lunes, 2 de mayo de 2016

El deleite inolvidable de la palabra poética.

CUANDO GEORGE STEINER distingue entre "ingestión" y "consumo" en el mundo de la literatura, lo hace con una claridad asombrosa. Dirime entre los que consumen, sin más, los "productos literarios", es decir, entre los escritores y lectores que toman la literatura como un objeto contemporáneo llamado a la moda o al momento y entre los que, como decía Ben Jonson, "ingestionan" la literatura. En este último proceso, el escritor, como lector, vive lo leído de tal forma que su memoria es la memoria de sus lecturas.  
La creencia griega arcaica  consideraba la memoria como la madre de la Musas, esto es, del principio de creación. No defendían los antiguos que la creación surgiera ex nihilo, antes al contrario, procedía de la conjunción y la armonización de la memoria. Para que esta fuera fructífera y sementera de textos literarios debía poseer el escritor un mundo de lecturas plural y verdadero. 

Dice Steiner, y uno cree en ello a ciegas, que las mejores lecturas del arte son arte. En esas, podríamos decir, revitalizadas realidades, contestaciones a la verdad estética encerrada por otro artista,  se continúa con el acto de comunicación esencial: por ello es indudable la obra artística que posee esa verdad, que la sigue transmitiendo. 

Existe en la literatura un mundo parasitario que se nutre de las lecturas vivamente, en carne viva. Me fascinan esos escritores convertidos en lectores sin ambages: Cervantes, Dante, Borges, por ejemplo, tres casos de escritores-lectores que muestran sus lecturas en sus obras para revertirlas, recrearlas, revivirlas estéticamente. 

El texto se convierte en una caja de resonancias para el lector, en un instrumento sonoro, en una bóveda en que se prodigan las presencias reales del lector.  Leo, por ejemplo, ahora  un poema de Quevedo, "El reloj de arena", del que selecciono los versos finales: 

[...]
Bien sé que soy aliento fugitivo; 
ya sé, ya temo, ya también espero 
que he de ser polvo, como tú, si muero; 
y que soy vidrio, como tú, si vivo.

"Aliento", "polvo", "vidrio" y un pronombre "tú" que funcionan como sustantivos de los cuatro versos más la elipsis del "yo lírico" que enuncia la realidad poética; un mundo de significados en progresión semántica: idea, sinécdoque, metáfora...transposición del sujeto lírico que transforman al lector en su vivencia.   "Soy", "sé", "temo", "espero", "he de ser", "muero", "vivo", verbos que ofrecen las mismas relaciones que cualquier hombre del Barrcoo comprende: la paradoja de la vivía, las contrapuestas certezas, lo especular, el conocimiento y el estado en la vida, el principio y el fin. Así un único adjetivo para, un moralizador de la realidad que funciona a modo de sinécdoque de la realidad toda: "fugitivo". Todo, vida y muerte, conocimiento o estado es, en el hombre, fugitivo. Y, claro está, el apoyo en los adverbios para imprimir en el significado global de los versos la presencia estética del reloj, del tiempo: "ya". Ningún otro adverbio advierte de lo fugitivo como el seleccionado por Quevedo. Todo ello con la construcción sintáctica fundamentada en el paralelismo de verbos que exigen una complementación exigida para que la palabra dicte significado: "Bien lo sé", el resto de versos vienen a configurar el significado de ese pronombre. "bien sé, ya sé, ya temo, ya también y que...". 
De todas estas palabras que selecciono y que anoto en mi cuaderno amarillo, se proyecta la figura de un lector que memoriza, que ingestiona y que responde escribiendo, reviviendo, sin querer nada más que seguir con el deleite inolvidable de la palabra poética, nada más que prolongar el aliento fugitivo de la arena poética. 





domingo, 1 de mayo de 2016

El reflejo inquietante de la verdad pronunciada.

QUEVEDO era un gran lector, un lector virtuoso, amante de la letra envirotada y fulgurante, pero también un embelesado de los buenos libros, del objeto. Se demuestra esto en los prólogos a sus Sueños y Discursos. En "El mundo por de dentro", en el prólogo quiero decir, dirige sus palabras al lector: "cándido o purpúreo, pío o cruel, benigno o sin sarna". Distingue, con el filamento intelectual del Barroco, distintos tipos de lectores porque él mismo conoce la naturaleza propia del lector. 
En este sueño es ya un escritor ascético, que rezuma la literatura vivida de fray Luis, acaso su posicionamiento vital ante el fin de sus días: "Es nuestro deseo siempre peregrino en las cosas de esta vida, y así con vana solicitud anda de unas en otras sin saber hallar patria ni descanso". 

