lunes, 7 de enero de 2019

Il cimento dell´armonia e dell´inventione, Vivaldi y todas las mañanas del mundo.

LA MAÑANA comienza con el engranaje de la Luz angosta y reticente del invierno.  Suena el concierto de Mandolina en do mayo RV 425 de Vivaldi. Esta música invade el salón y las habitaciones de la casa mientras E. Y F. Corretean entre juguetes, libros, y el espontáneo fervor de vernos la familia juntos en la mañana disfrutando de la mismo. 
La obra de Vivaldi siempre me ha fascinado sobre todo porque la popularidad de sus partituras había oscurecido y difuminado la capacidad artística de este músico extraordinario. Más allá de sus más de quinientos conciertos hubo dos detalles de su biografía que me resultaron muy interesantes. 
Desde que muere, en 1741, como sucede con otros grandes artistas, su obra permanece en el subterfugio de lo desconocido. A su muerte, en la catedral de Viena, acude el coro de niños de la misma en la que se encuentra, en un episodio digno de Zweig, un jovencísimo Joseph Haydn. 

Muere Il Prete Rosso y la inmensidad de su obra (sacra, vocal, concertística) comienza a subsistir solo en la consciencia de otros grandes músicos que habían advertido, en su tiempo, la belleza inconfundible de una obra que edificaba al ser humano. Fue, sobre todo, Bach el que había transcrito algunas de las obras de un cura, -que ofició poca misa, que había participado en el esplendor de la música veneciana, que supo acomodarse a la música programática sin par,- el que sin saberlo ayudó, ya en el XIX a que se recuperar las obras de un tal Antonio Lucio Vivaldi. 
Supuestamente asmático, a tenor de sus propias declaraciones, Vivaldi era un violinista sobresaliente, de gran capacidad interpretativa que rozaba el virtuosismo. Siempre me pareció  Il cimento dell'armonia e dell'inventione un título sugerente y perspicaz para una obra poética o un libro de ensayos. 


Corretean,  con risas y desencuentros infantiles, los niños por la casa y sigue de continuo la música de Vivaldi tomando su atmósfera y su confín.  A veces mueven sus cuerpos menudos al ritmo de la música, otras tantas se desentienden y siguen con sus juegos. Sea cual sea la relación, la semblanza que quede en su memoria de estos caítulos pasajeros nos quedarán la belleza palpable de la música en los ojos. 

sábado, 5 de enero de 2019

El razonamiento del mundo es eminentemente lingüístico. Cuanto menos se lee más disminuimos nuestro ser en el mundo. Y no es cuestión de sumar páginas y volúmenes vacuos y serviles, sino de entrever en el texto esencial la verdad que somos, amarga levedad y dulce estar en nada.
***
El oro de la tarde y  la azucena,
la oración en el pecho, padre nuestro,
el largo meditar sobre la piedra
en el confín amado de tus hechos. 
[...]

jueves, 3 de enero de 2019

¿Cómo compones? Leyendo. De lo antiguo algo nuevo.

VERDAD es que en la búsqueda se halla la incógnita más que la respuesta. Y así cuando uno sigue leyendo los textos de los siglos pasados, sobre todo los que produjeron las mejores composiciones y en los que se aglutinaron los mejores escritores, hay una constante que se repite desde la antigüedad hasta nuestros días: todos fueron grandes lectores, lectores de raza, lectores omnívoros, lectores caninos, como decía el Doctor Samuel Jhonson. 

Por esto mismo, ahora que ando revisando la biografía de Antonio Sánchez Jiménez, Lope El verso y la vida (Madrid, Cátedra, 2018), he ido a dar con unos versos de La Dorotea, acto IV, escena 3, que inciden en el ejercicio de la escritura y la lectura, a saber: 

"¿Cómo compones? Leyendo,
y lo que leo, imitando;
y lo que imito, escribiendo;
y lo que escribo, borrando;
de lo borrado, escogiendo".   

