martes, 26 de julio de 2016

La Naturaleza contiene a la Naturaleza

LOS axiomas de los filósofos antiguos establecían que la Naturaleza contiene a la Naturaleza y que la Naturaleza supera a la naturaleza; es más, que la Naturaleza no se puede corregir si no es por su propia Naturaleza. 
Y en este cuaderno hablamos, desde hace años, de la naturalidad de la literatura. No de lo que se dice "claro", "transparente", "fácil", "simple". No son adjetivos ajustables a la Naturaleza de la poesía, la poesía puede ser Natural tal que la propia Naturaleza, como suena el mar en la noche o como los pájaros deslizan en la mañana el dulce lamento de sus cuerpos minúsculos. 

La naturalidad puede ser compleja, incluso inextricable para el lector. Así, uno persigue el punto de equilibrio entre la naturalidad y el decir humano, el punto de encuentro entre escritor y lector, la geografía en que el lector se siente creador de lo que lee y el escritor se confunde con la esencia primera de la lectura. 

Ante la muerte, que es comienzo y renovación, los antiguos actuaban de dos formas: la egipcia, momificando el cuerpo para que el alma se desprendiera lentamente y la latina, que consistía en la construcción de una pira para incinerar con la intención de que esa bifurcación al alma y el cuerpo fuera rápida y sin ambages. Así los cristianos primitivos, así las sociedades antiguas. La relación entre alma y cuerpo, -recordemos a Pitágoras, iniciado en Egipto-, es una metempsícosis incesante. 

Es así como entiendo el fenómeno de la vida; el cuerpo con el alma, el alma habitando el cuerpo. Así las artes, así las literatura, cuerpo y alma y viceversa. pero qué lejos el alma en la literatura de este tiempo y qué cuerpos tan obtusos, desvanecidos, con tan poca esbeltez de belleza. 

lunes, 25 de julio de 2016

EN aquel roble me acordé de los robles parlantes de Dódona. Los lugares sagrados se han ido desconfigurando en el mundo contemporáneo; de los oráculos sagrados, de la geografía sagrada, en el sentido de Eliade, de la propia realidad a los centros de comercios, negocios y comerciales. 
En este sentido, el mundo sufre una desmoralización casi total; esto mismo, llevado al arte, a la literatura, tiene consecuencias nefastas.

Las propias profetisas se comunicaban con los poetas para que estos convirtieran en odas, himnos, ditirambos los mensajes de lo profundo; desde nuestra mirada actual, puede parecernos algo cargado de "fantasía", de inocencia antigua. A mí, sin embargo, me provoca una desolación y añoranza inexpresables, se nos pierde un mundo de referencias. 

Con el paso de los años voy tratando de entender la condición del mortal, pues creo que en esa búsqueda cae uno en la cuenta de todas las limitaciones, sus propios límites del ser; por eso pido opiniones, pregunto sin cesar y no me sorprendo de los cambios de preferencias de los poetas, lectores, escribientes. Por mi parte, sigo la voz, persigo la búsqueda del centro indudable, me entrego sin remiendos a la creencia de la poesía que ofrece símbolos de interpretación de lo que sucede, de la literatura que no se entrega a lo comercial y que no busca la alabanza de los otros. No escribo para contentar a nadie, ni siquiera para soliviantar mis propias ansias, tan solo lo hago por un impulso irreconocible que sucede en mí, que acontece a diario, que se impulsa con la lectura y que se hace diáfano cuando callo, contemplo, vivo la soledad. 


martes, 19 de julio de 2016

El entendimiento en literatura nunca posee razones lingüísticas.

LA LITERATURA pudiera ser la naturalidad salvaje en el espíritu.

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El entendimiento en literatura nunca posee razones lingüísticas.

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Toda realidad literaria es lingüística, mas el conocimiento que sugiere es innombrable.

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La poesía es el género que mejor confiere las propiedades de la literatura: mantiene el silencio en sus líneas, entre sus cuerpos.

lunes, 18 de julio de 2016

domingo, 17 de julio de 2016

La verdad solo puede ser dicha en la belleza.

De un tiempo a esta parte, todo se transparenta con más vehemencia en mi vida. Con esta cosmovisión, las cosas nimias han dejado de importarme por completo así como las personas que las pronuncian. Ya no actúo con decoro cuando alguna situación me resulta ridícula, antes al contrario, me evado con celeridad. Ya no permito que los días perpetren un hastío y una zozobra, prefiero las convicciones sometidas a un juicio continuo. Ni siquiera considero más elevados unos pensamientos que otros a no ser que de partida sean inaceptables. En cuanto a la literatura, cada vez se hace más grande en menos autores.
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Cuando Unamuno sentencia que no cabe amar sin conocer y que es imposible conocer sin amar, me acuerdo de los versos de san Juan de la Cruz. En latines de Unamuno, Nihil cognitum quin praevolitum. Estas palabras las escribe Unamuno cuando afirma que necesita explicar lo que explica el mundo en Tratado del amor de Dios: “Con la razón no se llega a Dios, se llega a la idea de Dios”, reza uno de los pasajes más enfervorecidos. Aquí cierro el libro y me quedo palpitante, meditabundo, intentando proyectar las ideas hacia sus esencias y comprobando que vivo en un mundo fingido, apenas comprendido, sobre el que soporto las proyecciones del yo que me invade, pero del que dudo que conozca sus sustancia.

