domingo, 9 de enero de 2011

Con todos los anacronismos sobrevenidos, he descubierto la música de Josquin Des Prés gracias al libro de Eugenio Trías. He de decir que Trías es el pensador español que mejor ha escrito sobre la música y que esta tarea, la de emprender un imposible, la salda con éxito sumo y con la virtud de la inteligencia. Leer sus páginas es una invitación musical, polifónica, que antecede con privilegio a una escucha detenida y que prodiga un umbral razonado para los límites pétreos y cortos del hombre. Ante libros como este, las novelas resultan fallidas ficciones y desmayadas ideas.
Después de estar varias horas escuchando su música, una incipiente fabulación de la música moderna y un presentimiento de lo contemporáneo, sólo puedo manifestarme a través de unas líneas versales, vagidos, suspiros lábiles. Todo ello a pesar de que sus composiciones las realizaba por encargo, jamás por iniciativa estética en sí o por puro deleite. En él se desmoronan todas las teorías del XIX y él, Des Prés, mejor que otro artista, condensa la actuación de un talento ante una disciplina artística.

Sol de vihuela
y límite del alba.
Oracular presencia
de los sonidos.
La piedra rota
por la lluvia y el magma
de tu presencia.
La claridad
deviene toda
de lo inefable.
Sólo en tu música
se desdice la aurora.