lunes, 1 de junio de 2009

El poeta es un herrero y un alquimista.

Me doy cuenta de que el texto anterior giró en torno a la materia y a sus consecuencias formales. Eso me conduce a un libro de Mircea Eliade que siempre me ha causado un agrado muy especial. Herreros y alquimistas es un libro que abro de vez en cuando, cada vez que merodeo por las baldas en los que descansa, quién sabe si fabricando esa materia desustanciada del tiempo, rayana en la transmutación de la materia y, por lo tanto, en el encuentro de el elixir de la vida. Esos forjadores, alquimistas, herreros me parecen personajes que encierran símbolos fascinantes y muy vinculados con la creación a través de la palabra, porque la palabra es forma y materia y aúna las dos ambiciones descritas.
En unas líneas de la introducción dice el maestro Eliade que la pasión primordial que movía a estos metalúrgicos era la capacidad para sustituir al tiempo, “su trabajo va remplazando la obra del tiempo”.
Al terminar de releer el prólogo he proyectado la imagen del poeta que busca con su trabajo sustituir la obra del Tiempo; palabra en el tiempo, según sentencia del tiempo, somos el tiempo que nos queda. Y la obra literaria que está por encima de posmodernidades y pospoéticas no es aquella que da respuestas en su tiempo, sino en el Tiempo. No es aquella que incorpora las nuevas tecnologías y que se configura de retales y otros lenguajes u otras disciplinas, sino aquella que hace uso adecuado de ellas para intentar, al menos, sustituir al tiempo.
A lo posmodernos se les fue la evidencia que tenían ante sus ojos, porque lo evidente es lo más claro y lo que más nos cuesta entender.

***
Los mineros y alquimistas trabajaban con una materia que consideraban a la vez sagrada y profana. Reivindicaban una especie de experiencia religiosa para conseguir la transmutación de la materia, para alcanzar la perfección de la materia. Y proyecto entonces la imagen del poeta alquimista que transforma la materia, la lengua, e intenta perfeccionarla. ¿No fue Juan Ramón Jiménez un alquimista, un herrero, un forjador antiguo de la poesía?

***
Incluida la experiencia mágico-religiosa, la alquimia se realizaba en laboratorios y los fines científicos eran igualmente exigidos. ¿Desde cuándo, entonces, la unión de la materia y el espíritu? ¿Por qué desvincularlos?

***
La muerte acaba de apoderarse de las entrañas de Márai, que lento muere, se me ocurre decirle, que lento mueres, Márai, le digo. Todas las mañanas, al levantarse dice que siente el regusto de la muerte en la boca y que eso le parece un aperitivo en crudo. Cree, con todo, a finales de abril, que irse en paz sería lo mejor. Y me detengo en una entrada a principios de mayo: “Hace año y medio que no escribo nada”. Meses más tarde, compara la escritura del diario como la espera de un preso de la pena de muerte, pero con una diferencia: la escritura son los arañazos en la pared de ese preso.
Después de este derrumbe físico y psíquico, seguir leyendo estos diarios demoledores y repletos de hastío son como una materia transmutada, como una sustancia alquímica que me recorre por los siglos y los años anulando el tiempo.