Es conocida la admiración de Quevedo por Séneca, una admiración que nos lleva a leer al propio filósofo en las letras del poeta español. Leemos Epístolas morales a Lucilio de Séneca en la obra de Quevedo pasado por el cedazo de su ingenio, de su retórica actitud ante el tiempo: "¿Tú por ventura sabes lo que vale un día? ¿Has examinado el valor del tiempo?", se pregunta Quevedo en un eco embelesado desde la antigüedad. Fray Luis, Séneca, el verbo de Quevedo, y luego Borges, por ejemplo. Discurso del tiempo, de la literatura. Pero también Erasmo. 
"Cuerdo es el que vive cada día como quien cada día y cada hora puede morir", leemos en el verbo de Quevedo que es ya crisol de palabras antiguas, renovadas en el vaso de su verbo. Esta sentencia bien pudiera leerse en cualquier pasaje de El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha  pero la leemos en Quevedo, en un poeta que, cuando escribe en prosa se hace hombre de su tiempo, de un tiempo de transformación y permanencia, de claridad tan descarnada que aún hoy, al leerlo en susurro, provoca el reflejo inquietante de la verdad pronunciada. 


jueves, 28 de abril de 2016

QUÉ acertado estaba Cervantes, y por ende don Quijote, cuando en la segunda parte de El Quijote, en el capítulo XVIII, enfrenta, en un rico diálogo, al caballero y a don Lorenzo. El primero lo pone en la noticia de que el padre le ha comunicado que es poeta, a lo que don Lorenzo responde atendiendo a la humilitas antigua. Aun así, Cervantes introduce, en su inconfundible estilo, un aserto que ha sido válido para todas las etapas de la literatura, a saber: "No me parece mal esa humildad [...]porque no hay poeta que no sea arrogante y piense de sí que es el mayor poeta del mundo". 

Cuando el diálogo acaba, el padre de Don Lorenzo, don Diego, le pregunta al hijo qué ha sacado en claro después de la charla sobre las ciencias de caballería y poesía. A lo que responde don Lorenzo otra genialidad de Cervantes que  bien pudiera valer para definir qué es un poeta: " él es un entreverado loco, lleno de lúcidos intervalos". 


Y así, espigando aquí y acullá, lee uno en los autores verdaderos la verdad revelada de siempre, la que ha continuado permanente en el río y el afluente de la literatura, aguas a los que todos debían acudir antes de escribir, corrientes puras, cristalinas que dicen lo que otros creen que están diciendo- Todo lo demás es expolio, insuficiencia. 



miércoles, 27 de abril de 2016

ASÍ discurre quizás todo, como estas letras, como este diario incesante, sin rumbo, sin pretensiones altisonantes, sin querer decir más allá de lo que rodea y matiza la mirada. Concertadas por un principio o causa matriz que las convoca y las hacina como muestras de nuestro paso por este mundo, por esta realidad, persiguen una armonía secreta. Intuida, puede que solo imaginada. 
Hay en todo una música secreta, acaso un largo meditar que se consigue en la soledad plena. Una soledad polifónica que restalla en el interior. Una soledad que desemboca en el silencio nutricio y que orillea, si así lo permite naturaleza, en poesía. Es el encuentro de los contrarios: la poesía, la confabulación de la palabra que aspira al silencio, de la sonoridad convocada en la música. 

Música y silencio, matriz del poeta, verdadera encrucijada de bifurcaciones que confunden al aeda, que lo sitúan siempre en la duda interminable, en el largo meditar, lo repito, que solo lleva a la guarida de la pureza. 

lunes, 25 de abril de 2016

Pavanas en la tarde

ES ahora, en la música celeste
y lenta de pavanas en la tarde
cuando siento latir la parsimonia
y la contemplación como juicios
vivos y tan cercanos a mis ojos.
[...]
TODA la tarde leyendo, solfeando: acto de reflexión total.


A la manera del libro X de San Agustín en sus Confesiones, libro de dulce, afirmo en la soledad de este diario: " No es con consciencia dudosa sino segura, como yo te amo. Ahora bien, ¿Qué amo cuando te amo?". 

sábado, 23 de abril de 2016

Posesión de tu nombre

ESTOY aquí y estoy en la firmeza
de un hombre solo, fiel a sus principios.
Nada vendrá del viento a despertarme
hacia el latir amargo de la gloria
y el ego que cabalga en tu mirada
son las sombras antiguas de lo incierto.