Ya Bartolomeo Ricci en 1541 publicó un libro que vertebró el concepto profuso en el Renacimiento de imitatio. El autor en De imitatione estableció, a grandes rasgos, tres tipos: el seguir (sequi), es decir, la imitación no transformadora; el imitar (imitare) y el emular (emulare). 

Ante estos procedimientos, siempre recuerdo unas palabras de Petrarca en Epistolae Familiares.
 que son luminosas: «[el poeta] ocultará su imitación de modo que no parezca similar a ninguna, y así traerá de lo antiguo algo nuevo".
De lo antiguo algo nuevo ese es el ejercicio coronario de la literatura, leer para escribir, leer para poder imitar emulando, para propalar nuestra débil voz en la armonía poderosa de la literatura esencial.

Toda la literatura acaso ha sido un ejercicio permanente de lo que se denomina imitación oculta, con vaivenes en ese diálogo de evocación que, a veces, ha necesitado enseñar las costuras, los hilvanes de lo que se copia para darle una vuelta de tuerca al asunto, tal que Cervantes o Borges. 

"Compones, leyendo, imitando, escribiendo, borrando, escogiendo"... en esta gradación y recorrido que escribe Lope se encierra buena parte de su proceder como autor ceremonial y moderno, de consciencia sobre el fenómeno literario como algo orgánico, pero podría servir para resumir las cartas de Rilke a un joven poeta, los prólogos y ensayos de Borges, la altura de Cuatro cuartetos de T.S.Eliot o la magna narrativa de Thomas Mann. 

Son tantos los senderos que un escritor debe recorrer antes de comenzar a escribir que me lleva al espanto los que manifiestan que la originalidad, lo novedoso, los rompedor es lo que hace la literatura. Encuentro un punto muerto del ámbito literario que, quizás, se empareja a la decadencia cultural general no solo de nuestro país sino de la propia cultura occidental. Poseemos una cultura ancestral, milenaria que nos ha edificado así como individuos, con valores e ideas, con libros y creaciones artísticas que nos conducen hacia un estar en el mundo armoniosamente. Todo lo que atenta contra la tradición, sin saber leer que es de ella desde donde se vuelve a nacer y a construir, es un monumento inequívoco de ignorancia.  







miércoles, 2 de enero de 2019

“Buscad leyendo y hallaréis meditando.” Todo se halla en nosotros (2019)

ESCRIBIR LA LECTURA (2007-2008-2009)

ARS VIVENDI (2010)

LAS CONTEMPLACIONES (2011)

ALMA REGIÓN LUCIENTE (2012)

MURMULLO DE LA TRANSPARENCIA (2013)

RITO DE SILENCIO (2014)

SER ALGO EN NADA (2015)


CUESTIÓN DE DESNUDEZ (2016)

AL PASO DE LA EDAD (2017)

DE PÚRPURA Y NIEVE (2018) 

TODO SE HALLA EN NOSOTROS  (2019)
...
Comienzo la escritura del 2019 recuperando a dos escritores que siguen estando presentes en el ejercicio rutinario de la lectura. Por una parte, Valle-Inclán y por otra, San Juan de la Cruz. Puede que sean los dos escritores que han jalonado nuestras letras por uno y otro costado de la literatura española.  Afirmaba el carmelita: “Buscad leyendo y hallaréis meditando.” Y ese doble ejercicio, que deviene uno de otro, ha sido la guía de no pocas líneas que han ido edificando este diario de escritura, lectura y vida. Así, Valle-Inclán, en su libro más preclaro, La lámpara Maravillosa, afirmaba: "El centro es la unidad y la unidad es la sagrada simiente del Todo". Por esto mismo, Vallé-Inclán decía que todo se halla desde siempre en nosotros. Tomando esta sentencia como resorte, para el año 2019 vamos a titular la escritura "Todo se halla en nosotros", ya que resuelve con satisfacción y unidad el curso mantenido de esta bitácora. 

