viernes, 15 de abril de 2016

Un despertar a lo que somos.


LA PALABRA luminosa es un despertar a lo que somos.

***

La belleza es un sendero de verdad construida con mentiras.

***

Todo lo que podamos nombrar no existe. Sólo lo innombrable es lo esencial.

***

El poema debe aspirar al silencio que antecede al silencio, eso es todo. El ritmo en la poesía es una forma de hacer presente el tiempo. Provoca una expectación incitante, que acumula únicamente la memoria de lo escuchado. Es un ir hacia algo, un desvanecerse de la realidad hacia no se sabe dónde. El poema grandioso es el que transforma su ritmo en el ritmo especular del ser del lector.

jueves, 14 de abril de 2016

ESTA LUZ me ha recordado los paseos por las calles de París, por los mediodías cenicientos de la ciudad que me formó en literatura, en la mirada literaria sobre la realidad. Es una luz taimada, que apenas socava la retina del deslumbre. Un centelleo que sugiere, que contorna las figuras en un roce de transparencia; que no llega a excederse en su manifestación, antes al contrario, permite detenerse en la contemplación. 

Pensaba esta mañana en la vida misma, en las aristas que doblegan las razones, en las injusticias, en la condición humana, en definitiva, en cómo cada cual observa y entiende el mundo. Por esa razón cada vez me inclino más a la libertad de cada cual, sin más parámetros que los de su entendimiento. 
No puede uno estar en la defensa de posiciones ante la realidad más que para adentro, en silencio, en la retaguardia o el cuartel de invierno de la consciencia. Y allí, en ese recoleto estar, sí debe impregnarse todo de calma, de la tranquilidad que principia el estallido de la armonía.    

miércoles, 13 de abril de 2016

"ME ESTUDIO más que cualquier otro tema. Es mi metafísica y mi física. [...]  Como aquí; escribo mi pensamiento en artículos descosidos, como cosa que no puede decirse de una vez y en bloque", leo en Montaigne estas líneas y caigo en la gracia de su genio, en la moderna consciencia de su palabras. 
Qué hondo pensamiento y qué razón otorga a esta escritura deslavazada de todo, -postrada quizás como un piélago invisible-, los textos de Montaigne, un hombre asilado de su tiempo pero viviendo su tiempo como nadie; un escritor huidizo de lo contemporáneo pero más contemporáneo que todos; un autor que descifró, quiso descifrarse, como el enigma mayor de sus letras con sus propias letras, al trazo de un rostro, como el de Borges, que iba edificando el perfil de sus días.     






martes, 12 de abril de 2016

EL LUGAR: corredores de trigo
espigado y creciente, laberinto
verde ante ti, contigo contemplando
su cuerpo reflejado en tu memoria.
[...]



domingo, 10 de abril de 2016

UNAMUNIANAS.

EL OTRO día escribí en este diario: "CERVANTES adelantó la teoría literaria de Bécquer como solo él sabía condensar la sentencia con la gracia de la prosa española. Hoy, al releer Novelas ejemplares, me encuentros con esta afirmación: "Lo que se sabe sentir, se saber decir". 
El caso es que si existe un autor cervantino, de raigambre hispánica, que supo esculcar los entresijos y la dimensión literaria de Cervantes es Miguel de Unamuno. 

En Credo poético escribe mi admirado poeta: 

"Piensa el sentimiento, siente el pensamiento"
[...]
"Lo pensado es, no lo dudes, lo sentido".

El poema al completo propone una teoría de la creación, una apuesta metaliteraria, cómo no, de la creación poética. En ella se transmutan: sentimiento, pensamiento, Idea, decir. Estamos ante el problema que desde el mundo griego no ha dejado de azuzar, por etapas, la consciencia de los creadores. esas épocas están muy delimitadas y a poco que el lector comienza a establecer vínculos cae en la cuenta de el mundo griego estaciona en el Renacimiento-Barroco, Romanticismo hasta la Modernidad. las vanguardias dejaron fuera de sitio algunos de estos elementos que nombramos. la época actual, ni siquiera los considera el asidero primero, la estación última de poesía.

De este libro que subrayo, Poesías, de 1907, me gusta todo, me fascina la sencillez de su título, el poema que lo principia, el resto de composiciones e, incluso, su modernidad. Un poema como "Cuando yo sea viejo" lo hubiera firmado Gil de Biedma y "Denso, denso" el propio Antonio Machado; qué retranca en "la corte de los poetas" y qué sublime cada verso de "Castilla". En este libro se encierra más poesía, más aprendizaje que en algunas décadas últimas de nuestra lírica y qué olvidado el tono de Unamuno, y qué vilipendiado lo que suena a 98 y a Castilla, y a España y a la música de nuestro idioma en favor de poemas escritos al soniquete de traducciones. Qué provinciano, como Ortega, resulta todo en este mundo que se cree hipermoderno. 


sábado, 9 de abril de 2016

Nada es lección de la vida misma.

EN OCASIONES, todo es recogimiento. Y suficiencia. El agua pregona con firmeza lo fugaz de nuestras horas, pero también la permanencia. Con la poesía, el blanco de tu boca es ya blanco por siempre y el rumor de nuestras lenguas asediadas meditan transmutadas la transformación hacia lo incierto. 
Noto un hundimiento profundo, pero lo encaro con clemencia. Con la contemplación y la cadencia aprendida en los libros, no en la vida. Nada es lección de la vida misma sino el sesgo de la palabra en ella, de la palabra que nunca renunció a su principio, de una palabra que solo encuentro en escritores de otra época, otra etapa, otros años que ya son míos, tan míos o más que los que vivo y están repletos de invasores y poetastros sin sentido. 
Como decía Hofmannsthal: "Y tres son uno: un hombre, una cosa, un sueño". Por la premura y el fulgor del encantamiento poético, como bálsamo, se confunden las tres dimensiones: la condición humana, el nombre mismo de la cosa y la memoria que la trae al punto de tu vida. Platón, ¿verdad? Todo Platón desplegado a los ojos en estos tres afluentes. Tres inciertas realidades, de ninguna de ellas conocemos nada, quizás tan solo su lábil razón para nosotros.

jueves, 7 de abril de 2016

LOS COLLADOS inmensos traspuestos de la luz
como un ancho haz de aire puro viste el púrpura
secreto del desvelo hacia la nada incierta.