Hay que levantar las miras para hacer algo grandioso, hay que atender a las convicciones y no a las sucedáneas disposiciones. La literatura no puede, como la ciencia, andar a hombros de gigante, es decir, comenzar donde otros lo dejaron, pero sí puede surgir desde donde todos comenzaron, desde donde el hombre es uno, en plenitud, completo, con todas las virtudes que lo atraviesan y todas las manías que lo conforman. En ese espacio comunitario de la especie es de donde la literatura, y en especial, la poesía, comienza a urdir una obra trastocadora, porque cuando las palabras que nos hacen desde lo profundo son reformuladas, nos estamos rehaciendo a nosotros mismos al completo. Decir de allí, en ese espacio, es decir lo que fuimos siendo en el será.
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Exactamente lo que preconiza El libro de las mutaciones, el milenario volumen que tantas enigmas espirituales plantean desde comienzo: “El curso de lo creativo modifica y forma a los seres hasta que cada uno alcanza la correcta naturaleza que le está destinada y luego los mantiene en concordancia con el gran equilibrio”. Estas palabras, referidas al primer signo, Lo creativo, sostienen algunas de las cuestiones sobre las que escribo hoy. La creación como un inicio de lo correcto a través de la perseverancia. En esa perseverancia, el creador alcanzará, si su virtuosismo lo hace posible, un equilibrio perpetuo, una armonía con el mundo. Estamos ante una de las definiciones de qué es la poesía más prodigiosa.
Por otro lado, el efecto de ordenar el espíritu y el mundo que sucede en el exterior debe obtener su resultado en el mundo interior del escritor. Asimilado el orden del mundo, es posible hacerlo de uno mismo, pues tendremos conciencia de que pertenecemos a una esfera superior, a un orden extraordinario que nos acoge. Somos una nota en el pentagrama, un sonido que encuentra su armonía, una estrella que pertenece a una galaxia. Desde la conciencia de la mortalidad y de la finitud, podremos alcanzar con la literatura la grandeza de las palabras que nunca deberán pronunciarse.
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Esta tentativa infinita de escribir que se despliega en el blanco ha sido una metáfora constante de la sombría presencia de las palabras. Negro sobre blanco, sombra sobre luz, a pesar de que la filosofía oriental traslade los símbolos de forma distinta a occidente y prefiera fijarse en las sombras y no en la luz. A pesar de todo, prefiero atender a la mezcolanza de ambas fuerzas, a la doble dimensión de la propia lengua, pensamiento y realidad, fenómeno y noúmeno. Creo que, en esa lucha interna que es connatural a la propia lengua, el ritmo y la armonía de los contrarios es la cúspide de la belleza. Cuando alguien logra armonizar su lengua, repleta de magmas internos que expulsan incontrolables significados, está alcanzando la belleza y acaso la verdad. Porque la verdad sólo puede ser dicha en de la belleza.

Hoy la tarde tenía la mirada de caoba pulida. Y en sus vetas, junto al río febril de mi piel, he dictado al unísono los abismos de un espejo.

domingo, 10 de julio de 2016

El Amor en el alma

La sabiduría en el mundo griego es un desvelo, aletehía, del ser; de un ser que ya no era el yo. 
Un desvelo que no acaba nunca; que no termina con la vida material, con el cuerpo en polvo, sino que posee las dimensiones que no entendemos, el tiempo que no entendemos, la razón luminosa que nos abarca aun sin saberlo.

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El Amor en el alma consiente intuir las leyes originarias del principio.

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 Pensar en claro en el Amor es perfección de la prudencia.

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El deseo de sabiduría en la belleza conduce al movimiento real del espíritu.








jueves, 7 de julio de 2016

LA POESÍA tiende a la unidad polifónica del ser.

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La armonía es innata al poeta verdadero.

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Las propiedades de naturaleza son aparentemente invisibles.

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La disciplina de la poesía comienza en el estar siendo.

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Eres la nada vertida al todo de tu muerte naciente en el nunca fui mas sigo siendo.

domingo, 3 de julio de 2016

EL VERANO es la luz dilatada desde la infancia, la niñez misma. Los objetos adquieren una incandescencia impropia. Todo resulta colmado de estridencia: los cuerpos, las calles, las palabras. 
Sin embargo, aquí en el sur, la infancia, mi infancia, es la luz dilatad del verano. Pareciera que el tiempo caracoleara alrededor de un bucle inmenso, de un laberinto que va deshaciendo los pasos perdidos. Es ahora cuando admiro, con melancolía, aquellos años de arenas, de miradas al océano, al Coto de Doñana como si fueran espejos de sueños infinitos. 
Quizás todavía sigo allí, en la inmensidad del paraje, en solitario, contando los barcos que atraviesan el río o mencionando por grises que el cielo configura solo allí, en el lugar de las apariciones de la memoria. 

***

Platón descifró en los diáfano de la palabra qué es la literatura: " el encuentro entre la inmediatez y la trascendencia en lo estético". Por este motivo, ese encuentro supone un razonamiento luminoso, un razonamiento sobre el Logos y la palabra misma, sobre el origen del ser.

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Afirma mi admirado George Steiner que toda tesis que sitúe, de manera teórica o práctica, la literatura y las artes más allá del bien y del mal es espuria. 
Estas palabras están concertando la forma estética del ser del poeta. Keats identificó la verdad con la Belleza y al revés; Kant quiso discernir entre la verdad de la obra artística y el razonamiento perentorio de la realidad misma. Sea cual sea la posición, la obra literaria y la obra artística auténtica, verdadera, es la que cuestiona las hondas intimidades del ser, del individuo, de la existencia. 

La obra misma es la realidad misma, la obra no se lee, no se contempla, no se escucha, se vive


jueves, 30 de junio de 2016

La rama tierna de la aurora

LA RAMA tierna de la aurora
descansa libremente en tu livieza.
Escondes en tus claros matines
la rojez insulsa de lo vivo.
Estallas por de dentro e hieres
la retina del sol; de los más claros
rostros son tus pétalos asidos de inocencia.
Naces en la mañana y tu vida
se interrumpe con los giros del aire,
con los pasos del aire que descorchan
tus pétalos, melodías
                                  silvestres
                                                  de lo bello

cercenado.

[...]

domingo, 26 de junio de 2016

ESCRIBO desde la madrugada: otra noche de insomnio, otra estación en verano en que no puedo dormir. En estos casos acudo a J.R.J., pues lo imagino con los ojos abiertos, en la noche, agasajando el frío de la madrugada con el pensamiento furtivo de poesía. Leo en su alameda verde dos sentencias que hasta ahora habían pasado inadvertidas, pues no las tenía subrayadas:

"Respetemos nuestro propio secreto". 

Y

"Secreto y transparencia".

