domingo, 7 de agosto de 2016

Posesión de tu presencia

Suena el tiempo detrás de tus pisadas
y toman posesión de tu presencia
más allá de los pasos perseguidos;
está el tiempo en tu carne y en tu consciencia
de la lengua impregnada en lo invisible.
Como música sin sonido tocas
solo el perfil y el sueño de las cosas
profundas; huyes ya en llamarada
hacia ti mismo, ser sin ser, sin tiempo
en el arco tañido de la muerte.

[…]   

jueves, 4 de agosto de 2016

Da gracias a Apolo

HOY he vuelto a casa con la última edición de Viaje del Parnaso y poesías sueltas (Espasa-Galaxia Gutenberg) de Cervantes. Lo primero que he hecho es cotejar qué fuentes son las que sirven de fundamento a la edición y qué criterios han utilizado los editores para sus propuestas y selecciones. 
Toda vez que he cumplido con el mínimo de rigor de una edición de un libro de estas épocas, he comenzado a leer como si fuera Borges, imaginándome la ceguera absoluta de todo lo visible, pero tratando de alumbrar los recoletos espacios de mi consciencia. Claro está que ante todo, un libro de Cervantes ofrece siempre un prólogo iluminador y perspicaz. Lo transcribo literalmente, como Menard, para que prólogo comience a ser otro en tu lectura, lector amable: 

"Si por ventura, lector curioso, eres poeta y llegare a tus manos (aunque pecadoras) este Viaje, si te hallares en él escrito y notado entre los buenos poetas, da gracias a Apolo por la merced que te hizo; y si no te hallares, también se las puedes dar. Y Dios te guarde".   

martes, 2 de agosto de 2016

La tempestad del individuo

En La tempestad de Shakespeare, dejando a un lado la fascinación que me provoca la alquimia, la magia y el misterio de Próspero, existe una cosmovisión compartida con mi amado Calderón de la Barca. Puede que, en estos versos, se encuentre la semilla de lo que indico: 

"De igual materia somos 
que los sueños y nuestra breve vida
[en un sueño se cumple]
cabe en un sueño".

En marzo de 1968 lo escribía José Ángel Valente en su mejor libro, sus diarios. Y no apuntaba nada más; dejaba el pasaje, a lo Valéry, y el blanco que separa un día de otro en el papel. 

***

Con el tiempo todos van mostrando sus caras verdaderas: pasiones, preferencias, ideas, realidades personales. Pasan los años y son pocos, muy pocos, los que quedan. Sobre todo, los libros, las emociones figuradas en la memoria, las acciones y el recuerdo blanco de la escritura. 
Hasta estos días siempre he actuado desde la limpieza moral. He renunciado a provechos personales por mantenerme firme en mis principios y fidelidades; acaso por edificar la sólida permanencia de lo que somos. 
No ocurre eso alrededor, lo frecuente son los cambios sin sentido, las anomalías en las decisiones y, sobre todo, las repercusiones de la egolatría sobre los demás. Cuando repercute en lo propio la persona  reacciona, muestra sus fauces, alarga la mano y arrea con lo que se ponga por delante. Así es pero me cuesta tanto aceptar que alguien no se mantenga en el principio que no puedo concebirlo.  

... Al preguntarme por la categoría de los individuos que me acompañan siempre pienso en la sentencia de Rabí Najman de Breslav: "Nunca preguntes el camino a alguien que lo conoce, porque entonces no podrás perderte".  