Infinito eres tú ya en esa tierra roja
[...]



miércoles, 6 de abril de 2016

AMARILLO fulgor del dulce octubre
arrima con pasión el instrumento
a la lengua furtiva de la tarde;
lánguido estar en todo este fin,
renovador sonido y confidente
del límite del signo, del prodigio
inmediato y precoz de la existencia.
[...]

martes, 5 de abril de 2016

CERVANTES adelantó la teoría literaria de Bécquer como solo él sabía condensar la sentencia con la gracia de la prosa española. Hoy, al releer Novelas ejemplares, me encuentros con esta afirmación: " Lo que se sabe sentir, se saber decir". 
Toda un atería romántica y griega del proceso creador: el sentir y el decir en una relación irresoluble. Cervantes plantea además la posición del individuo como una actitud frente a la realidad, esto es, la misma realidad puede ser "sentida" o no por los individuos, pero desde luego debe ser sentida en lo profundo para poder entendida desde la palabra. 

La palabra es para Cervantes el haz y el envés de la realidad, de ella deviene y hacia ella se nos antoja sentida desde la consciencia ética. 

domingo, 3 de abril de 2016

Lo esencial es quietud.

Leer, vivir, contemplar. Puede que la verdad no se conozca nunca, mas el afán de perpetuarse en su búsqueda es fervor de quietud y de esencia. 

Afirma el maestro Eckart: "Lo esencial es quietud". Y la quietud es la conformación aparente de un equilibrio, de una armonía. Aparente porque en su confabulación son inevitables los movimientos internos hacia lo que Hölderlin llamaba "lo incierto". 

Leo después a Miguel de Molinos, su Guía espiritual: "El camino para llegar a aquel alto estado del ánimo reformado, por donde inmediatamente se llega al sumo bien, a nuestro primer origen y suma paz, es la nada". 

Precisamente, la época contemporánea es contraria a lo esencial y, en consecuencia, a la quietud y la contemplación interna. El conocimiento interno de cada cual se diluye en el rugido permanente de la sociedad. Los escritores no dicen con la advertencia de la palabra dadora de realidad, sino con el convencimiento marchito de la política y otros amaneramientos. 




jueves, 31 de marzo de 2016

Al oído profundo de la nada.

ECONTRAR el linaje de lo oculto
a los ojos tan solo en su figura,
ocupar el espacio del silencio
en su estación azul y transparente,
acallar el rumor de lo pasado
eso es el ser del hombre, de la vida;
mas solo existe quieto en la memoria
una sombra de luz, un pasajero
decir de ritmo pleno y transitorio
al oído profundo de la nada.
[...]

lunes, 28 de marzo de 2016

Time remembered

[...]
En Rávena las luciérnagas dormitan catedrales
y el cielo rasura la levedad de tus ojos
débiles remansos en la laguna de la tarde.
Respiro lentamente la respiración de la piedra
y recito en la bóveda de mi pecho
mientras la música de Bill Evans desarrolla
ella sola, en sí misma, haciéndose en mí
una teoría del mundo:
 
"Esa armonía está en las almas inmortales;
pero mientras estas fangosas vestiduras de decadencia
le encierren groseramente, no podemos oírla",
El mercader de Venecia de Shakespeare
[...]



domingo, 27 de marzo de 2016

Es un surco la palabra del hombre en el tiempo II

[...]
"¿Verdad que no podemos amar algo si no es bello?"
clamaba San Agustín en Confesiones como una encina 
en los diálogos platónicos de las hablaban en silencio
en la bóveda informe del espíritu;
¿y qué es amar, entonces?, me pregunto, ¿y qué
es lo bello, la belleza, el principio de lo amado
de la transformación del amado en amada? Ay, San Juan
embriagado en la bodega de los labios que frisan
la eternidad para los mortales en la noche profunda
la noche de aromas a rosas y del fulgor a crisálidas. 

No es la belleza en el tiempo, no son las figuras 
que prenden los ojos hacia la sombras;
sin embargo, se ama el tiempo, las figuras en los ojos
las sombras mas no podemos ser otra cosa 
como hombres, sombras y figuraciones del ser. 
Y Boecio discriminaba la realidad en "la modulación armónica"
una suerte de cifra de la unidad, de trazado secreto 
hacia lo incierto, como Hölderlin; 
y San Isidoro, de tanto intimidar el sentido último
de las palabras llegó a vaticinar "se puede decir 
que este mundo está cohesionado 
según una cierta armonía". 

Y en esto la música irrumpe en el entendimiento
supremo de las cosas, en el decir oculto de la realidad;
el propio San Isidoro decía que la música
se extiende a todas las cosas y que nada existiría
sin ella, sin la matemática abisal que es un don 
proviente del cielo.     

[...]

viernes, 25 de marzo de 2016

El lector: lugar de apariciones.