En efecto, lo misterioso individual en lo diáfano universal. ¿qué es, si no, la poesía? J.R.J razona siempre desde el elemento estético, recuerdo aquellas palabras que venían a decirnos que con la Belleza hay que vivir y morir a solas. Así sucede con la lectura, un acto individual que transforma al individuo en pluralidad. Ansiada dilución del yo en las aguas dispersas de la condición humana. 

sábado, 25 de junio de 2016

Porque el amor tiene también su olvido

HACÍA MUCHO que no leía un libro de poemas de un autor nacido en los años 80 que me hubiera gustado tanto, con el que tanto he disfrutado leyendo. Desde el comienzo, percibe uno la presencia de poesía: Homero, Hölderlin, Quevedo, Machado y otras voces fundamentales enredadas con la voz propia que florece. 
Una estructura compositiva sinfónica, a la manera musical: un poema del que surgen otros poemas, la arquitectura toda, versos de los que se desarrolla el itinerario versal y pensativo del libro: "Vivir es defenderse de la vida", "El que miras las olas ya ha vencido el naufragio", "La tumba de los besos tuvo nombre", "Los pasos de la ausencia dejan de sed en los labios", "Sin olvidar el cuarzo negro de la mina diaria, lo marchito y oscuro que ya está en las semillas", "Frente al tiempo recobrado", "Heraldo del dolor traigo por nombre", "Las alas de una alondra madrugando".  
Título sugerentes, de gran carga semántica y plurisignifcación y de un decir con música del idioma.   

Percibe uno la música del verso, un meditado decir en los poemas, una propuesta diáfana y templada de la poesía en su tiempo. He gozado y disfruto con este libro de David Rey Fernández, allá en el norte, allá en la lluvia perdida del mar en los labios, con la lectura de Las alas de una alondra madrugando (Hiperión, 2009). 

                                 VI
Porque el amor tiene también su olvido
y el recuerdo de haber perdido algo.
Quedan cenizas, sobre el mar, temblando.


Y vuelvo a Quevedo toda la mañana, la mañana junto a E. con el libro en la mano, abierto, como el consejero imperturbable que marca el cauce de la vida, de la vida invisible. Este poema de Quevedo es una recurrencia en mis lecturas, noto al poeta liberado, suelto de estrofas, con verso meridiano y decir meditabundo. Un ejercicio creativo de diálogo estoico con la vida, puede que la posición que uno va adquiriendo, de hinojos, poco a poco ante la vida: 

"Nací desnudo, y solos mis dos ojos
cubiertos los saqué, más fue de llanto.
Volver como nací quiero a la tierra;
el camino sembrado está de abrojos;
enmudezca mi lira, cese el canto;
suenen sólo clarines de mi guerra,
y sepan todos que por bienes sigo
los que no han de poder morir conmigo,
pues mi mayor  tesoro
es no envidiar la púrpura ni el oro,
que en mortajas convierte
la trágica guadaña de la muerte."
[...]


miércoles, 22 de junio de 2016

sábado, 18 de junio de 2016

FRANCISCO DE MEDRANO, afirma Dámaso Alonso, es un poeta de imitación. Con este aserto de mi admirado Dámaso pude comenzar a entender qué idea estaba latente en la creación renacentista. Desde entonces, todos los cauces por los que ha discurrido la creación literaria me han parecido sucedáneos de esta posición estética con las manifestaciones de la literatura. 
Es un debate antiguo y que encuentra respuesta en cuanto uno se pone a leer sin descanso, sin fatiga, sin cesárea, la creación literaria es una conjunción entre la permanencia y la transformación. 

Todos los que hayan leído poseen una idea formada de qué es la literatura y la edifica en función de los libros que ha leído. El acto de la lectura es artificial, no es natural como el de la lengua. Por eso, nuestra experiencia literaria está emparentada con la experiencia de la lectura. Es la matriz y es la que nos hace proyectar qué es la literatura y qué podría ser. En este condicional y subjuntivo se encierran las dimensiones de la creación literaria. 

Medrano y otros autores nos enseñan que la imitatio es un concepto demasiado complejo como para desestimarlo sin más. Imitación, claro está, de Horacio y de Tasso, la difícil tarea de impregnar una obra, en otra lengua, con los alcances éticos y estéticos de la obra del poeta de la contemplación. 

En la literatura, como en cualquier otra disciplina, el fundamento es previo. Y es necesario tener nociones del mismo, experiencias previas, relaciones intertextuales propiciadas como lectores. Lee uno a Medrano, el sosegado discurso de un barroco decidido a la vertiente clásica, de un barroco imbuido en la necesidad de la claridad:

"En el secreto de la noche suelo
Sorino, contemplar las luces bellas,
y, mudo, platicar así con ellas
porque, envidioso, no me estorbe el suelo"
[...]

Reescribo el comienzo de un soneto que aborda la cercanía a la muerte o en la propia muerte por delante. De tono hondo y petrarquista, sin embargo envuelve una verdad poética, un decir diáfano de voz propia. Sucede así con las odas. Qué dulce silabeo en:

"Tú escribe, otro Píndaro, otro Homero, 
aquellos, o deidades celestiales,
o héroes milagrosos
que en pacífica toga o en acero
sangriento, ya prudentes, ya espantosos, 
tus versos inmortales
con hechos merecieron gloriosos". 
[...]


El decoro, tan oculto en la actualidad, la convenevolezza, en el verso hispánico con Medrano. Pareciera que la consigna de Horacio ("ut pictura poesis") sobrepasa, con el tiempo, la relación entre artes plásticas y literaria, pues bien parece que propone un modo de creación y de recepción, de escritura y de lectura, la que el propio Bartolommeo Fazio explicaba: " Un cuadro no es más que un poema silencioso". 


 

  

jueves, 16 de junio de 2016

THE NOISE OF THE TIME de Julian Barnes es una obra contemporánea que ofrece el desarrollo de un tema antiquísimo. Barnes es uno de esos autores a los que uno quisiera imitar cuando comienza a escribir prosa de ficción, pero de los que sabe que leerlo es entrar en el modelado de la imitación. Una escritura propia, con recursos estilísticos singulares y, sobre todo, con una perspectiva de los temas que responden a su condición de británico pero mixturado con la cultura europea y latina.

