lunes, 23 de diciembre de 2019

Lo sublime en el corazón


Lo sublime en el corazón se torna en belleza para la mente.
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Inmensidad: gruta invisible donde nacen ecos.
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Del olor de la noche, la humedad de tu cuerpo.
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Como lámina o túnica en la tierra cereal habitas en ti, todo tú, sin màs huella ni luz que el discurrir inexistente de tu vida.
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Sucede tu memoria en el campo de zafiro de la ausencia.
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En tanto que sucedes 
representas el sueño 
del azar infinito.

domingo, 22 de diciembre de 2019

La luz en el breviario de la noche

La feliz tentación de estarse en uno sin ser nadie ni nunca.
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Henry David Thoreau en "Walden": "El símbolo de los antiguos se convierte en la expresión de los modernos".
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Leo en un volumen exquisito, "Los griegos y nosotros" de Ricardo Moreno Castillouna cita de Comte-Sponville: «Solo si somos culturalmente conservadores podemos ser políticamente progresistas».
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Inteligencia , «inter legere», leer entre líneas el suceso de todo en ti.
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La noche toda agolpada en el crujir de tus labios.
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Esta luz proclamada revela el perfil de tu ausencia.
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Unido a la inteligencia, saber escuchar es comprender.
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Contempla el mundo como si solo sucediera una vez: hallarás su permanencia.
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Todo aforismo es un ismo del aforo.
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Ni la función social de la edición, ni la crítica literaria ni siquiera la de los premios nacionales de literatura. Resulta que la autoedición va a ser más perspicaz que todo eso; y que conste que gran parte de lo que se publica en editoriales son autopublicaciones encubiertas.

sábado, 21 de diciembre de 2019

Soñando la luz del fin

Tras un tiempo, reúno los "Matinales". Los leo como ramillete, de continuo, como haz fragmentario, retoco, enmiendo, releo. Con la paciencia orfebre vuelvo a su música aunque torpe y errática.
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Hacia la razón luminosa, qué bella la lectura de Boecio, "Consolación de Filosofía", Libro V, 6: "Eleva tu espíritu que no se hunda en la tierra tu inteligencia con el peso de la materia, que no quede por debajo de tu cuerpo, mientras él camina erguido"
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Recuperar la contemplación y modelar el pensamiento son afluentes que dimanan de la lectura pero no de cualquier texto. Leer es descifrarte en la palabra del otro; perseguirte hasta el centro indudable como sombra o rapaz.
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Con el otoño siempre vuelvo a Boecio y a Marco Aurelio. Al "Ager Calvetianus", en el año 524, ensoñando a Boecio en prisión; y al Libro II de Marco Aurelio, escrito junto al Danubio, en el que leemos: "[…] Y nada es malo si es conforme a la naturaleza".
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Hay quien dice una cosa y obra de otra, quien expresa una idea de la literatura y luego desarrolla la contraria; sin embargo, lo siniestro en literatura ni es paradoja humana ni confusión eventual, es vanagloria y ego, notoria ambición de la nada. Silencio y soledad.
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Deja uno de lado los saraos (pseudo)literarios, las capillas (pseudo) librescas, los cenáculos de (pseudo)poetas, los entornos editoriales, las llamadas a congresos, en definitiva, los aledaños de la literatura. Y vuelve uno al centro, a sí mismo, limpio, verdadero y en silencio.
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Pocas culturas como la grecorromana para comprender el sentido de lo "útil" en el campo de la «paideia», incluido el «ethos» como seres sociales, de la cultura que nos ha edificado y nos ha otorgado una identidad plural y humanística. Algunos siguen preguntándose por ignorancia.
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El tiempo es el gran paradigma del desasosiego; la eternidad, el sueño de la huida.
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Címbalo profundo que lates en la noche, vuelo torcal del salmo a la palabra.
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Hay poetas que renuncian a la tradición poética sin haberla leído; luego están los poetas, los que edifican su palabra en la esencia expresiva del ayer clarividente. Hermosa reminiscencia de Séneca en Quevedo: "Qué lo que todos les quitaste sola/te puedan a ti sola quitar todos."
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Oh, poetas de este tiempo, bardos y aedas del día, gustadores del vocerío y la lección vacía, escuchad a Quevedo: [...] " Nada que, siendo, es poco, y será nada/ en poco tiempo, que ambiciosa olvida,/ pues de la vanidad mal persuadida/ anhela duración, tierra animada." [...]
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Con Quevedo, en esos versos cristalinos de la soledad desde la atalaya en que se contempla el mundo: [...] "La confusión inunda el alma mía; mi corazón es reino del espanto"
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En la noche, la figura de la memoria adquiere el fulgor de una luminaria; y, en esa edificación de lo que fuimos, de lo que narramos haber sido, entiende uno que no fue nada.