ENCIMA de la mesa se apilan los libros sin más concierto que el de la lectura. El ritmo y el perfil los establecer el lector: el lugar de apariciones de la literatura. El lector traza un hilo secreto entre libros de distintas épocas, autores dispares que, en un proceder extraordinario, comienzan a entablar un diálogo fastuoso, el diálogo de un tiempo sin tiempo, de una polifonía de voces avenida y concitada tan solo por el deseo y la intuición de un individuo. Por ejemplo, hoy están Quevedo, Joseph Conrad, T.S. Eliot, Diego de Torres Villarroel; también asoman los de Godwin y Miguel de Molinos, así como los poemas de San Juan de la Cruz, -perladas auroras en la mañana-, y algunos volúmenes de Marcel Proust que anoche estuve leyendo sin más concierto que la ansiedad por la prosa y la epifanía del verbo.  

Como afirma Quevedo en "El mundo por de dentro" la lectura, el conocimiento "al cabo solo les sirve el estudio de conocer cómo toda la verdad le quedan ignorando". Ese abismo que nos achica ante la inmensidad de la lectura es, al tiempo, la que nos aviva para proseguir leyendo sin descanso. 

Hay comienzos de libros que reverberan en la memoria una vez que los hemos leídos para siempre. Es el caso del comienzo de Línea de sombra de Conrad. Estamos ante el resplandor de la infancia, epítome del tiempo perdido que solo recuperamos con el conducto memorístico del recuerdo, como si entráramos en un jardín encantado, con las seducciones de lo desconocido aun habiendo sido vivido llenos de ardor y alegría. Escribe Conrad: " Cierra uno tras sí la puerta de la infancia y penetra en un jardín encantado. hasta sus mismas sombras tiene un resplandor de promesas. Cada recodo del sendero posee su seducción. Y no a causa del atractivo que ofrece un país desconocido, pues de sobra sabe uno que por allí ha pasado la corriente de la humanidad entera. Es el encanto de una experiencia universal, de la que esperamos una sensación extraordinaria y personal, la revelación de un algo de nuestro yo". 

Y la prodigiosa e incisiva palabra de Diego de Torres Villarroel, así como su enigmática vida me provocan una fascinación lectora. Su Vida es un libro prodigioso, único en nuestra literatura, pero fue igualmente un excelente escritor de aforismos y sentencias con los que, las más de las veces, estoy de acuerdo: " Anda tan perdido el idioma castellano, que ni en la pluma ni en los labios se encuentra". 

Quizás todos estos escritos podrían quedar sintetizados en unos versos de T.S. Eliot de Four Quartets

"El pasado y el futuro 
 permiten tan solo un poco de consciencia.
Ser conscientes es no estar en el tiempo."
[...]





miércoles, 23 de marzo de 2016

Es un surco la palabra del hombre en el tiempo

ES un surco la palabra de un hombre en el tiempo,
un suceder de la memoria combinada en intervalos
de un sendero ya trazado, de unos pasos
que son tus pasos, de la música concorde
que es tu música en cada latido informe de tu ser:
"illi autem octo cursusn, quibus, eadem vis est Modorum",
el canto II de Homero a Mercurio;
"Oh, Calíope, os lo suplico, sed favorable a mi canto"
de Publio Virgilio Marón con Borges recitando de la mano de Pound;
el libro X de República de Platón con la arquitectura
de las esferas y las sirenas, movimiento y sonido, vida y renovación;
Calíope con Hesíodo, la musa de las musas;
Cicerón en el libro VI de De Republica
"este siete es el quid de la cuestión". 
[...]



lunes, 21 de marzo de 2016

Silabeo y desvelo de la mortalidad.

JACOBO DE LIEJA (Jacobus Leodiensis) fue un lector culto y admirador de Boecio. En este diario no pocas veces he mostrado mi fascinación por Boecio, tanto por su obra poética como por su prosa; antepongo su propuesta ética y su respuesta como autor a todo lo demás. 
La música mundana es la confabulación de todas las cosas del cosmos en su materia en contacto con nosotros. 

La lección es suprema, diáfana, pero estéril e insonora  para este mundo de sombras y posturas yermas ante la antigüedad.  Decía que Jacobo de Lieja leyó la obra de Boecio como el doctor Samuel Jhonson gustaba de afirmar , caninamente. Se interesó por todos los temas de la filosofía medieval, pero sin duda legó al corpus de obras capitales su Speculum Musicae, un magno tratado de música que, si no me equivoco, sigue sin ser traducido, o al menos eso indicaba Godwin. 
Este autor, Jacobo de Lieja,  parte de los tres tipos de música que establecía Boecio, a saber: mundana (de los mundos), humana (del ser humano) e instrumentalis (de los instrumentos incluida la voz). De todas ellas, me interesa para esta mañana, la música mundana. 

No hace mucho, cuando pergeñaba versos y El huerto deseado iba configurándose como una primera estación, -que Boecio me enseñó junto a Dante y Shopenhauer y Heidegger,-  que existe una "música de la palabra", del idioma y, por otro lado, "una música del ser". Así, con esta dicotomía, trataba de establecer los dos parámetros con que considero que un poeta comienza a trabajar toda vez que ha vislumbrado la consciencia (cósmica, celeste, terrenal, indolente). Su lucha de mortal ,que edifica una palabra desde su condición, recorre continuamente ese circuito que se principia desde el idioma adquirido a su condición. Con el tiempo, cae en la cuenta de que debe sumar no su propia experiencia sino la experiencia de su condición; que su discurso debe evitar el lastre de sus condicionantes (que existen, son muchos, continuos, inevitables) pero que ajustician y empobrecen su discurso. En cualquier caso, apartarse de esta dos condiciones mínimas hace emerger el discurso vano, huero, superficial. 
Estamos, en efecto, entre el encuentro entre la lectura (la música del idioma) y de la vida (la música del ser). Dos circunstancias que deben ser trascendidas desde la limpieza y la pulcritud, en la que no caben concesiones, -ni siquiera temporales-,  ni justificantes pasajeros.  Ante ellas, el silencio fortuito es la solución redonda. 
En este sentido, las apreciaciones de Boecio y, por ende, de Jacobo de Lieja, no vienen sino a fortalecer la comprensión de estos hechos: la música mundana no solo es música de las esferas, sino la armonía de la materia propia, de los cuatro elementos y del tiempo. 