Descansa otro libro apilado que asoma el hocico, Semper dolens Historia del suicidio en occidente de Ramón Andrés, el mejor ensayista de las letras españolas en la actualidad, el más profundo y esencial, el escritor que admiro como lector desde hace años y el mortal que entiende la realidad, -el suicidio, la música, la ciencia, la filosofía-, como dominante en el devenir de la condición humana.  

Y me pregunto, con la lectura y ahora que suena Corelli, ¿qué queremos decir cuando decimos "ser" nosotros mismos"? Antes al contrario, no somos más que sucesiones, cambios, metamorfosis. En el dogma cristiano, Dante explicaba que después de la muerte no recuperamos el cuerpo hasta el Juicio final. Como escribió mi admirado Quevedo: "Bien sé que soy aliento fugitivo". 

Dante le solicita a Virgilio, en el primer contacto, que le aclare si es "sombra u hombre". Esa distinción es una clave oculta en la lectura de la Commedia del escritor italiano, pues a partir de esa identificación, nos situamos en una realidad u otra de la vida y la muerte. 

En el arte de leer encuentro artificios para el arte de vivir. la fe en la palabra es la fe en el cambio del ser. Transformar la realidad incisamente parece la forma natural más similar a la vida, pero, ¿qué hay de la muerte en todo y de la ideas de la muerte en nada?

martes, 7 de junio de 2016

LA POESÍA no es definible pero sí descriptible.

Todo lector que habla de literatura lo hace de forma artificiosa, pues no es innato su aprendizaje, como la comunicción lingüística. Sin literatura podríamos vivir: late el corazón, el cuerpo funciona, establecemos relaciones sociales, actuamos culturalmente.  Sin palabras, lenguas, no.

Pero llega el caso en que el lector trasciende la realidad mediante un "uso" distinto, estético, profundo, diverso, semánticamente inaudito que llama poesía. En ese punto la poesía y la palabra prístina se confunden: nace el poeta.

Y el poeta verdadero, por naturaleza, termina por confundir realidad y poesía; es más, convierte todo en poesía, pues esta es ahora su nueva "lengua", la que le hace coronar lo diáfano y bello.

Y no le hace falta nada más, ni siquiera un lecto, dos, tres cien mil para que su nueva forma de estar en el mundo invada su ser en el mundo.





sábado, 4 de junio de 2016

Heráclito lee en Burnt Norton Four Quartets de Eliot.

ABRE uno el libro de Eliot y antes que nada, Italia, la cultura grecolatina, la voz prístina de los presocráticos. "Burnt Norton" no es más que un espacio simbólico, una suerte de Florencia en Dante, de La Mancha para El Quijote o de Dublín para Joyce. Antes que todo esto, de ese enclave que provoca una armadura musical y semántica, están las palabras de Heráclito. Un diapasón tremebundo por el que lector debe afinar su proceso de lectura. 
Heráclito reside en las estancias de la memoria muy unido a Borges; creo que Borges ha sido, 
-tomando la maestría de Quevedo-, el poeta en nuestra lengua que ha mantenido una relación más contrariada con el filósofo, más rica, de amante entre lírica y pensamiento. 

Así: Heráclito, Italia, Grecia, Borges, Dante...condicionantes que se agolpan en la lectura y que devienen de la memoria como lector. Podría decirse que esa es "mi" lectura a sabiendas de que las formas de leer el texto son múltiples, diversas, válidas. Los autores que menciono me han enseñado a leer, a saber leer mejor, con atención a otros procedimientos de toda índole. 

"East Coker" es la siguiente estación: "En mi principio está mi fin", "in my beginning is my end"; "A mitad del camino, y aún más,/ por el camino todo, en una selva", "In the middle, not only in the middle of the way/ but all the way, in a dark wood, in a bramble". Sucesivamente "Las dry salvages", "llevamos un río dentro", "The river is within us" y, finalmente, "Little Gidding", "No dejaremos de explorar/ y el fin de nuestra búsqueda será/ llegar adonde comenzamos/ y el lugarconocer por primera vez", "We shall not cease from exploration, and the end of all our exploring/ will be to arrive where we started/ and know the place for the first time". Versos como salmos, expandidos en el diálogo entre tiempo y ser, en la propia esencia del decir griego, de la palabra de umbral que mantenía Parménides. 

Recorre uno estos lugares del imaginario, como si fueran antorchas estos versos, a través de las palabras que remiten a otros autores; y, con ello,  el lector debiera transformarse, no instalarse en la mera superficie. Leer a Eliot es una invitación a la lectura transversal, plural y original de la literatura antigua. El lector se somete a una transformación, en esos parajes propios de la lírica de Eliot, hacia la condición de nuevo lector, por ende, de nuevo individuo. 

jueves, 2 de junio de 2016

Un suceder a lo divino

UNO de los momentos sublimes de Verdi es el comienzo de su Réquiem. Pareciera que la muerte lo envuelve en ínsulas de transparencia, tal que Bach en sus obras, tal que Mozart: imposible para los hombres. Son conjunciones musicales que conforman lo que Leopardi llamaba "el infinito". 

Ya lo escribió en Zibaldone el propio poeta italiano: "La mente humana no puede aprehender el infinito".  Es el acto supremo del arte: llegar a conformar lo que la mente nunca ha podido llegar a pensar, llegar a intuir. Esa es la música, esa es la esencia de los poemas que suponen la transformación del individuo. Acción que por griegos tuvieron siempre como principio de creación. 

Conocida es la sentencia de Pascal que Leopardi tenía en mente de continuo y que acabo de volver a transcribir en el cuaderno amarillo: "Le silence éternel de ces esparces infinis m´effraye". 
Sucede como una espasmo al tiempo, como una transparencia definitiva que perturba el entendimiento de los mortales. Un suceder a lo divino, a lo que no está sujeto a las leyes primarias. Es entonces cuando la composición, confusamente, se hace universal, permanente. Contiene ella el misterio todo, pero además el diáfano decir de lo verdadero y lo bello. 


domingo, 29 de mayo de 2016

Con Francisco de Quevedo,Heráclito en la tarde, poema en costuras.