En otro orden de cosas, hemos de manifestar que el año 2018 ha sido un año de brevedad y concisión para la escritura. Ha sido un ejercicio consciente y proyectado desde el primer momento; deseábamos darle respiro, pausa, marea a este diario después de varios años. Sin embargo, nos inunda ahora un brío renovado que nos acerca a la narración, a la estampa de situaciones cotidianas que se ensalzan y elevan para hacerlas de letra negra y fondo blanco. 

Es nuestro deseo abandonar la brevedad del aforismo, la concisión y el liróforo de la breve afirmación para trasladar más sangre y tierra y respiración a estas palabras y este individuo que las traza en la nada permanente.  


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[...]
Para llegar a ser en la mirada
pura y cristal, sarmiento transparente, contienes en tu vida la certezay la asunción del profundo latido de la muerte. [...]
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“Mas el resplandor de naturaleza alegra sus días”
Poema en plena consonancia con “Vida más elevada”.
"A lo mejor no he vivido como debía", pensaba Iván cómo un arabesco de luz, mortal y tremebundo.
"El jardín y la representación" (Madrid, Siruela, 2010). El jardín como representación del mundo, de las ideas en un proceso semiótico denso y polisémico.
“La dulzura florida de las estrellas”




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Se murió de amor y en su tumba estaban todas las cartas que se había escrito él mismo ,para él, con su YO en mayúsculas.


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Eres el suceso de tu levedad.


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Pues amarga la verdad es difícil entender que el individuo es un haz de paradojas; pero existe una consciencia leve y prístina que nos empuja hacia la unidad misma de cada uno.


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A ese hilo de Ariadna lo hemos llamado en nuestra cultura, ética: límpida, concorde, armoniosa, acuífero transparente que nos sustancia.


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Leyendo a Hölderlin, en la soledad nutricia de la noche, rodeado de naturaleza, releo con parsimonia y deleite el poema titulado “Visión” de sus <<Poemas de la locura>>:


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Toda la madrugada con Tólstoi, como si la noche lo acallara todo y fuera el mismo León el que susurraba las páginas de Iván Ilich.


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Estoy con Octavio Paz en que "creación y reflexión con vasos comunicantes". Puede que pensar el mundo sea hacerlo nuevo y que, al edificarlo, con Heidegger, "solo la palabra otorga ser a las cosas".


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A veces el fracaso es una tentación a la que debemos acudir necesariamente para asegurarnos de que es en él donde mejor nos entendemos.


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No todo lo pensado es producto de la realidad.


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Está pasando en educación como en poesía: cada vez hay más pseudoperitos que aspirantes, más entendidos que humildes. El silencio para unos; el trabajo de verdad para otros; la íntima satisfacción ética siempre para todos.


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El conocimiento se asimila a humanismo improductivo. En esta paradoja sustantiva se ejecuta la nueva consigna educativa: hacer es conocer. Entendimiento del que, al menos desde Parménides, se ha demostrado toda su falacia durante los siglos que nos han moldeado en cultura y ser.


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La Literatura: depauperada en la renovación y la reflexión educativas. Es esencial la lectura de textos que lleven al individuo a una nueva dimensión de la lengua y a forjar un pensamiento propio. No o cualquier cosa es Literatura, los sucedáneos son una irresponsabilidad ética.


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...noviembre y la luz angosta de la claridad en los ojos.


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Hay un punto abisal, un cerco a la línea de sombra en la vida que hace que cada cosa sea satélite de todo ya para nunca.


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La lectura no solo edifica lo que es un individuo sino que lo asienta en la gravedad ética del mundo.


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Uno amplía su experiencia literaria solo con los textos que ha leído. Es una experiencia individual, plena, retóricamente lítote.


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Haz de tu pensamiento el lugar de apariciones de la razón luminosa.


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El origen nutricio de cada uno eleva los días a símbolos y transparencias.


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Desdeñar el valor de tu lengua en forma y sentido, en comunicación y ortografía, en texto y voz, es prodigar el vacío de tu propia vida. La llama de la ignorancia y el descrédito del conocimiento conducen a un enorme y vacuo sinsentido.