El ser humano posee una condición extraordinaria que, cuando se adquiere consciencia de la misma, supera nuestro propio entendimiento. Somos quizás los únicos en este planeta que, como la lengua y su función metalingüística, podemos hablar de nosotros mismos. Es más, es lo único que nos importa, definir nuestra condición, tratar de establecer los parámetros que nos han traído hasta este punto y comprenderlo. En esa tarea inexpugnable para nuestra razón el discurso literario es, en la palabra, con la palabra, el único que nos acerca a la ciencia del espíritu, a la ciencia inexacta que detona una conmoción en los individuos cuando leen qué son en los textos literarios. 
Esa perplejidad explica, en parte, que nos emocionemos con obras en otros idiomas, de otras culturas, de otras etapas. Siguen tratando de decir lo que nos pertenece como universal, como propio, el silabeo y el desvelo de la mortalidad. 

La música humana, como decía Boecio, es la instrumental que revela consonancias musicales sensibles y que unen maravillosamente, en conexión fastuosa, el alma y el cuerpo. En nosotros coexisten las dos condiciones para que esto suceda: el microcosmos de lo corruptible, lo perecedero, con lo incorruptible, lo permanente. Todo discurso allegado a este paradigma y empapado de luz y revelación nos ha mostrado tan solo el comienzo del sendero, del camino al centro del bosque de la mortalidad. 

domingo, 20 de marzo de 2016

El invisible idioma de la mortalidad.

No somos más allá de nosotros mismos. 

***

LLEVO varios releyendo a Góngora. Estamos ante un poeta excelso de nuestra lengua, magistral, único en su especie. La lectura de algunos versos me han conducido, de nuevo, a ese estadio de relumbrón que todo mortal vive con el ejercicio de la lectura, de la lectura vivida y pulcra de un autor que desprende luz en los versos. Construcciones polifónicas, relaciones semánticas entre vocablos  por los que Valle-Inclán hubiera sacado un arma de fuego; neologismos, intertextualidades inauditas...un mundo propio que se despliega, eso sí, desde la palabra y en la palabra dadora. 

La crítica ha querido vincular este poeta a la Generación del 27; hoy, después de algunos años sin leer al poeta cordobés con detenimiento, me causa cierta gracia: ningún poeta del 27 se acercó a Góngora en ningún caso. Estamos ante fenómenos distintos, los autores de ese grupo poético son ínsulas individuales, con suerte desigual, que jamás encontraron el hilo portentoso de la palabra gongorina. 
El propio poeta lo resuelve con unos hermosos versos: 

[...]
"El jüicio, al de todos indeciso, 
del consuro ligero" 
[...]

T.S. Eliot lo expresó con dominio y contundencia en uno de mis libros de cabecera Four Quartets:

[...]
Porque solo se aprende a dominar las palabras
para decir lo que uno ya no quiere decir
[...]

En efecto, la creación poética es un desvelo de la realidad nombrada que se dirige, precisamente, a su transparencia. La palabra verdadera en poesía no desea decir todo; ser ella latente realidad, sino antes al contrario, el río de la palabra verdadera permite trazar los surcos del invisible idioma de la mortalidad. 

El propio Maestro Eckhart, que desarrolló una disciplina ajena y complementaria a la literaria, lo manifestó con mucho tino: "Lo esencial es quietud". 
Pero una quietud fructífera, polifónica, dinámica, en espiral y concentración, en infusión, viva, incontenible, como un manantial transparente, un flujo vivificante. 

Hoy quizás pensamos que el sujeto creador en la literatura es el elemento vertebral y hemos desustanciado la importancia de la lectura, de una lectura virtuosa y meditada, reelaborada a medida que nosotros mismos somos cambiantes y firmes, dinámicos y perpetuos. 


El mismo Plotino manifestaba: "El éxtasis  no conviene perseguirlo, sino esperar tranquilamente a que se aparezca, preparándonos a la contemplación como el ojo espera la aparición del Sol". 

Claro está que esa espera y equilibrio debe ser abonada por acciones éticas de los individuos: renuncias, decisiones, acciones que no siempre encajan en los hábitos de la vida contemporánea y que merman las capacidades literarias y personales. No tienen cabida la injuria ni la cólera, tampoco convertirse en un francotirador de los poetas o escritores contemporáneos: tan solo el recogimiento, el sendero blanco de Rilke atravesando Duino, Dante, la elegía de Leopardo, el magisterio íntegro de Platón, el acantilado, el corazón latente, el invisible idioma de la mortalidad. 


miércoles, 16 de marzo de 2016

PARA la existencia no hace falta el nombre de la cosa.


El nombre de la cosa es la razón del mortal en el mundo.

martes, 15 de marzo de 2016

¿Y es más cierta esta luz de entre los montes
que el caudal de tus brazos en mi pecho;
entiendes qué ladera y qué germen
vivo nos atraviesa en la concordia
de los vastos ramajes de la noche?