sábado, 30 de julio de 2016

La lectura como acto secreto y coral

LOS PASAJES en que un libro transforma la vida de un individuo son diversos, interminables. Cada lector podría escribir la historia de la lectura, su propia historia de la lectura. Ese itinerario lector termina fundiéndose con el de la propia vida, es más, entremezcla y difumina los límites entre vida y lectura. 
Tal es el caso de San Agustín. Ahora que releo Confesiones me encuentro con este pasaje que no había subrayado: "Aquel libro cambió ciertamente mi percepción de las cosas y precisamente hacia ti, Señor. [...] Ansiaba la inmortalidad de la sabiduría con una increíble agitación de mi corazón". 
Se refiere el santo a un libro de Cicerón, Hortensio. Un libro que no existe en la actualidad, que se perdió en la transmisión de los bienes librescos. Un libro que deseaba leer como lo había hecho este lector de privilegio, pero del que jamás podré leer una sola página.
Algunos estudiosos señalan que lo escribió Cicerón en uno de los retiros habituales en el campo, un retiro campestre en soledad. Puede, además, que esa soledad estuviera minada por la pena profunda que la muerte de su hija Tulia le había provocado en esos meses. Un libro que parece estar escrito para defender que el amor a la sabiduría (en este caso a la filosofía) proporciona una felicidad eterna y duradera. 
Todos los libros, sea cual sea su autor, me parecen siempre estar persiguiendo una misma y sola causa. Hablo de los libros luminosos, claro está ¿Cuáles son? No lo sé con exactitud, pero anida en todos un deseo individual de encontrar lo que Coleridge llamaba el eco coral del universo. 
Cicerón y Rilke, Virgilio y Hölderlin, Dante y Leopardi, Cervantes y Shakespeare, San juan de la Cruz y Marcel Proust, Thomas Mann y Quevedo, Pesooa y Boecio...los nombres se suceden, en cascada, en afinidades que nada tienen que ver en principio, pero esconden un iter vitae marcado por los libros, por la lectura como el acto secreto y silencioso que irrumpe en la vida para trazar un camino transparente de permanencia en tierra más allá de la tierra. 

viernes, 29 de julio de 2016

Sur atlántico.

TAN EN TI, en todo lo que los ojos poseen. Playa de los alemanes, Zahara, sur Atlántico, Camarinal. 
Al cielo, raso de transparencia, la mar. El viento azota los perfiles del aire y en cada huella que inspeccionó de vuestra presencia un enigma. Un misterio insondable y natural, como nuestra propia existencia, tan clara y evidente, tan confusa y compleja.

martes, 26 de julio de 2016

Vida y tiempo

EL POETA es que el toma el pulso escondido a la humanidad.

La Naturaleza contiene a la Naturaleza

LOS axiomas de los filósofos antiguos establecían que la Naturaleza contiene a la Naturaleza y que la Naturaleza supera a la naturaleza; es más, que la Naturaleza no se puede corregir si no es por su propia Naturaleza. 
Y en este cuaderno hablamos, desde hace años, de la naturalidad de la literatura. No de lo que se dice "claro", "transparente", "fácil", "simple". No son adjetivos ajustables a la Naturaleza de la poesía, la poesía puede ser Natural tal que la propia Naturaleza, como suena el mar en la noche o como los pájaros deslizan en la mañana el dulce lamento de sus cuerpos minúsculos. 

La naturalidad puede ser compleja, incluso inextricable para el lector. Así, uno persigue el punto de equilibrio entre la naturalidad y el decir humano, el punto de encuentro entre escritor y lector, la geografía en que el lector se siente creador de lo que lee y el escritor se confunde con la esencia primera de la lectura. 

Ante la muerte, que es comienzo y renovación, los antiguos actuaban de dos formas: la egipcia, momificando el cuerpo para que el alma se desprendiera lentamente y la latina, que consistía en la construcción de una pira para incinerar con la intención de que esa bifurcación al alma y el cuerpo fuera rápida y sin ambages. Así los cristianos primitivos, así las sociedades antiguas. La relación entre alma y cuerpo, -recordemos a Pitágoras, iniciado en Egipto-, es una metempsícosis incesante. 

Es así como entiendo el fenómeno de la vida; el cuerpo con el alma, el alma habitando el cuerpo. Así las artes, así las literatura, cuerpo y alma y viceversa. pero qué lejos el alma en la literatura de este tiempo y qué cuerpos tan obtusos, desvanecidos, con tan poca esbeltez de belleza. 

lunes, 25 de julio de 2016

EN aquel roble me acordé de los robles parlantes de Dódona. Los lugares sagrados se han ido desconfigurando en el mundo contemporáneo; de los oráculos sagrados, de la geografía sagrada, en el sentido de Eliade, de la propia realidad a los centros de comercios, negocios y comerciales. 
En este sentido, el mundo sufre una desmoralización casi total; esto mismo, llevado al arte, a la literatura, tiene consecuencias nefastas.

Las propias profetisas se comunicaban con los poetas para que estos convirtieran en odas, himnos, ditirambos los mensajes de lo profundo; desde nuestra mirada actual, puede parecernos algo cargado de "fantasía", de inocencia antigua. A mí, sin embargo, me provoca una desolación y añoranza inexpresables, se nos pierde un mundo de referencias. 

