miércoles, 12 de enero de 2011

A veces el fracaso es una tentación a la que debemos acudir necesariamente para asegurarnos de que es en él donde mejor nos entendemos.


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Hoy he recordado una frase de Jules Renard que dice: “Cuando tengo ganas de aburrirme hago vida social”. Nada más aburrido que la vida social, la que se entrega sin más ni más a esta horda de humanos sin centro, a esta masa cada vez más nauseabunda.
Sólo en el ritmo de las encinas se encuentra la vida.

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En la imagen del círculo encontró Goethe la perfección. Una línea que se persigue a sí misma y que renace en sí misma, que se transforma dados sus elementos propios. Eso es ser humano.

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Corrijo las pruebas de un libro futuro en prosa. Nunca antes me había detenido a realizar tal tarea. Es ardua, mas merece la pena. Realmente, el trabajo está concluido. Sin embargo, una enorme insatisfacción me sobreviene en algunos párrafos que merecieron más atención.
Con estas correcciones me he preguntado si no sucede lo propio en la vida, es decir, si no debemos mantener el cuidado con ella en todo momento. El cuidado en la vida puede estar sujeto a una cuestión de estilo, por ejemplo, o a una solución estética, en muchos casos. Prefiero una estética bien entendida a una ética reprobable y nauseabunda, hueca. La vida al filo de la espada.