Pleito del ser es ser sin la figura

[...]

lunes, 14 de marzo de 2016

NO es la imagen de un cuerpo ni belleza
reflejada en el surco de tus labios
es el seno volcán cuando te amo
y te arrastro maltrecha ante mis versos;
es el modo latente de la vida
la claridad profunda y la conjura
hacia el blanco latir de la existencia
[...]

jueves, 10 de marzo de 2016

LO PRIMERO que advierte E. del cuadro es el perro. Ante el silencio de M.C. y el mío propio ella me hace poner la atención en el perro. Sin saberlo, E. me estaba enseñando a observar el cuadro por vez primera, con su mirada prístina, con su retina de azul cristalino. Nunca Las Meninas cobraron tanta fuerza pictórica ante mis ojos.
Tratábamos de atisbar cómo el óleo transmitía una atmósfera, una cadencia rítmica sobrecogida por el instante. E. ,sin embargo, lo resumió todo con el decoro más atinado. El perro, la niña tiene la pierna sobre el perro para que no se mueva porque es travieso, decía.
Nunca antes había tenido la sensación de que el perro, en la escena, cobrara más significado que el de un elemento subordinado, accesorio. Nada más lejos de la realidad, cuando la mirada, como decía Berger, se centra en ese enigmático mastín, envirotado y tan quieto, presiente que el pintor quiso otorgarle, precisamente, un lugar importante en la composición.

Recojo de los estantes libros. Los leo, anoto en ellos, como en una piel secreta, y trato de trazar un hilván inviable entre lo que sucede en sus páginas. Con este ejercicio, este juego, intento mostrar la huella invisible y eventual de loa figura de un lector, ¿yo, acaso, el que siempre dejar de ser?

Libro de Job, "Elogio de la sabiduría": "Explora las fuentes de los ríos y saca a la luz lo oculto".



martes, 8 de marzo de 2016

Prístina estación


AL ESCRITOR  le deberían importar tres cuestiones: la inmortalidad del alma (de Platón), la trascendencia de las artes como forma estética de expresión ética y la causa prístina de la propia vida como naturaleza desnuda.  Sean estos elementos definibles o no, sean estos elementos mera fabulación, desvían las letras de la mera vanagloria, -patética y triste-, y la dirigen hacia lo incierto, como deseaba Hölderlin.  

lunes, 7 de marzo de 2016

Glauca melodía

ESTOS días, reconversión. Vuelvo a leer desaforadamente: Petrarca, también a Dante. La claridad de esos textos cada vez es más diáfana, glauca melodía para la consciencia. Además, leer, en estos tiempos, se ha convertido en un ejercicio único de pensamiento. Ahora todos opinan, como decían los filósofos antiguos, fundamentados en la doxa: la cascarilla del tema. 

Leer es pensar, articula la emoción en una continuidad, la memoria. Y la memoria literaria conduce a no cometer desvelos ni desvaríos poéticos como los que, en ocasiones, leo. El verbo contiene la esencia de lo nombrado y eso hay que trasladarlo a la realidad poética. Enredado en váteres, periódicos, redes sociales, equipos de fútbol, canciones pop, realidades virtuales, perfiles y selfies...me quedo mudo y atónito ante tanta inmundicia, ante tanta tontuna y palabrería. ¿Ser moderno, actual? No quiero, no deseo esa disarmonía, vade retro, si es eso lo que la poesía actual quiere ser.  

Leer es pensar y vivir en solitario, con el texto como parte de nuestra vida, nuestra vida en el texto; en una palabra fecunda, en lo que Platón llamaba la semilla inmortal.  

domingo, 6 de marzo de 2016

"UN CERTO gusto...del bello o del brutto", así afirma Aretino, en 1557, en el volumen titulado Dolce. Representa este aserto una síntesis de lo que Peter Burke denomina "El gusto" en la etapa renacentista y que con tanto tino expresa en El Renacimiento italiano (Cultura y sociedad en Italia). 
El lector comienza a leer estas páginas para tratar de comprender, con todas las aristas posibles, cómo funcionaba el arte en otras etapas, periodos elogiosos y que terminaron por producir textos y obras artísticas de incuestionable validez. Leo y releo las ideas del Reancimiento, el contexto cultural que englobaba a los artistas, las reflexiones que circundaban a las creaciones, las lecturas que de tiempos pasados hicieron estos autores.

Cae uno en la cuenta de la cultura que se manejaba en el mundo artístico y lo confronta con los referentes actuales. Me fascina sobre todo la interelación de las disciplinas artísticas y la consciencia de los creadores en atender a las diversas manifestaciones como forma estética de entender, complementariamente, el mundo. Esa cosmovisión frente a la decadencia lectora de la actualidad me congratula y acerca más a unas lecturas que a otras. Y me hace escribir, en este diario, que no es poca cosa cuando faltan los estímulos. Como decía Pietro Bembo: Belleza=Naturaleza=Razón=Antigüedad. 

sábado, 5 de marzo de 2016

AFIRMABA el músico italiano Francesco Giorgi, franciscano y ciudadano de Venecia, que todo respondía a la armonía de toda la creación y esta, a su vez, y con ayuda de entendimiento de los judíos venecianos, de los sephirot. No queda aquí el caso pues el autor, de gran reputación en su tiempo, añadió las ideas platónicas para conformar toda una teoría como armonista. Para ello se propuso escribir un comentario a , ni más ni menos, que el Timeo de Platón. Fruto de estas tensiones intelectuales surgió el volumen harmonía mundo, publicado en Venecia en 1525. 
Tras leer al autor, sus ideas, algunas sentencia brillantes y sugerentes, me quedo toda la tarde pensando y reflexionando sobre un enunciado: " Las notas del heptacordo corresponden al alma". 
A las notas del heptacordo sumo las cuatro fuerzas fundamentales que actúan sobre la materia: gravitatoria, electromagnética, nuclear fuerte y nuclear débil. 
Con todo, arrimado al silencio que proclama este gris y este silbo del viento en la ventana, me quedo en mí, tanteando con la razón y la emoción la materia natural del espíritu. 