Con el paso de los años voy tratando de entender la condición del mortal, pues creo que en esa búsqueda cae uno en la cuenta de todas las limitaciones, sus propios límites del ser; por eso pido opiniones, pregunto sin cesar y no me sorprendo de los cambios de preferencias de los poetas, lectores, escribientes. Por mi parte, sigo la voz, persigo la búsqueda del centro indudable, me entrego sin remiendos a la creencia de la poesía que ofrece símbolos de interpretación de lo que sucede, de la literatura que no se entrega a lo comercial y que no busca la alabanza de los otros. No escribo para contentar a nadie, ni siquiera para soliviantar mis propias ansias, tan solo lo hago por un impulso irreconocible que sucede en mí, que acontece a diario, que se impulsa con la lectura y que se hace diáfano cuando callo, contemplo, vivo la soledad. 


martes, 19 de julio de 2016

El entendimiento en literatura nunca posee razones lingüísticas.

LA LITERATURA pudiera ser la naturalidad salvaje en el espíritu.

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El entendimiento en literatura nunca posee razones lingüísticas.

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Toda realidad literaria es lingüística, mas el conocimiento que sugiere es innombrable.

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La poesía es el género que mejor confiere las propiedades de la literatura: mantiene el silencio en sus líneas, entre sus cuerpos.

lunes, 18 de julio de 2016

domingo, 17 de julio de 2016

La verdad solo puede ser dicha en la belleza.

De un tiempo a esta parte, todo se transparenta con más vehemencia en mi vida. Con esta cosmovisión, las cosas nimias han dejado de importarme por completo así como las personas que las pronuncian. Ya no actúo con decoro cuando alguna situación me resulta ridícula, antes al contrario, me evado con celeridad. Ya no permito que los días perpetren un hastío y una zozobra, prefiero las convicciones sometidas a un juicio continuo. Ni siquiera considero más elevados unos pensamientos que otros a no ser que de partida sean inaceptables. En cuanto a la literatura, cada vez se hace más grande en menos autores.
***
Cuando Unamuno sentencia que no cabe amar sin conocer y que es imposible conocer sin amar, me acuerdo de los versos de san Juan de la Cruz. En latines de Unamuno, Nihil cognitum quin praevolitum. Estas palabras las escribe Unamuno cuando afirma que necesita explicar lo que explica el mundo en Tratado del amor de Dios: “Con la razón no se llega a Dios, se llega a la idea de Dios”, reza uno de los pasajes más enfervorecidos. Aquí cierro el libro y me quedo palpitante, meditabundo, intentando proyectar las ideas hacia sus esencias y comprobando que vivo en un mundo fingido, apenas comprendido, sobre el que soporto las proyecciones del yo que me invade, pero del que dudo que conozca sus sustancia.

Hay que levantar las miras para hacer algo grandioso, hay que atender a las convicciones y no a las sucedáneas disposiciones. La literatura no puede, como la ciencia, andar a hombros de gigante, es decir, comenzar donde otros lo dejaron, pero sí puede surgir desde donde todos comenzaron, desde donde el hombre es uno, en plenitud, completo, con todas las virtudes que lo atraviesan y todas las manías que lo conforman. En ese espacio comunitario de la especie es de donde la literatura, y en especial, la poesía, comienza a urdir una obra trastocadora, porque cuando las palabras que nos hacen desde lo profundo son reformuladas, nos estamos rehaciendo a nosotros mismos al completo. Decir de allí, en ese espacio, es decir lo que fuimos siendo en el será.
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Exactamente lo que preconiza El libro de las mutaciones, el milenario volumen que tantas enigmas espirituales plantean desde comienzo: “El curso de lo creativo modifica y forma a los seres hasta que cada uno alcanza la correcta naturaleza que le está destinada y luego los mantiene en concordancia con el gran equilibrio”. Estas palabras, referidas al primer signo, Lo creativo, sostienen algunas de las cuestiones sobre las que escribo hoy. La creación como un inicio de lo correcto a través de la perseverancia. En esa perseverancia, el creador alcanzará, si su virtuosismo lo hace posible, un equilibrio perpetuo, una armonía con el mundo. Estamos ante una de las definiciones de qué es la poesía más prodigiosa.
Por otro lado, el efecto de ordenar el espíritu y el mundo que sucede en el exterior debe obtener su resultado en el mundo interior del escritor. Asimilado el orden del mundo, es posible hacerlo de uno mismo, pues tendremos conciencia de que pertenecemos a una esfera superior, a un orden extraordinario que nos acoge. Somos una nota en el pentagrama, un sonido que encuentra su armonía, una estrella que pertenece a una galaxia. Desde la conciencia de la mortalidad y de la finitud, podremos alcanzar con la literatura la grandeza de las palabras que nunca deberán pronunciarse.
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Esta tentativa infinita de escribir que se despliega en el blanco ha sido una metáfora constante de la sombría presencia de las palabras. Negro sobre blanco, sombra sobre luz, a pesar de que la filosofía oriental traslade los símbolos de forma distinta a occidente y prefiera fijarse en las sombras y no en la luz. A pesar de todo, prefiero atender a la mezcolanza de ambas fuerzas, a la doble dimensión de la propia lengua, pensamiento y realidad, fenómeno y noúmeno. Creo que, en esa lucha interna que es connatural a la propia lengua, el ritmo y la armonía de los contrarios es la cúspide de la belleza. Cuando alguien logra armonizar su lengua, repleta de magmas internos que expulsan incontrolables significados, está alcanzando la belleza y acaso la verdad. Porque la verdad sólo puede ser dicha en de la belleza.