Aquí estoy, clavado en esta piedra
opaca e intangible de la nada
con el ardor del héroe de los libros
de Homero, con sus sueños imposibles,
con todas sus espadas tan en alto
que convoco con ellas a los dioses
invisibles y fieles de belleza.

Aquí, porque te adoro, te susurro,
poesía, y agarro tu perfil,
prefiero lo que siento a lo que miro
aquí, en ningún sitio de este mundo
que convoquen mis ojos a la infiel
presencia de mi cuerpo con tu cuerpo.

Entono estas palabras para ti,
-mortal de añada, vivo tan difunto-,
no me aflige morir en el veneno
de eternas soledades y silencios
que suceden olvidos y la infamia
de los que ahora viven moribundos
en sus versos creyéndose tan vivos.

De un poeta no viven sus acciones,
es tan solo el latir y la pureza
de poesía quien vive en lo restante
en la trama invisible ya sin tiempo,
allí, en donde habita el olvido
y jamás tomarán posesión de tu nombre.


 

jueves, 21 de abril de 2016

Leer es confirmar nuestra fe en la palabra.

LA historia del pensamiento, de la filosofía, es la historia de la escritura. Toda escritura es el arte de materializar el pensamiento. La poesía, en este sentido, es el arte que trata de materializar el pensamiento en virtud de una armonía estética. Sea cual sea esa armponía es perceptible para el lector, reconocible desde el instante mismo de la lectura. las lectura es un desvelo, aletheía, de esa cristalización verbal.  Su ejecución se hace posible porque el creador posee la virtud, la condición para someterse al proceso de transmisión. Con qué claridad explicaba todo esto Platón, también Dante y el propio Bécquer. 
San Agustín manifestaba en relación con estas disquisiciones: "Cuando se escribe una palabra se hace un signo para los ojos a través del cual entra en la mente lo que pertenece a los oídos". Estas palabras dirimen el significado de literatura, más allá, de la palabra en sí como elemento material, que encuentra acomodo en la forma sonora  y figurativa. Forma y sonido que conjugan la materialización del pensamiento. 
En este orden de cosas, no podemos obviar que tras la materialización del pensamiento el propio pensamiento adquiere otra razón en sus orígenes, pues la palabra es a un tiempo creación y denfunción, establece una forma para eliminar todas las restantes; prefiere una selección y combinación de elementos para desestimar los restantes elementos de la realidad. 
Así las cosas, la palabra es igualmente lo que conduce al pensamiento a un parto formal, a una estación de pátinas sonoras que jamás volverán a disolverse, a des conjuntarse. 

Lo que se escribe en literatura es definitivo, pues un cambio en la forma es un cambio en el pensamiento que la mueve. Y a la inversa. Es así como un poeta se encuentra siempre en la tentativa del silencio y, al mismo tiempo, del decir desmedido. Es su estado natural: el limítrofe ser de la palabra. 

***
Aunque el escritor no lo quiera, todo lo leído se trasluce en la escritura. Por eso no se puede leer todo, ni estar en todo como lector, ya que eso conduce a la mixtura de lo falso, de lo sombrío que se cuela en la claridad fluyente de la fontana literaria. 


Escritor contemporáneo: el que publica, no el que escribe sus creaciones. Escribir es crear: pensamiento, razones, la palabra de un hombre.

***

Expoliado: citas literales, recursos, razonamientos. Quizás calle y guarde de ahora en adelante.

domingo, 17 de abril de 2016

EN ESTE MOMENTO, comienzo a releer, de nuevo, por siempre, con el estupor y la maravilla del asombro, "Descenso al reino de las sombras", el libro VI de Virgilio. Lee conmigo, silabea en silencio, casi frisando la esencia de la soledad nutricia: "Todo, punto por punto, lo habrían recorrido con los ojos" [...]
A LOS ESCRITORES, no a los poetas, -eso es otra realidad que no se escoge-, les diré que no se dediquen a copiar, por favor, lo que otros escriben. Y si lo hacen, por favor, indiquen quién fue el que lo escribió. Tú, sí, tú. 

viernes, 15 de abril de 2016

Un despertar a lo que somos.


LA PALABRA luminosa es un despertar a lo que somos.

***

La belleza es un sendero de verdad construida con mentiras.

***

Todo lo que podamos nombrar no existe. Sólo lo innombrable es lo esencial.