VOLVER, como nací, quiero a la tierra
con los ojos cubiertos, los clarines
anunciando mi voz como una guerra
con el sueño torcaz del alma libre.

Con el sueño incesante de mortajas
que el latido sentir da en melodía
en música silente, en luz dorada,
son la sangre, los cuerpos en la vida.  


Todas las horas que en el mundo vivo,
-cenizas incendidas de lo oculto-,
fueron y pasaron y son y hubieran sido
nuestra figura cierta y [...]



sábado, 28 de mayo de 2016

LEO a Heidegger y vuelco al bosque: "Todo lenguaje poético, es en el fondo un pensar. La esencia poética del pensar guarda el reino de la verdad del ser...".
Con este aserto comienzo el día, en el itinerario cada vez más transparente de la vida pero tanto más polifónico y misterioso.

jueves, 26 de mayo de 2016

La ignota música

DERRAMADO en el campo el amarillo
del sol en cada tronco giratorio
y el rubio trigo seco y despojado
del trino poderoso de su fruto,
el campo es la estación y melodía,
oculta y circular a nuestros ojos,
a donde iremos como luz y polvo
cegados ya de vida, pero abiertos
hacia la ignota música que suena.
[...]

martes, 24 de mayo de 2016

Paso y tierra de Poe en Ovidio.

RELEÍA  a Poe, "La carta robada". Más allá del prodigio técnico y de sentido que impuso Poe con este relato, considero que el relato es una metáfora completa de las relaciones humanas. Al releerlo, puede uno atisbar que, en ocasiones, lo más trascendental y necesario está tan cerca, es tan evidente que no lo vemos; más aún, no logramos apreciarlo o, lo que decimos en este diario, contemplarlo. Porque contemplar es derretir la consciencia sobre el objeto y, con ello, ser el objeto mismo. 
El relato de Poe enseña que en ocasiones las trenzas de la realidad no se corresponden con la música oculta del azar, sino más bien con la claridad de lo verdadero, de la transparencia. 
Esto es así quizás porque el mundo actual ha ido minando a los individuos de prejuicios maliciosos, de relaciones casi siempre que terminan entumecidas por la necedad de los que intervienen. No quisiera que me ocurriera esto mismo con mi hija, ni con M.C. que la carta, la realidad de búsqueda que nos une, nos hiciera desvincularnos porque no logramos "ver", "vislumbrar", contemplar lo que tenemos por delante. Y vendrán momentos de ceguera profunda y vendrán las horas de sombras y las sombras practicando su presencia. 
Y, sin saber por qué, el relato de Poe me conduce al pasaje en que Ovidio, con cincuenta y dos años, se dirige a Tomos, una ciudad costera del Ponto. Lo imagino siempre tomando cada pisada en la tierra como el último discurso salvífico; realizando un memorándum de cada uno de los pasajes que lo había llevado a la "deportatio", un castigo, en efecto, demasiado severo en ese tiempo. Pasos que eran ritmo, ritmo que transformaban la realidad a poesía: Quidquid tentabam dicere, versus erat. 
Fabia había sido la mujer que realmente lo había trastocado, la mujer en la que podía volcar la suerte de anhelos que engendraban el destierro. Fabia, como hija y mujer y madre, útero vespertino con el que ensoñar el regreso. 

La carta robada de Poe en las manos de Ovidio, ¿se imaginan? La misma circunstancia que le sucedió al poeta, al orador que era capaz de levantar las almas, que provocara la ira y el desconsuelo entre sus conciudadanos tan solo con las palabras, tan solo con el arte de nombrar el mundo. La carta robada es el fuego de Prometeo, el hilo de Ariadna, el ángel de Rilke, la rosa de J.R.J. el infinito de Leopardi, la certidumbre digna y moral que debe levantarnos a cada paso, a cada visión sobre lo que aparentemente somos.     


                                                                                         

lunes, 23 de mayo de 2016

Diálogo con un poeta y lector.

ME ESCRIBO con pocos, con muy pocos. Tan solo con aquellos que nutren. De los mismos, como mi querido Alberto Manguel, la mayoría a mano. Esas postales, escritas con letra menuda, casi serpenteando en el papel,  desde Poitou-Charentes las guardo como pequeños trofeos. 
Los epistolarios han dejado de existir y dentro de unos años será una reminiscencia de la escritura a mano inter pares
Sin embargo, hoy me ha escrito el poeta David Rey Fernández con el que, desde el principio, comencé, igualmente a aprender. Me han emocionado sus palabras, me reconducen, me recogen del desasosiego eventualmente. He aquí unas palabras inspiradas del autor como lector de privilegio. El lector como maestro: 

[...] qué puede decirse de la luz, uno se recrea en ella, la contempla, escucha sus cantos y se alumbra, así sucede con tu obra, tanto ensayística como poética, siendo la ensayística también poética, en el sentido amplio de lo poético que tan acertadamente expones. Haría falta un ensayo para abordar todo lo que tú señalas, defiendes y llevas a cabo, y aun así algo se quedaría en el aire, algo latiendo y cantando; haría falta un poema, dos poemas, tres poemas..., necesitaría recurrir a la poesía y he ahí la muestra de que tú has llegado a lo poético, has llegado a lo hondo, porque siento que tal vez sólo desde la poesía pueda abordar plenamente con el lenguaje lo poético; me vienen a la memoria ahora las palabras de Steiner a las que tú haces referencia en tu magistral, porque de otro modo no puede calificarse, introducción del "Ars vivendi": "[...] la mejor crítica literaria son las obras literarias".

