miércoles, 29 de septiembre de 2010

Las palabras no provienen de la revelación, sino de la memoria. No proviene el hallazgo del conocimiento nada más que de lo leve, especular y auroral que encierra la palabra.
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Tal vez convendría adecentar la sintaxis de algunas frases demasiado manidas. Por ejemplo, enfrentarse a los problemas de la vida. Después de observar un rato el efecto semántico de la misma, creo que en puridad queremos decir el problema de la vida.

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Si alguna vez pudiera comprender quién y qué soy.
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Decía Sartre que uno habla con su propia voz pero escribe con la de otros. En esa sentencia, tan atinada, cabría añadir que la propia voz es siempre plural, siempre de los otros que nos habitan.