lunes, 4 de noviembre de 2019

La música a tu encuentro: el tañedor de la cítara.

CUENTA Ramón Andrés en su insuperable Diccionario de música, mitología, magia y religión que Aquiles fue instruido en la música y la medicina, entre otras disciplinas, por Quirón. Esto explicaría el abandono de Aquiles de sus tropas para combatir contra los troyanos y que pasara largas horas tocando la cítara, con exactitud la forminge. Cuando Odiseo y Ayante fueron a visitarlo, Aquiles estaba imbuido en la música. Como salmo, como ensimismamiento el héroe al que nadie podía combatir en fuerza física y virtud guerrera se sometía al canto unívoco de la cítara. 

En nuestra lírica es conocido el pasaje de Juan de Mena en Laberinto de Fortuna cuando escribe:
[...]
Mostrósenos Fíliris, el tañedor, 
maestro de Archiles en çitarizar
aquel que por arte ferir e domar
pudo a un Archiles, tan grand domador.
[...]
  
Y es así cómo un episodio de nuestra cultura, que tanto ha interferido en el imaginario colectivo, presenta las artes, la ciencia, el conocimiento de la disciplina musical como una velada manera de estar en el mundo plenamente. Música unida indefectiblemente al oído. 

El oído en música es un elemento permanente en nuestra cultura, es más, está vinculado a la conexión con el misterio más puro e incognoscible para los humanos. Ya Apolo, en Delfos, se sometía a la aritmética de la música. La propia M. Zambrano afirmaba a este respecto: "en el escuchar se da lo más penetrante y hondo de la atención, la decidida atención que el ejercicio de la vista no requiere". 
¿Cómo renunciar a ella en el desarrollo individual y en la creación de las artes? Solo el vacío de entendimiento explica la ausencia de la música. 

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Unido a la inteligencia, saber escuchar es comprender. Y la poesía ha estado, desde su origen, vinculada a la música porque su naturaleza no puede consentir otro sendero que no lo vincule a ella en tanto que forma de entendimiento del mundo. La música en poesía no es solo ritmo es comprensión y razón de entendimiento; sabiduría de lo que la palabra trata de evocar y llamar al desvelo. Más allá de los procedimiento retóricos la música del poema debiera contener la música del ser. 

jueves, 31 de octubre de 2019

El contorno de los signos.

ESCRIBIR, escribir desde hace ya muchos años como salmo o irracional plegaria.

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"Estás solo. Aprendes a andar como un hombre solo, a vagar, a callejear, a ver sin mirar, sin ver. Aprendes la transparencia, la inmovilidad, la inexistencia. Aprendes a ser una sombra y a mirar a los hombres como si fuesen piedras", escribe George Perec en Un hombre que duerme.  Releo las páginas de Perec,- a las que no acudía hacía ya bastante tiempo-, y trato de recordar los paseos por París, aquellas tardes en solitario en que recorría una y otra calle como si todo fuera desierto o trocadero infinito.  De aquellas tardes en que la indiferencia no tenía ni principio ni fin, sino que era un estado inmutable, un peso leve, una inercia que nadie lograba entender más que el yo que era entonces. Y eso individuo que poseía mi nombre y mi figura se comenzaba a percatar de que la indiferencia disuelve el lenguaje, lo enturbia y desbroza los signos en meras señales. 