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Los votos de los andaluces son todos legítimos y constitucionales. El que subestime el voto de un individuo por otro no es demócrata. Y tras los resultados, todo lo que no sea palabra, debate, diálogo, razón, en política es inadmisible, peor aún llevarlo a la acción primitiva.


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En cada individuo existe el delirio y la templanza de la carne pero no el el sueño contenido del corazón.


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Quien desconoce la tradición desconoce la originalidad.


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Nuccio Ordine en “Clásicos para la vida”, al calor de un fragmento de Platón, del “Banquete”, afirma: “El saber no es un don sino una laboriosa conquista”. Prosigue: “Una aventura que [...] presupone siempre la necesidad de un esfuerzo que nadie puede realizar en nuestro lugar”.


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La retórica visual del jardín en el espléndido libro de Michael Jakob


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Como salvaguarda del centro indudable la palabra de "La lámpara maravillosa" de Valle-Inclán:"El enigma bello de todas las cosas es su posibilidad de ser amadas infinitamente". Prosigue en lúcida secuencia: "Ásperos son los caminos para desnudarse de la percepción cronológica".


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Recuerdo, al leer los poemas de Rimbaud: "Yo: una ficción de la que a lo sumo somos coautores. Yo es otro". Acudo al volumen de Kertész, "Yo,otro" y recupero la pregunta de Wittgenstein:"¿Sabes o solo crees que te llamas L.W? en "Sobre la certeza". Sueño diletante del yo.


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La edad conduce a la lentitud soberana del límite.


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Cuando caminas el incógnito sendero del ser...


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“Nace bárbaro el hombre, redímese de bestia cultivándose. Haze personas la cultura y más quanto mayor. [...] Es muy tosca la ignorancia. No ai cosa que más cultive que el saber”, B. Gracián,(1601-1658)”Oráculo Manual...”. El fanatismo y el odio como evidencias de la ignorancia.


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Escucho perplejo por la radio a un “escritor” que publica en una editorial de gran tirada. Viene a decirnos que él escribe un texto y que luego su editora lo mejora en todo: desde la sintaxis hasta la adjetivación, la estructura y unidad. Excusa que ella conoce mejor al lector.


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Anotó, voy haciendo acopio de los datos y circunstancias de la vida de Rimbaud, escribo la lectura. Leo los poemas, voy asumiendo el relato de su intrépida vida, escribo en los márgenes de “Obra completa bilingüe” (Siruela)


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Todo es sucedáneo de la realidad.


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Kertész recupera unas palabras de Shopenhauer en “Diario de una galera”: “Ni nuestros actos ni el curso de nuestra vida son obras nuestras; sí lo es, en cambio, lo que nadie considera como tal: nuestra esencia y nuestra existencia”. Y como advierte el propio Kertész...


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“El lugar del ser humano queda ocupado por la especie, el individuo es aplastado por lo colectivo como por una manada de elefantes que huye despavorida”.


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Lo realmente preocupante del asunto de los deberes es que para algunos padres (y para algunos políticos), el trabajo intelectual disciplinado fuera de horas de clase es un castigo y les parece noble confesarlo. Obviamente, tal conducta los delata.


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Con Unamuno, releyendo "Cómo se hace una novela". El yo como "metablema" y diálogo con "Confesiones" de San Agustín («mihi quaestio factus sum»), y de aquí a Hugo de San Víctor, místico del XII. Este libro deja en evidencia a los hipermodernos del día en mercadeo literario.


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jueves, 25 de octubre de 2018

Apóstrofes del tiempo, confines de la luz.

De todo lo que sucede nada es realidad en ninguna parte.
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La verdad solo puede decirse sin artificios.
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Solo permaneces en el recuerdo de tu consciencia.
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Parece que das límite
y suicidio al mundo.

