sábado, 4 de julio de 2009

El juicio de los moralistas. La belleza y el mundo.


Algunos poetas creen que la poesía debe escribirse para juzgar el mundo. Los grandes escritores no juzgan el mundo, lo crean.


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En julio, Kertész lanza una perorata sobre las direcciones del conocimiento. De ella extraigo la siguiente conclusión: cuando los griegos dieron inico al logos, a las phisis, lo único (qué bárbaro soy) que hicieron fue observar la realidad desde el ser, desde el hombre. Y existe, por tanto, una terruño existencial en que cada uno puedo desarrollar su conocimiento. Creo que el conocimiento es un saber directo sobre nosotros mismos y, por lo tanto, el lugar de encuentro entre la realidad y el ser. Kertész: "Me atrevería calificar de inútil casi todo el saber que no fuera un saber directo sobre nosotoros mismos".


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En los años setenta, Orwell era un autor prohibido. Por este motivo, Kertész introduce una cita de Orwell en su Diario, pero atribuyéndosela a Shakespeare. Algo parecido a lo que hacía Borges en sus cuentos y en sus poemas, esto es, poner en boca de un hombre lo que dijo otro hombre. Ambos demostraron que la verdad es cuestión de método.


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Se acerca el escritor a la pintura. Se ayuda de las indagaciones que realizó Burckhardt sobre Giotto. El erudito vino a decirnos que este tipo de pintores tenían la capacidad de extraer los aspectos más significativos de cada hecho. Y Kertész parte de esta premisa para indagar en esos aspectos del hombre solitario que se escuda en la razón de la soledad para encontrar esa genialidad de la exsitencia que nos aguarda escondida tras la malla de sombra, como una oración sin comas ni puntuaciones. Lo que persigue es demostrarnos lo absurdo de los hechos en sí mismos. La realidad parte de nosotros, con Berkeley, y de ahí se proyecta.



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Si hay una poética de la realidad, su lugar es el hombre.