viernes, 12 de marzo de 2010

Escritos dispersos y peregrinos, sin patria; notas al vuelo de una percepción, de una turbia certeza; palabras que edifican la conciencia y que instalan en el sujeto la imperiosa necesidad de escribir. Ser en el mundo.
La exigencia con la lengua es la exigencia con el mundo; su reflexión, es pensamiento de la realidad; su escritura, acto creativo y, por tanto, social, ya que suma, a las posibilidades del hombre, un perfil único.
Esa conciencia sobre la creación, que permanecerá más allá de su creador, es la única forma de ser en el mundo, con el mundo y por siempre.