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"La influencia anestésica de la costumbre", nos advierte mi admirado Marcel Proust en su prosa de arabescos y confines.
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Paradojas de lo contemporáneo: una sociedad que ruge contra su lengua y su mundo de significados y sentidos pero que no lee más allá de lo efímero y vacuo. Entre tanto, la ignorancia y la estulticia como himnos.
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Levedad y razón luminosa, perfil secreto de la invisible huella que habitamos.
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Toda memoria fecunda el devenir del tiempo.
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En el ambiente literario, en sus aledaños, en los alrededores y cercos, si no cantas el himno de la carroña, lanzas adjetivos de vanagloria, mencionas el santoral, ensalzas el común gusto e ideario, desapareces, te hacen invisible. Maravillas de buscar el centro indudable.
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Cuando se abandona el cultivo de la consciencia y del espíritu humanista por la mercadería inmediata de productos eventuales y perecederos hay riesgo de desustanciación de la identidad individual y colectiva.
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La mansedumbre y el centro respirable, en una sola luz, en haz y envés de lo que somos.
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Toda levedad soporta el tangible sueño de la muerte.
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Cuando suena la claridad y el armónico sostenido de la belleza...
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Con Leopardi, en su poesía, parecen conciliarse la música del ser con la cadencia de la lengua articulada.
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La eternidad cabe en el confín de tu consciencia.
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No somos más que apóstrofres del tiempo.
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Toda noche posee su confín de luz.


domingo, 9 de septiembre de 2018

A vueltas con la eternidad.

RELEO un texto de Shopenhauer y de inmediato me voy a la estantería para rescatar Historia de la eternidad de Borges. Recuerdo el subrayado a la perfección: "Los individuos y las cosas existen en cuanto participan de la especie que los incluye, que es su realidad permanente". 
Claro está que en este aserto de Borges puede uno colegir toda una corriente de pensamiento universal en que confluyen  el I Ching con Parménides, el Tao Te King con Platón e incluso los textos de índole religioso de toda cultura. Sin embargo, la afirmación es un territorio idóneo para adentrarse en una reflexión sobre el ordinario suceder la realidad. En ese desencuentro entre lo que somos y lo que pensamos que vamos siendo. Uno es siempre todavía.   

El automatismo del diario, como individuo, no es cosa nueva, ni siquiera la exasperante incapacidad por frenar lo que sucede a nuestro alrededor. Todo conato de levantarse contra el devenir de alcoba, provoca una frustración eterna, un Sísifo permanente en cada uno de nosotros. 

El tiempo, la impronta del tiempo que poseemos, parece tener adherida la sustancia de sucesión. Y todo es sucesivo aparentemente hasta que un día, una noche luminosa, aparecen los destellos de una realidad y un jardín de senderos que se bifurcan: es la consciencia luminosa y con ella la gracia de saberse eterno para siempre mientras dura la eternidad.

En ese tránsito, en el ínterin, nos acompañan individuos con los que encontramos esa materia de eternidad para compartirla. Puede que ser hombre es hallar al prójimo que sucede en armonía con uno mismo.  



domingo, 2 de septiembre de 2018

Nuestra música de Fauno, libros. Paso del sur en la memoria.

Selecciono los libros que voy a llevar conmigo a mi nuevo espacio de trabajo. Esto mismo es un ritual cada vez que me traslado de ubicación en el trabajo o en la propia casa. Necesito establecer un hábitat, un entorno de autores que funcionen a modo de corifeo griego. Imagino sus voces, sus ideas, recuerdo párrafos, pasajes, igualmente momentos en que leí el volumen. Son, estos libros, una suerte de equipaje de vida que me acompaña a cada paso para que mi huella siga estando bien enterrada en las raíces y el origen. 
El primero de todos será Dante y muy cerquita vendrá Boecio. Los dos, con el tiempo, han ido mermando en mi memoria hasta trastocarla toda y revolverla como método y forma de vida. palabra luminosa, poética, de silbo único y afán verdadero. Los dos estarán rodeados por la edición con tapas naranjas con textos presocráticos. 
Valle-Inclán junto a Cervantes, haz y envés de la lengua española, uso y sentido en su más alta expresión. Quevedo para cuando sienta la trascendencia de alcoba; Leopardi siempre, siempre porque además las lomas y las vides contornan el espacio visual. 
Hesse, lecturas para minutos, encima de la mesa, junto a la ordinaria e insulsa mesa de trabajo. y algunos más, por añadidura, que irá tomando sitio en la balda correspondiente. Puede que algo de J.R.J. y de Proust vengan conmigo mañana. 