***

El poema debe aspirar al silencio que antecede al silencio, eso es todo. El ritmo en la poesía es una forma de hacer presente el tiempo. Provoca una expectación incitante, que acumula únicamente la memoria de lo escuchado. Es un ir hacia algo, un desvanecerse de la realidad hacia no se sabe dónde. El poema grandioso es el que transforma su ritmo en el ritmo especular del ser del lector.

jueves, 14 de abril de 2016

ESTA LUZ me ha recordado los paseos por las calles de París, por los mediodías cenicientos de la ciudad que me formó en literatura, en la mirada literaria sobre la realidad. Es una luz taimada, que apenas socava la retina del deslumbre. Un centelleo que sugiere, que contorna las figuras en un roce de transparencia; que no llega a excederse en su manifestación, antes al contrario, permite detenerse en la contemplación. 

Pensaba esta mañana en la vida misma, en las aristas que doblegan las razones, en las injusticias, en la condición humana, en definitiva, en cómo cada cual observa y entiende el mundo. Por esa razón cada vez me inclino más a la libertad de cada cual, sin más parámetros que los de su entendimiento. 
No puede uno estar en la defensa de posiciones ante la realidad más que para adentro, en silencio, en la retaguardia o el cuartel de invierno de la consciencia. Y allí, en ese recoleto estar, sí debe impregnarse todo de calma, de la tranquilidad que principia el estallido de la armonía.    

miércoles, 13 de abril de 2016

"ME ESTUDIO más que cualquier otro tema. Es mi metafísica y mi física. [...]  Como aquí; escribo mi pensamiento en artículos descosidos, como cosa que no puede decirse de una vez y en bloque", leo en Montaigne estas líneas y caigo en la gracia de su genio, en la moderna consciencia de su palabras. 
Qué hondo pensamiento y qué razón otorga a esta escritura deslavazada de todo, -postrada quizás como un piélago invisible-, los textos de Montaigne, un hombre asilado de su tiempo pero viviendo su tiempo como nadie; un escritor huidizo de lo contemporáneo pero más contemporáneo que todos; un autor que descifró, quiso descifrarse, como el enigma mayor de sus letras con sus propias letras, al trazo de un rostro, como el de Borges, que iba edificando el perfil de sus días.     






martes, 12 de abril de 2016

EL LUGAR: corredores de trigo
espigado y creciente, laberinto
verde ante ti, contigo contemplando
su cuerpo reflejado en tu memoria.
[...]



domingo, 10 de abril de 2016

UNAMUNIANAS.

EL OTRO día escribí en este diario: "CERVANTES adelantó la teoría literaria de Bécquer como solo él sabía condensar la sentencia con la gracia de la prosa española. Hoy, al releer Novelas ejemplares, me encuentros con esta afirmación: "Lo que se sabe sentir, se saber decir". 
El caso es que si existe un autor cervantino, de raigambre hispánica, que supo esculcar los entresijos y la dimensión literaria de Cervantes es Miguel de Unamuno. 

En Credo poético escribe mi admirado poeta: 

"Piensa el sentimiento, siente el pensamiento"
[...]
"Lo pensado es, no lo dudes, lo sentido".

El poema al completo propone una teoría de la creación, una apuesta metaliteraria, cómo no, de la creación poética. En ella se transmutan: sentimiento, pensamiento, Idea, decir. Estamos ante el problema que desde el mundo griego no ha dejado de azuzar, por etapas, la consciencia de los creadores. esas épocas están muy delimitadas y a poco que el lector comienza a establecer vínculos cae en la cuenta de el mundo griego estaciona en el Renacimiento-Barroco, Romanticismo hasta la Modernidad. las vanguardias dejaron fuera de sitio algunos de estos elementos que nombramos. la época actual, ni siquiera los considera el asidero primero, la estación última de poesía.

De este libro que subrayo, Poesías, de 1907, me gusta todo, me fascina la sencillez de su título, el poema que lo principia, el resto de composiciones e, incluso, su modernidad. Un poema como "Cuando yo sea viejo" lo hubiera firmado Gil de Biedma y "Denso, denso" el propio Antonio Machado; qué retranca en "la corte de los poetas" y qué sublime cada verso de "Castilla". En este libro se encierra más poesía, más aprendizaje que en algunas décadas últimas de nuestra lírica y qué olvidado el tono de Unamuno, y qué vilipendiado lo que suena a 98 y a Castilla, y a España y a la música de nuestro idioma en favor de poemas escritos al soniquete de traducciones. Qué provinciano, como Ortega, resulta todo en este mundo que se cree hipermoderno. 


sábado, 9 de abril de 2016

Nada es lección de la vida misma.

