jueves, 27 de enero de 2011

Quintaesenciado
el mar es con la lluvia
un solo cielo.


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Frente a la volátil presencia de la legua hablada y la acumulación discriminada de la novela, la lengua adquiere en la poesía una forma definitiva de ser, es decir, en la poesía la lengua sufre una anomalía profunda, totalmente ajena a la esenci de la lengua, a su cambiante forma a su inestable pesencia. En esa forma inamovible, en que las palabras han quedado definitivamente expuestas y ordenadas en lo sintáctico y en lo semántico, se produce un movimiento especular, ya que en ella, en la poesía, la metáfora termina por esconder la verdad, por impedir conocerla.
La poesía no debe rodear ni merodear en lo importante, debe ser lo esencial: pronunciación silábica de lo bello. Todos los dobleces de la lengua poética, que resultan bellos ejercicios de la lengua, se apartan de lo que realmente las compone y las convoca. Mas no es este un impedimento para el deleite que propone. Sin embargo, sólo cuando el poeta es consciente de la uniformidad de su lengua poética y de la capacidad inalterable de la misma, podrá convocar los días y la realidad más allá de su vida. Mientras tanto, mientras persiga decir con lo que oye, no será más que ceniza mojada, sal en el agua, moribunda cháchara de celulosa.
Así se entiende al poeta en busca de la plabra exacta, de la sintaxis inalterbale, porque sabe que su discurso poético dejará por escrito la quietud enrabietada de su especie.