Pasan los días y la remembranza de la vida es cada vez mayor; muy pocas cosas van resguardando la importancia de entonces. Como un imperio, como el territorio que va decayendo y fragmentándose, así la vida y sus memoria. Como decía Borges nuestro recuerdo es la última imagen de la realidad que tuvimos no el hecho en sí ni la cosa misma. Incluso esas imágenes de entonces van difuminándose, como fantasmagorías en cadena, para transformarse en devenir. 

Aun en ese tránsito, en esa espera, los libros siempre percuten nuestra silueta, nuestra sombra y dictan, con el sentido oculto de lo bello y verdadero, la tonalidad adecuada de nuestra música de fauno.   



  

jueves, 16 de agosto de 2018

Mundo sucesivo o mundo coexistente.

EL singular incluye los plurales. Para los humanos, la categoría es espacio de anécdotas. El tiempo mortal es un sucedáneo del Tiempo. Y ahora que releo a Anaximandro y a Teofrasto. Lo infinito no tiene principio, ni límites espaciales; no proviene de una causa concreta o de un un punto en algo. 
Es y basta; sucede y acontece en coexistencia y sucesión.
Tomado todo esto en una lectura sosegada, cargada de subrayados, reflexiones, vueltas a los mismos párrafos retomo la poesía. Eliot y Dante, de ese círculo no salgo desde hace tiempo, tan solo a Virgilio le concedo ciertos encuentros. Alguna vez a Rilke y a Thomas Mann. Leopardi es el crepúsculo mismo y cada vez más Boecio se ensalza como una encrucijada total y volcánica para entenderlo todo.
Notas, vida, naturaleza, música. todo aunado en un cuaderno que prosigue su curso más allá de quien lo escribe, de ese que jalona las palabras diáfanas y naturales como magnolias.

sábado, 11 de agosto de 2018

Hemingway pasea el gato bajo la lluvia en París mientras suena el sur atlántico.

En la plenitud todo es un olvido de sí, un suceder alterno. Acontece lo que somos en la otredad y nos llega un reflejo, acaso una idea furtiva de ese acontecer ya solo en la memoria.

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Con Proust la prosa adquiere esa pertenencia inequívoca al discurso narrativo. Es madrugada y todo me conduce a París; allí sentado en un café leo "Gato bajo la lluvia" de Hemingway. Cansados de buscar a la Maga todo el día decidimos fumar Gauloises y mirarnos hasta la locura.

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El viento entre las ramas entonaba un silbo incógnito. Música que guía al corazón que decide la rama y la raíz. Origen y búsqueda. Oscuridad, tierra; delirio y camino.


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Merodeando Faro Camarinal, a pesar del incendio cercano. Paseo por el sur atlántico. Vuelta a la orilla. El atardecer, la mar rabiosa de levante, el cielo oliváceo y fértil de grises: todos los misterios frente a los ojos.

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Una biblioteca, la casa, los volúmenes rodeando todos los ambientes; libros leídos, libros ensoñados, libros nunca abiertos. Libros y vida, la biblioteca como un territorio y una dilatación del ser.

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En la calima incipiente nada como la prosa de Juan Rulfo. El remate es Faulkner, a toda luz, desvencijando los rudimentos de la narrrativa. Y algún cuento, parisino, de Hemigway para el café.

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Todo deseo, todo pensamiento de anhelo es la fricción en la consciencia entre el ser y el estar.