viernes, 4 de marzo de 2016

LA CONMOCIÓN por el verbo y la reverencia a la esencia de lo nombrado. Cuando el escritor adquiere la posición en el mundo, la realidad toda, y comienza a contemplar la realidad toda sucede la revelación. La palabra dejar de ser el único instrumento de comunicación con la armonía y, paradójicamente, como no puede ser de otra manera, la desorientación, la pulsión con lo inefable va adquiriendo el matiz de realidad. Es el estadio en que el silencio toma la casa del verbo y lo desvanece todo en una conmoción. En esa conmoción el poeta comienza a dejar de ser lo que hasta ese punto creía haber vivido y pensado. El sonido multiforme de la soledad se apodera de él: llega al momento de la renuncia. 
En esa hora de la renuncia, de incomprensión total por parte de nadie ajeno a su consciencia, muchos poeta se hacen reticentes a abandonarse; siguen prefiriendo el canto de sirena de los halagos, las coronas de laurel disecado y los elogios de los grillos que cantan a la luna. Existe el poeta que defiende la idea de la esencia, pero que actúa en la acción de la vanagloria. Sus textos reflejan ese sesgo de mediado, bifurcado entre lo que desea y lo que hace. 
Escribir poesía es no escribir poesía de ahora, no existe el membrete adjetivar para poesía: poesía es sin tiempo, poesía no acoge los vericuetos de lo eventual para alzarlos a categoría. 
El estado general del poeta, por siempre, es la incomprensión y acaso la insatisfacción de su existencia. Cuando un poeta está conforme con lo que nombra es residuo él mismo: no acaba de entender las dimensiones cósmicas en Llads que vive, cree que su palabra es la realidad misma, que lo que nombra es lo capital.

La poesía ha marcado desde su nacimiento una relación del hombre, del poeta, con la realidad. Platón ya acogió este conflicto y él mismo cayó en contradicciones dada la complejidad del asunto. Lo nombrado, la cosa misma, el camino al bosque, los límites del mundo no son los de las palabras; la palabra es nuestra forma, no la única, de conocimiento más humanamente razonado, el que creemos entender mejor; pero la poesía es creación, es revelación, es alethéia, es transformación y permanencia. 


miércoles, 2 de marzo de 2016

TODO se compone de actos y delirios: comprar libros en Madrid; leerlos en el parque, en el metro, acaso en el asilo de la noche; anotar en el cuaderno naranja algunas impresiones tumefactas en la consciencia. Leer como acción en los espacios de la ciudad y sostener la cadencia de la lectura resultan ejercicios de artificio individual. 
Predomina el desdén en estos tiempos, la rauda estación infeliz que azuza y cercena las contemplaciones. Con E. de la mano escojo libros bajo el sol de la Cuesta de Moyano; el librero se queda mirándome cuando observa que agarro una edición de un novelista de los años 50. me pregunta qué me interesa de él. Le digo que no hace mucho tiempo, en la literatura existía un principio casi inviolable: la conmoción por el verbo, el deseo de la palabra en su esencia. 

 

miércoles, 24 de febrero de 2016

ESCRITOS leídos en la puerta de un retrete del salón de la fama literaria:

La tontuna ha terminado de invadir definitivamente al mundo literario en España.

***

Diferencias de épocas: antes, sobre Antonio Machado, escribía Dámaso Alonso o María Zambrano; ahora, una jugadora de videojuegos aficionada a Facebook que gana premios escribiendo...

***
Que un tío que no sabe ni escribir un verso por derecho obtenga una mención es como darle una migaja al gorrión que se posa por las tardes en la ventana de una cocina. Peor aún, el gorrión es verdadero, ese poetastro, un ser infame. 
 ***

Un verso bello, por favor, poetas del momento...no seáis más gusarapos de lo mediocre. 
***

Está bien que uno mantenga el respeto, pero faltarle a Poesía me hace un Juan Ramón de lo intolerable. ¡Váyanse, larvas barbipeludas, de Belleza! 

***
Parece que ahora existe el profesional que vive de los aledaños de la literatura: radio, presentaciones, prólogos, premios, antologías, premios de la crítica, crítico de los premios, revistas..siempre los mismos nombres de esa escalinata de opereta y bufones . ¿Para cuándo la historia verdadera de la nada literaria? 



martes, 23 de febrero de 2016

Los raros decadentes y el arte del silencio

RUBÉN DARÍO fue un escritor indolente. Uno de los libros que más me fascinan del poeta es el que publicó en 1893 y tituló Los raros. Estamos ante un libro juzgado por la crítica (ya saben, la universitaria y cegata) como libro de juventud.  Puede que nunca lo hayan entendido quienes lo han pretendido estudiar, pero dejemos el caso para otro momento. 

Darío estaba de regreso en Buenos Aires y contaba con la experiencia personal y artística de París, la ciudad que no se acaba nunca y que deja en la sensibilidad de cualquier bardo un poso de inexcusable atención. Tal es así que Darío escribe este volumen de retratos y semblanzas tan propio de la época pero dejándonos una lección de lector inteligente, que espiga en su momento la tradición que debe permanecer y ser entendida. Los raros propone, sobre todo, una forma de leer, la expresión a las claras de un lector de su momento que atisba, en el contexto lírico de su época, una raquítica y triste actualidad. Darío pretendía otorgar aire frasco a la lírica de su tierra ¿Podríamos escribir ahora un libro titulado así? 

Como el poeta declara en el prólogo a la edición española, fue tomado por "decadente" entre sus contemporáneos. Me fascinan las palabras, simples y diáfanas, que coloca para cerrar el prólogo: 


[...] "el mismo desdén de lo vulgar y la misma religión de belleza. Pero una razón autumnal ha sucedido a las explosiones de la primavera". [...] 

