lugar de aparición. Escribo estas líneas porque en algunos libros de ensayos o de pensamiento me he encontrado con más literatura –a pesar de nuestros intentos vanos de definición- que en las novelas o en las poesías que se vienen publicando.
Es cierto que la definición de literatura está sujeta a la naturaleza de la literatura y si algo caracteriza a la literatura es su transformabilidad y su desfigurabilidad. Estos polisílabos, que tan bien definen ese estado continuo y pendular de la palabra, son los que utiliza Manuel Asensi en Literatura y Filosofía (Síntesis) para diseñar una definición de Literatura que se separe y delimite a la de Filosofía. El autor, de principio, es consciente de la dificultad y, por este motivo, llega a tal conclusión. ¿No hay acaso filosofía en una obra literaria o pictórica o musical?
El segundo punto, que se suma a la tesis anterior, es la reflexión sobre qué entendieron los autores, de distintas épocas, por literatura. ¿Sófocles, Manrique, Cervantes, Joyce, Borges… cuando hablaban de literatura, entendían lo mismo?
Sin embargo, todas estas obras, de distintos periodos, nos llegan como un totum revolutum en que sólo distinguimos al creador que está detrás de ellas; son tomadas como obras literarias, sin dudas, y pertenecientes, por tanto, a la misma naturaleza a pesar de que sus autores creyeran en concepciones distintas del hecho literario. Es decir, la metamorfosis de la literatura es connatural a su desarrollo.
La definición de literatura lleva implícita una enumeración, una yuxtaposición de propiedades en que ninguna sobrepasa a otra en valor e importancia. Sólo se me ocurre escribr que definir la literatura es lo que está por definir.

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Son páginas jugosas, por la erudición, la síntesis y la prosa con que están escritas. Un breve recorrido por la Historia de la cultura en España a ritmo de catedrales, esculturas, escritores y elementos culturales que han tejido la compleja, pero apasionante, historia de España. Fernando García de Cortázar lleva unos años escribiendo libros que se alejan del quehacer académico y que aspiran a un público más amplio, que no por ello menos entendido. Saliendo de esas fórmulas académicas, consigue García de Cortázar una prosa adecuada al relato que tiene entre manos, en ella alterna el dato curioso de la ciudad o el personaje con el conocimiento de los legajos y manuscritos, las sentencias inolvidables de los personajes capitales, con los versos de los poetas que adularon el rincón peninsular. En ocasiones, como es el caso de Salamanca o de Toledo, de Santiago o Ávila, el autor persigue el aliento lírico y es entonces cuando el libro se vuelve más inolvidable y menos erudito, pero con ello transmite con más fuerza y ahínco la idea que persigue, la variedad de culturas que han atravesado la tierra y que han dejado su huella en ella: “Salamanca es una multiforme yuxtaposición de pupilas”.
Esta definición, cercana a la greguería, es sólo un ejemplo de los muchos que nos podemos encontrar en este magnífico libro que refresca los conocimientos que anidan oxidados en nuestra mollera. Una lectura grata, repleta de anécdotas y útil para entender mejor dónde vivimos.
Como decía Juan Benet, la memoria también es la venganza de lo que no fue. Y por esos caminos parece transitar el autor: propone interpretaciones, las analiza con brevedad, otras veces se esconde de capítulos revisados, en otras se deja llevar por la tradición. Incluso se atreve con la autoría del Lazarillo valiéndose de las tesis de Rosa Navarro Durán: “Porque hoy sabemos que Valdés escribió la novela precursora del género picaresco, que fue él quien narró en primer apersona las andanzas del pregonero de Toledo […] (pág.141)”. Ninguna osadía, por otra parte.
En definitiva, un ramillete de episodios que se articulan en torno a ciudades y autores, un repaso ameno –en el sentido primitivo del término- por nuestra historia, nestra cultura y una lectura que, a pesar de ser una breve historia, valdría por muchos años de estudio.