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En la propia existencia humana sucede la alienación del individuo en sombra, en nada. Cabe el espíritu, la idea, la razón luminosa, la palabra, la música, el amor para edificar una identidad aunque fugitiva ética en su paso por la tierra. Armonía y verdad.


martes, 17 de julio de 2018

Dice que solo dijo que "si fuera"

SUENA, como de costumbre en época estival, Chopin. Siempre me pareció un prodigio para los humanos poder escuchar la música de este compositor. F., aquí a mi lado, pachucho de vientre y atento al piano, escucha, por momentos, el compás del Nocturne in B-flat minor Op. 9 No. 1.

En la mesa he amontonado un puñado de libros escogidos al azar en ese juego de selección azarosa y fortuita que tanto me agrada. Apollinaire, una antología de Lírica española de tipo popular, Lecturas para minutos de Hesse, Alicia a través del espejo y los Cuadernos de Valéry. Siempre sucede un cedazo en la literatura que vincula los libros aun sin que ellos hayan surgido con ese propósito.

"-Dice que solo dijo que "si fuera"...afirma una de las reinas rojas que se encuentran con Alicia.

Ese aserto bien guarda toda una teoría de la realidad y la ficción; en ella misma, en su construcción, la literatura se autoafirma para desvencijarse toda.
Cuando acabo de leer este pasaje, -y mientras F. observa los dibujos de las dos reinas que rodean a Alicia-, leo en Herman Hesse:

" El sentido y la esencia no están detrás de las cosas, están en ellas, en cada cosa".

Y, entre Alicia y Hesse, trato de edificar una suerte de entendimiento de la realidad circundante. La realidad como lo primario, como quería Aristóteles, pero igualmente como el misterio más cercano de esa esencia. En uno de los poemas a Lou, en el XXXVI, escribe Apollinaire los siguientes versos:

"esta mente que dono
a tu gracias, oh demonio,
oh pura desnudez
de la CLARIDAD
del pálido verano"

La poesía de Apollinaire, en estos giros de calado lírico, me conducen a los trancos musicales de Chopin, también de Satie, por no faltar a la verdad. Los leo de nuevo, sobrecogido ya por los nuevos Nocturnos que siguen sonando en la casa. Casa que solo habitamos F. yo como dos ermitaños sonámbulos y peregrinos de no sabemos qué ciencia.

Y, por último, la lírica antigua. Y el sur atlántico de mi infancia que detona en el recuerdo el fraseo y la cadencia del paso de la edad. Ora meditativo ora en estado de melancolía, leo los versos de Gil Vicente con F. entre los brazos:

"Soledad tengo de ti,
¡oh, tierras donde nací!

sábado, 14 de julio de 2018

Una década de Trópico de la Mancha. Aristeia y areté en una sola voz.

DIEZ años, una década, de vida y escritura. Comencé a escribir este diario hace exactamente diez años. Todo comenzó tras una charla sobre libros y literatura que principió este ejercicio que ha terminado por formar parte de mi vida. Podría decirse que desde entonces he leído todo lo que he escrito y que he escrito todo lo que he leído. Vivir, leer, escribir terminaron por confundirse en una sola acción de cuerpo y mente, en una sola figura del que hoy solo testimonia los pasos de otro que fui o que quizás imagino ser. 

He mantenido el sesgo, la ética, la razón, el ideario originario de todo como un cofre secreto que solo la palabra puede resguardar. De este diario han salido sucedáneos y reconvertidos a otros géneros literarios. Poesía, sentencias, aforismos, libros independientes. Cada uno de ellos nunca escritos con el fin de crear un libro, jamás con el convencimiento de que necesitaran salir de este Trópico para adquirir carta de naturaleza de otro tipo.

Toda palabra que puede leerse en este diario surge de un mismo convencimiento que transgrede la vida y lo que entendemos como tiempo. En la consciencia existe el diáfano y solícito estremecer de finitud y esa presencia de lo finito, de que somos mortales, ha establecido un principio de acción en la palabra y la idea. Pero la idea de la muerte necesita de una danza para convivir con ella, en mi caso ha sido la palabra nutricia. 

