jueves, 13 de enero de 2011

Tarde de frío y manos agarrotadas. El cansancio de esta semana hace que sólo pueda leer algunas páginas seguidas, casi todas ellas de libros de ensayo. Agarro el volumen de Meditaciones, de Marco Aurelio, escritas en los últimos años de su vida. Las palabras de este enigmático personaje, guerrero y pensador, siempre me produjeron una bella extrañeza. Leo lo siguiente: “Esclavo has nacido, no te pertenece la razón”.
La razón como un elemento ajeno e inmarcesible para los hombres cuando, en estos tiempos, es ella la que guía al parecer la evolución de la especie. ¿Qué querría decir ese adjetivo, esclavo?
No paro de darle vueltas al término y de desvincularlo de ciertas teorías deterministas que tan poco me agradan. Dice el editor del libro, Ramón Bach Pellicer, que estas palabras pertenecen a un poeta trágico griego desconocido. Poco importa el dato, fueron del poeta, luego de Marco Aurelio, las hice mías y ahora las dejo en el diario. ¿Querría decir que para el ser inteligente hay que entender que el mismo acto pertenece a la naturaleza y a la razón al unísono? Vivir en sí, esclavitud de qué. creo que la esclavitud moderna es la vida en sociedad.

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Quiero mantener esta costumbre en el sótano para hacer del lugar una extensión de la vida y un monástico alojamiento. Lo quiero hacer para que emule, en este rotundo silencio, las más amplias melodías y los contrapuntos más exigentes. Un lugar subyugado, subterráneo, por debajo de todas las cotidianas acciones. Silencio, ecos, mitología de la tarde.

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El origen de la vida, de lo que llamamos el estado fetal, se realiza en agua. Al agua, el primer órgano que desarrollamos es el oído. Música y agua en el origen. heráclito y orfeo, Pitágoras de comadrona.

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Releo el libro de prosas y llego a la misma conclusión, no hay más que añadir. Si hubiera que rehacer habría que escribirlo de nuevo. Me ocurre con la poesía, la corrección me agota y hace que lo que pretendió ser literario sea, para mí, manido lugar de repeticiones. si no lo fue, ¿porqué rescatarlo ahora con aderezos? Corregir siendo otro, con nuevas presencias, como si acabaran de escribirlo y tuvieras que dictar su ejecución. Nunca debe tenerse piedad en las correcciones ni siquiera con quien una vez fuimos.