miércoles, 10 de junio de 2009

Un día seremos.

La novela es la narración de la existencia.


***

Cuando Nooteboom estuvo frente a la tumba de Thomas Berhnard sintió lo mismo que estaba recordando en palabras y que siento yo ahora: “Una obra de Thomas Bernhard es como una camisa de fuerza que uno se pusiera voluntariamente”.
Esa imagen de la camisa de fuerza me parece exacta para describir la obsesión por la literatura y por su concreción en los libros. Los libros que rodean el interior de mi casa es una inmensa camisa de fuerza multicolor trenzada con los hilos y los pespuntes más potentes.
Siento una camisa de fuerza que me impide dejar de leer a Borges, a Cervantes. Que me impide abandonar la prosa de Pessoa, que me invalida como persona ajena a las letras, a la actividad literaria, sea cual sea el momento. Me siento un traicionero de la literatura cuando me entrego a otros artificios que poco me importan. Incluso cuando escribo, como ahora, lo hago abrigándome entre la tela blanca y mortecina, acaso un amanecer que me soba y manosea. Alguien me ve por la ventana con la camisa puesta alrededor del cuerpo y se queda extrañado. No tengo más que mirarlo con una sonrisa.

***

Del silencio el murmullo tácito,
la macilenta trama del olvido.
Del canto que recoges en tus manos,
la soleada muerte, la insostenible vida,
¿a qué pronuncias esta miserable
creación de los instintos?
Llegaste como un silbo hueco,
una luz apenas percibida.
No volveré jamás
sobre esta tierra.
Y sucumbió la tierra a tu denuncia.
Y recogiste los amaneceres.