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"Ahora vives en lo inagotable", fueron las palabras que se me vinieron a la mollera cuando J.S.M. me hablaba de P. y su condición mental. " Cada día estás hecho de silencios y ruidos, de luces y sombras, de espesuras, de esperas, de escalofríos". 

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Y culmino la tarde con George Simmel, Imágenes momentáneas, una estampa titulada "Más allá de la belleza". Me quedo con el subrayado que define toda una época para las artes: "Sí, nos resulta difícil tener ingenio". 



miércoles, 28 de agosto de 2019

Con Delibes en Ribadesella.

EL ejemplar estaba en una pequeña estantería de un campin en Ribadesella. Era de noche y quedaban varios minutos para que terminara el lavado de ropa y el secado de la misma. Agarré el volumen, -que tantas veces había nombrado-, y comencé a leerlo con fervor, pues desde el comienzo la prosa de Delibes es pulcra y ajustada como un guante. Decoro o saber escribir de forma natural o talento o genio; sea cual sea el adjetivo este autor siempre propone una forma estética de escribir que se amolda a una ética para el escritor: la reliquia viva de la lengua.
Decía que abrí el ejemplar y allí estaba ya, desde el principio, con la música sobria pero vivaz para uno de la prosa joven y excelsa del autor. Caía la noche con el peso rotundo de la montaña, con toda su humedad y sus raíces y seguía leyendo, casi sin levantar la vista del libro. 
Al poco, la lavadora avisó de que había terminado el lavado; la secadora en sincronía, lo mismo. Con la disyuntiva de llevarme el libro para seguir leyéndolo cargué todo en los cubos y coloqué el ejemplar en su cima, como corona o laurel antiguo. Así, cuando llegué a nuestro sitio, M. me increpó como suele hacerlo para que devolviera el libro de inmediato, sin embrago, en esta ocasión, luché con argumentos que finalmente la  convencieron. 
Del norte al sur he ido leyendo el libro y ahora está aquí, conmigo, en la mesa, en un lugar distinto al de aquellos pies de la montaña, con el calor de una casa pero con la fría sensación de que nadie volverá a rescatarlo. Por eso mismo, me planteo dejar el libro en una biblioteca pública esta mañana; está nuevo, virgen de subrayados, aislado de humedad, pero al llegar allí recuerdo a J.R.J. cuando decía que los libros en ediciones distintas dicen cocas distintas. 
Con todo vuelvo a casa y coloco el libro disimuladamente en los estantes sin que me viera M. Ahora lo veo desde donde escribo y recurro a todas las estampas de su lectura en cada día. Porque leer son los libros que uno ha leído, las ediciones, los formatos, las circunstancias. Y después el lector que fue uno queda abigarrado en el recuerdo torcal de todo aquello.         

jueves, 1 de agosto de 2019

Cuando Proust fue Montaigne y lo escribió Cervantes.

EN EL ARRANQUE de En busca del tiempo perdido de Proust se produce un hecho fabulosos que pasa desapercibido por la prodigiosa magdalena. El acto consiste en la relación entre sueño y lectura, entre el deseo de continuar leyendo un libro y el cansancio físico que nos conduce al sueño profundo. Proust lo convierte en un acontecimiento cervantino de realidad y ficción:
"Durante mucho tiempo me acosté temprano. [...] no había cesado de reflexionar sobre lo que acababa de leer, pero esas reflexiones habían cobrado un cariz algo particular, me parecía que era yo mismo aquello de lo que hablaba la obra".

Un Montaigne aparecido en plena prosa de Proust escrito por Cervantes y corregido por Kafka.

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En un poema de amor de Quevedo, que sigue restituyéndome en la poesía, puede uno leer toda la teoría simbolista de la poesía posterior, incluido a Bécquer en nuestras letras:

[...]
"Voz tiene en el silencio el sentimiento"
[...]

[Poema: ´Peligros de hablar y de callar y lenguaje en le silencio´].

Y trato de leer los poemarios actuales, las novelas de este día, pero a poco que las abro en la librería para leer el primer párrafo de cualesquiera de ella o cualquier poema de un libro, caigo en la abstención más absoluta, en el desencuentro, en el hastío. Y esto puede ser ya un reflejo de la sociedad en la literatura más profunda que nunca, pero sobre todo es la especulación hecha ya actuación de la estulticia y de la falta de lectura. 



miércoles, 31 de julio de 2019

Una ilusión del bien para la propia existencia.