Hoy la tarde tenía la mirada de caoba pulida. Y en sus vetas, junto al río febril de mi piel, he dictado al unísono los abismos de un espejo.

domingo, 10 de julio de 2016

El Amor en el alma

La sabiduría en el mundo griego es un desvelo, aletehía, del ser; de un ser que ya no era el yo. 
Un desvelo que no acaba nunca; que no termina con la vida material, con el cuerpo en polvo, sino que posee las dimensiones que no entendemos, el tiempo que no entendemos, la razón luminosa que nos abarca aun sin saberlo.

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El Amor en el alma consiente intuir las leyes originarias del principio.

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 Pensar en claro en el Amor es perfección de la prudencia.

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El deseo de sabiduría en la belleza conduce al movimiento real del espíritu.








jueves, 7 de julio de 2016

LA POESÍA tiende a la unidad polifónica del ser.

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La armonía es innata al poeta verdadero.

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Las propiedades de naturaleza son aparentemente invisibles.

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La disciplina de la poesía comienza en el estar siendo.

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Eres la nada vertida al todo de tu muerte naciente en el nunca fui mas sigo siendo.

domingo, 3 de julio de 2016

EL VERANO es la luz dilatada desde la infancia, la niñez misma. Los objetos adquieren una incandescencia impropia. Todo resulta colmado de estridencia: los cuerpos, las calles, las palabras. 
Sin embargo, aquí en el sur, la infancia, mi infancia, es la luz dilatad del verano. Pareciera que el tiempo caracoleara alrededor de un bucle inmenso, de un laberinto que va deshaciendo los pasos perdidos. Es ahora cuando admiro, con melancolía, aquellos años de arenas, de miradas al océano, al Coto de Doñana como si fueran espejos de sueños infinitos. 
Quizás todavía sigo allí, en la inmensidad del paraje, en solitario, contando los barcos que atraviesan el río o mencionando por grises que el cielo configura solo allí, en el lugar de las apariciones de la memoria. 

***

Platón descifró en los diáfano de la palabra qué es la literatura: " el encuentro entre la inmediatez y la trascendencia en lo estético". Por este motivo, ese encuentro supone un razonamiento luminoso, un razonamiento sobre el Logos y la palabra misma, sobre el origen del ser.

***

Afirma mi admirado George Steiner que toda tesis que sitúe, de manera teórica o práctica, la literatura y las artes más allá del bien y del mal es espuria. 
Estas palabras están concertando la forma estética del ser del poeta. Keats identificó la verdad con la Belleza y al revés; Kant quiso discernir entre la verdad de la obra artística y el razonamiento perentorio de la realidad misma. Sea cual sea la posición, la obra literaria y la obra artística auténtica, verdadera, es la que cuestiona las hondas intimidades del ser, del individuo, de la existencia. 

