jueves, 20 de enero de 2011

He sentido una zozobra de finitud que nunca antes había entendido. Me he muerto de conciencia. Ha sido al atravesar las lomas desiertas y arenosas de mi interior. Al perder la noción del tiempo articulado, me desprendí de un lastre que no sabía que me acompañaba. No he sabido cómo entenderlo hasta hoy mismo, hasta que he leído un par de poemas y algunas páginas de Tolstoi. Con un fulgor auroral, he reconocido el ser, momentáneamente, fuera de mí.
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Uno de los problemas más profundos que acontece en la sociedad actual es la incompetencia profesional y el desprecio al conocimiento. Faltos de hombres de letras profundos y serios, entregados a la tarea de turno, los que se erigen como entendidos (ya sean profesores, escritores, historiadores, etc.) hacen alarde de su ignorancia supina en sus propios asuntos. Esto nos lleva a una serie de disparates como la dictadura de la mediocridad que ya sufrimos, porque son los mediocres los que terminan escalando en los puestos de poder y los que dictan, al fin, las insensatas leyes y las insoportables medidas.
Por este motivo, estoy convencido de que hay que situarse muy sesudamente en los credenciales de la cultura y la formación sin titubeos ni entregas a las modas vacuas. Esta posición que es, ni más ni menos que una cosmovisión, me está conduciendo, últimamente, a ciertas trifulcas que en nada me benefician ni agradan, para empezar por lo absurdo de la disputa.
Nunca he sido un polemista que quiera encresparse en uno u otro ideal, ni un tiranuelo de causas sin sentido, antes al contrario, rehúyo los corrillos de salón y los grupúsculos sectarios, pero hay asuntos en los que me enfrento a mi propia vida. Y en ello, sí juego con navaja y, por tanto, con las agallas y las tripas, con la pólvora de la razón y el sentimiento.
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The dream is real, the shadow is a dream.

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Un poeta afirma que la poesía es ante todo palabra e imagen, no idea. Ante esta reflexión me pregunto si el poeta ha caído en la cuenta de varios asuntos tras haber afirmado esta sentencia sin dudas. Entiendo que la poesía es palabra e imagen entre otras virtudes. Y, por supuesto, desprender la idea de la palabra tan livianamente pone las luces (después de todo lo que se ha escrito sobre la palabra y la idea desde Platón) sobre su incomprensión de la palabra. En cualquier caso, no entiendo en qué consiste dejar las ideas fuera de un gran poema, de un poema enorme, como los de J.R.J, T. S. Eliot o Rilke, cuando estos, lo que transmiten de forma perdurable es evidentemente la idea.