jueves, 6 de enero de 2011

El año comenzó en Madrid recorriendo las callejuelas que circundan la Plaza de Cascorro, en el Rastro. Era temprano y decidimos comenzar la caminata en busca del algún libro o de algún objeto de esos chamarileros que asedian las calles con cachivaches. No conozco una forma mejor de comenzar un año, rebuscando en lo antiguo para hacerlo nuevo, enraizar en lo obsoleto para reanimarlo y darle un soplo vivífico y renovador.
Como esos detectives meditabundos, comienza uno a ojear un libro de lejos, por ejemplo, el volumen I de la Obras completas de F.G.L recopiladas por Guillermo de Torre para la editorial Losada, en el año de 1938. La edición añade unas palabras de Margarita Xirgu que advierten de que la edición está realizada de acuerdo con los originales que ella poseía del autor y que contienen los últimos retoques del mentor. El lomo está muy trotado, la página de portada está despegada. Poco importan esas cicatrices. El libro está debajo de una mesa enorme con libros de lance que tienen poco valor literario y económico. Sin embargo, el volumen de Lorca descansa alejado de toda esa mansedumbre libresca; lo hace solo, aposentado en los bajos de las modas de paso como huyendo de la fábula de fuentes sonorosas y vacuas. Rescato el libro con cuidado y con movimientos de músico y el gitano comienza a mirarme de soslayo advirtiendo que si he decidido recogerlo del suelo tendré algún motivo importante para ello. Rápidamente se acerca y me dice que el libro es bueno. Ante esta acción, decido contestar escuetamente y dejar el libro donde estaba. Es demasiado temprano y los chamarileros se encrespan con sus mercancías en las horas tempranas. De golpe, medito que volveré al mediodía, cuando el marchante se vea que ha vendido poco o ni siquiera nada y que un puñado de euros sería una buena recompensa por ese libro “bueno” de Lorca que incluye Bodas de sangre, Amor de Don Perlimplín con Belisa en su jardín y Retablillo de Don Cristóbal. Así lo hago y así se lo indico a M.C. que, a pesar de todo, ya sostiene en sus manos una edición de Métrica Española. Reseña histórica y descriptiva, de Tomás Navarro Tomás, publicada en Siracusa en 1956.
El libro de T.N. presenta una edición en tapa dura, muy bien mantenida, sin anotaciones ni subrayados. Alguien tuvo que haber alojado el libro en sus estantes y consultarlo poco, a pesar de que el volumen me parece que se ha superado en pocos aspectos, a pesar de su antigüedad y de los logros de la retórica moderna. Junto al libro de Lausberg, lo tengo por un excelente libro de referencia y así se lo hago notar a M.C. que lo suelta siguiendo la estrategia de otras ocasiones pasadas y que tan bien tenemos afinada.

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Definitivamente, diario. Si el año pasado comencé con reflexiones acerca de la naturaleza de estas letras, ahora, lo que me preocupa es cómo remozarlas y darles vida nueva. No sé si los temas cambiarán o si mantendré la misma musculatura diaria de hace más de trescientos días. Como en un umbral, la palabra se difumina en su propio centro y es trabajo atlántico definir a priori qué será este diario.
Hay, sin embargo, una serie de actitudes que me hacen mantenerme firme en este propósito. Por ejemplo, el cambio brusco que he sufrido en relación a la fe, a lo sagrado, a la cultura europea y a la necesidad de rescate que sufrimos en la sociedad actual. No hablo de pasajeras influencias, sino de la aparición de nuevas convicciones meditadas durante horas y lecturas. Si estarán o no en las páginas siguientes, se verá con la evolución de mí mismo, del otro que escribe según sus caprichos.

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…compré, por dos euros, una antología con textos de Ramiro Ledesma Ramos publicada en Ediciones Fe, en concreto, en una serie de "Breviarios del pensamiento español", en 1942. El libro incluye textos muy curiosos que abordan diversas temáticas que van desde "La unidad nacional" hasta la "Historia de las J.O.N.S", pasando por textos que se enfrentan al marxismo y otros que inciden en el "Sentido de lo social". Junto al libro de Ledesma Ramos, compré otro de José Antonio Primo de Rivera, Anthologie, ya que el libro recoge textos en francés. Está editado por Ediciones Prensa del movimiento, en Madrid, en 1950. Los textos están escogidos por Gonzalo Torrente Ballester. Incluye, como curiosidad, un soneto de Dionisio Ridruejo dedicado a José Antonio traducido, igualmente, al francés.
El señor que me vende estos libros me dice que me los vende por un euro los dos ya que son libros de dos falangistas y de dos seguidores de la dictadura. El señor me habla con insidia como si yo estuviese una figuración de esas ideas que tanto le enfurecen. A las palabras del vendedor de libros no les veo ninguna amenaza y le digo que soy filólogo y profesor de Literatura y que sólo los compro por interés bibliográfico. A pesar de mi escueta respuesta, el señor se enfada aún más y me dice que me regala los libros y que me los meta por el culo. Con sorna, le digo que lo haré gustosamente ya que no se merecen más que eso. M.C., que asiste al espectáculo, me agarra del brazo y me dice que no debería entrar al trapo con estos señores, pero a mí me encantan estos episodios de confusión, de prejuicios, ya que identifican las vertientes actuales de la sociedad y me hacen sentirme vivo y reluciente entre tanta mojigatería.

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No me olvido del libro de Lorca y el de T.N. Debido a ello, me vuelvo, rayano el mediodía, de nuevo al chamarilero de marras. M.C. me dice que no vuelva a meterme en una trifulca por culpa de unos libros y que le pague sin más ni más al señor.
El gitano me vio llegar y se arrimó hacia donde yo estaba. Me dijo que si ya estaba decidido, ¿decidido a qué?, le contesté. El gitano me volvió a decir que el libro bueno costaba un dinero y que no pensaba bajarle el precio. Cuando un señor te dice eso en el rastro es que está deseando venderlo. Le dije qe le daría tres euros por el de Lorca, ya que tenía las tapas maltrechas, y cinco por el T.N., ya que era un libro que no iba a vender en varios meses.
Aquí los tengo, en Jerez, acompañando el I Ching, el libro de las mutaciones, que lo inicia un poema de Borges.