La obra misma es la realidad misma, la obra no se lee, no se contempla, no se escucha, se vive


jueves, 30 de junio de 2016

La rama tierna de la aurora

LA RAMA tierna de la aurora
descansa libremente en tu livieza.
Escondes en tus claros matines
la rojez insulsa de lo vivo.
Estallas por de dentro e hieres
la retina del sol; de los más claros
rostros son tus pétalos asidos de inocencia.
Naces en la mañana y tu vida
se interrumpe con los giros del aire,
con los pasos del aire que descorchan
tus pétalos, melodías
                                  silvestres
                                                  de lo bello

cercenado.

[...]

domingo, 26 de junio de 2016

ESCRIBO desde la madrugada: otra noche de insomnio, otra estación en verano en que no puedo dormir. En estos casos acudo a J.R.J., pues lo imagino con los ojos abiertos, en la noche, agasajando el frío de la madrugada con el pensamiento furtivo de poesía. Leo en su alameda verde dos sentencias que hasta ahora habían pasado inadvertidas, pues no las tenía subrayadas:

"Respetemos nuestro propio secreto". 

Y

"Secreto y transparencia".

En efecto, lo misterioso individual en lo diáfano universal. ¿qué es, si no, la poesía? J.R.J razona siempre desde el elemento estético, recuerdo aquellas palabras que venían a decirnos que con la Belleza hay que vivir y morir a solas. Así sucede con la lectura, un acto individual que transforma al individuo en pluralidad. Ansiada dilución del yo en las aguas dispersas de la condición humana. 

sábado, 25 de junio de 2016

Porque el amor tiene también su olvido

HACÍA MUCHO que no leía un libro de poemas de un autor nacido en los años 80 que me hubiera gustado tanto, con el que tanto he disfrutado leyendo. Desde el comienzo, percibe uno la presencia de poesía: Homero, Hölderlin, Quevedo, Machado y otras voces fundamentales enredadas con la voz propia que florece. 
Una estructura compositiva sinfónica, a la manera musical: un poema del que surgen otros poemas, la arquitectura toda, versos de los que se desarrolla el itinerario versal y pensativo del libro: "Vivir es defenderse de la vida", "El que miras las olas ya ha vencido el naufragio", "La tumba de los besos tuvo nombre", "Los pasos de la ausencia dejan de sed en los labios", "Sin olvidar el cuarzo negro de la mina diaria, lo marchito y oscuro que ya está en las semillas", "Frente al tiempo recobrado", "Heraldo del dolor traigo por nombre", "Las alas de una alondra madrugando".  
Título sugerentes, de gran carga semántica y plurisignifcación y de un decir con música del idioma.   

Percibe uno la música del verso, un meditado decir en los poemas, una propuesta diáfana y templada de la poesía en su tiempo. He gozado y disfruto con este libro de David Rey Fernández, allá en el norte, allá en la lluvia perdida del mar en los labios, con la lectura de Las alas de una alondra madrugando (Hiperión, 2009). 

                                 VI
Porque el amor tiene también su olvido
y el recuerdo de haber perdido algo.
Quedan cenizas, sobre el mar, temblando.


Y vuelvo a Quevedo toda la mañana, la mañana junto a E. con el libro en la mano, abierto, como el consejero imperturbable que marca el cauce de la vida, de la vida invisible. Este poema de Quevedo es una recurrencia en mis lecturas, noto al poeta liberado, suelto de estrofas, con verso meridiano y decir meditabundo. Un ejercicio creativo de diálogo estoico con la vida, puede que la posición que uno va adquiriendo, de hinojos, poco a poco ante la vida: 

"Nací desnudo, y solos mis dos ojos
cubiertos los saqué, más fue de llanto.
Volver como nací quiero a la tierra;
el camino sembrado está de abrojos;
enmudezca mi lira, cese el canto;
suenen sólo clarines de mi guerra,
y sepan todos que por bienes sigo
los que no han de poder morir conmigo,
pues mi mayor  tesoro
es no envidiar la púrpura ni el oro,
que en mortajas convierte
la trágica guadaña de la muerte."
[...]


miércoles, 22 de junio de 2016

sábado, 18 de junio de 2016

FRANCISCO DE MEDRANO, afirma Dámaso Alonso, es un poeta de imitación. Con este aserto de mi admirado Dámaso pude comenzar a entender qué idea estaba latente en la creación renacentista. Desde entonces, todos los cauces por los que ha discurrido la creación literaria me han parecido sucedáneos de esta posición estética con las manifestaciones de la literatura. 
Es un debate antiguo y que encuentra respuesta en cuanto uno se pone a leer sin descanso, sin fatiga, sin cesárea, la creación literaria es una conjunción entre la permanencia y la transformación. 