CON LA VIVEZA con que penetra el levante en su primer repunte acudo al cuaderno que mantengo en la mesa desde junio para volcar algunos poemas incipientes, ideas, fragmentos, retales que surgen entre el bullicio de lo cotidiano. Una serie titulada "Matinales" que ya van siendo escritas en las primeras horas del día, cuando la luz aún es todavía sortilegio de la noche. Al fin conforman una pequeña serie de poemas escritos en la primavera pasada. 
Vuelvo al cuaderno, a la prosa extensa que acompañan el pensamiento, como decía Unamuno. Es julio de 2019 y comencé este escritura en julio de 2007. Casi de forma continuada no he dejado de escribir en este cuaderno y, las más de la veces, motivado por las lecturas. 
Llega el punto en que la vida va tornándose hacia uno mismo y es mejor escuchar, callar, contemplar que decir sin rienda ni suerte por el mero hecho de salir a lo público. Aun así, hemos regresado a este espacio con brío y con nuevas perspectivas de escritura. Esos ángulos nuevos son el incipiente reflejo de una vida cambiante, vita nuova, de Dante. Prosa y poesía en una misma evocación de la palabra primera en el hombre. 
Para concluir este primer tanteo de verano acudo a Simone Weil toda vez que Quevedo me devuelve a la poesía tras leer a los poetas de mi tiempo. Qué poca prestación, qué poca virtud y qué desdeñable palabra  poética la de los poemas actuales. Decía que Simone Weil me deja un par de enunciados con los que principio el día: "El placer es la ilusión de un bien a su propia existencia". 


jueves, 11 de abril de 2019

Hay pensamientos colectivos pero no una poesía colectiva.

AGARRO el libro de Paul Valéry que tengo en el despacho de trabajo, en Lebrija. Es mediodía y descanso mientras espero que comencemos la jornada estival. He escogido el volumen de Valéry y de Hesse para escribir la lectura, para comenzar el ejercicio que me insufla vida y libertad en medio de tanta paradoja y socarronería de la vida. 
Hoy la tarde es clara, diáfana en su cielo por el leve poniente que la sacude. Me asomo al ventanal y observo las nubes pintiparadas, la silueta del blanco sobre el fondo palpitante y nítido. Todos mis sentidos advierten la presencia salina de las marismas. Entre tanto, pienso y reescribo: 

"Hay pensamientos y sermones colectivos, pero no hay una poesía colectiva", escribe Hesse en Lecturas para minutos.

Al poco de la lectura de Hesse abro el volumen de Valéry, los Cuadernos

"La literatura no es el instrumento ni de un pensamiento completo ni de un pensamiento organizado". 

Y en esto pongo mis pensamientos más templados, en la disputa actual que existe entre lo que se proyecta a la sociedad que es literatura y lo que uno opina y vive de la literatura. 

Puede que este territorio de posturas enfrentadas no sea más que la característica propia de este tiempo.  El individuo desustanciado, sin principios establecidos en su cultivo interior, en función de unas lecturas, una experiencia cultural, sino de las eventuales opiniones. El imperio de la doxa, podríamos afirmar, que tenemos en la escena de la sociedad actual.  

Y todo es, en definitiva, afán de pureza. Por este motivo, leo lírica española de tipo popular: 

"Recordad, mis ojuelos verdes
que a la mañana dormiredes" 

Sea cual su naturaleza, la esencia del poema está cercana a lo que describía Valéry: 

"El poema, esa vacilación prolongada entre el sonido y el sentido". 

Entre uno y otro el individuo que la edifica, la hacina, la socava con la palabra y el magma de la vida.  

miércoles, 10 de abril de 2019

La superioridad del acaso y la inmortal claridad.