Buscando la verdad profunda de las cosas, viajando hacia la luz, llegaste hasta el umbral de piedra y desde allí hablas, y con qué lucidez, con qué claridad nacida de lo esencial del hombre, con qué amor por la literatura, y con un dolor también, con "un dolor por lo bello". Desde allí hablas, en una conversación con la Literatura, con "el lugar de las apariciones del ser permanente", en una conversación con el lenguaje y con tu silencio, como Parménides con la diosa, aspirando siempre a llegar y a mostrar lo que de grande hay en nosotros e intuimos, porque si no, ¿para qué el arte?, si no es para aspirar a lo bello y abismal del hombre, a lo que canta, a aquello de lo que nacen las canciones, los ritmos, la armonía que llena de puertas el idioma.
Podría estar conversando contigo durante horas, señalándote lo acertado de esta o de aquella frase, de este o de aquel verso; señalándote la belleza, el sentido del ritmo que hay en este o en aquel poema, la sabia estructura de tu "Umbral de piedra"... y aun así sentiría que siempre me quedaría algo por decirte, y qué sentido tendría, por otra parte, el señalarte nada, pues nadie escribe algo bueno sin saber en el fondo lo que está haciendo, sin saber lo que hace y quién es. Tú dialogas con lo esencial, con lo que no está de más, con lo que merece la pena ser contado, tú te dices a ti mismo, tú hablas de lo que se yergue desde lo íntimo y misterioso, de la raíz que nos sostiene, de lo que somos más allá de lo aparente y que, sin embargo, no vemos más que a ratos, en momentos de deslumbramiento, de destello, en momentos de gajos de luz, de luz que cae sobre nosotros trizada, que nos alumbra y que en cuanto nos alumbra e intentamos aprehenderla se nos quiebra, se nos rompe, nos estalla en los ojos, en las manos, en el habla... Por eso me callo ya, y me detengo en el camino desde el que te escribo, a contemplar la tarde, aplicando así tu sabio consejo: "Si callamos ante la silente eternidad, habremos conocido lo suficiente".

sábado, 21 de mayo de 2016

El poeta armónico y disarmónico.

EL CAPÍTULO se revuelve en la memoria una y otra vez: el pianista, erguido como un árbol allí apostado, deslizando las manos con la suavidad del jazmín, ocupando lentamente el espacio etéreo, comienza a palpitar con sus dedos en la música misma. Sístole y diástole de su propio cuerpo, suena Chopin en un piano tocado por Zimmerman. 
Al comienzo de la música los objetos, la realidad toda, deja de poseer su propia esencia para ser otra cosa. En ese ejercicio de transformación y permanencia, que tiene uno como fundamento de la creación artística, el propio escuchante (lector) participa de la metamorfosis. Recuerdo una afirmación de Stravinsky que ronda siempre muy presente en mis reflexiones sobre el arte y la vida: "El problema con respecto a la apreciación de la música reside en que las personas que enseñan música les hacen tener demasiado respeto por ella, cuando deberían enseñar a amarla".

Todo poeta que no concibe el Amor es un poeta disarmónico. Amor en término platónicos, con eso es suficiente y basta. Todo poeta que no posee esa condición para el encuentro con la realidad, en todas sus dimensiones, crea obras disarmónicas, que persiguen la desfiguración, que tratan de derruir la armonía, que desesperan ante su imposibilidad de creación. 

En efecto, la fuerza motriz para el creador artístico y el receptor sensible es el Amor. Platón no solo descifró los parámetros y los límites de la condición humana sino de su propia fuerza motriz para la comunicación y la expresión. El arte viene a decirnos desde lo profundo qué somos, qué venimos siendo y ese pálpito se principia en el Amor. La fuerza teleológica de Aristóteles, la tierra abonada de las religiones, el panteísmo que hilvana cada sección, cada movimiento, cada palabra que trenzamos alrededor de la realidad. 

Por todo ello, llega un punto de encuentro con la consciencia permanente, una encrucijada en que determinamos qué deseamos ser a pesar de los impedimentos y los caprichos y las vanidades y la envidia imperante, qué dignidad nos sostiene aunque no sea visible para todos, qué verdad nos inunda y nos afirma ante el mundo como un individuo, al menos, verdadero, coherente y perseguidor, nada más y nada menos, que del Amor. Ese principio unánime en la creación artística, la que desboca la armonía limpia, me lleva, una vez más a tomar prestadas las palabras de Stravinsky: "Me he vuelto un revolucionario a pesar de mi mismo".


viernes, 20 de mayo de 2016

EMBELESADO con la lectura de Tractatus Secundus de Naturare Simia de Robert Fludd. Oscuridad y luz, dualidad, proporciones. Una naturaleza formal es incapaz de cualquier cosa sin la otra, por tanto, la realidad es siempre armonía polifónica.

No dejo de recordar que Apolo mejoró la lira que le regaló Hermes hasta llevarla a las siete cuerdas.

lunes, 16 de mayo de 2016

De la realidad en poesía o del armonioso meditar del mundo en la poesía.

TODO lo que se nombra en poesía es real. Por este motivo, no tiene sentido poético afirmar que existe una poesía realista. Antes al contrario, es una evidencia, un pleonasmo, una redundancia conceptual. 
A partir de este punto, tendríamos que dirimir qué entiende el poeta por realidad, qué consciencia posee de la misma. En este caso entran en liza elementos filosóficos, existenciales, culturales. Depende la concepción de la realidad que se posea, el poeta deseará que su edificación poética responda a la misma con recursos estéticos. Así, la monodia hiperreal imperante, -de la que entiende que en una lavadora, en un detergente, en un sofá, en un cigarrillo  o un café o en nombrar un correo electrónico hay poesía. ¿Y Platón? ¿y Virgilio? ?Y Horacio? ¿Y Rilke? ¿Y...?

Así las cosas, existe una relación interna entre la realidad y la poesía que sucede gracias al poeta, a la polifonía visual del poeta. Son, en esas obras, en las que mejor suena el armonioso meditar del mundo en la palabra. 

jueves, 12 de mayo de 2016

Sexo airado en poesía.