EN OCASIONES, todo es recogimiento. Y suficiencia. El agua pregona con firmeza lo fugaz de nuestras horas, pero también la permanencia. Con la poesía, el blanco de tu boca es ya blanco por siempre y el rumor de nuestras lenguas asediadas meditan transmutadas la transformación hacia lo incierto. 
Noto un hundimiento profundo, pero lo encaro con clemencia. Con la contemplación y la cadencia aprendida en los libros, no en la vida. Nada es lección de la vida misma sino el sesgo de la palabra en ella, de la palabra que nunca renunció a su principio, de una palabra que solo encuentro en escritores de otra época, otra etapa, otros años que ya son míos, tan míos o más que los que vivo y están repletos de invasores y poetastros sin sentido. 
Como decía Hofmannsthal: "Y tres son uno: un hombre, una cosa, un sueño". Por la premura y el fulgor del encantamiento poético, como bálsamo, se confunden las tres dimensiones: la condición humana, el nombre mismo de la cosa y la memoria que la trae al punto de tu vida. Platón, ¿verdad? Todo Platón desplegado a los ojos en estos tres afluentes. Tres inciertas realidades, de ninguna de ellas conocemos nada, quizás tan solo su lábil razón para nosotros.

jueves, 7 de abril de 2016

LOS COLLADOS inmensos traspuestos de la luz
como un ancho haz de aire puro viste el púrpura
secreto del desvelo hacia la nada incierta.

Infinito eres tú ya en esa tierra roja
[...]



miércoles, 6 de abril de 2016

AMARILLO fulgor del dulce octubre
arrima con pasión el instrumento
a la lengua furtiva de la tarde;
lánguido estar en todo este fin,
renovador sonido y confidente
del límite del signo, del prodigio
inmediato y precoz de la existencia.
[...]

martes, 5 de abril de 2016

CERVANTES adelantó la teoría literaria de Bécquer como solo él sabía condensar la sentencia con la gracia de la prosa española. Hoy, al releer Novelas ejemplares, me encuentros con esta afirmación: " Lo que se sabe sentir, se saber decir". 
Toda un atería romántica y griega del proceso creador: el sentir y el decir en una relación irresoluble. Cervantes plantea además la posición del individuo como una actitud frente a la realidad, esto es, la misma realidad puede ser "sentida" o no por los individuos, pero desde luego debe ser sentida en lo profundo para poder entendida desde la palabra. 

La palabra es para Cervantes el haz y el envés de la realidad, de ella deviene y hacia ella se nos antoja sentida desde la consciencia ética. 

domingo, 3 de abril de 2016

Lo esencial es quietud.

Leer, vivir, contemplar. Puede que la verdad no se conozca nunca, mas el afán de perpetuarse en su búsqueda es fervor de quietud y de esencia. 

Afirma el maestro Eckart: "Lo esencial es quietud". Y la quietud es la conformación aparente de un equilibrio, de una armonía. Aparente porque en su confabulación son inevitables los movimientos internos hacia lo que Hölderlin llamaba "lo incierto". 

Leo después a Miguel de Molinos, su Guía espiritual: "El camino para llegar a aquel alto estado del ánimo reformado, por donde inmediatamente se llega al sumo bien, a nuestro primer origen y suma paz, es la nada". 

Precisamente, la época contemporánea es contraria a lo esencial y, en consecuencia, a la quietud y la contemplación interna. El conocimiento interno de cada cual se diluye en el rugido permanente de la sociedad. Los escritores no dicen con la advertencia de la palabra dadora de realidad, sino con el convencimiento marchito de la política y otros amaneramientos. 




jueves, 31 de marzo de 2016

Al oído profundo de la nada.

ECONTRAR el linaje de lo oculto
a los ojos tan solo en su figura,
ocupar el espacio del silencio
en su estación azul y transparente,
acallar el rumor de lo pasado
eso es el ser del hombre, de la vida;
mas solo existe quieto en la memoria
una sombra de luz, un pasajero
decir de ritmo pleno y transitorio
al oído profundo de la nada.
[...]

lunes, 28 de marzo de 2016

Time remembered

[...]
En Rávena las luciérnagas dormitan catedrales
y el cielo rasura la levedad de tus ojos
débiles remansos en la laguna de la tarde.
Respiro lentamente la respiración de la piedra
y recito en la bóveda de mi pecho
mientras la música de Bill Evans desarrolla
ella sola, en sí misma, haciéndose en mí
una teoría del mundo:
 