Todos los que hayan leído poseen una idea formada de qué es la literatura y la edifica en función de los libros que ha leído. El acto de la lectura es artificial, no es natural como el de la lengua. Por eso, nuestra experiencia literaria está emparentada con la experiencia de la lectura. Es la matriz y es la que nos hace proyectar qué es la literatura y qué podría ser. En este condicional y subjuntivo se encierran las dimensiones de la creación literaria. 

Medrano y otros autores nos enseñan que la imitatio es un concepto demasiado complejo como para desestimarlo sin más. Imitación, claro está, de Horacio y de Tasso, la difícil tarea de impregnar una obra, en otra lengua, con los alcances éticos y estéticos de la obra del poeta de la contemplación. 

En la literatura, como en cualquier otra disciplina, el fundamento es previo. Y es necesario tener nociones del mismo, experiencias previas, relaciones intertextuales propiciadas como lectores. Lee uno a Medrano, el sosegado discurso de un barroco decidido a la vertiente clásica, de un barroco imbuido en la necesidad de la claridad:

"En el secreto de la noche suelo
Sorino, contemplar las luces bellas,
y, mudo, platicar así con ellas
porque, envidioso, no me estorbe el suelo"
[...]

Reescribo el comienzo de un soneto que aborda la cercanía a la muerte o en la propia muerte por delante. De tono hondo y petrarquista, sin embargo envuelve una verdad poética, un decir diáfano de voz propia. Sucede así con las odas. Qué dulce silabeo en:

"Tú escribe, otro Píndaro, otro Homero, 
aquellos, o deidades celestiales,
o héroes milagrosos
que en pacífica toga o en acero
sangriento, ya prudentes, ya espantosos, 
tus versos inmortales
con hechos merecieron gloriosos". 
[...]


El decoro, tan oculto en la actualidad, la convenevolezza, en el verso hispánico con Medrano. Pareciera que la consigna de Horacio ("ut pictura poesis") sobrepasa, con el tiempo, la relación entre artes plásticas y literaria, pues bien parece que propone un modo de creación y de recepción, de escritura y de lectura, la que el propio Bartolommeo Fazio explicaba: " Un cuadro no es más que un poema silencioso". 


 

  

jueves, 16 de junio de 2016

THE NOISE OF THE TIME de Julian Barnes es una obra contemporánea que ofrece el desarrollo de un tema antiquísimo. Barnes es uno de esos autores a los que uno quisiera imitar cuando comienza a escribir prosa de ficción, pero de los que sabe que leerlo es entrar en el modelado de la imitación. Una escritura propia, con recursos estilísticos singulares y, sobre todo, con una perspectiva de los temas que responden a su condición de británico pero mixturado con la cultura europea y latina.

Descansa otro libro apilado que asoma el hocico, Semper dolens Historia del suicidio en occidente de Ramón Andrés, el mejor ensayista de las letras españolas en la actualidad, el más profundo y esencial, el escritor que admiro como lector desde hace años y el mortal que entiende la realidad, -el suicidio, la música, la ciencia, la filosofía-, como dominante en el devenir de la condición humana.  

Y me pregunto, con la lectura y ahora que suena Corelli, ¿qué queremos decir cuando decimos "ser" nosotros mismos"? Antes al contrario, no somos más que sucesiones, cambios, metamorfosis. En el dogma cristiano, Dante explicaba que después de la muerte no recuperamos el cuerpo hasta el Juicio final. Como escribió mi admirado Quevedo: "Bien sé que soy aliento fugitivo". 

Dante le solicita a Virgilio, en el primer contacto, que le aclare si es "sombra u hombre". Esa distinción es una clave oculta en la lectura de la Commedia del escritor italiano, pues a partir de esa identificación, nos situamos en una realidad u otra de la vida y la muerte. 

En el arte de leer encuentro artificios para el arte de vivir. la fe en la palabra es la fe en el cambio del ser. Transformar la realidad incisamente parece la forma natural más similar a la vida, pero, ¿qué hay de la muerte en todo y de la ideas de la muerte en nada?

martes, 7 de junio de 2016

LA POESÍA no es definible pero sí descriptible.