"Desdén de lo vulgar", "religión de belleza"...enunciados que convocan una posición inalterables del poeta ante el hecho poético ya sea en la primavera de su efusiva poesía o en el otoñal razonamiento de sus días. 

El primer libro que glosa Darío se titula El arte del silencio de Camilo Mauclair. El silencio, en el simbolismo, es la naturaleza misma de la palabra. El principio dador de verdad lírica. La mística pagan de los cementerios encendidos. 

Y aquí quedo en la mañana, de raros y contemplaciones y cuerpos desnudos de naturaleza. Tan solo acercando el latido concorde de la respiración soplo a aquello que desprende armonía y verdad. Lo demás, las hueras acciones, las palabras infames me provocan, cada vez más, indiferencia y sortilegio de humildad. Todo arte del silencio. 




sábado, 20 de febrero de 2016

Lector in fabula

CADA VEZ más, el Renacimiento y, como ya dije, el Barroco, haz y envés de la misma realidad.; por ende, el mundo grecolatino y la etapa finisecular del XIX hasta comienzos del XX. Estas épocas parecen poseer un hilo de Ariadna que las hilvana y congracia a pesar de las distancias temporales y las evoluciones científicas y sociales que en cada una se sucedieron. 
Con las composiciones de estas épocas me convierto en lector y escuchante y observador de la "naturalidad artificiosa". Con la poesía contemporánea, -la música y demás incluidos-, siento, en las más de las veces, repugnancia, estupor de la condición que ha llegado a expresar esas infames palabras y del alejamiento del fenómeno de la poesía. Percibo de la misma una desequilibrio ético ante el acontecimiento estético y eso me provoca una falla emocional casi inaguantable. 

Mencionaba anteriormente la "naturalidad artificiosa". En efecto, quizás la secuencia más difícil en la creación poética sea impregnar a la composición de una naturalidad compositiva. Lejos de los recursos retóricos, del conocimiento lingüístico-pragmático de las composiciones líricas de esta etapa, anida en las mismas un afán, en sus autores, de trasladar un mundo completo, autoreferencial en el límite de las estrofas, de la palabra poética. En ese afán el lector encuentra una vereda insoslayable de deleite y aprendizaje. 

En un solo verso de uno de estos autores puede que se nombre una realidad completa, que transgrede los límites de su propia vida. Recuerdo ahora el poema de Quevedo, tan diáfano y preclaro, titulado a lo Montaigne, "Desde la torre": 

[...]
vivo en conversación con los difuntos,
y escucho con mis ojos a los muertos
[...]

"Vivo", "escucho"...formas verbales en un presente sin tiempos, la vida misma es una sucesión de sombras vivas y de sucesos que tan solo podemos escuchar en su susurro. "Vivir en" y "escuchar con"; vivir con la palabra dialogante entre la vida y la muerte, lo que conocemos como la filosofía del límite; y escuchar, en una sinestesia natural, con los ojos a la muerte incomprensible. De tal manera que  "difuntos" y "muertos" se convierten en una isotopía semántica que vértebra el sentido de estos dos versos. Por su parte: la vida es lectura, pues el diálogo con los muertos se sucede únicamente en los libros, pero también se vive la literatura en los sentidos, en unos sentidos platónicos que solo nos acercan a las sucesiones de difuntos. Vida y lectura equiparadas en la zona ética de la literatura que reside en lo que Platón denominaba "la semilla inmortal". 
Hoy, al leer que Umberto Eco ha muerto, se me ha venido al recuerdo el pensamiento cristalino de su Lector in fábula y estos versos de Quevedo que suponen, desde la creación la condición de lector y viviente literarios. 

jueves, 18 de febrero de 2016

Una estética de la existencia.

LA TRADICIÓN literaria no es ninguna imposición. Ante ella, cabe tan solo transformarse en ella. Tu posición en el cuerpo de literatura será una respuesta humana y eventual de un acto estético. En puridad, una estética de la existencia. 

En el caso de Ezra Pound hay una lección primordial. Sus Cantos o Cantares o, en mejor decir, The Cantos, ofrecen una lectivo a la antigua usanza. El poeta, hipermoderno, contemporáneo de una época convulsa de rupturas y restituciones, acude, apara iniciar su obra a dos hitos de la configuración total de Occidente. Odisea y Dante. 

Los conjuga con la lectura creativa de los cantos X y XI de Odisea y del canto titulado "Descensos ad Inferos" de Dante. Ante todo Pound demuestra que es un lector y que encuentra, en la tradición ancestral, los elementos sustanciales para poder convenir en una nueva literatura. Lo primero: un descenso, un bautiza o a la negación del individuo para la nueva revitalización: "And the went down to the ship". 

De todos los personajes a los que hace referencia de forma intertextual, destaco a Tiresias. El poeta marca al adivino ciego como el umbral por el que todos los cantos posteriores, la suerte de interpretación debe ser entendida. Escuchar, entender, reflexionar la palabra vaticinadora es el principio de la acción del yo lírico: "Till I should hear Tiresias". 

Ritmo, palabra, vaticino, razón luminosa, entendimiento interno, sístole y diástole del silencio. Pareciera referirnos el poeta el diálogo interno con Homero y con Dante, la defensa de la contemplación de la obra literaria y la revolución misma de la literatura. 