"Esa armonía está en las almas inmortales;
pero mientras estas fangosas vestiduras de decadencia
le encierren groseramente, no podemos oírla",
El mercader de Venecia de Shakespeare
[...]



domingo, 27 de marzo de 2016

Es un surco la palabra del hombre en el tiempo II

[...]
"¿Verdad que no podemos amar algo si no es bello?"
clamaba San Agustín en Confesiones como una encina 
en los diálogos platónicos de las hablaban en silencio
en la bóveda informe del espíritu;
¿y qué es amar, entonces?, me pregunto, ¿y qué
es lo bello, la belleza, el principio de lo amado
de la transformación del amado en amada? Ay, San Juan
embriagado en la bodega de los labios que frisan
la eternidad para los mortales en la noche profunda
la noche de aromas a rosas y del fulgor a crisálidas. 

No es la belleza en el tiempo, no son las figuras 
que prenden los ojos hacia la sombras;
sin embargo, se ama el tiempo, las figuras en los ojos
las sombras mas no podemos ser otra cosa 
como hombres, sombras y figuraciones del ser. 
Y Boecio discriminaba la realidad en "la modulación armónica"
una suerte de cifra de la unidad, de trazado secreto 
hacia lo incierto, como Hölderlin; 
y San Isidoro, de tanto intimidar el sentido último
de las palabras llegó a vaticinar "se puede decir 
que este mundo está cohesionado 
según una cierta armonía". 

Y en esto la música irrumpe en el entendimiento
supremo de las cosas, en el decir oculto de la realidad;
el propio San Isidoro decía que la música
se extiende a todas las cosas y que nada existiría
sin ella, sin la matemática abisal que es un don 
proviente del cielo.     

[...]

viernes, 25 de marzo de 2016

El lector: lugar de apariciones.

ENCIMA de la mesa se apilan los libros sin más concierto que el de la lectura. El ritmo y el perfil los establecer el lector: el lugar de apariciones de la literatura. El lector traza un hilo secreto entre libros de distintas épocas, autores dispares que, en un proceder extraordinario, comienzan a entablar un diálogo fastuoso, el diálogo de un tiempo sin tiempo, de una polifonía de voces avenida y concitada tan solo por el deseo y la intuición de un individuo. Por ejemplo, hoy están Quevedo, Joseph Conrad, T.S. Eliot, Diego de Torres Villarroel; también asoman los de Godwin y Miguel de Molinos, así como los poemas de San Juan de la Cruz, -perladas auroras en la mañana-, y algunos volúmenes de Marcel Proust que anoche estuve leyendo sin más concierto que la ansiedad por la prosa y la epifanía del verbo.  

Como afirma Quevedo en "El mundo por de dentro" la lectura, el conocimiento "al cabo solo les sirve el estudio de conocer cómo toda la verdad le quedan ignorando". Ese abismo que nos achica ante la inmensidad de la lectura es, al tiempo, la que nos aviva para proseguir leyendo sin descanso. 

Hay comienzos de libros que reverberan en la memoria una vez que los hemos leídos para siempre. Es el caso del comienzo de Línea de sombra de Conrad. Estamos ante el resplandor de la infancia, epítome del tiempo perdido que solo recuperamos con el conducto memorístico del recuerdo, como si entráramos en un jardín encantado, con las seducciones de lo desconocido aun habiendo sido vivido llenos de ardor y alegría. Escribe Conrad: " Cierra uno tras sí la puerta de la infancia y penetra en un jardín encantado. hasta sus mismas sombras tiene un resplandor de promesas. Cada recodo del sendero posee su seducción. Y no a causa del atractivo que ofrece un país desconocido, pues de sobra sabe uno que por allí ha pasado la corriente de la humanidad entera. Es el encanto de una experiencia universal, de la que esperamos una sensación extraordinaria y personal, la revelación de un algo de nuestro yo". 

Y la prodigiosa e incisiva palabra de Diego de Torres Villarroel, así como su enigmática vida me provocan una fascinación lectora. Su Vida es un libro prodigioso, único en nuestra literatura, pero fue igualmente un excelente escritor de aforismos y sentencias con los que, las más de las veces, estoy de acuerdo: " Anda tan perdido el idioma castellano, que ni en la pluma ni en los labios se encuentra". 