AL CABO DE LOS AÑOS: la armonía, la unidad, el sentido primero de la palabra poética. Como en el mundo antiguo, iter vitae. El poeta es el que entrega su vida a la poesía. Su vida no vivida, sus días en el tránsito del tiempo y el espacio en poesía. Todo lo demás, es virgo del poema, sexo airado, cuerpos blancos ya pronto envejecidos. El poeta no debería afirmar una cosa y hacer otra, ética y estética, pues su palabra volandera no es la palabra en el tiempo. De ahí las graves y continuas contradicciones de los poetas del momento. 

Una vida en la búsqueda del sentido primero no puede ser más que silenciosa y humilde, recoleta estación que siempre duda, que continuamente establece el límite de su condición con la anchura de su desconocimiento. En ese encuentro, surge el verbo nutricio, impregnado de polifonías que la palabra ordinaria no posee, pues su fin en la comunicación. la palabra poética no es solo comunicación, es revelación, aletheía, descubrimiento, desvelo, muestra, transmisión de la condición humana. 

domingo, 8 de mayo de 2016

El proceder de la belleza en la palabra poética.

HAY POETAS que presentan en sus poemas buenas ideas, propuestas brillantes que, sin embargo,  no terminan de encontrar su forma más perfecta de expresión. Otros, hacen de la forma la idea: he ahí la excelencia. De estos últimos, J.R.J. es el ejemplo supremo y su obra es, además, testigo de esa continua transición de lo pensado a lo escrito, escrito en forma poética, en el razonamiento, como decía María Zambrano, luminoso. 
Caballero Bonald pertenece a los primeros: lee uno un verso, un enunciado en Desaprendizajes y pareciera que iba a comenzar un poema que preconiza una idea bella, pero todo se termina al instante, en el silabeo siguiente. Eso no es desmerecer una creación, considerarla de menor calado, también es virtud, en los poetas, sugerir y dejar el vaticinio en la mente del lector. Sin embargo, termina uno siempre con la sospecha de que el poeta hubiera tenido que callar o que saber callar cuando hubiera tenido la consciencia de esta falla entre pensamiento y palabra. Lee uno en un poema de este calado, "Todas las bellezas", lo siguiente: "Todas las bellezas posibles están implícitas en la suya". 

Es un verso que si lo insertáramos en un poema de Borges o del Coleridge pasaría inadvertido, por implícito. El posesivo marca todo lo que ha ido definiendo y describiendo, pero intuyo que si el poeta hubiera seleccionado la prosa como medio expresión, este texto no quedaría en mero tanteo, sino en procedimiento de eso mismo que nombra el título, el proceder de la belleza en la palabra poética.

Luego están los que no manifiestan ni siquiera una idea prístina en el poema, un pensamiento que el lector pueda llegar a presentir, a intuir. Esos poetas son los que triunfaron hace unas décadas y siguen anquilosados en el sentir popular y político de la poesía.Los que ocupan los premios, los que asaltaron la faz pública de la poesía. 

 ***

Las citas literarias me fascinan, no hay proceder en la creación más poderoso que el de la cita, la intertextualidad. Pudiera parecer que Cervantes fue el ingenio de esta creación que se apodera de otros libros, de las palabras de otros, para construir la suya propia. No es el caso, el trabajo viene de antiguo, pero siempre un proceder honrado, marcando los nombres sea cual sea la fama de estos. 
Tomar las palabras de otros pero marcándolas, diciendo quién las escribió, no con el trampeo moderno de coger las razones de otros y hacer un texto que parezca mío. Eso no es literatura, eso es ser un escritor contemporáneo sin escrúpulos. 
Así, cuando cito en este diario, lo hago desde el comienzo, rindo tributo explícito a los autores que me han nutrido, es más, las líneas exactas que me han llevado a poder escribir tal o cual cosa. Esa es la música del Trópico, la de las voces plurales que se convocan para hacerlas sonar juntas en una nueva realidad literaria. 
Eso es humildad y es fraternidad en la literatura, lo demás es vanagloria y ego, coger de los demás sin decir quién es porque en el mundo literario actual ese nombre no consta. Si lo estás leyendo, lo sabes.

El lector es esa figura que hilvana las lecturas de distintas épocas en una misma estación: de Virgilio el lector puede trazar enlaces con Herman Broch,de Dante puede uno tiznar sus páginas hasta Borges. 
Esa lectio antigua es el legado que los lectores pueden establecer para los hombres de las distintas épocas, la clarividencia en las turbias aguas del presente de las corrientes aguas, puras, cristalinas del pasado. 

jueves, 5 de mayo de 2016

COMIENZA a sonar Vivaldi, el concierto para dos violines del pelirrojo de Venecia: toda la realidad comienza a ser de otra forma. Los objetos, la luz, las figuras, los sonidos del mundo, la materia íntima que nos hace y que apenas conocemos. Ser conscientes de que existe un tiempo que no es el nuestro. 
Es la música una fuerza terapéutica y transformadora, blanca estación para el itinerario de la vida. La música se conoce, como la poesía, se hace forma en creaciones concretas, pero no termina ahí, no es sola esa su existencia. 

San Agustín define este proceso con una lucidez asombrosa. Puede uno leer, en el Libro IV de Confesiones, -cuando el santo se dedica a tratar de definir lo bello y lo armonioso-, lo siguiente: "Yo apartaba mi mente palpitante de la realidad incorpórea hacia contornos, y hacia colores, y hacia abultadas dimensiones. Y porque no podía ver eso en mi espíritu, pensaba que no podía ver el espíritu". 

He aquí la gran lucha del poeta: el mundo en su mundo, la naturaleza en su naturaleza. Sí, es el problema mismo de la condición humana, la que ya marcaron Platón y Aristóteles; claro está que cuando el poeta escribe lo hace sobre la condición humana, que cuando los textos permanecen más allá de su tiempo sucede así porque logran deshacerse de su tiempo para entrar en el tiempo.  
Parece que el mundo contemporáneo no acierta a dirimir en estas cuestiones, los poetas son más de su tiempo que nunca, se vanaglorian de ello apenas con vanos argumentos, se dedican a ser de su tiempo porque se regocijan en sí mismos, son ególatras, necesitan ser elogiados continuamente. Y lo mezclan todo para decir nada, nunca hubo un discurso poético tan vacuo como el de ahora. 

