lunes, 29 de marzo de 2010

Dublinesca -V-.

He decidido inaugurar una página en la que iré copiando las citas o las líneas de aquellas obras que me lleven a escribir. No es otra cosa que un diario de citas, sin más hilación ni lógica que la que ofrezcan los turnos de lectura. Es lo que hace el protagonista de Dublinesca, un documento world en que vierte las palabras que cree pueden serle de ayuda para la creación y la supervivencia. Un telar de palabras que se superponen y que ejercen un magnetismo ficcional sobre los aspectos más nimios y cotidianos de su vida.
Exactamente eso. Exactamente lo que dejó para la posteridad Flaubert en Bouvard y Pécuchet. Una lista del conocimiento, pero sin la invasión del individuo, la confirmación de que el mundo es inasible para el entendimiento.
Por ejemplo, leo en Dublinesca lo siguiente: “Cuando el espíritu se eleva, el cuerpo se arrodilla”. Tras leerlo, lo anoto en mi nuevo documento. Es una cita de Lichtenberg que utiliza el personaje de Vila-Matas y por lo tanto el propio autor. Al anotarla en mi documento, la cita se abre y se expande. Y ya no le pertenece más que a aquel que la mencione cuando su vida esté totalmente de hinojos ante la literatura. Como es el caso.

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Creo que terminaré la lectura de Dublinesca solo, sin la compañía de Rafael y Salvador. Será lo mejor para mi aprendizaje; será lo mejor para que obtenga el resultado que mis cualidades de lector me posibilitan. Aunque, de vez en cuando, estos personajes me visitan al anochecer, sin avisar, y se sientan en mi sofá, con mis libros, y me hagan preguntas sobre los subrayados y sobre algunos autores que no merecen su consideración. Esa es la lucha del escritor sin cualidades.
Hay épocas que parecen ensanchar el mundo. Como dice el narrador de Dublinesca: “El mundo es siempre más amplio en primavera”. No lo creo así. Más bien, el mundo es más amplio en la grisura del invierno, porque se confunde el mar y el cielo, porque se confunden los versos de Rilke con la prosa de Joyce. Quizás porque todo el libro de Vila-Matas sucede casi siempre bajo la lluvia. ¿Por qué? De la lluvia en Barcelona al mar de Irlanda.

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El colmo de la genialidad es esta frase de Blanchot: “¿Y si escribir es, en el libro, hacerse legible para todos, e indescifrable para sí mismo?”. Escribo para hacerme legible para los demás. Escribo para que, algún día, pueda reconocerme en la escritura. Ese día dejaré de hacerlo.