Quizás todos estos escritos podrían quedar sintetizados en unos versos de T.S. Eliot de Four Quartets

"El pasado y el futuro 
 permiten tan solo un poco de consciencia.
Ser conscientes es no estar en el tiempo."
[...]





miércoles, 23 de marzo de 2016

Es un surco la palabra del hombre en el tiempo

ES un surco la palabra de un hombre en el tiempo,
un suceder de la memoria combinada en intervalos
de un sendero ya trazado, de unos pasos
que son tus pasos, de la música concorde
que es tu música en cada latido informe de tu ser:
"illi autem octo cursusn, quibus, eadem vis est Modorum",
el canto II de Homero a Mercurio;
"Oh, Calíope, os lo suplico, sed favorable a mi canto"
de Publio Virgilio Marón con Borges recitando de la mano de Pound;
el libro X de República de Platón con la arquitectura
de las esferas y las sirenas, movimiento y sonido, vida y renovación;
Calíope con Hesíodo, la musa de las musas;
Cicerón en el libro VI de De Republica
"este siete es el quid de la cuestión". 
[...]



lunes, 21 de marzo de 2016

Silabeo y desvelo de la mortalidad.

JACOBO DE LIEJA (Jacobus Leodiensis) fue un lector culto y admirador de Boecio. En este diario no pocas veces he mostrado mi fascinación por Boecio, tanto por su obra poética como por su prosa; antepongo su propuesta ética y su respuesta como autor a todo lo demás. 
La música mundana es la confabulación de todas las cosas del cosmos en su materia en contacto con nosotros. 

La lección es suprema, diáfana, pero estéril e insonora  para este mundo de sombras y posturas yermas ante la antigüedad.  Decía que Jacobo de Lieja leyó la obra de Boecio como el doctor Samuel Jhonson gustaba de afirmar , caninamente. Se interesó por todos los temas de la filosofía medieval, pero sin duda legó al corpus de obras capitales su Speculum Musicae, un magno tratado de música que, si no me equivoco, sigue sin ser traducido, o al menos eso indicaba Godwin. 
Este autor, Jacobo de Lieja,  parte de los tres tipos de música que establecía Boecio, a saber: mundana (de los mundos), humana (del ser humano) e instrumentalis (de los instrumentos incluida la voz). De todas ellas, me interesa para esta mañana, la música mundana. 

No hace mucho, cuando pergeñaba versos y El huerto deseado iba configurándose como una primera estación, -que Boecio me enseñó junto a Dante y Shopenhauer y Heidegger,-  que existe una "música de la palabra", del idioma y, por otro lado, "una música del ser". Así, con esta dicotomía, trataba de establecer los dos parámetros con que considero que un poeta comienza a trabajar toda vez que ha vislumbrado la consciencia (cósmica, celeste, terrenal, indolente). Su lucha de mortal ,que edifica una palabra desde su condición, recorre continuamente ese circuito que se principia desde el idioma adquirido a su condición. Con el tiempo, cae en la cuenta de que debe sumar no su propia experiencia sino la experiencia de su condición; que su discurso debe evitar el lastre de sus condicionantes (que existen, son muchos, continuos, inevitables) pero que ajustician y empobrecen su discurso. En cualquier caso, apartarse de esta dos condiciones mínimas hace emerger el discurso vano, huero, superficial. 
Estamos, en efecto, entre el encuentro entre la lectura (la música del idioma) y de la vida (la música del ser). Dos circunstancias que deben ser trascendidas desde la limpieza y la pulcritud, en la que no caben concesiones, -ni siquiera temporales-,  ni justificantes pasajeros.  Ante ellas, el silencio fortuito es la solución redonda. 
En este sentido, las apreciaciones de Boecio y, por ende, de Jacobo de Lieja, no vienen sino a fortalecer la comprensión de estos hechos: la música mundana no solo es música de las esferas, sino la armonía de la materia propia, de los cuatro elementos y del tiempo. 

El ser humano posee una condición extraordinaria que, cuando se adquiere consciencia de la misma, supera nuestro propio entendimiento. Somos quizás los únicos en este planeta que, como la lengua y su función metalingüística, podemos hablar de nosotros mismos. Es más, es lo único que nos importa, definir nuestra condición, tratar de establecer los parámetros que nos han traído hasta este punto y comprenderlo. En esa tarea inexpugnable para nuestra razón el discurso literario es, en la palabra, con la palabra, el único que nos acerca a la ciencia del espíritu, a la ciencia inexacta que detona una conmoción en los individuos cuando leen qué son en los textos literarios. 
Esa perplejidad explica, en parte, que nos emocionemos con obras en otros idiomas, de otras culturas, de otras etapas. Siguen tratando de decir lo que nos pertenece como universal, como propio, el silabeo y el desvelo de la mortalidad. 