Todo lector que habla de literatura lo hace de forma artificiosa, pues no es innato su aprendizaje, como la comunicción lingüística. Sin literatura podríamos vivir: late el corazón, el cuerpo funciona, establecemos relaciones sociales, actuamos culturalmente.  Sin palabras, lenguas, no.

Pero llega el caso en que el lector trasciende la realidad mediante un "uso" distinto, estético, profundo, diverso, semánticamente inaudito que llama poesía. En ese punto la poesía y la palabra prístina se confunden: nace el poeta.

Y el poeta verdadero, por naturaleza, termina por confundir realidad y poesía; es más, convierte todo en poesía, pues esta es ahora su nueva "lengua", la que le hace coronar lo diáfano y bello.

Y no le hace falta nada más, ni siquiera un lecto, dos, tres cien mil para que su nueva forma de estar en el mundo invada su ser en el mundo.





sábado, 4 de junio de 2016

Heráclito lee en Burnt Norton Four Quartets de Eliot.

ABRE uno el libro de Eliot y antes que nada, Italia, la cultura grecolatina, la voz prístina de los presocráticos. "Burnt Norton" no es más que un espacio simbólico, una suerte de Florencia en Dante, de La Mancha para El Quijote o de Dublín para Joyce. Antes que todo esto, de ese enclave que provoca una armadura musical y semántica, están las palabras de Heráclito. Un diapasón tremebundo por el que lector debe afinar su proceso de lectura. 
Heráclito reside en las estancias de la memoria muy unido a Borges; creo que Borges ha sido, 
-tomando la maestría de Quevedo-, el poeta en nuestra lengua que ha mantenido una relación más contrariada con el filósofo, más rica, de amante entre lírica y pensamiento. 

Así: Heráclito, Italia, Grecia, Borges, Dante...condicionantes que se agolpan en la lectura y que devienen de la memoria como lector. Podría decirse que esa es "mi" lectura a sabiendas de que las formas de leer el texto son múltiples, diversas, válidas. Los autores que menciono me han enseñado a leer, a saber leer mejor, con atención a otros procedimientos de toda índole. 

"East Coker" es la siguiente estación: "En mi principio está mi fin", "in my beginning is my end"; "A mitad del camino, y aún más,/ por el camino todo, en una selva", "In the middle, not only in the middle of the way/ but all the way, in a dark wood, in a bramble". Sucesivamente "Las dry salvages", "llevamos un río dentro", "The river is within us" y, finalmente, "Little Gidding", "No dejaremos de explorar/ y el fin de nuestra búsqueda será/ llegar adonde comenzamos/ y el lugarconocer por primera vez", "We shall not cease from exploration, and the end of all our exploring/ will be to arrive where we started/ and know the place for the first time". Versos como salmos, expandidos en el diálogo entre tiempo y ser, en la propia esencia del decir griego, de la palabra de umbral que mantenía Parménides. 

Recorre uno estos lugares del imaginario, como si fueran antorchas estos versos, a través de las palabras que remiten a otros autores; y, con ello,  el lector debiera transformarse, no instalarse en la mera superficie. Leer a Eliot es una invitación a la lectura transversal, plural y original de la literatura antigua. El lector se somete a una transformación, en esos parajes propios de la lírica de Eliot, hacia la condición de nuevo lector, por ende, de nuevo individuo. 

jueves, 2 de junio de 2016

Un suceder a lo divino

UNO de los momentos sublimes de Verdi es el comienzo de su Réquiem. Pareciera que la muerte lo envuelve en ínsulas de transparencia, tal que Bach en sus obras, tal que Mozart: imposible para los hombres. Son conjunciones musicales que conforman lo que Leopardi llamaba "el infinito". 

Ya lo escribió en Zibaldone el propio poeta italiano: "La mente humana no puede aprehender el infinito".  Es el acto supremo del arte: llegar a conformar lo que la mente nunca ha podido llegar a pensar, llegar a intuir. Esa es la música, esa es la esencia de los poemas que suponen la transformación del individuo. Acción que por griegos tuvieron siempre como principio de creación. 