Por todo esto me maravillo y fascino cuando escucho el eco de este itinerario continuo del ser, desde la antigüedad, y leo en T.S. Eliot en Four quartets: "Ser consciente es no estar en el tiempo". 


P.D. ¿Copiarás esto, lo publicarás y dirás que es tuyo? 

lunes, 2 de mayo de 2016

El deleite inolvidable de la palabra poética.

CUANDO GEORGE STEINER distingue entre "ingestión" y "consumo" en el mundo de la literatura, lo hace con una claridad asombrosa. Dirime entre los que consumen, sin más, los "productos literarios", es decir, entre los escritores y lectores que toman la literatura como un objeto contemporáneo llamado a la moda o al momento y entre los que, como decía Ben Jonson, "ingestionan" la literatura. En este último proceso, el escritor, como lector, vive lo leído de tal forma que su memoria es la memoria de sus lecturas.  
La creencia griega arcaica  consideraba la memoria como la madre de la Musas, esto es, del principio de creación. No defendían los antiguos que la creación surgiera ex nihilo, antes al contrario, procedía de la conjunción y la armonización de la memoria. Para que esta fuera fructífera y sementera de textos literarios debía poseer el escritor un mundo de lecturas plural y verdadero. 

Dice Steiner, y uno cree en ello a ciegas, que las mejores lecturas del arte son arte. En esas, podríamos decir, revitalizadas realidades, contestaciones a la verdad estética encerrada por otro artista,  se continúa con el acto de comunicación esencial: por ello es indudable la obra artística que posee esa verdad, que la sigue transmitiendo. 

Existe en la literatura un mundo parasitario que se nutre de las lecturas vivamente, en carne viva. Me fascinan esos escritores convertidos en lectores sin ambages: Cervantes, Dante, Borges, por ejemplo, tres casos de escritores-lectores que muestran sus lecturas en sus obras para revertirlas, recrearlas, revivirlas estéticamente. 

El texto se convierte en una caja de resonancias para el lector, en un instrumento sonoro, en una bóveda en que se prodigan las presencias reales del lector.  Leo, por ejemplo, ahora  un poema de Quevedo, "El reloj de arena", del que selecciono los versos finales: 

[...]
Bien sé que soy aliento fugitivo; 
ya sé, ya temo, ya también espero 
que he de ser polvo, como tú, si muero; 
y que soy vidrio, como tú, si vivo.

"Aliento", "polvo", "vidrio" y un pronombre "tú" que funcionan como sustantivos de los cuatro versos más la elipsis del "yo lírico" que enuncia la realidad poética; un mundo de significados en progresión semántica: idea, sinécdoque, metáfora...transposición del sujeto lírico que transforman al lector en su vivencia.   "Soy", "sé", "temo", "espero", "he de ser", "muero", "vivo", verbos que ofrecen las mismas relaciones que cualquier hombre del Barrcoo comprende: la paradoja de la vivía, las contrapuestas certezas, lo especular, el conocimiento y el estado en la vida, el principio y el fin. Así un único adjetivo para, un moralizador de la realidad que funciona a modo de sinécdoque de la realidad toda: "fugitivo". Todo, vida y muerte, conocimiento o estado es, en el hombre, fugitivo. Y, claro está, el apoyo en los adverbios para imprimir en el significado global de los versos la presencia estética del reloj, del tiempo: "ya". Ningún otro adverbio advierte de lo fugitivo como el seleccionado por Quevedo. Todo ello con la construcción sintáctica fundamentada en el paralelismo de verbos que exigen una complementación exigida para que la palabra dicte significado: "Bien lo sé", el resto de versos vienen a configurar el significado de ese pronombre. "bien sé, ya sé, ya temo, ya también y que...". 
De todas estas palabras que selecciono y que anoto en mi cuaderno amarillo, se proyecta la figura de un lector que memoriza, que ingestiona y que responde escribiendo, reviviendo, sin querer nada más que seguir con el deleite inolvidable de la palabra poética, nada más que prolongar el aliento fugitivo de la arena poética. 





domingo, 1 de mayo de 2016

El reflejo inquietante de la verdad pronunciada.

QUEVEDO era un gran lector, un lector virtuoso, amante de la letra envirotada y fulgurante, pero también un embelesado de los buenos libros, del objeto. Se demuestra esto en los prólogos a sus Sueños y Discursos. En "El mundo por de dentro", en el prólogo quiero decir, dirige sus palabras al lector: "cándido o purpúreo, pío o cruel, benigno o sin sarna". Distingue, con el filamento intelectual del Barroco, distintos tipos de lectores porque él mismo conoce la naturaleza propia del lector. 
En este sueño es ya un escritor ascético, que rezuma la literatura vivida de fray Luis, acaso su posicionamiento vital ante el fin de sus días: "Es nuestro deseo siempre peregrino en las cosas de esta vida, y así con vana solicitud anda de unas en otras sin saber hallar patria ni descanso". 

Es conocida la admiración de Quevedo por Séneca, una admiración que nos lleva a leer al propio filósofo en las letras del poeta español. Leemos Epístolas morales a Lucilio de Séneca en la obra de Quevedo pasado por el cedazo de su ingenio, de su retórica actitud ante el tiempo: "¿Tú por ventura sabes lo que vale un día? ¿Has examinado el valor del tiempo?", se pregunta Quevedo en un eco embelesado desde la antigüedad. Fray Luis, Séneca, el verbo de Quevedo, y luego Borges, por ejemplo. Discurso del tiempo, de la literatura. Pero también Erasmo. 
"Cuerdo es el que vive cada día como quien cada día y cada hora puede morir", leemos en el verbo de Quevedo que es ya crisol de palabras antiguas, renovadas en el vaso de su verbo. Esta sentencia bien pudiera leerse en cualquier pasaje de El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha  pero la leemos en Quevedo, en un poeta que, cuando escribe en prosa se hace hombre de su tiempo, de un tiempo de transformación y permanencia, de claridad tan descarnada que aún hoy, al leerlo en susurro, provoca el reflejo inquietante de la verdad pronunciada.