domingo, 26 de diciembre de 2010

Después de todo, me quedo reflexionando sobre la capacidad del símbolo. Y creo que la poesía aspira al símbolo, es decir, que existe una disposición simbólica que la sitúa en la vecindad con lo ignoto, inefable. Sólo el símbolo vincula el mundo inteligible y lo sensible. La música recorre este circuito por naturaleza, de ahí su esplendorosa capacidad de sugerencia. La literatura, y sobre todo, la poesía, necesita realizarlo artificialmente, porque la palabra en sí ya es artificio. Ay, la ansiada naturalidad del símbolo.

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Exacto, la única disciplina que se renovó sin ningún referente clásico en el Renacimiento fue la música. Aun así, se produjo en esta época la mayor revolución musical de su propia historia, una revolcuión que inundó el jazz y que lo hace ahora e esta música de Scelsi que escucho en la mañana.

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He descubierto la música de Giacinto Scelsi. La nascita del verbo me recuerda a Ligetti , pero después de unas horas, escucho deleitado, Uaxuctum, una epopeya mística, un pasaje religioso de cariz trascendental. Toda una apología del sonido y de la trascendencia. Esa polifonía que me ha detonado los instintos más peregrinos, que ha levantado mis pensamientos más insospechados...