Toda ruptura instaura una tradición, como afirmaba Octavio Paz. de esto mismo era consciente Ezra Pound quien, lejos de querer manifestarse como un revolucionario y rompedor con el mundo antiguo, lo fagocita hasta el tuétano para devolverlo en forma de vómito y estación total. Disforme, ininteligible, acaso construcción retórica y deshuesada, Pound nos puso ante la palabra que se dirige irremediablemente al origen, al desconocido origen ante el que quizás solo cabe el discurso huero o la propia figura del silencio. 





martes, 16 de febrero de 2016

ANOCHE, de insomnio súbito, sonámbulo de estrellas, leía. Leía a Dante y en ese proceso, leía la transparencia. Me preguntaba si en la búsqueda de la lectura (porque la lectura es búsqueda y fin, origen y estación celeste), en la consciencia de esa trance cabe la renuncia voluntaria. 
En otras palabras, si un mortal ha comenzado el camino de la búsqueda y ha tenido consciencia de ello mismo puede, a la postre, bifurcarse. Hay poetas que estuvieron y ya no están en la poesía; poetas que escribieron la senda del río rumoroso de la existencia y queda un derrumbe de ellos.
tal es así que la lección es diáfana: silencio, un silencio nutricio. Soledad...ay, soledad, sonora.

domingo, 14 de febrero de 2016

MACROBIO comenta el pasaje del Timeo de Platón en que se expresa cómo, en la creación misma, se completan los intervalos de las composiciones armoniosas con sesquiálteras, sesquitercias, superoctavas y semitonos. Estas ideas del autor medieval me han llevado a pensar en las Leo, releo y observo composiciones mismas, en cómo los grandes momentos de una creación poética debe estar rodeada de palabras, giros, secuencias textuales que, aun sin alcanzar loa altura estética, son necesarios para que la armonía se complete más allá de lo natural. 

Leo, releo y reflexiono, contemplo. Caigo en la cuenta de que más allá de los versos sublimes existe una caja de resonancias en los poemas, inevitable, que armoniza la composición y que levanta, llegado el caso, el adecuado territorio en que ese verso cristalino, como decía Octavio paz, relumbre por siempre en la memoria de los mortales.  





sábado, 13 de febrero de 2016

miércoles, 10 de febrero de 2016

Pienso que los poetas de ahora no son consciente de su itinerancia y errabundia; que tan solo persiguen alimentar sus egos, estar presente en muchas presentaciones de libros, constar en los suplementos, aparecer en los medios y poco más. 

¿Poesía? Palabra demasiado alta y elevada para algunos.  Lean, poetas, libros; lean, poetas, poesía. Pero no la tuya, la de aquel ni la de este, poesía sin ambages, poesía, ah, ¿no sabes qué es? ¿y tú me lo preguntas?  

***
Los compases iniciales del réquiem de Verdi manifiestan una revelación. Parece que la muerte de su estimado Manzoni provocó que el compositor se decidiera a componer esta pieza, una obra que quizás ofrece la vertiente más profunda de un compositor que obtuvo éxito en vida. Las melodías primeras, los acordes, la arquitectura compositiva de voces e instrumentos son insólitas.  
Pareciera acariciar el autor el sentido trágico de la existencia. "¿Acaso la muerte no es todo lo que hay en la vida?", respondió cuando le criticaron que en Il trovatore hubiese tantas muertes.

Rex tremenda majestatis. El pasaje concilia el desgarro con la lenta meditación. Los acordes suscitan un desgarro profundo pero feliz, la existencia encarnada. 

Dies irae. La escenificación musical, la cascada emocional del fragmento en pocas ocasiones han sucumbido como en estos pasajes. el escuchante, acaso el mortal, se sobrecoge ante la sucesión de voces, instrumentos acordados todos bajo la noche profunda de la contundencia sensitiva.  

***


domingo, 7 de febrero de 2016

CON naturaleza uno debe hallar el rumor oculto de armonía. Suscitado, compuesto de perplejas esencias inviables a los ojos, nuestro cuerpo allí, acaso la existencia se transforma en una cuestión de desnudez.

El surco de las piedras tratan de soliviantar el paso del agua, mas el líquido fluye, busca su paso incontenible a pesar del impedimento. Comienzan las sombras a desdibujarse, a convertirse uno mismo en fontana transparente y sinuosa. Es un trance, un rito de silencio y soledad sonoros.

En ese punto, la poesía es tan solo mueca en el orbe y el confín. Un piélago insonoro e innecesario.

miércoles, 3 de febrero de 2016

PARECE que Aristóteles, a pesar de la aparente reducción, supo atinar con la conducta ética cuando estableció la división entre la dianoética y la ética. En Ética a Nicómaco establece que la ética se adquiere con la costumbre hasta convertirla en una conducta natural; por ello, la ética es aprendida siempre, no nos sobreviene de forma natural. No estoy, con todo,  con Aristóteles: sí creo en una disposición, una naturaleza previa que se reconduce con las actuaciones éticas. es más, esa naturaleza termina por convertirse en consciencia plena y esa consciencia conduce al silencio y a la contemplación de armonía.  
La virtud ética, en efecto, es una virtud de vida, de posición en el mundo que transgrede las actuaciones que realizamos como mortales. Toda actuación conlleva una posición ética: la palabra, el arte, las ideas,...esta realidad subordinada se transmite en la lectura de un libro, es percibida, es notoria, muy notoria en ocasiones y, en algunos casos, suma a la propuesta estética una haz de emoción, un añadido de emoción que completa la edificación formal del libro. 
El spleen para Baudelaire, el input poético, el ser mismo de la poesía para Rilke, la rosa misma. Leer es una acción integral que despierta el gozo estético y el deleite ético; sístole y diástole, la escritura encierra una acción ética que puede ser aprendida en gran medida, pero que deviene de la postura en que somos y estamos de continuo.    

lunes, 1 de febrero de 2016

LA arquitectura de la Sinfonía 5 de Mahler equivale a una cosmogonía, un tratado de filosofía, una obra lírica, una pintura primorosa, en cualquier acto, un acto de pensamiento profundo e individual cenital, mineral canto de origen.