TENGO para mí que la obra literaria de un autor debe mantener un recorrido de pura cadencia. Qiere decir esto que sumar obras, libros que procedan más del afán personal que de la imperante naturaleza literaria no es más que intervenir en la literatura con parámetros y actuaciones de la condición humana. Un libro es el espíritu de un individuo que hace arqueología de la naturaleza humana en público, a la luz, con la incandescente llama de la palabra. Cuando sucede al contrario, el libro es un artefacto ridículo y soez. Y ahora, en este tiempo, resulta que cualquiera puede construirse una obra literaria. Paradojas de este tiempo. 

DE Diligencias de Trapiello tan solo puedo decir que no soporta el diapasón y la candidez literaria de Troppo vero o La manía, por ejemplo. Las primeras cien páginas de Diligencias bien vale para echarlas al chamarilero más cercano para venderlas de estraperlo o de cajetín. Esperemos que remonten las páginas venideras y no nos lleven a la desesperación y el abandono. 

H. HESSE, en El juego de los abalorios, determina que la actitud humana cuya expresión es la música clásica [...] aspira a una misma condición de superioridad del acaso". 

Y transcurre el día, tras capítulos de alcoba, observación de la condición humana escuchando a Beethoven en sus Sonatas para piano con las que trato de hallar el solsticio y la templanza para sentir el aire cándido y terapéutico de la vida en sí. 

domingo, 17 de marzo de 2019

La razón peregrina de nuestros días.

TODO va entrando en un nuevo confín del tiempo. En realidad, ese confín del tiempo es uno mismo. Como un cofre o una caja de madera que uno abre pasados los años, -invocado por no se sabe qué razón peregrina-, vuelve uno a sus temas de siempre, a su sino, a su círculo de arena que nunca desaparece. Y el tiempo, el sucedáneo que entendemos como tiempo, nos va acechando hacia la nada infinita. Ese empuje de los días cada vez me atosiga más. En este suceder me preocupan E. y F. Observo sus manos frágiles y su pureza derramada a cada momento. Me cuesta, en ocasiones, contener la templanza de la emoción al verlos junto a mí. Últimamente me entiendo como una fantasmagoría que va haciéndose invisible lentamente. 

Sucede lo propio con la literatura. El interés por lo que se escribe actualmente más que aburrirme me provoca recelo y ofuscación. Porque escribir no es solo publicar, se ha perdido el pudor ético en la literatura, en los que hacen el mundo editorial y literario. Dicen una cosa y hacen la contraria. 
En este sentido, ando interesado como ciudadano por el recorrido que la relación de la literatura con la sociedad y, en general, con la cultura, se va sucediendo. El estado es ahora de vestigio. 

Y este diario sigue su curso, sinuoso por momentos, abierto al monte por lo pronto, al monte luminoso de la paz con uno mismo. Cada episodio de la vida parece que se va macerando en una suerte de melancólica acogida que se sabe finita antes de acontecer. Y así andamos, de un lado para otro de los que rodean nuestros pasos pero con la percepción florecida de que queda menos de lo que fue.   



 

miércoles, 20 de febrero de 2019

AFIRMO.

AFRIMO que quien tenga la cualidad de hacer verosímil el pasado que nunca fue está creando una nueva realidad y, al tiempo, relegando la verdad de lo sucedido a una posible secuencia literaria. Por tanto, equipara así la vida a la literatura.

Y hoy suena, de nuevo, la obertura de Tanhäuser de Wagner mientras escribo estas notas pasajeras de diario. Es tiempo vespertino y torcal ahora en mis manos, leve sonido de los huesos esgrimiendo palabras en un papel. Puede que, con el tiempo, alguien asome a estas letras, a estas conjeturas de un hombre solo. Y puede que encuentre quizás un motivo que hilvane esta sospechosa y errabunda manía de escribir. 

Porque leer se ha puesto al rojo vivo y desnudas las ideas hacen daño al oído del grito y la sinrazón. Se ha perdido la humildad y el conocimiento como gozo estricto en sí mismo, ahora solo vale la mecánica del yo a cada paso. Así, la literatura, el cuerpo escrito de la condición humana, va diluyéndose en su noche y desmemoria. Y acabará todo como un velo y una raíz desnuda, sin más adornos que la propia ausencia. Porque, en definitiva, todo se halla en nosotros.