No ha sido una moda de una época ni una pericia eventual del que escribe. Este espacio ha funcionado a modo de espejo en el camino, como quería Stendhal, pero de espejo cóncavo, natural, invisible, filtrado por el cedazo de la ficción, de la literatura, de lo que Carlos Fuentes llamaba "el territorio de la Mancha". Recuerdo que, en una breve conversación con el difunto Francisco Ayala, en Santander, me preguntó si escribía. Le dije que sí, que trataba de hacerlo, pero que no estaba seguro de qué escribía, si diario o novela o diarivela. Reía el ya avejentado Ayala, pero me dijo, mirándome con sus ojos vivos y menudos, oscuros ya como la muerte, "déjelo todo y lea. Déjelo todo".

Aquellas palabras las he mantenido en la memoria tan vivas como ahora; sin duda, zarandearon por aquel entonces toda ilusión y toda entrega a escribir. Con el tiempo, me he dado cuenta de que no hablaba Francisco Ayala sino que era ya la literatura misma en aquel cuerpo recoleto y entumecido la que parecía encarnarse, pues no hace otra cosa la poesía sino que conducirte al silencio torcal y nutricio, de música en el serrallo y aritmética de valentía.

Nuestros maestros clásicos nos enseñaban que el combate (la aristeia) es el fundamento de todo. Areté (valor, virtud) y aristeia (combate individual) tienen la misma raíz y cuando eso se lleva a la vida misma se producen encuentros y desencuentros, armonías y disarmonías con las que hay que convivir. El silencio y la soledad solventan esas vicisitudes y te devuelven al lugar originario, que siempre es búsqueda y razón. 

  

  

domingo, 1 de julio de 2018

El lenguaje desconocido de la memoria.

AGARRO el volumen de Valèry que he tenido que colocar en la parte más alta de las baldas porque F. siempre quiere cogerlo para dibujar en él, abrirlo, -como una naranja en gajos-, o ponerlo debajo de sus pies para subirse al sofá. Como conozco ya sus intenciones, lo dejo junto a la obra de Virgilio, arriba, en la cima del parnaso de alcoba. 
Con el lápiz en la mano, abro el libro por cualquiera de sus páginas. Sea cual sea el pasaje, leer a Valéry es siempre un estímulo hercúleo, un zarandeo, una suerte de encrucijada en la que la consciencia, gracias a la lectura, se transforma y renueva. Leo lo siguiente:

"No hay que olvidar que las sensaciones no sirven sino a través de la memoria. Sensaciones sin recuerdo solo son un lenguaje desconocido".  

Más adelante, termina con afirmando lo siguiente:

"Es la memoria lo que hace del hombre una entidad. Sin ella solo tenemos transformaciones aisladas". 

En efecto, la memoria es el hilo de Ariadna que edifica a los individuos. Es la suma y la resta, pero también la selección. Y en la memoria funciona tanto lo vivido como lo leído, tanto lo supuestamente indicativo como lo subjuntivo. Lo que se entendía en la novela total como el Realismo en su más eficiente y plural concepción: todo lo que sucede, hubiera sucedido o sucería si...la realidad como un arsenal de posibilidades que se aúnan a lo que parece suceder en lo cotidiano. 

En este trasiego del tiempo la memoria es capital para establecer la identidad de un individuo. En los ritos chamánicos o de iniciación, como enseña la antropología cultural, el individuo debe perder la consciencia propia para poder llegar a ser y entender lo venidero. Desprenderse de sí es una secuencia que desemboca en las dimensiones de la memoria individual. 

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Tornasolados, los cuerpos verdes y erguidos tratan de sostener la flor ya desposeída del sueño de la luz. Cómo Ícaro han dejado de batir sus alas, oro bruñido al sol, y queda aletargado el tamaño de su recuerdo sobre las lomas.


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Ahora, en la madrugada, la prosa de Proust se transforma en un salmo de cítara celeste.