Conocida es la sentencia de Pascal que Leopardi tenía en mente de continuo y que acabo de volver a transcribir en el cuaderno amarillo: "Le silence éternel de ces esparces infinis m´effraye". 
Sucede como una espasmo al tiempo, como una transparencia definitiva que perturba el entendimiento de los mortales. Un suceder a lo divino, a lo que no está sujeto a las leyes primarias. Es entonces cuando la composición, confusamente, se hace universal, permanente. Contiene ella el misterio todo, pero además el diáfano decir de lo verdadero y lo bello. 


domingo, 29 de mayo de 2016

Con Francisco de Quevedo,Heráclito en la tarde, poema en costuras.

VOLVER, como nací, quiero a la tierra
con los ojos cubiertos, los clarines
anunciando mi voz como una guerra
con el sueño torcaz del alma libre.

Con el sueño incesante de mortajas
que el latido sentir da en melodía
en música silente, en luz dorada,
son la sangre, los cuerpos en la vida.  


Todas las horas que en el mundo vivo,
-cenizas incendidas de lo oculto-,
fueron y pasaron y son y hubieran sido
nuestra figura cierta y [...]



sábado, 28 de mayo de 2016

LEO a Heidegger y vuelco al bosque: "Todo lenguaje poético, es en el fondo un pensar. La esencia poética del pensar guarda el reino de la verdad del ser...".
Con este aserto comienzo el día, en el itinerario cada vez más transparente de la vida pero tanto más polifónico y misterioso.

jueves, 26 de mayo de 2016

La ignota música

DERRAMADO en el campo el amarillo
del sol en cada tronco giratorio
y el rubio trigo seco y despojado
del trino poderoso de su fruto,
el campo es la estación y melodía,
oculta y circular a nuestros ojos,
a donde iremos como luz y polvo
cegados ya de vida, pero abiertos
hacia la ignota música que suena.
[...]

martes, 24 de mayo de 2016

Paso y tierra de Poe en Ovidio.

RELEÍA  a Poe, "La carta robada". Más allá del prodigio técnico y de sentido que impuso Poe con este relato, considero que el relato es una metáfora completa de las relaciones humanas. Al releerlo, puede uno atisbar que, en ocasiones, lo más trascendental y necesario está tan cerca, es tan evidente que no lo vemos; más aún, no logramos apreciarlo o, lo que decimos en este diario, contemplarlo. Porque contemplar es derretir la consciencia sobre el objeto y, con ello, ser el objeto mismo. 
El relato de Poe enseña que en ocasiones las trenzas de la realidad no se corresponden con la música oculta del azar, sino más bien con la claridad de lo verdadero, de la transparencia. 
Esto es así quizás porque el mundo actual ha ido minando a los individuos de prejuicios maliciosos, de relaciones casi siempre que terminan entumecidas por la necedad de los que intervienen. No quisiera que me ocurriera esto mismo con mi hija, ni con M.C. que la carta, la realidad de búsqueda que nos une, nos hiciera desvincularnos porque no logramos "ver", "vislumbrar", contemplar lo que tenemos por delante. Y vendrán momentos de ceguera profunda y vendrán las horas de sombras y las sombras practicando su presencia. 
Y, sin saber por qué, el relato de Poe me conduce al pasaje en que Ovidio, con cincuenta y dos años, se dirige a Tomos, una ciudad costera del Ponto. Lo imagino siempre tomando cada pisada en la tierra como el último discurso salvífico; realizando un memorándum de cada uno de los pasajes que lo había llevado a la "deportatio", un castigo, en efecto, demasiado severo en ese tiempo. Pasos que eran ritmo, ritmo que transformaban la realidad a poesía: Quidquid tentabam dicere, versus erat. 
Fabia había sido la mujer que realmente lo había trastocado, la mujer en la que podía volcar la suerte de anhelos que engendraban el destierro. Fabia, como hija y mujer y madre, útero vespertino con el que ensoñar el regreso. 

La carta robada de Poe en las manos de Ovidio, ¿se imaginan? La misma circunstancia que le sucedió al poeta, al orador que era capaz de levantar las almas, que provocara la ira y el desconsuelo entre sus conciudadanos tan solo con las palabras, tan solo con el arte de nombrar el mundo. La carta robada es el fuego de Prometeo, el hilo de Ariadna, el ángel de Rilke, la rosa de J.R.J. el infinito de Leopardi, la certidumbre digna y moral que debe levantarnos a cada paso, a cada visión sobre lo que aparentemente somos.