domingo, 19 de diciembre de 2010

Después de leer a Borges, anoté en el moleskine lo siguiente: “¿Habrá suerte mejor para un hombre que su mísera vida, que su profunda ceniza en la tierra, de su visión en los ojos ciegos de otras guerras?”. Sin saber qué me llevo a escribir estas palabras, me he detenido a buscarles una explicación, una causa primera.
Después de hacerlo, he encontrado un puñado de motivos. El primero, un diario es una elegía continuada y todo lo elegíaco es lírico, profundamente lírico. Lo segundo, en la vida un hombre caben todas las vidas, y sólo la nuestra es la especular. Tercero, y no por ello último, el escritor utiliza un paño para limpiar el vaho que se acumula cuando aplica la memoria. Ese paño que aclara y confunde, que verosimiliza la realidad, es la ficción.

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Cuando uno se para a contemplar su estado y a ver los pasos por donde ha llegado hasta lo que es; cuando uno se retira de la vida acumulada de ruidos y vacuidades, cuando uno se hace y tiene la consciencia de ello, sucede la plenitud engañosa. Porque la plenitud nunca se deja entender y toda ella es sugerencia, como la buena literatura.
De todas las artes, la música es la referencia sin mundo más absoluta. Y por eso, en el fondo, la literatura, y sobre todo la poesía, tiende a imitarla a pesar de sus burdas ritmicidades y de sus débiles palabrerías.
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Al escribir, he necesitado inventar dos palabras. mal síntoma este d la invenció léxica, porque, si como decía el griego la palabra es la cosa, ¿qué serán estos dos verosímiles ritmos?