jueves, 14 de abril de 2011

He vuelto sobre algunas páginas de Introducción al vocabulario de Platón, de Gregorio Luri. Exactamente he releído lo concerniente a lo que el autor cataloga como “No escrito”. Luri recuerda un famoso pasaje de Timeo en que se dice: “Del principio o de los principios de todas las cosas o como quiera que tenga que llamarse eso, no diré nada”. En el momento en que he vuelto sobre estas líneas, he ido raudo a leer algunos pasajes del Tao. Las coincidencias, en este respecto, son prodigiosas. Lo que no puede nombrarse pertenece al silencio, lo que pertenece al silencio –la belleza plena, la conciencia, el amor, el conocimiento- serán siempre las fuerzas teleológicas que nos sostengan mientras nos mantengamos con vida. Por eso, cuando uno tiene conciencia, lo hace hasta los tuétanos, con el alma toda, y por ese motivo el conocimiento que puede transmitirse, de orden científico, solo es asombro, apesadumbrado, insuficiente excavación en lo inabarcable.

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Decir mucho con poco es una fórmula desafiante, pues la palabra no se conforma con su insinuación, siempre aspira a desbancar la realidad y lo innombrable. El que hace uso del verbo no sabe que la lengua es un reflejo de la mentalidad humana o que la mentalidad humana no es más que un reflejo de la lengua. La lengua aspira a todo y por todo es capaz de sacrificar la paciencia y el conocimiento del hombre.

Así las cosas, la poesía es un género de resistencia, que apacigua y medita, que mantiene y sopesa con la cadencia necesaria. Un poema no es un ejercicio de la lengua, es una pirueta de la conciencia humana, porque nunca llegará a decir lo que quiso, solo a tantear, insinuar, acariciar de soslayo. Y con eso hay que conformarse, porque el que prosigue cae en la riendas del desboque, de la inconsciencia.

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Definitivamente, los días se componen de dos o tres zamarreos que nos espabilan de repente, que nos expulsan un aliento pútrido y desasosegante. Sin embargo, a veces se cruzan otros que sin quererlo ofrecen momentáneas alegrías o conversaciones fructíferas. A pesar de que esto no sea lo común, debe uno atenderlas con esmero, entusiasmado, haciendo de la vida algo extraordinario a pesar de su ordinariez, y provocando un ictus feliz, aparentemente feliz en el devenir del tiempo, por muy poco que este valga en un reloj.

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Hoy, por ejemplo, ante la euforia de un grupo, me he sentido estepario, alejado, casi marginal. Así lo he deseado ante la festiva actitud del grupo que celebrara un acto que para mí es la vitalidad. Piensa el que no lee que cuando se arrima a un libro los demás querrán saber qué está haciendo y qué le ha llevado a ello, a esa tarea tan solitaria. Sin embargo, el lector, el lector de fondo, cuando habla con otros compañeros que comparten la misma condición, jamás pregunta sobre lo que se supone. Es poético en definitiva, la posición del lector de fuste, porque con sus elipsis, hace refulgir la acción de leer. Lo complicado viene cuando, esos que leen a tirones, obras de escaso valor literario, de vacuidades diversas, se alzan como adalides de la lectura y quieren, además, manifestarlo en público. Es ahí donde, como Borges ante el amor, tendré que ocultarme que huir, porque no tendría lugar una manifestación oral sobre qué es la lectura en ese foro.

Esta anécdota, que otras veces he referenciado, puede extenderse a otras tantas actitudes. El que no dice o habla o comenta lo que hace parece que no nunca lo hizo. Y van a ser verdad esas palabras de Orcar Wilde que decían: “Lo que no se comenta no existe”. Porque uno, que comenta poco, que dice poco, nada, en mejor decir, tiene que soportar que la mediocridad lo invada, lo embadurne y lo execre como un plancton marino que merodea por el lugar. No es así, no, pero como un verso paciente, prefiero la satisfacción personal, intrínseca, solitaria, silenciosa, a la algarabía, el guirigay y la demostración en público de mis carencias, que son todas. Sigan, pues, los mediocres avivando la llama de su ignorancia, expóngala en público, será un espectáculo patético, pero también un índice de qué está sucediendo con el hombre.