La música humana, como decía Boecio, es la instrumental que revela consonancias musicales sensibles y que unen maravillosamente, en conexión fastuosa, el alma y el cuerpo. En nosotros coexisten las dos condiciones para que esto suceda: el microcosmos de lo corruptible, lo perecedero, con lo incorruptible, lo permanente. Todo discurso allegado a este paradigma y empapado de luz y revelación nos ha mostrado tan solo el comienzo del sendero, del camino al centro del bosque de la mortalidad. 

domingo, 20 de marzo de 2016

El invisible idioma de la mortalidad.

No somos más allá de nosotros mismos. 

***

LLEVO varios releyendo a Góngora. Estamos ante un poeta excelso de nuestra lengua, magistral, único en su especie. La lectura de algunos versos me han conducido, de nuevo, a ese estadio de relumbrón que todo mortal vive con el ejercicio de la lectura, de la lectura vivida y pulcra de un autor que desprende luz en los versos. Construcciones polifónicas, relaciones semánticas entre vocablos  por los que Valle-Inclán hubiera sacado un arma de fuego; neologismos, intertextualidades inauditas...un mundo propio que se despliega, eso sí, desde la palabra y en la palabra dadora. 

La crítica ha querido vincular este poeta a la Generación del 27; hoy, después de algunos años sin leer al poeta cordobés con detenimiento, me causa cierta gracia: ningún poeta del 27 se acercó a Góngora en ningún caso. Estamos ante fenómenos distintos, los autores de ese grupo poético son ínsulas individuales, con suerte desigual, que jamás encontraron el hilo portentoso de la palabra gongorina. 
El propio poeta lo resuelve con unos hermosos versos: 

[...]
"El jüicio, al de todos indeciso, 
del consuro ligero" 
[...]

T.S. Eliot lo expresó con dominio y contundencia en uno de mis libros de cabecera Four Quartets:

[...]
Porque solo se aprende a dominar las palabras
para decir lo que uno ya no quiere decir
[...]

En efecto, la creación poética es un desvelo de la realidad nombrada que se dirige, precisamente, a su transparencia. La palabra verdadera en poesía no desea decir todo; ser ella latente realidad, sino antes al contrario, el río de la palabra verdadera permite trazar los surcos del invisible idioma de la mortalidad. 

El propio Maestro Eckhart, que desarrolló una disciplina ajena y complementaria a la literaria, lo manifestó con mucho tino: "Lo esencial es quietud". 
Pero una quietud fructífera, polifónica, dinámica, en espiral y concentración, en infusión, viva, incontenible, como un manantial transparente, un flujo vivificante. 

Hoy quizás pensamos que el sujeto creador en la literatura es el elemento vertebral y hemos desustanciado la importancia de la lectura, de una lectura virtuosa y meditada, reelaborada a medida que nosotros mismos somos cambiantes y firmes, dinámicos y perpetuos. 


El mismo Plotino manifestaba: "El éxtasis  no conviene perseguirlo, sino esperar tranquilamente a que se aparezca, preparándonos a la contemplación como el ojo espera la aparición del Sol". 

Claro está que esa espera y equilibrio debe ser abonada por acciones éticas de los individuos: renuncias, decisiones, acciones que no siempre encajan en los hábitos de la vida contemporánea y que merman las capacidades literarias y personales. No tienen cabida la injuria ni la cólera, tampoco convertirse en un francotirador de los poetas o escritores contemporáneos: tan solo el recogimiento, el sendero blanco de Rilke atravesando Duino, Dante, la elegía de Leopardo, el magisterio íntegro de Platón, el acantilado, el corazón latente, el invisible idioma de la mortalidad. 


miércoles, 16 de marzo de 2016

PARA la existencia no hace falta el nombre de la cosa.


El nombre de la cosa es la razón del mortal en el mundo.

martes, 15 de marzo de 2016

¿Y es más cierta esta luz de entre los montes
que el caudal de tus brazos en mi pecho;
entiendes qué ladera y qué germen
vivo nos atraviesa en la concordia
de los vastos ramajes de la noche?

Pleito del ser es ser sin la figura

[...]

lunes, 14 de marzo de 2016

NO es la imagen de un cuerpo ni belleza
reflejada en el surco de tus labios
es el seno volcán cuando te amo
y te arrastro maltrecha ante mis versos;
es el modo latente de la vida
la claridad profunda y la conjura
hacia el blanco latir de la existencia
[...]